Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección; no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios,
de la doctrina de bautismos, de la imposición de manos, de la resurrección de los muertos y del juicio eterno. Hebreos 6:1-2
Las seis doctrinas mencionadas constituyen los principios fundamentales de la vida espiritual. Los fundamentos no son para ser colocados de nuevo sino para construir sobre ellos.
Hay ciertos principios fundamentales que todos los creyentes deben entender. Esos principios incluyen la importancia de la fe, la insensatez de tratar de salvarnos por las buenas obras, el significado del bautismo y los dones espirituales y el hecho de la resurrección y vida eterna. Para marchar hacia la madurez de nuestro entendimiento, necesitamos ir más allá (pero no fuera) de las enseñanzas elementales hasta una teología más completa, una mejor comprensión de la fe. Y eso es lo que el autor pretende hacer (6.3). Los cristianos maduros deben enseñar a los nuevos creyentes lo fundamental. Luego, al actuar en conformidad con lo que saben, los que son maduros aprenderán aun más de la Palabra de Dios.
El autor de Hebreos está seguro de que el progreso es necesario en la vida cristiana. Ningún maestro llegaría a nada si no hiciera más que empezar por el principio una y otra vez cuando se pusiera a enseñar. El autor de Hebreos dice que sus alumnos deben proseguir adelante hacia lo que él llama teleiotés. La versión Reina-Valera traduce esta palabra por perfección. Pero téleios, el adjetivo, y las demás palabras de la misma familia, tienen un sentido técnico. Pitágoras dividía a sus alumnos en hoi manthanontes, los que están aprendiendo, y hoi téleioi, los mayores. Filón dividía a sus alumnos en tres clases diferentes: hoi arjomenoi, los principiantes; hoi prokoptontes, los que están avanzando, y hoi teleiómenoi, los que están empezando a alcanzar la mayoría de edad. Teléiotés no implica un conocimiento completo, sino una cierta mayoría de edad en la fe cristiana.
El autor de Hebreos quiere decir dos cosas por mayoría de edad. 1. Algo que tiene que ver con la mente. Quiere decir que, conforme una persona va avanzando en edad, debe pensarse las cosas por sí misma. Por ejemplo: debe ser capaz de decir mejor Quién cree que es Jesús. Debe tener una comprensión más profunda, no sólo de los Hechos, sino también del significado de la fe cristiana. 2. Algo que tiene que ver con la vida.
Conforme uno se va haciendo mayor, debe haber más y más reflejo de Cristo en él. Tiene que estar desembarazándose todo el tiempo de viejas faltas, y adquiriendo nuevas virtudes. Deben amanecer cada día en su vida una nueva serenidad y una nueva nobleza.
Este pasaje nos permite ver qué era lo que la Iglesia Primitiva consideraba el Cristianismo básico.
1. Está el arrepentimiento de las obras muertas. La vida cristiana empieza por el arrepentimiento; y el arrepentimiento (metánoia) es literalmente un cambio de mentalidad. Conlleva una nueva actitud para con Dios, la gente, la vida y el yo. Es un arrepentimiento de obras muertas. ¿Qué entiende el autor de Hebreos por esta extraña frase? Hay muchas cosas que puede que quiera decir, todas relevantes y sugestivas. (a) Puede que las obras muertas sean acciones que traen la muerte. Puede que sean las acciones inmorales, egoístas, impías, desamadas, sucias, que conducen a la muerte. (b) Puede que sean obras que contaminan. Para un judío, lo que más contaminaba era tocar un cuerpo muerto. El hacerlo le dejaba a uno en estado de impureza ritual, y le impedía el acceso al culto hasta que se purificara. Las obras muertas puede que sean las que contaminan el carácter y le separan a uno de Dios. (c) Puede que sean obras que no tienen ninguna relación con la verdadera obediencia. Para los judíos, la vida era el ritual igual que para algunos profesos del cristianismo, una fe basada en ritualismos anti bíblicos y sin sentido, es el hombre tratando de expiar sus culpas por sus propios medios, haciendo vano o inútil el sacrificio de Cristo; si observaban las debidas ceremonias a su debido tiempo, eran buenos. Pero ninguna de estas cosas tenía ninguna influencia en su carácter ni en su corazón. Puede que el autor de Hebreos quisiera decir que el cristiano ha roto con los rituales sin sentido y con los convencionalismos de la vida para dedicarse a las cosas que ahondan el carácter y desarrollan el alma y la vida.
2. Está la fe que mira hacia Dios. …Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. Hebreos 11:1. La fe nos mantiene firmes en la espera de lo que todavía «no se ve» (1), aludiendo a esa segunda y definitiva venida del Señor. Son los ojos de la fe los que perciben en lejanía al que ha de venir, es más: la fe posee ya, por anticipado, esa realidad del encuentro definitivo con el Señor que se perfila como el horizonte último de la historia y que da sentido al tiempo presente.
