Las organizaciones empresariales, independientemente de su tamaño y a que se dedican, deben tener unas reglas de juego, control interno, directrices para su funcionamiento, que deberían ser cumplidas de la mejor manera posible por las personas que las integran.
Las Pymes y empresas familiares son espectros de la órbita de los negocios, del mundo organizacional, que emplea a muchísima gente en todo el mundo, pero que tienen un funcionamiento y forma de hacer las cosas distintas a las grandes compañías que actúan en el mundo corporativo.
El ámbito de este tipo de entidades es interesante, complejo y sui géneris, y en las cuales las actividades personales de los socios, familiares y allegados, se mezclan muchas veces con las organizacionales, siendo muy difícil distinguirlas en forma clara.
Las empresas en este sector que no establecen unas adecuadas reglas de funcionamiento, normalmente, afrontan problemas organizacionales que dificultan la buena marcha de la entidad, uno de ellos, muy destacado, son las dificultades crónicas en el manejo del flujo de caja.