Mateo 11:1-30
5 Jesús concluye las instrucciones, 11:1
Dos observaciones corresponden en relación con este versículo. Pertenece a la sección anterior, como conclusión o cierre del segundo discurso de Jesús, según el arreglo de Mateo (comp. 7:28; 11:1; 13:53; 19:1; 26:1). Cuando Esteban Langton arregló la división de capítulos en 1228, tendría que haber comenzado el cap. 11 con el v. 2. El mismo error se ve en 19:1; 26:1. Marcos (6:12, 13) y Lucas (9:6) aclaran que los doce salieron en la misión a que Jesús los encomendó, mientras Mateo menciona solamente que Jesús salió a las ciudades de los judíos para enseñar y predicar. Otra vez observamos que el foco de su ministerio está en estas dos actividades y en este orden. No quiere decir que no haya sanado enfermos en esta gira, pero Mateo destaca la enseñanza y predicación. Mateo omite el informe de los doce cuando regresaron de su gira (comp. Mar_6:30; Luk_9:10).
VI DISTINTAS ACTITUDES DE LA GENTE HACIA EL REY, 11:2-12:50
En esta sección observamos varias reacciones al Rey y las consecuencias: las dudas de Juan y el elogio de Jesús; los que toman el reino con violencia; la disconformidad ante el evangelio; el rechazo de ciudades impenitentes; la fe sencilla de un niño; una invitación bondadosa; la oposición creciente al Rey.
1 Jesús aclara la duda del precursor y lo elogia, 11:2-11
Mateo no tiene reparos en presentar el lado flaco de uno de los hombres más importantes en el NT, pero sin demora describe la respuesta y elogio de Jesús para su precursor. Esta sección se divide en dos episodios relacionados con Juan.
(1) La perplejidad de Juan resuelta, 11:2-6“ Mateo comentó antes (4:12) el encarcelamiento de Juan; aquí menciona su duda. Pero hasta en el cap. 14 describirá la causa y el resultado. Josefo narra que Juan fue encarcelado en el Castillo de Machaerus, al este del mar Muerto. Se calcula que Juan ministró unos dieciocho meses antes de su encarcelamiento y que había estado en la cárcel unos doce meses cuando mandó a sus discípulos a Jesús. Los discípulos de Juan tenían acceso a su maestro. A pesar de esto, la cárcel era un lugar obscuro, caluroso, solitario y deprimente: intolerable para un hombre acostumbrado a la libertad y al aire libre del desierto. Juan tuvo mucho tiempo para meditar en la injusticia de su situación. Durante este año de inactividad y aislamiento, Juan se enteró que Jesús seguía con un ministerio activo de enseñanza, predicación y sanidad. Estos eran los hechos de Cristo (v. 2). Algunos mss. antiguos insertan “dos” (dúo) en vez de por medio de (día) para armonizar el relato con el de Lucas (7:19), pero la traducción correcta es por medio de como tiene nuestro texto. Habrá pensado varias veces que si Jesús tenía el poder para sanar enfermedades, echar demonios, calmar tempestades y aun resucitar muertos, ¿por qué dejaba a su precursor fiel en la cárcel? Estaba confuso y lleno de perplejidades. Fue una experiencia semejante a la del gran profeta Elías, a quien Juan representaba (Mal_4:5). Elías, después de una gran victoria sobre los profetas de Baal en el monte Carmelo y luego amenazado por una sola mujer, huyó por su vida. Se sintió solo, deprimido, y quería morir (1 Rey. 18, 19). Al mandar preguntar: ¿Eres tú aquel que ha de venir, o esperaremos a otro? (v. 3), revela una duda sincera y profunda. Tú es enfático en la pregunta. La expresión aquel que ha de venir (v. 3) es mesiánica (Mal_3:11; Mal_21:9; Mal_23:39; Mal_3:1; Joh_6:14; Joh_11:27). Además del aislamiento, inactividad y soledad ya mencionados, circunstancias que produjeron la duda, hay dos factores más que valen la pena mencionar. Un factor en su duda sería la expectativa de que Jesús establecería por la fuerza un reino de justicia en la tierra, sin demora. En los profetas mayores, el Mesías se presenta como el Siervo Sufriente quien moriría por los pecados de su pueblo, pero en los profetas menores la figura del Mesías es la de uno que trae juicio y destruye sus enemigos. Juan mismo había anunciado tal reino de juicio simbolizado por el hacha y el fuego (Mat_3:10), y Jesús lo había aprobado. Pero Juan, el siervo fiel, había estado muchos meses en la cárcel mientras que los malvados Herodes Antipas y Herodía estaban gozando de prosperidad material y popularidad política. Juan había dicho, refiriéndose a Jesús: A él le es preciso crecer, pero a mí menguar (Joh_3:30). ¡Sin embargo, no esperaba menguar tanto!
