Semana 8: Preparación para las Pruebas Saber: Apariencia y realidad
APARIENCIA Y REALIDAD
PARTE 1:
La confusión entre lo que es y lo que parece ser es muy frecuente en nuestra vida cotidiana: a menudo nos quedamos perplejos ante algo que nos parecía real y que descubrimos como pura apariencia. Entonces es posible que nos formulemos una pregunta básica de la ontología: ¿qué es la realidad y cómo podemos distinguirla de la apariencia? En últimas, ¿cómo podemos saber que la información que extraemos del mundo no es una mera apariencia?
La distinción entre realidad y apariencia puede ser articulada en virtud de las dos primeras maneras de entender la noción de realidad que introdujimos anteriormente. En la noción de existencia, la realidad sería lo que existe realmente, mientras que lo aparente sería lo que simplemente aparenta existir. Por ejemplo, pensemos en la distinción entre un oasis en el desierto y el espejismo de un oasis en el desierto. El espejismo del oasis simplemente aparenta existir, mientras que el oasis existe. El espejismo solo existe como una representación en la mente de un sujeto. Entonces, el espejismo es una ilusión solo si se considera por fuera de la mente, es decir, externamente hablando.
En el contexto de legítimo, lo real sería lo legítimo, mientras que lo aparente sería lo que aparenta ser legítimo. Recordemos el ejemplo en el que suponíamos la existencia de un billete legítimo y de uno falso que son idénticos en todas sus propiedades menos en una: solo uno de ellos fue fabricado por el banco emisor. En este caso, el billete falso aparentaría ser legítimo, aunque no lo es.
PARTE 2:
Es evidente que una buena concepción de la diferencia entre apariencia y realidad debe darnos criterios para distinguir las cosas que realmente existen de las que solo parecen existir. Analicemos tal distinción en uno de los casos que pueden ser más fáciles de estudiar: la existencia de entidades del mundo natural, es decir, entidades cuya existencia se puede reconocer a través de la percepción. Sobre la existencia de las entidades del mundo natural existen dos casos interesantes que nos ilustran los problemas de distinguir entre apariencia y realidad: la ilusión y la alucinación.
Una ilusión se define como una experiencia distorsionada del estado de las cosas. Las ilusiones nos presentan un buen caso para entender la distinción entre apariencia y realidad: hay unos objetos o entidades que son de cierta manera y que, en la experiencia, se presentan de manera diferente. Por ejemplo, si un triángulo rojo se muestra en la experiencia como un triángulo azul, podemos inferir que esa es una ilusión acerca del color pero no de la forma. En la ilusión, se presentan características de un objeto que realmente no son propias del objeto mismo.
Los casos de ilusiones que más suscitan interrogantes y problemas a la relación entre apariencia y realidad son los de las ilusiones verídicas, tema que ha llamado mucho la atención en la filosofía contemporánea. Una ilusión verídica es un caso en el que la experiencia presenta a un objeto teniendo las propiedades P y Q, cuando en efecto en el ambiente hay una cosa que cuenta con las características P y Q, pero en la que tal experiencia es realmente causada por unas propiedades R y S, teniendo en cuenta que R y S son propiedades diferentes a P y Q.
PARTE 3:
Un ejemplo de ilusión verídica puede ser el siguiente: supongamos que una persona abre los ojos y ve un cuadrado verde a su derecha. El ser verde y estar a la derecha son, respectivamente, las propiedades P y Q presentadas en esta experiencia particular. Ahora, supongamos que la persona está mirando un espejo que ha sido recubierto con una película traslúcida de color amarillo, por ejemplo, un papel celofán, en el que se está reflejando un cuadrado azul que se mostraría a la izquierda si estuviera dentro de su campo visual. El ser azul y estar a la izquierda son, respectivamente, las propiedades R y S. Además, para que el ejemplo funcione bien, supongamos que la persona no está en la capacidad de detectar que hay un espejo en frente suyo y que, por ende, piensa que lo que está viendo no es un reflejo en un espejo sino una percepción directa de un cuadrado verde. La persona percibe el objeto como verde en tanto es algo azul reflejado en una superficie amarilla y estando a la derecha dentro de su campo visual gracias a que es un reflejo, y por lo tanto, invertido, en un espejo. Ahora, supongamos que detrás del espejo, y por ende, fuera del alcance de su percepción visual, hay un cuadrado verde que, en caso de estar en su campo visual, se presentaría como si estuviera a la derecha.
