Varios III

La caída del gigante

Siempre he sido un gigante. Apenas recuerdo aquellos tiempos pasados en los que se me consideraba un recién nacido, un niño, un joven... He visto pasar épocas y gentes cuyas vidas son cortas comparadas con el tiempo que llevo yo sobre la Tierra. A mis pies se han besado los enamorados, han jugado los niños, han paseado los ancianos... y yo los he observado, siempre inmutable, siempre silencioso, testigo mudo de acciones y reacciones, de secretos y de alegrías...

He visto reyes y presidentes, he visto el abandono y la ruina de todo lo que me rodeaba. He soportado lluvia, nieve, sol... incluso golpes y el maltrato de aquellos que no ven más allá de sus narices. Me han mirado con admiración e indiferencia, me han tratado como a un servivo con alma y espíritu, me han considerado un dato estadístico...

Pero el fin llega cuando menos lo esperamos y a veces de nada sirve la fortaleza y el orgullo. La fuerte ventisca nocturna que no ha podido con otros más jovenes, inexpertos y débiles ha podido conmigo y ahora permanezco en el suelo, derribado e indefenso, esperando la muerte definitiva.

Muchos vienen a ver mi cadáver aún lleno de savia. La mayoría de ellos no sabía de mi existencia hasta que he caído y ahora vienen, me miran, me fotografían, e incluso hay quien quiere un pedazo de mí. Siento su compasión y escucho voces hablando de mi fortaleza, de las increíbles dimensiones de mi cuerpo, pero sé que su lástima es efímera y cuando pasenunas horas, sólo seré una anécdota más que se olvidará poco a poco...

Ya nadie se preocupa por un árbol caído...

En memoria del Cedro del Líbano caído en el Real Jardín Botánico de Madrid el 15 de enero de 2010


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