También es posible que Juan, aun sabiendo que él era el precursor de Jesús y que también era el precursor del Mesías (Joh_3:28), no obstante sería posible que Jesús no fuese el Mesías. Explica que muchos contemporáneos de Juan esperaban la aparición de una sucesión de grandes personajes, que varios de los profetas volverían y que quizá Jesús sería solamente uno de ellos, pero no el Mesías (comp. Mat_16:14). Quizás esta idea está implícita en la pregunta que Juan manda a Jesús. Todos estos intentos de encontrar la causa de la duda de Juan tienen un elemento de verdad. Quizás una combinación de todos ellos sería acertada.
Por otro lado, algunos expositores tienen dificultad en admitir que Juan, después de reconocer y confesar a Jesús como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Joh_1:29), bautizarlo y presenciar las manifestaciones sobrenaturales, pudiera tener tales dudas de la divinidad de Jesús. Han intentado encontrar base para decir que fueron los discípulos de Juan que tenían las dudas, y no Juan mismo; pero las evidencias están en contra. Jesús entendió que la duda procedió de Juan y no de sus discípulos. Dijo: Id y haced saber a Juan (v. 4). Mateo dice que Juan envió a él por medio de sus discípulos (v. 2). El hecho de enviar a los discípulos a Jesús revela dos cosas: (1) Juan tenía dudas acerca de la divinidad de Jesús, pero también (2) tenía confianza suficiente para preguntarle a él. Todos los creyentes, aun los más fieles, tienen dudas en algún momento. Aprendemos de Juan que la manera más sabia de resolver las dudas es llevarlas a Jesús.
La manera que Jesús contestó la pregunta de Juan es la más convincente. En vez de decir que sí, hizo algo mejor. Dio a los discípulos de Juan evidencias irrefutables de su identidad. Les invitó a escuchar sus enseñanzas y presenciar sus milagros. Se refirió concretamente a las profecías mesiánicas que destacaban dos ministerios: sanidades (Isa_35:5-6; Isa_42:18) y la predicación del evangelio a los pobres (Isa_61:1). En el texto griego se destacan tres pares de necesitados: ciegos y cojos, leprosos y sordos, muertos y pobres (v.5). Las profecías no mencionan concretamente la sanidad de los leprosos ni la resurrección de los muertos. En cambio, indican que los mudos hablarán. Así Jesús cumplió con todo lo que se esperaba del Mesías, y mucho más.
A los pobres se les anuncia el evangelio (v. 5) revela un interés especial en los humildes, despreciados, oprimidos. En el AT había cuatro grupos que recibieron atención especial de parte de Jehová: huérfanos, viudas, extranjeros y pobres (Zec_7:10). Las teologías de la liberación subrayan este aspecto del ministerio mesiánico. La Iglesia Católica Romana habla de la “preferencia por los pobres”, basándose en este pasaje y otros parecidos. Aunque el mismo término griego (ptocós G4434) se emplea aquí como en el Sermón del monte (Mat_5:3), en este pasaje no se definen como pobres en espíritu, y tal limitación sería un error. Claramente se refiere a los indigentes en lo material. El mensaje del evangelio es las buenas nuevas de que Dios ama a todos, inclusive a los más pobres, que desea salvarlos de sus pecados y también librarlos de toda clase de opresión.