Tenemos así un ejemplo de una ilusión verídica porque la experiencia de la persona de un cuadrado verde que está a la derecha es causada por un cuadrado azul que se presenta como si estuviera a la izquierda y si la persona emitiera la oración hay un cuadrado verde a la derecha dentro de mi campo visual, que es una oración que describe satisfactoriamente su experiencia, sería una oración verdadera, puesto que es cierto que en frente suyo hay un cuadrado verde que se presentaría como si estuviera a la derecha si estuviera dentro de su campo visual. Por ende, su experiencia debería considerarse como verídica aunque es una ilusión.
La pregunta interesante que han notado diversos autores contemporáneos que surge aquí es la siguiente: ¿la ilusión verídica hace que la distinción entre apariencia y realidad se difuminen? En la ilusión verídica tenemos una experiencia que presenta las cosas de manera diferente a como son los hechos que la causaron y, por ende, parecería ser adecuado considerarla como una experiencia que muestra una apariencia de la realidad pero que, por una feliz coincidencia, logra describir con verdad un estado del mundo y, por lo tanto, debería considerarse como realidad. Queda abierta la pregunta de si es posible, de todas maneras, seguir explicando las ilusiones verídicas en el marco de la distinción entre apariencia y realidad.
PARTE 4:
Otro caso interesante para analizar la distinción entre apariencia y realidad es el de la alucinación. Mientras que una ilusión es una experiencia que presenta de manera inadecuada el estado de los objetos, una alucinación es una experiencia que no tiene ninguna causa externa. Desde su misma definición, la alucinación es un ejemplo perfecto de una experiencia que nos muestra una mera apariencia. Sin embargo, al igual que pasaba con la ilusión verídica, es posible construir ejemplos de alucinaciones verídicas que presentan problemas al intentar dilucidar la distinción entre apariencia y realidad.
Supongamos que una persona está enferma con una fiebre muy alta y que, gracias a que la fiebre le causa unas alteraciones en el funcionamiento normal de su cerebro, tiene una serie de alucinaciones. Esto quiere decir que sus experiencias no son causadas por estados externos del mundo sino por unas ciertas reacciones que suceden en su cerebro. Supongamos que tal estado febril causa que la persona tenga una experiencia en la que se le presenta a sí mismo como si estuviera acostado en una camilla de lo que parece ser un hospital, con una bata y un catéter conectado a su brazo. Todo esto es simplemente una alucinación producida por su fiebre aunque, en efecto, su estado de salud tan grave ha llevado a que esté en ese momento internado en un hospital, acostado en una camilla, cubierto con una bata y con uno de sus brazos conectado a un catéter. De todas maneras, su experiencia cuenta como una alucinación, dado que el estado del mundo en el que se encuentra no está causando tal experiencia.
La oración «estoy acostado en una camilla de lo que parece ser un hospital, con una bata y un catéter conectado a mi brazo» es verdadera en tanto hay un estado del mundo que la verifica. Por lo tanto, dado que su experiencia se describe satisfactoriamente, es verídica aunque la impresión haya sido causada por una alucinación y no por los sentidos.
Una vez más, parece importante analizar si los casos de alucinación verídica socavan o no la distinción entre apariencia y realidad. Como las alucinaciones verídicas son un ejemplo de una experiencia alucinatoria, deberían considerarse como apariencias pero, como son verídicas, deberían ser tomadas como reales.
PARTE 5:
Hasta el momento se ha analizado la distinción entre apariencia y realidad en casos en los que tal distinción parece poderse articular a partir de la experiencia, es decir, relativa a la existencia de entidades y propiedades constatables mediante la percepción. Por ende, se hace necesario preguntarse acerca de cómo se da esa distinción sobre entidades y propiedades que no se pueden probar de manera sensible. Para darle sentido a una distinción entre apariencia y realidad, es necesario considerar la posibilidad de un error: alguna cosa existe de una manera cuando en realidad no existe o existe de otra manera. Entonces, es importante preguntarse si es posible equivocarse acerca de las entidades y propiedades no–sensibles y de qué tipo pueden ser esos errores, puesto que parecen ser diferentes a los errores relativos a las cosas sensibles. Recordemos que los casos importantes en los que se da la distinción entre apariencia y realidad no son casos en los que uno se equivoca sin más en captar la realidad de las cosas, sino en los que las cosas se presentan ellas mismas de una manera que no se adecúa a la realidad. Así, surge el siguiente interrogante: ¿es posible que una cosa se presente, por ejemplo, como si fuera divisible entre 3 de una manera que nos pueda inducir a error?
La reflexión entre realidad y apariencia nos lleva a preguntarnos por el tipo de justificación necesaria para demostrar algo como real en vez de aparente. ¿Es la experiencia suficiente para garantizar que algo sea real y no una mera apariencia? Aunque es una herramienta útil para conocer, las ilusiones y las alucinaciones podrían servir para responder negativamente a tal pregunta. Entonces, es necesario reflexionar acerca de qué justificación podría contar como suficiente para mostrar que algo es real.
