El movimiento de las articulaciones de la cadera, rodilla y tobillo-pie es el resultado de la activación coordinada de múltiples grupos musculares. Estas articulaciones permiten la locomoción, el mantenimiento del equilibrio y la estabilidad postural, además de desempeñar un papel fundamental en la generación de fuerza y absorción de impactos durante la marcha y otros movimientos funcionales.
Cada una de estas articulaciones posee una estructura biomecánica particular que determina su movilidad y estabilidad.
La cadera es una articulación esferoidea (enartrosis) que permite movimientos en los tres planos del espacio. Su estructura permite una amplia movilidad mientras mantiene una estabilidad adecuada gracias a la cápsula articular, los ligamentos y la musculatura circundante.
La rodilla es una articulación de tipo bisagra (troclear) con una movilidad primaria en flexión y extensión, aunque también permite cierto grado de rotación en posición de flexión.
El complejo tobillo-pie está compuesto por varias articulaciones, siendo las más relevantes la tibioastragalina (para la dorsiflexión y plantiflexión) y la subtalar (para los movimientos de inversión y eversión).