Jesús termina el diálogo con los discípulos de Juan, pronunciando otra “bienaventuranza” (comp. 5:3 ss.). Es feliz y dichoso el que no toma ofensa de él y de sus enseñanzas. “Tomar ofensa” traduce un verbo griego (skandalídzo G4624) que significa “tropezar” y en este contexto significa “no encontrar obstáculo para creer” en él (ver 5:29).
(2) Jesús elogia a Juan, 11:7-11. En vez de reprochar a Juan por su duda, Jesús, conociendo la naturaleza humana, defiende a Juan y lo exalta. Los discípulos de Juan ya se habían ido, pero Jesús quería aclarar ante las multitudes el alto concepto que tenía de su precursor. También Jesús sabía que el pueblo tenía a Juan en alta estima (ver 21:26). En su defensa de Juan, presenta tres preguntas retóricas; las primeras dos él las deja sin contestar, implicando una contestación negativa, pero la tercera él mismo la contesta. La palabra Qué, con la cual se inicia cada pregunta, puede traducirse “¿por qué?”, pero no cambia el sentido básico. Una caña sacudida por el viento (v. 7) es la figura de inconstancia e inseguridad que la duda de Juan podría indicar. Jesús indica que Juan no presentó una imagen vacilante, sino de seguridad y autoridad (comp. 3:1 ss.). La segunda figura es la de un hombre vestido de ropa delicada (v. 8). Todos sabían que Juan vestía ropa rústica, de pelo de camello (3:4), y que nunca vivió en los palacios de los reyes (v. 8). Broadus sugiere que quizá Jesús tiene en mente la práctica de algunos escribas quienes se adhirieron a Herodes y dejando sus ropas sencillas, se vistieron de ropas finas. Por lo contrario, Juan se mantuvo fiel a su mensaje y a la vestidura de un verdadero profeta. No hubo en él compromisos ni fluctuaciones.
La tercera pregunta enfoca otro aspecto de la alta estima que Jesús tenía por Juan. El pueblo estaba esperando la aparición de un profeta de Dios después de 400 años de silencio. El pueblo que pensaba que Juan era profeta (21:26) estaba en lo cierto, a pesar de que Juan mismo no se consideraba profeta (Joh_1:21). Jesús también afirma que Juan era un profeta, y más que profeta (v. 9). Juan fue el cumplimiento de la profecía dicha por Dios por medio de Malaquías (Joh_3:1; Joh_4:5). En efecto, era “Elías regresado”. En esta profecía, Jehová se dirige a su Hijo y se refiere a Juan el Bautista como mi mensajero (Mal_3:1).
Juan era más que profeta (v. 9) en el sentido de que fue el último de los profetas que anunciaba la venida del reino mesiánico de Dios y el primer predicador del reino que ya se iniciaba en la persona de Jesús. Sirvió como una especie de puente entre las dos eras, la antigua y la nueva. Fue un período de transición entre la ley y el evangelio.
La declaración con que Jesús termina su comentario sobre Juan es sorprendente, intrigante y complicada. Es sorprendente en cuanto a la grandeza de Juan: entre los nacidos de mujer ningún otro mayor que Juan. Coloca a Juan por encima de todos los gigantes espirituales del AT, inclusive los héroes de la fe (Heb. 11). La parte final del versículo es intrigante y complicada. Implica, por lo menos, que Juan no estaba en el reino de los cielos. Los que afirman esto dicen que el reino de los cielos tuvo su comienzo más tarde, quizá en Pentecostés. Si es así, ni Jesús estaba en el reino durante su ministerio terrenal. Tal conclusión es inadmisible, pues Jesús habló del reino como una realidad ya existente (ver 11:12, Luk_17:21, etc.).