PARTE 6:
Antes de proseguir adelante, bueno será, por el momento, considerar lo que hemos descubierto hasta aquí. Nos hemos percatado de que si tomamos un objeto cualquiera, de la clase que suponemos conocer por los sentidos, lo que los sentidos nos dicen inmediatamente no es la verdad acerca del objeto tal como es aparte de nosotros, sino solamente la verdad sobre ciertos datos de los sentidos, que, por lo que podemos juzgar, dependen de las relaciones entre nosotros y el objeto. Así, lo que vemos y tocamos directamente es simplemente una apariencia, que creemos ser el signo de una realidad que está tras ella. Pero si la realidad no es lo que aparenta, ¿tenemos algún medio de conocer si en efecto existe una realidad? Y en caso afirmativo, ¿tenemos algún medio para descubrir en qué consiste?
(Bertrand Russell, Los problemas de la filosofía).
Semana 6: Metafísica y ontología
Mi lugar en el mundo
Nuestros antepasados intelectuales, los griegos, llamaron “cosmos” (orden) al conjunto de lo existente. Y es que, ciertamente, parece como si el conjunto de los astros y los planteas siguieran una especie de coreografía y, si nosotros estamos dentro de esa danza, nosotros debemos ser parte de dicho orden y nuestro planeta, e incluso nosotros mismos, debemos obedecer a ese mismo orden. Cualquiera puede observar que todo va cambiando con el tiempo, así como la luna muestra sus fases con puntual precisión, así los hombres nacemos y envejecemos. Con la diferencia de que nosotros dejaremos de ser algún día, mientras que los cuerpos celestes siguen repitiendo sus ciclos eternamente.
Haber descubierto ese “orden” en el cosmos los llevó a la conclusión de que el mundo (el cosmos, la naturaleza) se puede conocer: y lo podemos conocer precisamente porque somos parte de él y, sobre todo, porque tenemos el privilegio de tener razón y conciencia.
Desde siempre existieron distintas formas de explicar tanto el origen como el funcionamiento del cosmos. Para la mayoría de civilizaciones antiguas nosotros éramos el centro del universo, pues eso es “lo que se ve”. En efecto, desde nuestra perspectiva parece como si todo girara alrededor de la tierra. A esto se llama “geocentrismo”. Pero las preguntas no se satisfacen con eso, en algún momento habrá quien se pregunte ¿de qué están hechas las estrellas?, ¿por qué la luna no se cae del cielo?
Hubo alguien que trató de dar respuesta a esos interrogantes. Fue Aristóteles, en el siglo V antes de nuestra era. Él había propuesto que así como las cosas más densas (pesadas) tienden a ir al fondo (como la arena en un estanque con agua), del mismo modo los cuerpos más pesados se ven atraídos a la Tierra, mientas que los más livianos (como el aire o el fuego) tienden a ir hacia arriba. Según esto, las estrellas, la Luna y los planetas deberían estar hechos de algo más liviano que el aire o el fuego. A esta sustancia hipotética Aristóteles la llamó “éter”.
Nunca nadie pudo probar que existiera el éter, pero fue la mejor explicación que tuvimos hasta que poco más de mil años después, en el siglo XVIII, Isaac Newton descubrió que en realidad es la gravedad la que mantiene esa danza cósmica y la que impide que los astros “caigan” hacia nosotros.
Pero volvamos a la antigüedad. El modelo geocéntrico intentaba satisfacer la pregunta por los movimientos de los cuerpos celestes, pero no respondía a la explicación de la forma de nuestro mundo (la Tierra). En la mitología hebrea la Tierra es plana cubierta por una especie de domo de cristal del que están pegadas las estrellas. Igual sucedía con otras mitologías de la Edad de Bronce.
Por su parte, los griegos “sabían” que la tierra es redonda. ¿Cómo llegaron a este descubrimiento? Pues llegaron a él haciendo algo que pocos practican: observando. De entrada los griegos ya sospechaban desde hacía mucho que la tierra es redonda pues, como navegantes que eran, siempre observaban que los barcos al llegar al horizonte iban desapareciendo como si “bajaran” tras el horizonte. Además, también habían observado la sombra curva de la tierra sobre la Luna durante los eclipses solares. Se dice que un filósofo llamado Eratóstenes fue quien tuvo la idea para medir esa curvatura. Él descubrió que el mismo día del año el sol proyectaba dos sombras diferentes a la misma hora en dos ciudades distintas (Siena y Alejandría). Mientras que en alejandría los objetos proyectaban sombra, en Siena no lo hacían (lo que indicaba que en esa ciudad la posición relativa del Sol era perfectamente perpendicular.