Por otra parte, la primera cosa esencial de la vida cristiana es mirar hacia Dios. El cristiano decide sus acciones, no por el veredicto de los hombres, sino por el de Dios. No busca la salvación en sus propios méritos, sino en los méritos de Cristo y en la Gracia de Dios.
3. Está la información acerca de los lavatorios. Esto quiere decir que el cristiano debe darse cuenta de lo que quiere decir de veras el bautismo. El primer libro de enseñanza cristiana para los que estaban a punto de entrar en la iglesia y el primer libro de orden de cultos se llama La Didajé, La enseñanza de los Doce Apóstoles. Se escribió alrededor del año 100 d C., y establece las reglas para el bautismo cristiano. Para entonces todavía no había surgido el bautismo infantil. Las personas venían directamente del paganismo, y el bautismo era la entrada en la iglesia y la confesión de fe. La Didajé empieza por seis capítulos cortos acerca de la fe y de la vida cristiana. Empieza diciéndole al candidato al bautismo lo que debe creer y cómo debe vivir. Y luego, a partir del capítulo siete, prosigue:
" Por lo que se refiere al bautismo, bautizarás de la siguiente manera: Cuando hayas instruido al candidato sobre todas estas cosas, bautízale en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo en agua corriente. Si no dispones de agua corriente, bautízale en cualquier clase de agua. Sino le puedes bautizar en agua fría, úsala caliente. Si no puedes obtener ninguna de las dos, derrama agua tres veces sobre la cabeza del candidato en el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Antes de bautizarle, haz que ayunen el candidato y el que le va a bautizar, y que los que puedan hagan lo mismo. Debes exhortar al bautizando a que ayune dos o tres días antes de la ceremonia.»
Esto es interesante. Demuestra que el bautismo de la Iglesia Primitiva era, si se podía, por inmersión total. Nos cuenta que a la persona que iba a recibir el bautismo, o se la sumergía, o se le derramaba agua tres veces, en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Tomamos nota de que al bautismo precedía un tiempo de instrucción, porque había que practicar la fe y la vida cristiana antes de recibir el sacramento del bautismo. El candidato tenía que preparar, no sólo su mente, sino también su espíritu, mediante el ayuno. En aquellos días nadie entraba en la iglesia sin saber lo que hacía. Por eso el autor de Hebreos dice: " Antes de recibir el bautismo, ya se os instruyó acerca de las cosas fundamentales de la fe cristiana. No debe haber necesidad de volver a ellas. Ahora tenéis que edificar una fe más plena sobre ese cimiento.»
4. Está la imposición de manos. En la práctica judía, esto tenía tres significados. (a) Era la señal de la transferencia de la culpa. El sacrificador ponía las manos sobre la cabeza de la víctima para simbolizar el hecho de que transfería su culpa al animal que ofrecía. (b) Era la señal de la transferencia de la bendición. Cuando un padre bendecía a su hijo, ponía sus manos sobre la cabeza del hijo como una señal de que le transmitía su bendición. (c) Era la señal de que se apartaba a una persona para una tarea especial. A un hombre se le imponían las manos cuando se le ordenaba para el ministerio.
En la Iglesia Primitiva se le imponían las manos al que había sido bautizado, para que recibiera el Espíritu Santo Hechos 8:17; Hechos 19:6).
5. Está la resurrección de los muertos. Desde el principio, el Cristianismo fue una religión de inmortalidad. Le daba al hombre dos mundos en los que vivir; le enseñaba que lo mejor estaba todavía por venir, lo que hacía este mundo un lugar de entrenamiento para la eternidad.
6. Está la sentencia que perdura por toda eternidad. El Cristianismo fue desde el principio una religión de juicio. A ningún cristiano se le dejaba olvidar que, al final, tendría que encontrarse con Dios, y que lo que Dios pensara de él era infinitamente más importante que lo que pensara la gente, entre otras cosas porque sus consecuencias perdurarían por toda eternidad.
Sigue siendo fundamental que estas seis doctrinas queden claras para todos los creyentes, y que sean enseñadas en las congregaciones de una forma sana y escritural, una vez aprendidas deben ser la base de un crecimiento sano y no debe perpimirse un estancamiento, lo cual va en contra del lo enseñado por la Escritura Biblica, debe ser insistente esa exortacion de Hebreos… Por eso, sigamos aprendiendo más y más, hasta que lleguemos a ser cristianos maduros. Dejemos de ocuparnos de las primeras enseñanzas que se nos dieron acerca de Cristo, y no sigamos hablando de cosas simples. Dejemos de hacer lo malo, sigamos a Cristo, y dejemos de pecar para no morir. Ya sabemos que debemos confiar en Dios, y que debemos bautizarnos; también sabemos que los que creen en Cristo reciben el Espíritu Santo, que los muertos volverán a vivir, y que habrá un juicio final. Claro que todo esto lo seguiremos enseñando, si Dios así nos lo permite…(BLS)