La solución al problema se logra si consideramos ese período como de transición, como una plataforma entre dos escaleras: una que desciende (la era vieja) y otra que asciende (la era nueva). Otra figura que se usa para ilustrar la posición de Juan es la de la diferencia entre la noche (era antigua), el amanecer (Juan) y la salida del sol (la claridad del evangelio en base a la cruz y resurrección). En algún sentido, Juan pertenecía a la antigua economía, pero también vio el comienzo de la nueva. El más pequeño en el reino de los cielos es mayor que él (v. 11) porque Juan no tuvo la dicha de ver la cruz y la resurrección de Jesús; no vio la naturaleza verdadera y gloriosa del reino en la ascensión de Jesús. Juan entendió y predicó que el reino es juicio, pero no llegó a ver que el reino es también victoria por medio del sufrimiento. El más humilde en el reino, después de Juan, tendría una relación más íntima con Dios, y otros privilegios que Juan nunca experimentó. Era un asunto de posición y privilegios.
2 El reino sufre violencia,Luk_11:12-15
Las notas RVA confirman que hay una gran variedad en entender la expresión el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos se apoderan de él (v. 12). Nótese que Jesús se refiere a una situación que se inició con el ministerio de Juan el Bautista y continuó hasta ese día cuando Jesús pronunció estas palabras, un período de unos 30 meses (18 de predicación y 12 de cárcel). He aquí, tres de las interpretaciones más aceptadas:
Algunos opinan que se refiere a los hombres que tratan de traer el reino por la fuerza, como cuando Cristo alimentó a las multitudes y ellas querían coronarlo rey (Joh_6:15). Interpretan el verbo sufre violencia como de voz pasiva (en griego la forma de voz media, o reflexiva, y la pasiva es idéntica), es decir, el reino es atacado e invadido. Tiene la idea de invadir y tomar posesión de un territorio. Antes del tiempo de Juan, muchos esperaban pasivamente el reino mesiánico; pero al oír el mensaje de Juan, fueron excitados e impulsados a tomar o invadir el reino. Los “violentos” serían los seguidores de Juan y de Jesús. Incluye a los hombres que, entendiendo la naturaleza verdadera del reino, buscan la salvación espiritual con resolución y fuerza. También incluye a los que, no entendiendo la naturaleza verdadera del reino, buscan un reino político, en nombre de Jesús.
Otros comentaristas interpretan el verbo sufre violencia como de voz media que daría el sentido: “se esfuerza”. Lo ven como el reino mismo que se esfuerza como un poderoso viento, un huracán, que va hacia adelante conquistando territorio.
Una tercera posibilidad, que es una variación de la primera mencionada arriba, es que Jesús mismo ha iniciado el reino, pero hombres violentos obstruyen su avance. Los hombres violentos serían los zelotes y activistas quienes pensaban en el reino en términos militares y políticos. La primera y la tercera interpretaciones se ajustan más al contexto y la única diferencia importante entre las dos sería quiénes constituyen los violentos: los seguidores de Jesús, o los grupos revolucionarios.
Jesús invierte el orden del AT al mencionar Profetas y Ley (v. 13), en vez de “Ley y Profetas”. Quizás la razón de este cambio se encuentra en el hecho de que el énfasis mesiánico es más prominente en los profetas que en la ley.
Jesús identifica a Juan con la profecía del retorno de Elías (v. 14; Mal_4:5). Por supuesto, fueron dos hombres distintos, pero Juan el Bautista cumplió su misión en el espíritu y manera de Elías, como si éste hubiera regresado en persona. Al decir si lo queréis recibir (v. 14), Jesús reconoce la dificultad para que los oyentes aceptasen que Juan fuese el cumplimiento de la venida de Elías, sobre todo estando él ahora en la cárcel. Por otro lado, indica que todo depende del “querer” del hombre (comp. Mat_16:24; Joh_5:40), tanto para el creer en Cristo como seguirlo. Termina esta sección con la expresión solemne: El que tiene oídos, oiga (v.15). Es una advertencia que se repite en Mateo para llamar la atención a una enseñanza importante que conviene recibir y obedecer (Joh_13:9, Joh_13:43; Joh_24:15; Apoc. 2:7, 11, 17, 29; 3:6, 13, 22). Jesús se refiere todavía a sus enseñanzas de Juan y el reino.