Eratóstenes mandó medir con ayuda de un ejército la distancia entre las dos ciudades. Luego, calculando con ayuda de las matemáticas el ángulo formado entre las dos ciudades, completó imaginariamente el resto de la circunferencia, dando con mucha precisión el diámetro de nuestro planeta.
Aún nos falta saber cómo descubrimos que el centro es el sol y no la Tierra, pero eso es tema de otra lección. Por ahora, bástneos saber que gracias a personas como Aristóteles y Eratóstenes fuimos descubriendo la estructura de nuestro universo. Ellos nos enseñaron que el cosmos está lleno de tesoros ocultos que, si somos curiosos y observadores, podremos descubrir para provecho de nuestra especie.
Metafísica y ontología
Una de las definiciones más importantes de metafísica en la tradición filosófica es la que se encuentra en la Metafísica de Aristóteles: "la ciencia del ser en tanto que es". De manera más específica, la metafísica es el estudio de las cosas que existen, pero no desde sus particularidades sino desde sus rasgos universales.
Las cosas tienen diferentes tipos de propiedades que las definen y que permiten categorizarlas: las propiedades que tienen en común las sandías con las hamburguesas nos permiten clasificarlas como comidas, mientras que las propiedades que tienen en común las sandías con las ranas nos permiten agruparlas como verdes. Una vez definida una categoría, existe la posibilidad de estudiar las propiedades particulares que tienen las cosas que la conforman. La metafísica o, más exactamente, la ontología, es la disciplina que estudia las cosas categorizadas simplemente como existentes, sin tener en cuenta ninguna de las características particulares que puedan tener.
La pregunta por el ser es el problema fundamental de la metafísica y, más concretamente, de la ontología. El ser no es un objeto cualquiera que podamos percibir empíricamente sino que está en el ámbito de la razón y del pensamiento.
Para entender más claramente la noción de ser, es necesario distinguir entre ser y ente, problema propio de la ontología. Los objetos sensibles (el hombre, los mares, los planetas), así como los imaginarios (las figuras geométricas, matemáticas y los seres fantásticos), son entes y el ser es una clasificación que está por encima de ellos. Es aquello en lo que queda reunido y contenido todo cuanto es. De esta manera, la metafísica es la disciplina que se encarga de determinar las condiciones que tienen las cosas para ser existentes.
En torno al problema del ser se han generado muchas discusiones filosóficas, todas bajo el presupuesto de la diferencia ontológica, que es la distinción entre ser y ente. Un enorme interrogante ontológico es la pregunta sobre si el ser es uno o si es múltiple. Como el ser es aquello de lo que todos los entes toman su entidad, y que subsiste por sí solo como algo general, parece que merece el atributo de la unidad. Sin embargo, teniendo en cuenta que el ser contiene dentro de sí la gran cantidad de entes particulares, también se podría argumentar que tiene una naturaleza múltiple.
La realidad
Hemos dicho que se denomina ontología al estudio que se pregunta por lo común y universal de todo lo existente. Existen distintos conceptos para expresar lo que todas las cosas tienen en común y uno de ellos es el ser. Actualmente, diversos filósofos han propuesto metafísicas alternativas en las que no se utiliza el concepto de ser sino de otros como el haber, el estar o la propia noción de realidad.
Hay al menos tres sentidos importantes que se le pueden dar a la noción de realidad. En primer lugar, realidad se puede entender en términos de existencia. Si la realidad se define como el conjunto de todo lo existente, la pregunta crucial sería: ¿cuáles son las condiciones para que algo exista y se considere como real? Una manera de justificar la existencia de una cosa sería comprobar que hace parte de una especie de inventario del mundo. El problema es que no tenemos la capacidad de detectar todas las cosas que existen en el mundo. Por ejemplo, hasta hace muy poco somos capaces de poner en nuestro inventario cosas como los electrones o los quarks. Además, no tenemos una manera clara de hacer un inventario de cosas no sensibles, como los números o los conceptos, que se pueden considerar existentes.
En segundo lugar, la noción de realidad puede entenderse en términos de legítimo. Lo real es lo legítimo, lo correcto, en un sentido general, lo verdadero, mientras que lo irreal es lo falso, lo ilegítimo, lo incorrecto. Pensemos en el caso de un cuadro original y un cuadro falsificado. Ambos existen, pero la diferencia entre ellos es que consideramos que uno tiene una cierta propiedad que el otro no: uno es legítimo y el otro, falso. Necesitaríamos, entonces, un criterio para distinguir lo legítimo de lo ilegítimo.
