Es interesante ver cómo, a sus componentes humanos, la sociedad le exige ciertos comportamientos que deben tener, sin haberlos capacitado para ello.
Ejemplos de estos comportamientos son las capacidades de ser esposo/esposa o padre/madre.
Se habla mucho de la violencia doméstica, de la educación de los hijos sin “levantar la mano”, del respeto intrafamiliar, de compartir los deberes de la casa, etc. Pero ¿alguien le enseñó a los integrantes de la sociedad algo sobre cuál es la mejor manera de encarar estos tópicos? Es más, ¿hay alguna manera “correcta” de encararlos?
Uno nace, crece, forma pareja, tiene hijos, nietos y muere. ¿En algún punto alguien le dijo cómo encarar estas etapas de la vida? No. Pero la sociedad le exige que lo haga de una manera “correcta”. ¿Cuál es la manera “correcta”? ¿Alguien lo sabe?
Se supone que sí. Hay sociólogos, pedagogos, psicólogos, antropólogos, defensores de los derechos de los niños, defensores de los derechos de la mujer, etc., que afirman que ellos saben cuál es esa manera “correcta”, para cada uno de los tópicos.
Estos profesionales son los que juzgan los comportamientos contingentes que seres humanos contingentes realizan, comparándolos con las diferentes teorías que defienden, es decir, con situaciones ideales. Si una acción se separa de esos ideales, la condena social y legal puede llegar a ser muy fuerte. Pero ¿se puede exigir a alguien que realice una acción para la cual nadie lo capacitó? Si a uno no le enseñan a hacer algo, ¿cómo puede saberlo? ¿Por instinto? ¿Por intuición? ¿De acuerdo a su experiencia “del otro lado del mostrador”? No se puede suponer que todo el mundo debe actuar “naturalmente” entre ciertos parámetros porque a alguna persona selme ocurrió “naturalmente” cómo hacerlo.
Todos somos distintos y tuvimos distintas experiencias a través de la vida. Por ejemplo, a algunos niños nunca fueron agredidos físicamente por sus padres, algunos se ligaron algunas “palmaditas”, otros fueron golpeados directamente varias veces, otros muchas veces y otros a diario. Si los protagonistas de cada uno de estos casos fueran a reproducir su experiencia cuando les toque ser padres (cosa que sucede actualmente), obviamente sus comportamientos van a ser diferentes. La educación previa normalizaría esos comportamientos acercándolos a lo ideal.
Otro ejemplo: algunos niños vieron el vínculo de sus mayores desarrollarse con mucho respeto, algunos vieron un dominio del padre sobre la madre o viceversa, otros asistieron a una relación violenta entre ellos o de uno hacia el otro, etc. Nuevamente, si los protagonistas de cada uno de estos casos fueran a reproducir su experiencia cuando les toque ser esposos (cosa que sucede actualmente), sus comportamientos van a ser diferentes. Otra vez, la educación previa normalizaría esos comportamientos acercándolos a lo ideal.
Uno asiste de pequeño a la enseñanza pública o privada y le enseñan matemáticas, historia, geografía, etc. Luego aprende un oficio o profesión. ¿Y a ser persona? Es verdad que en algún punto hay que cortar el tema de la enseñanza y que no se puede enseñar todo, pero si uno espera cierto comportamiento entre ciertos parámetros creo que debería enseñársele a los involucrados qué es lo que se espera de ellos en determinados casos.
Sin embargo, no está institucionalizada la enseñanza de los comportamientos “correctos” para esposos, esposas, padres o madres.
Uno va pasando por estas etapas de la vida como puede, por ensayo y error. Cuando se da cuenta de lo mal que hizo (si alguna vez se da cuenta) ya es muy tarde. Ya ha generado una cantidad de traumas en la sociedad que ya no tienen vuelta atrás. La sociedad lo acusa y el remordimiento le carcome la conciencia (a los que tienen conciencia).
Creo esta situación, para los casos en cuestión, tiene solución. Se debe capacitar a las personas, primero a saber convivir en una pareja, con todas sus complicaciones, cambio de prioridades y, sobre todo, tolerancia. Segundo, una vez que pasan por ese aprendizaje, si quieren tener hijos, se les debe enseñar a ser padres, que es mucho más difícil y complicado.
Una vez que todas las personas hayan pasado por estas etapas de aprendizaje pueden ser exigidos por la sociedad a comportarse como la sociedad les mandata. Ella tendrá “derecho” a reclamarles a los individuos que sus comportamientos contingentes se aproximen al ideal, porque ya les fue enseñado. Es distinto que exigirle a alguien algo que nunca escuchó ni vivió, a lo largo de toda su existencia.