3 La disconformidad ante el evangelio, 11:16-19
En esta sección, encontramos la única referencia en la Biblia a los juegos de niños. Probablemente Jesús mismo había jugado así cuando era niño en la plaza de Nazaret, imitando las actividades de los mayores. Menciona esta práctica de niños para ilustrar la triste verdad de la disconformidad de parte de la gente en general ante cualquiera presentación del evangelio. Se relaciona con el párrafo anterior donde advirtió de la necesidad de poner atención y obedecer. El término generación (v. 16), no se refiere a todos los judíos, sino a los que se oponían al reino de Dios (ver una excepción en 24:34).
El juego de niños consistía en procurar entretener a otros compañeros, primero con música alegre de flauta como en un baile o casamiento. Cuando no lograban una reacción favorable, comenzaban a entonar canciones tristes de duelo, pero tampoco lograban satisfacer a sus compañeros. Jesús dice que esa generación era así ante el mensaje y estilo de vida alegre de Jesús, por un lado, y por otro lado, el mensaje y estilo severo y un tanto triste de Juan. No había manera de conformarlos, pues encontraron motivo para criticar y rechazarlo todo.
Por supuesto, Juan comía y bebía, pero su alimento era escaso. Tenía una vida austera y ascética. La gente lo criticaba, diciendo tiene demonio (v. 18). Probablemente, con esta expresión no querían decir literalmente que tenía un demonio, sino más bien como nosotros diríamos de alguien: “Está loco”, o “Es un fanático”, o “Es un antisocial.” En cambio, Jesús iba a banquetes y fiestas, comía y se divertía, escuchaba con atención y cuando hablaba la gente lo escuchaba. Los que miraban de afuera, buscando motivo de crítica, le acusaban de comilón, uno que come en demasía. Pero nunca vemos a Jesús con malestar por comer mucho, ni enfermo, ni gordo. Le acusaban de bebedor, que en griego significa uno que toma mucho vino. Para ellos, era un borracho que vivía bajo el efecto del alcohol. Pero su acusación no tenía ninguna base, pues nunca lo vemos bajo la influencia del alcohol, aunque evidentemente Jesús tomaba vino (óinos G3631), como era la costumbre en aquel entonces.
Pero en una cosa acertaron en su crítica: Jesús era amigo de publicanos y de pecadores (v. 19). Para ellos, esta crítica lo desacreditaba totalmente, pues significaba que era inmundo y condenado por la ley y por Dios. Pocas cosas podrían provocar a los fariseos tanto como el hecho de ver a Jesús sentado a la mesa con publicanos y pecadores. Para Jesús, en cambio, fue uno de los elogios más grandes, pues así se consideraba. Las tres parábolas de Lucas 15 fueron inspiradas por la misma crítica, y en las tres parábolas Jesús enseña que en verdad era amigo de todos los pecadores que están abiertos a él.
La sabiduría es justificada por sus hechos (v. 19b) es un proverbio y significa que los hechos de aquel que procede sabiamente demostrarán que es realmente una persona sabia. Es otra manera para decir “por sus frutos serán conocidos”, o “el tiempo lo dirá”. Aplicado a este contexto, Jesús está diciendo que Dios tiene un plan sabio que incluye a Juan y a Jesús. Su vida y sus obras demostrarán que el plan de Dios es sabio. Algunos entienden que se refiere a los dos enfoques del ministerio del Mesías: Siervo Sufriente y Juez. Los resultados finales de ambos enfoques mostrarán la sabiduría de Dios.
Con el término hechos (otra trad., obras) nuestra versión traduce la lectura apoyada por los manuscritos griegos más antiguos. Sin embargo, algunos mss. de menos valor tienen hijos en lugar de hechos, aparentemente siguiendo la lectura de Luk_7:35.
Saco y ceniza Jesús habla del arrepentimiento en saco y ceniza (Luk_11:21). La palabra saco proviene del idioma hebreo. Se refiere, en este caso, al saco de cilicio que estaba hecho del pelo de algún animal. Su uso significaba duelo o penitencia, dolor o desesperanza. El color oscuro y lo áspero de su confección era una combinación aceptada para purgar materialmente algún pecado. A esto se agregaba ceniza sobre el saco, la parte que cubría la cabeza, o bien el penitente afligido se acostaba sobre ella. Jesús dijo, al comentar lo que había sucedido en Corazín y Betsaida, que Sodoma y Gomorra hubieran hecho así en caso de haber escuchado el evangelio y que esto hubiera atenuado el castigo, lo mismo que Tiro y Sidón.