Hay casos en los que tal distinción depende de una mera convención. Supongamos que tenemos un billete falso fabricado con tal buena calidad que es cualitativamente idéntico a un billete legítimo. Lo seguiríamos considerando falso puesto que nuestra noción de billete legítimo no depende tanto de sus propiedades sino de una convención social que afirma que los billetes legítimos son los que fabrica el banco emisor.
Hay otros casos en los que la convención social no es suficiente para considerar algo como legítimo. Por ejemplo, tomemos un objeto y el holograma de tal objeto. En este caso, la legitimidad del objeto no depende de una convención social sino de las propiedades que posee. De esta manera, necesitaríamos criterios precisos que, dentro de las propiedades, nos permitan distinguir cuándo las cosas son legítimas y cuándo no lo son.
Por último, la noción de realidad puede entenderse en términos de las modalidades necesario y posible. Por una parte, podemos hablar de una realidad posible o contingente, es decir, algo que existe de la manera en la que existe pero que bien podría haber existido de una manera diferente, es decir, no haber existido. Desde este punto de vista, hay seres reales posibles en la medida en que existen pero que hubieran podido no haber existido. Por ejemplo, aunque la existencia de cada uno de nosotros se da, pudo no haberse dado si, por ejemplo, nuestros padres no se hubieran conocido o si el mundo se hubiera acabado antes de nuestro nacimiento. Esta concepción de la realidad dirige las interrogantes hacia la causa de la existencia de los seres reales posibles.
Ejercicio:
1. ¿Por qué se puede afirmar que los hebreos “creían” que la tierra es plana, mientras que los griegos “sabían” que es redonda?
2. Argumenta aplicando lo visto: Para ti, ¿los números son reales o solo una abstracción? Usa tus propios argumentos.
3. Redacta una argumentación de media página en la que expliques: ¿para ti, qué hace que algo sea real?
Semana 3: La cosmología y el sentido del mundo
COSMOLOGÍA MÍTICA
La palabra mito suele utilizarse hoy en día en sentido despectivo. Llamamos mito a cosas de las que queremos decir que no son ciertas, de las que no se tiene prueba o que consideramos pseudocientíficas. Sin embargo, el estatus de la palabra mito es diferente si se analiza desde una perspectiva etimológica o histórica. Etimológicamente, la palabra griega mythos significa simplemente "historia". Históricamente, los mitos son narraciones con la función de ofrecer una explicación sobre el origen de algo. Hay mitos que explican el origen de los dioses, del hombre, de ciertas costumbres, de algunas instituciones y aun del universo mismo, siendo estos últimos los mitos de naturaleza cosmogónica.
Existe una gran cantidad de mitos cosmogónicos, como el Popol Vuh maya o el mito africano de Aido-Hwedo. En los mitos cosmogónicos, de manera análoga a como se hace en cualquier tipo de mito, se narra una historia encarnada por personajes fantásticos, algunas veces antropomorfos, que juegan un rol en la creación del universo. Por ejemplo, en el mito de Aido-Hwedo, una serpiente con tal nombre es la primera cosa creada y lleva al creador en su boca para que cree todas las demás cosas del universo; luego, pasa a servir como estructura fundamental sobre la que reposa el peso del mundo.
Según estudios ofrecidos por Claude Lévi-Strauss (1908-2009), un mito cosmogónico es una narración que explica el origen del universo, utilizando los recursos estructurales y literarios del mito. Una pregunta fundamental acerca de tales mitos es qué elemento hace que no sean un simple cuento sobre el origen del mundo sino una teoría sobre tal fenómeno. El elemento que le otorga al mito cosmogónico su fuerza explicativa no parece hacer parte del mito, puesto que un mismo texto puede ser tomado tanto como una explicación del origen del universo como un cuento perteneciente al dominio de la ficción. Supongamos que un extraterrestre llega a una biblioteca terrestre y empieza a leer el Popol Vuh. Es totalmente concebible que el extraterrestre considere tanto que el libro es una historia ficticia como que lo tome como un documento cosmogónico de la humanidad.
Así, lo que le da al mito su fuerza explicativa es simplemente la actitud con que lo tome una cierta comunidad de personas. Las razones que llevan a una comunidad a adoptar un mito cosmogónico son variadas, por ejemplo, la coherencia que guarda con el resto de sus creencias. Sin embargo, tal vez la razón más importante es que no cuente con una explicación cosmológica más sofisticada. Los mitos solo pueden considerarse cosmológicos cuando no cuentan con explicaciones que se adecúan a criterios de racionalidad y justificación, como la evidencia empírica o el uso de la explicación más sencilla.
