Reflexiones de estudiantes

Rowan Webb Méndez

Estudiante de Grado en Bellas Artes. Universidad Complutense de Madrid.


Siempre he sentido que existe un cierto desprecio por el arte digital, al menos por personas ajenas al mundo artístico o simplemente de otras generaciones. Quizá sea por puro desconocimiento de cómo éstos medios realmente funcionan, pero a menudo he percibido que se tiende a desvalorizar una obra por el simple hecho de haber sido realizada digitalmente, cómo si no tuviese el mismo valor que algo hecho con las propias manos, o como si el artista no hubiese estado igual de implicado y parte del mérito se deba a “una máquina”.

Nada más lejos de la realidad. Para mí el arte digital es simplemente otro lenguaje, otra posible técnica mediante la que expresar y transmitir lo que uno desee.. Requiere el mismo esfuerzo e intervención por parte del artista que el arte tradicional, y aunque el medio sea diferente ello no significa que no sea capaz de contener emoción, sensibilidad y expresividad, valores implícitos en cada obra humana. En otras palabras, al comparar el carboncillo con el óleo, o la cerámica con el grabado; no nos planteamos su autenticidad, sino las diversas alternativas que nos aporta cada técnica y que gracias a sus diferencias nos resultan más ricas. Por supuesto, existe una diferencia clara, pues el arte digital no es tangible, no tiene olor ni forma física real, pero sí que nos puede aportar otros canales de creación (proyecciones, representaciones en pantalla, complementos a performance) que de otra manera no existirían. Es cuestión de valorar y tomar lo que más nos interese.

Por ello, me parece absurdo el pensamiento de que el arte digital pueda suplantar al arte tradicional, pues ambas herramientas son fácilmente compaginables. Trabajar sobre papel y soportes físicos es algo natural, cómodo y familiar para todo artista, y la elaboración de bocetos, apuntes o cuadernos de campo es algo sumamente útil. Son mecanismos necesarios en el proceso artístico, que siempre pueden estar ahí incluso si el artista desea trasladar posteriormente su obra al medio digital.

 Con todo, el salto del arte tradicional al digital no resulta nada fácil, al menos para mí. Durante mis primeras veces usando la tableta gráfica me sentía como si estuviese torpemente aprendiendo a hablar un nuevo idioma, mi pulso inseguro y mis líneas inestables. Fue un aprendizaje lento, pero muy satisfactorio, que hoy en día me sirve para poder realizar diseños de personajes o estudios de la luz y del color sin preocuparme por gastar material real. Es un medio con una soltura especial, de fácil transportabilidad y que además acelera los procesos de creación.

Como artistas, nuestras manos necesitan crear y cada uno encontrará el medio que le resulte más cómodo. Diferentes, sí, pero no mejores o peores. Lo rico de la creación artística es que haya diversidad de herramientas y métodos, pues su fundamento es reinventarse constantemente.

  

Rowan Webb Méndez

Estudiante de Grado en Bellas Artes.