4 El rechazo a pesar de una clara revelación,Luk_11:20-24
En este párrafo Jesús presenta el principio de que mayor privilegio constituye mayor responsabilidad. Como hemos visto, probablemente la duda de Juan surgió porque no entendía la aparente indiferencia de Jesús ante las terribles injusticias de su día, las cuales Juan había denunciado. Aquí Jesús pone en perspectiva clara los dos enfoques de su ministerio: Primeramente se presenta como siervo sufriente, apelando en base al amor y misericordia de Dios. Los que no responden enfrentarán el juicio de Dios en esta vida y en el juicio final. Jesús denuncia las ciudades impenitentes y predice el juicio sobre ellos.
Jesús se dirige a las ciudades donde había realizado muchos milagros, obras que despertaron curiosidad y maravilla, pero no el arrepentimiento y fe. El lamento ¡Ay...! (v. 21) puede expresar dolor y desagrado. En este contexto, parece que Jesús está expresando un sincero dolor, un lamento de alma, por la incredulidad ahora y el castigo luego que vendrá sobre esas ciudades. No hay seguridad acerca de la ubicación de Corazín, pero se cree que estaba un poco al norte de Capernaúm, en la orilla del mar de Galilea. No se relatan en el NT las obras realizadas por Jesús en esta ciudad, indicando que muchos de sus milagros no fueron registrados (Joh_20:30). Había dos ciudades de nombre Betsaida (que significa “casa de pescado”), pero Jesús se refiere a la que estaba ubicada en la orilla del mar de Galilea, en el extremo norte, a unos dos km. del río Jordán. Esta ciudad se menciona en relación con los apóstoles Felipe, Andrés y Pedro (Joh_1:44). Capernaúm estaba en la orilla noroeste del mar de Galilea. Estas tres ciudades habían presenciado evidencias claras de la divinidad de Jesús: su vida, sus enseñanzas y sus milagros.
En cambio, Tiro y Sidón eran ciudades en territorio gentil, en la provincia de Fenicia, en la orilla del mar Mediterráneo, al norte de Palestina. Ambas ciudades fueron denunciadas por su riqueza, maldad (Amo_1:9 ss.; Isa_23:1 ss.; Jer_25:22, etc.) e idolatría (Eze. 26-28). Jesús estuvo en esa zona en el segundo de sus retiros con los discípulos, pero fue un ministerio muy breve y pocos habitantes lo vieron. Realizó allí solamente un milagro (Jer_15:21-28). Sodoma fue una ciudad depravada, cuya historia se relata en Génesis (Jer_13:13; Jer_18:20 ss.; Jer_19:24 ss.). Esta ciudad tuvo poca revelación de Dios y pocos privilegios en comparación con las ciudades del día de Jesús.
Jesús compara los muchos privilegios de Corazín y Betsaida con los de Tiro y Sidón. La conclusión es que si Tiro y Sidón hubieran tenido los mismos privilegios de Corazín y Betsaida, se habrían arrepentido (comp. Nínive en Jonás), indicando un grado mayor de receptividad. Compara también los muchos privilegios —grado y frecuencia de la revelación— de Capernaúm, sede de buena parte del ministerio de Jesús, con los pocos privilegios de Sodoma. Sería algo como la comparación de la luz del sol del mediodía (Capernaúm) al lado de la luz de un pequeño fósforo (Sodoma). Sugiere que Sodoma hubiera manifestado mayor receptividad que Capernaúm, una ciudad próspera y segura, orgullosa y autosuficiente.
El castigo... más tolerable (v. 24) se refiere a un castigo menos intenso. Menos privilegio es la base de un castigo menos intenso. Jesús repite este principio de grados de castigo en el infierno y en otros pasajes, grados de recompensa en el cielo. El término Hades (v. 23) es la transliteración del vocablo griego ádes G86 que significa “lugar invisible” y corresponde al término hebreo “Seol”. Normalmente se refiere al sepulcro, pero el contexto aquí indica que se usa como sinónimo de infierno. Aunque el fallo no es concluyente, es más probable que el verbo serás hundida (v. 23) debe entenderse como verbo activo y ser leído: tu descenderás.