Independientemente de que los mitos no se adecúen a ciertos criterios de racionalidad y justificación, que pueden parecer necesarios en una explicación, lo que puede considerarse una crítica externa a la cosmología mítica, es posible encontrar también una cierta crítica interna que debe considerarse.
La intención que se tiene al adoptar un mito como una teoría cosmológica es claramente encontrar en él una explicación del origen del universo. La mayoría de los mitos buscan explicar tal origen mediante la postulación de una fuerza creadora, a partir de la cual se genera la existencia de todo lo demás. Ahora bien, si tal fuerza creadora se concibe, como en efecto se hace, como algo existente, su origen debe ser también explicado dentro de una teoría cosmológica. Sin embargo, este parece ser un vacío explicativo de los mitos cosmogónicos, puesto que explican el origen del universo a partir de su relación con una fuerza creadora pero fallan en explicar el origen de la fuerza creadora misma. Evidentemente, explicar el origen de tal fuerza creadora postulando otra fuerza creadora de mayor jerarquía no soluciona el problema.
COSMOLOGÍA FILOSÓFICA
El debate cosmológico en filosofía está marcado por la pregunta sobre qué cuenta como una explicación correcta del origen del universo. Dos modelos de explicación parecen ser los más plausibles. El primero postula que existe un tipo de entidad (E) sobre el que se pueden aplicar unas ciertas leyes (L) y, como resultado, se originan ciertas entidades (Ep E2, etc.). Este es el tipo de explicación que ofrece la teoría de la evolución: se postulan unas ciertas estructuras celulares básicas sobre las que se aplican determinadas leyes, por ejemplo, la selección natural, lo que permite construir explicaciones sobre el origen de otras estructuras celulares.
El segundo modelo busca dar cuenta del origen de una cosa (X) a partir de ciertas transformaciones de un estado de cosas (no-X). Uno de los mejores ejemplos de este tipo de explicación es el modelo del origen de la vida de Aleksandr Oparin (1894-1980). Según Oparin, los seres orgánicos primitivos se originaron a partir de una suerte de relaciones químicas que se dieron sobre algunos materiales inorgánicos, como el oxígeno o el agua.
Solo el segundo modelo ofrece verdaderas explicaciones sobre el origen de algo. Sin embargo, este tipo de modelo también acarrea algunos problemas: una vez se tiene una explicación del origen de X desde un estado no-X, es necesario tener otra explicación para el origen de no-X desde un estado diferente de X y de no-X, lo que nos sume dentro de una sucesión infinita.
Los filósofos presocráticos propusieron el arché para hacer frente a este problema. El arché, o primer principio, era concebido como una entidad o fuerza que no necesitaba de ninguna otra cosa para existir y, por ende, no era necesario una explicación de su origen. Para Tales de Mileto, el arché es el agua; para Anaximandro, lo indeterminado; y para Pitágoras, el número.
Pero no parece haber una diferencia sustancial entre este tipo de cosmologías y las cosmogonías míticas: hay algo que simplemente existe, que nos sirve como punto de partida para explicar la existencia de todo lo demás. De todas maneras, la cosmología presocrática posee diferencias fundamentales de naturaleza epistemológica que la distancian de la cosmología mítica: las explicaciones presocráticas se basaban en justificaciones de naturaleza empírica o lógica más que en justificaciones culturales, como parece suceder con los mitos.
Otra estrategia puramente lógica para solucionar este tipo de problema se encuentra en la filosofía aristotélica. Para Aristóteles (384 a. C.-322 a. C.), el movimiento es la fuerza fundamental del cambio en el mundo: la variedad del mundo está dada por el movimiento y eso supone un origen concebido como un motor inmóvil, un agente de movimiento que, a su vez, no es movido. Tal motor inmóvil no supone el primer principio desde el comienzo sino que lo postula como una condición lógica de otro fenómeno que puede ser fácilmente aceptado: el movimiento como fuerza fundamental de nuestra realidad.
Otro tipo de estrategia puede encontrarse en la filosofía natural, principalmente desarrollada por Galileo Galilei (1564-1642) e Isaac Newton (1642-1727). La filosofía natural trabaja sobre una concepción mecanicista del universo: todo fenómeno puede y debe ser explicado con relación a principios mecánicos, evitando principalmente la alusión a fuerzas intencionales, es decir, con voluntad propia. El principio fundamental de la existencia se concibe como el principio que permite las interacciones mecánicas de las cosas: la causalidad.
COSMOLOGÍA CIENTÍFICA
El argumento fundamental de la cosmología científica se basa en una interpretación de los términos universo o mundo, que aparecen en la definición de cosmología como sinónimos del término naturaleza y, por ende, como conceptos científicos, más que filosóficos. Esto implica que las preguntas cosmológicas deben ser estudiadas privilegiando los métodos empíricos y matemáticos de las ciencias naturales, sobre los métodos de análisis lógico y conceptual, propios de la filosofía.
