En el siglo X, el reino de León vivió un periodo de crisis. En esta época se consolidó el poder de Castilla, territorio situado en la parte oriental del reino y escasamente poblado.
Al ser tierra fronteriza, Castilla sufría constantemente los ataques de los musulmanes. Por ello se levantaron numerosos castillos para fortificar el territorio. De ahí deriva su nombre (“tierra de castillos”).
Castilla estaba organizada en diferentes condados, que se unieron bajo la autoridad del conde Fernán González (930-970). Este obtuvo una gran autonomía del poder leonés y acabó convirtiendo sus posesiones en hereditarias. Desde 951, Fernán González gobernó Castilla de forma independiente, aunque era vasallo de los reyes de León.
En 1035 Castilla se convirtió en un reino con Fernando I (hijo de Sancho III el Mayor de Navarra), que fue también rey de León.
El reino castellanoleonés sufrió un importante recorte territorial cuando Portugal se independizó en 1142.
Castilla y León se separaron varias veces. La unión definitiva de castellanos y leoneses tuvo lugar en 1230, durante el reinado de Fernando III, cuando el monarca reunió ambos reinos bajo su autoridad formando la Corona de Castilla.
El rey castellano tenía más poder que los de otros reinos peninsulares: gobernaba, declaraba la guerra, aplicaba y cambiaba las leyes e impartía justicia.
En el ejercicio del gobierno le ayudaban los grandes nobles y las Cortes, formadas por la nobleza, el clero y representantes de las ciudades. Las Cortes estaban subordinadas al poder del rey (se reunían cuando y donde él las convocara); aconsejaban al monarca, le hacían peticiones y votaban los impuestos solicitados por el rey.
En el siglo XIV se crearon la Audiencia (tribunal de justicia) y el Consejo Real (órgano asesor del monarca).
Las actividades económicas más importantes eran:
La agricultura: fundamentalmente se cultivaban cereales, vid y olivo.
La ganadería: se desarrolló la cría de oveja merina, de lana de alta calidad que se empleaba en la industria textil o se exportaba a otros países (por ej. Flandes) a través de los puertos del Cantábrico, tras comercializarla en ferias como la de Medina del Campo.
Los rebaños eran trashumantes (se trasladaban de un lugar a otro). Recorrían la Península por unos caminos llamados cañadas: en verano se dirigían a los pastos de la Cordillera Cantábrica y en invierno se trasladaban al Sur.
Los nobles y las Órdenes Militares eran propietarios de grandes rebaños.
Los ganaderos se reunían en unas asambleas llamadas mestas para tratar las cuestiones de su oficio. En 1273 Alfonso X reconoció el “Honrado Concejo de la Mesta” y le otorgó privilegios, llegando a ser una institución muy poderosa.