Los privilegios nuestros hoy en día son infinitamente mayores que los de las ciudades del primer siglo, aun de las que vieron personalmente a Jesús. Jesús no está limitado ahora a tiempo y espacio, pues tenemos acceso directo a él en todo momento. Además, tenemos el testimonio completo del evangelio, la historia de la iglesia primitiva y las epístolas, o sea el NT, por no decir también el canon del AT. El Espíritu Santo mora en los creyentes a partir de Pentecostés. Tenemos una rica tradición histórica con testimonio de hombres y mujeres de fe, el relato del avance victorioso del cristianismo a través de los siglos y abundantes libros de inspiración cristiana. ¡Cuán grandes son nuestros privilegios y cuán grande es nuestra responsabilidad!
5 La fe sencilla de un niño,Jer_11:25-27
En este breve párrafo de tres versículos Jesús eleva una oración de alabanza al Padre y declara una relación única e íntima entre los dos. El motivo de la alabanza al Padre es su criterio justo y sabio de esconder la verdad del reino de los cielos de los orgullosos y revelarla a los humildes. Aunque el fondo del pasaje es el cuadro de las ciudades impenitentes, parece que Jesús tiene en mente especialmente el caso de los escribas y fariseos quienes estaban tan seguros de su justicia delante de Dios y de su superioridad espiritual en relación con los demás. Los escribas y fariseos eran sabios y entendidos (v. 25) en su propia opinión, pero cerrados hacia Jesús y sus enseñanzas.
En cambio, los niños (v. 25) representaban los humildes, los que eran sensibles a su necesidad espiritual y por lo tanto, dispuestos a escuchar y obedecer a Jesús. El término “niños” en griego significa literalmente “uno que no habla”, uno que es inmaduro, pero dispuesto a aprender. El contraste se establece entre los orgullosos, para los cuales la revelación de Dios está cerrada, y los humildes, quienes están abiertos a ella. La revelación de Dios en Cristo es tal que requiere la humildad del hombre para su recepción. La causa por la cual algunos hombres no perciben la revelación divina no se encuentra en una supuesta actitud arbitraria de parte de Dios, sino en una actitud cerrada y autosuficiente de parte del hombre. El hombre no descubre el conocimiento de Dios por su inteligencia o astucia (1Co_1:21). Es un regalo de Dios para los que reconocen su propia indignidad y confían en la misericordia de Dios.
Este pasaje (vv. 25-27) se conoce como el más juanino de Mateo en pensamiento y estilo, especialmente el v. 27 que habla de la relación íntima entre Jesús y su Padre Celestial (comp. Joh_14:9-11; Joh_17:1-26; etc.). Hay una profundidad en Jesús —su naturaleza y propósito— que ninguno salvo el Padre ha comprendido. Hay también una profundidad en el Padre —su naturaleza y propósito— que nadie puede conocer excepto el Hijo. Nuestra versión ha captado el significado del término griego epiginósko G1921. El verbo ginósko G1097 —”conozco”— está reforzado con el prefijo epi y significa “conocer bien”, o “conocer profundamente”. “Conocer bien” no se refiere tanto a conocimiento intelectual, aunque hay datos concretos incluidos, sino a una relación personal de confianza.
Este pasaje afirma la soberanía del Hijo. Nadie conoce bien al Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar (v. 27). Es interesante que este énfasis de la soberanía de Dios se encuentra entre dos pasajes que enfatizan la responsabilidad humana: las ciudades impenitentes y la invitación bondadosa. En la mente de Dios no hay contradicción entre las dos doctrinas. El verbo quiera habla de intención, disposición y voluntad. Su voluntad es bondadosa, generosa, compasiva y salvadora. Nunca es arbitraria ni caprichosa. No debemos olvidarnos que durante su vida terrenal demostró siempre una buena disposición hacia todos los que venían a él con sus necesidades, quienes fuesen (Joh_6:37). Los únicos excluidos fueron los sabios y entendidos (v. 25). Dios se revela por medio de sus obras y palabras, pero supremamente por su Hijo (Heb_1:1-3). Nadie llega a Dios a “espaldas de su Hijo”.