El modelo cosmológico más aceptado en la ciencia se inspira en la teoría general de la relatividad de Einstein (1879-1955), cuyos principios pueden aplicarse al universo tomado como una entidad, dando como resultado una visión del universo como algo densamente lleno de materia. Los principios de la teoría de la relatividad fueron utilizados para crear la teoría del origen del universo del big bang.
Ejercicio:
1. Lee el siguiente fragmento del Popol Vuh. Luego, responde las preguntas.
Ésta es la relación de cómo todo estaba en suspenso, todo en calma, en silencio; todo inmóvil, callado, y vacía la extensión del cielo.
Ésta es la primera relación, el primer discurso. No había todavía un hombre, ni un animal, pájaros, peces, cangrejos, árboles, piedras, cuevas, barrancas, hierbas ni bosques: sólo el cielo existía.
No se manifestaba la faz de la tierra. Sólo estaban el mar en calma y el cielo en toda su extensión.
No había nada junto, que hiciera ruido, ni cosa alguna que se moviera, ni se agitara, ni hiciera ruido en el cielo.
No había nada que estuviera en pie; sólo el agua en reposo, el mar apacible, solo y tranquilo. No había nada dotado de existencia.
Solamente había inmovilidad y silencio en la oscuridad, en la noche. Sólo el Creador, el Formador, Tepeu, Gucumatz, los Progenitores, estaban en el agua rodeados de claridad. Estaban ocultos bajo plumas verdes y azules, por eso se les llama Gucumatz, De grandes sabios, de grandes pensadores es su naturaleza. De esta manera existía el cielo y también el Corazón del Cielo, que éste es el nombre de Dios. Así contaban.
Llegó aquí entonces la palabra, vinieron juntos Tepeu y Gucumatz, en la oscuridad, en la noche, y hablaron entre sí Tepeu y Gucumatz. Hablaron, pues, consultando entre sí y meditando; se pusieron de acuerdo, juntaron sus palabras y su pensamiento.
Entonces se manifestó con claridad, mientras meditaban, que cuando amaneciera debía aparecer el hombre. Entonces dispusieron la creación y crecimiento de los árboles y los bejucos y el nacimiento de la vida y la creación del hombre. Se dispuso así en la tinieblas y en la noche por el Corazón del Cielo, que se llama Huracán.
El primero se llama Caculhá Huracán. El segundo es Chipi-Caculhá. El tercero es Raxa-Caculhá. Y estos tres son el Corazón del Cielo.
Entonces vinieron juntos Tepeu y Gucumatz; entonces conferenciaron sobre la vida y la claridad, cómo se hará para que aclare y amanezca, quién será el que produzca el alimento y el sustento.
–¡Hágase así! ¡Que se llene el vacío! ¡Que esta agua se retire y desocupe [el espacio], que surja la tierra y que se afirme! Así dijeron. ¡Que aclare, que amanezca en el cielo y en la tierra! No habrá gloria ni grandeza en nuestra creación y formación hasta que exista la criatura humana, el hombre formado. Así dijeron.
Luego la tierra fue creada por ellos. Así fue en verdad como se hizo la creación de la tierra: –¡Tierra!, dijeron, y al instante fue hecha.
Como la neblina, como la nube y como una polvareda fue la creación, cuando surgieron del agua las montañas; y al instante crecieron las montañas.
Solamente, por un prodigio, sólo por arte mágica se realizó la formación de las montañas y los valles; y al instante brotaron juntos los cipresales y pinares en la superficie.
Y así se llenó de alegría Gucumatz, diciendo:
–¡Buena ha sido tu venida, Corazón del Cielo; tú, Huracán, y tú, Chipi-Caculhá, Raxa-Caculhá!
–Nuestra obra, nuestra creación será terminada, contestaron.
Primero se formaron la tierra, las montañas y los valles; se dividieron las corrientes del agua, los arroyos se fueron corriendo libremente entre los cerros, y las aguas quedaron separadas cuando aparecieron las altas montañas.
Así fue la creación de la tierra, cuando fue formada por el Corazón del Cielo, el Corazón de la Tierra, que así son llamados los que primero la fecundaron, cuando el cielo estaba en suspenso y la tierra se hallaba sumergida dentro del agua.
De esta manera se perfeccionó la obra, cuando la ejecutaron después de pensar y meditar sobre su feliz terminación.
