Esta primera etapa ya nos da un serio aviso de que el Camino Primitivo no será ningún paseo. Excepto la salida de Oviedo, la jornada transcurre en su mayor parte por sendas y caminos en un placentero entorno rural, con desniveles frecuentes, cruzando bosques, praderías y pequeñas aldeas. En Grado disponemos de un magnífico albergue público; quienes les quede todavía fuerza disponen de otros dos (San Juan de Villapañada y Cabruñana) unos pocos kilómetros más adelante.
Arrancamos la jornada con un ascenso de 300 metros de desnivel en 5,0 km hasta el Alto del Fresno; luego, una fuerte bajada, nos lleva al fondo del valle del Narcea, donde se emplaza Cornellana y su magnífico monasterio de San Salvador (acoge a peregrinos). De Cornellana a Salas subimos por el valle del río Nonaya, cruzando pequeñas parroquias sin servicios. Los peregrinos más en forma pueden alargar la etapa hasta Bodenaya o La Espina.
Otra jornada plenamente rural, entre prados y bosques de robles y castaños. En los primeros ocho kilómetros ascendemos desde los 240 metros de altitud de Salas hasta los 660 de La Espina; luego avanzamos con desniveles más suaves, aunque frecuentes, llegando a los casi 800 metros de altitud. La Espina es la única localidad intermedia que cuenta con todos los servicios.
Primera de las tres etapas que definen el carácter y esencia del Camino Primitivo, por su riqueza ecológica, fauna y flora, por su dureza y por sus paisajes, y que lo han convertido en los últimos años en uno de los caminos jacobeos de mayor éxito. Si decidimos prolongar la jornada más allá de Borres, ya hemos de elegir entre la Ruta de los Hospitales y el camino por Pola de Allande, ambos magníficos.
El camino por la Ruta de los Hospitales es 4,5 km más corto que la alternativa por Pola, pero de más dureza y sin servicios. Es una de las etapas de más belleza paisajística de todos los Caminos de Santiago. Transcurre por zonas elevadas, deshabitadas y con una gran exposición a las variables meteorológicas; conviene ir acompañados, con agua y provisiones, y con el equipamiento adecuado para el viento y el frío incluso en verano. Debemos optar por la ruta de Pola de Allande en caso de malas previsiones meteorológicas y, por supuesto, en invierno.
Otra preciosa etapa: aunque la iniciamos con dos moderados ascensos, de 100 (a la salida de Berducedo) y 175 (a la salida de La Mesa) metros de desnivel, hoy el recorrido se caracteriza por la larga bajada al embalse de Grandas, por pistas de tierra y, en los tramos finales, por sendero; en 8,2 km pasamos de los 1.040 metros de altitud a los 210. Una bajada pirenaica. Luego ascendemos a Grandas de Salime por una monótona carretera, aunque aprovechando algunos bellos atajos boscosos.
Si hemos llegado indemnes a Grandas de Salime, la tumba del Apóstol Santiago se halla a nuestro alcance. Hoy avanzamos por un territorio más dócil que el de las etapas precedentes, por zonas rurales, agrarias y ganaderas, saliéndonos al paso numerosas pequeñas parroquias, algunas con servicios para los peregrinos. La jornada está marcada por la subida, larga, pero suave y progresiva, al Alto del Acebo, sierra que separa las comunidades de Asturias y Galicia.
Esta primera jornada plenamente gallega transcurre básicamente por pistas de tierra, siguiendo el eje de la carretera LU-530, con desniveles continuos aunque, en general, moderados (con la excepción de la tremenda subida a A Lastra). Hoy pasamos junto a las ruinas del Hospital de Montouto, fundado en el siglo XIV para dar cobijo y asistencia a los peregrinos.
Etapa larga, por cómodas pistas de tierra y asfalto, y con desniveles muy suaves: entre O Cádavo y Castroverde superamos un modesto collado; luego, llaneamos por la meseta lucense hasta la capital. La única localidad intermedia con servicios es Castroverde, aunque en algunas aldeas han aprovechado el paso continuo de caminantes para instalar máquinas expendedoras. Hoy finalizamos en Lugo, la ciudad más grande del Camino Primitivo: destaca la muralla romana y la catedral de Santa María.
Tanto San Román da Retorta como Ferreira son dos finales de etapa lógicos si dividimos los 46,5 km de Lugo a Melide en dos jornadas. Hoy la etapa tiene poca historia: la mayor parte de los kilómetros transcurren por carretera local, y el resto por cómodas pistas, en su mayor parte también asfaltadas, y con escasos desniveles. Los albergues de la Xunta los encontramos en San Román da Retorta, pero es demasiado pequeño, y en As Seixas, pero está demasiado lejos...
Etapa rural, por pequeñas pistas de tierra y, sobre todo, de asfalto, con desniveles frecuentes aunque, en general, moderados, y con pequeñas aldeas, unas pocas de la cuales con servicios de restauración. Hoy finalizamos en Melide, ya en el Camino Francés.
La etapa sigue el eje de la nacional N-547, la cual cruzamos varias veces, en un continuo sube y baja, sobre todo a partir de Melide, debido a los numerosos arroyos que corren transversales a nuestra marcha. En Melide encontramos dos de las pulperías más reputadas de España, donde sirven un excelente pulpo a la gallega acompañado del genuino ribeiro.
Etapa cómoda y de escasos desniveles; avanzamos por largas pistas forestales, cruzando bosques y praderías. Seguimos, como en la etapa anterior, el eje de la nacional N-547: precaución al cruzarla. Pernoctar en O Pedrouzo nos sitúa a una buena distancia para llegar mañana a la Misa del Peregrino, que se oficia diariamente a las 12 del mediodía en la catedral de Santiago
La etapa final no presenta desniveles relevantes; la subida al Monte do Gozo es de pendiente moderada. La emoción, después de tantos kilómetros y algunas dificultades, es intensa, y ya nada puede deslucir nuestra entrada triunfal en la plaza del Obradoiro; la ritual subida por las escaleras de la catedral pondrá punto y final a una vivencia inolvidable. En el ámbito cultural cabe reseñar que el Casco Histórico de Santiago de Compostela es uno de los mejor conservados de Europa; la catedral, que resguarda el sepulcro del apóstol Santiago, es toda ella monumental, destacando el Pórtico de la Gloria, obra maestra del románico español.