6 Una invitación bondadosa,Heb_11:28-30
Esta magnífica expresión de la buena disposición de Dios hacia los que reconocen su necesidad pone en relieve la responsabilidad del hombre de responder a la iniciativa de Dios. Más que una invitación, es un mandato triple con promesas y una explicación del porqué le conviene al creyente obedecer. Los verbos en griego son del tiempo aoristo, indicando una demanda de una decisión definitiva, sin demora. Morgan sugiere que en estos tres mandatos tenemos también las tres condiciones para conocer a Dios, continuando así el pensamiento del pasaje anterior.
Venid a mí (v. 28). En contraste con lo que parece una disposición limitada (v. 27b), Jesús abre la puerta a todos los que estáis fatigados y cargados (v. 28). La única condición es que ellos reconozcan su necesidad y confíen que él puede resolverla. Fatigados habla de agotamiento físico, y cargados tiene el sentido de uno que lleva un peso grande encima. Jesús está refiriéndose a la carga pesada de la ley, y todos sus reglamentos, impuestos por los escribas (Heb_23:4; Heb_15:10). Promete descanso de tales cargas para los súbditos en su reino. El descanso prometido no es un escape del trabajo intelectual y manual, no es la inactividad del perezoso. Lo que promete es un escape, o alivio, del temor, ansiedad, incertidumbre y falta de sentido de las exigencias de los escribas. El término griego traducido venid es una exclamación construida sobre un adverbio que tiene la fuerza de imperativo. El contexto —los imperativos del tiempo aoristo (v. 29)— define el tiempo de este término.
Mi yugo sobre vosotros (v. 29a). En el v. 28 Jesús ofrece descanso; aquí manda llevar su yugo sobre sí. “Llevar el yugo” es una expresión que era común entre los rabíes judíos y significaba someterse a la autoridad y enseñanzas de un maestro (Heb_15:10). En efecto, Jesús les manda: “Haceos mis discípulos.” Se debe subrayar el pronombre posesivo mi yugo, pues la intención es establecer un contraste entre el yugo de los escribas y el de Jesús. Es probable que Jesús, cuando era joven, haya fabricado yugos para vender en la carpintería de José, pero aquí no se refiere a un yugo hecho de madera.
Aprended de mi (v. 29b). El tercer mandato concuerda con la interpretación dada del segundo. El discípulo es un aprendiz, uno que aprende del ejemplo y las enseñanzas de su maestro. El énfasis está sobre Jesús como la única persona autorizada para enseñar a los súbditos del reino, en contraste con las manera y falta de autoridad con que los escribas enseñaban (Heb_7:29). Hay tres razones por las cuales nos conviene aprender de él. En primer lugar, el aliciente de su carácter. El es manso y humilde de corazón (v. 29) en contraste con los sabios y entendidos (v. 25). Las cualidades de carácter que demanda de sus seguidores (Heb_5:3-5), Jesús mismo las demostró en su vida. El segundo aliciente para aprender de Jesús es que hallaremos descanso para nuestras almas (v. 29). El promete paz y tranquilidad en el corazón de sus seguidores, lo cual da como resultado descanso espiritual (Joh_14:27). La tercera razón es que su yugo es fácil, y su carga ligera. Las demandas de Jesús no son livianas (Joh_16:24), pero son justas y soportables. El provee la fortaleza espiritual por el Espíritu Santo para cumplir todas las demandas. Por esta razón sus mandamientos no son gravosos (1Jo_5:3). En el original, “fácil” significa “bueno, bondadoso”. Es un yugo ajustado a nuestro “cuello” de modo que no produce molestias ni roces. “Ligera” significa “liviano, no aplastante”. El yugo literal de bueyes, tiene lugar para dos. La figura permite la idea de que al lado del discípulo, Jesús está en el yugo llevando la mayor parte de la carga.