(Fragmento tomados de Popol Vuh. Las antiguas historias del Quiché, traducidas del texto original con introducción y notas de Adrián Recinos, Colección Popular, núm. 11, FCE, México, 32ª reimp., 2005. Primera parte. Capítulo primero, pp. 23-25)
a. Identifica los elementos de la creación que aparecen en el texto y compáralos con los de otro mito cosmogónico (por ejemplo, la Teogonía de Hesíodo, el Génesis bíblico o una cosmogonía de otra cultura indígena).
b. ¿Cuáles son las similitudes y diferencias en la forma en que se concibe el origen del mundo?
c. ¿En qué se diferencia esta explicación de la que ofrece la ciencia?
2. Argumenta cuál de las cosmologías (mítica, filosófica o científica) ofrece la mejor explicación del origen del universo. Fundamenta tus argumentos con los conceptos estudiados en la clase.
3. Elabora un esquema donde compares las explicaciones cosmogónicas de los mitos, los presocráticos y la cosmología científica. En el esquema deberás destacar los principios clave de cada enfoque.
Semana 2: Saber pensar y saber filosofar
¿Qué es el pensamiento lógico?
El pensamiento lógico es una forma de razonamiento que establece una serie de relaciones entre los objetos (reales o abstractos) para llegar a una generalización. Proviene de una elaboración individual y utiliza la coherencia y la secuencialidad para analizar información y resolver problemas.
Este tipo de razonamiento implica extraer conclusiones válidas a partir de un conjunto de premisas. Los antiguos filósofos griegos cultivaron extensamente este pensamiento, ya que veían en la deducción y la correlación formal el mejor método para alcanzar la verdad.
Hoy en día, la lógica forma parte elemental del pensamiento científico. Sobre todo, en lo concerniente a las reglas del proceso formal de investigación, que requiere realizar operaciones como la generalización y la clasificación.
Además, el pensamiento lógico es una herramienta fundamental para la resolución de problemas en la vida cotidiana, porque permite a las personas analizar, argumentar, probar hipótesis y justificar sus argumentos.
¿Para qué sirve el pensamiento lógico?
El pensamiento lógico es una herramienta valiosa que puede aplicarse en distintas áreas. Algunas de sus principales funciones son:
-Argumentación. Contribuye a la comunicación y expresión de argumentos e ideas de forma estructurada y coherente.-Deducción. Permite llegar a conclusiones generales a partir de casos específicos. Es necesario para analizar e interpretar datos, por ejemplo, estadísticas.
-Resolución de problemas. Posibilita dividir un problema en partes más pequeñas y manejables, para facilitar su análisis.
-Toma de decisiones. Contribuye al proceso de elección entre distintas opciones, considerando las alternativas de forma racional y teniendo en cuenta las posibles consecuencias de cada una.
-Organización y desarrollo de estrategias. Permite desarrollar planes eficientes para lograr un objetivo, mediante la identificación de recursos disponibles, el establecimiento de prioridades y la gestión del tiempo.
Ejercicio:
1. Explica con tus propias palabras qué es el pensamiento lógico y por qué no se reduce a “pensar rápido”.
2. ¿Por qué crees que los filósofos griegos consideraban la lógica como un camino hacia la verdad?
3. Explica cómo el pensamiento lógico se relaciona con el método científico.
4. ¿Qué diferencias existen entre actuar impulsivamente y actuar de forma lógica?
5. Redacta un párrafo defendiendo la importancia de “pensar bien” en la sociedad actual.
Semana 1: Diagnóstico
En tu cuaderno
A. PREGUNTAS ABIERTAS
1. ¿Qué significa para ti pensar bien sobre un tema o problema?
2. ¿Crees que una persona puede cambiar de opinión? ¿Por qué?
3. Nombra un hecho histórico que consideres importante y explica brevemente por qué.
4. Cuando no entiendes algo en clase, ¿qué haces normalmente?
B. VALORACIÓN DE ACTITUDES
● Verde: Siempre.
●Amarillo: Casi siempre.
●Rojo: Nunca.
5. 6. 7. 8. 9. 10. 11. 12. 13.
🔾 🔾 🔾 🔾 🔾 🔾 🔾 🔾 🔾
5. Puedo explicar con mis palabras lo que alguien quiso decir.
6. Identifico ideas principales en un texto o explicación.
7. Trato de pensar antes de aceptar una idea como verdadera.
8. Puedo dar razones para defender mi opinión.
9. Puedo cambiar de opinión si escucho buenos argumentos.
10. Reconozco que las ideas cambian según la época y el lugar.
11. Me interesa saber cómo pensaban las personas en el pasado.
12. Me esfuerzo por entender temas difíciles.
13. Hago preguntas cuando tengo dudas.
C. CONCLUSIÓN
14. ¿Qué esperas aprender en la clase de filosofía?