Si acudes a cualquier supermercado encontrarás infinidades de productos integrales: pan, harina, pasta... Es cierto que nos ayuda a controlar el tránsito intestinal (estreñimiento...), los niveles de colesterol en sangre y los picos de glucosa. Además, nos aporta una sensación de saciedad, lo cual evita que consumamos más alimentos de los que necesitamos.
Pero, aunque sea una opción saludable, no por ello podemos abusar como si tuviéramos cancha libre ya que la única diferencia es la cantidad de fibra y micronutrientes que contienen. Es decir, cambia la calidad de lo que comemos, no su cantidad de calorías.
¡OJO CON LOS ALIMENTOS LIGHT!
Cuándo quieres perder peso a veces puedes caer en el error de sólo fijarte en las calorías que comes. Cuando sólo te importa gastar más de lo que comes o comer menos de lo que gastas, puede pasar que te aficiones a todos los productos versión light. ¿A qué te puede llevar esto ? A pensar que como los productos light, aportan menos calorías, resulta ser un producto más saludable que su producto original, y por ello caer en el error de pensar que puedes comer las veces que quieras y de manera libre ¿Pero un alimento light es sinónimo de saludable?
Rotundamente NO. Un producto es “light” cuando, como mínimo, tiene un 30% menos de calorías o de nutrientes (azúcares o grasas) en relación al producto original. Pero qué pasa si el producto original contiene por ejemplo 300 kcal por cada 100 g? Pues que su versión light podría contener 210 kcal por 100g. Ya cumpliría la condición de tener un 30% menos de calorías que el producto original, pero si el producto original es alto en calorías el light también lo continua siendo.
No es tanto las calorías, sino el TIPO de calorías que ingerimos.
Aunque parezca surrealista, existe la creencia de que la miga de pan engorda más que la corteza pero...¿ es eso cierto? Por supuesto que NO. La miga y la corteza están elaboradas con los mismos ingredientes (harina, agua, sal y levadura) y contienen las mismas calorías. Entonces, ¿en qué se diferencian? Bien, la corteza ha sido deshidratada en el proceso de cocción, perdiendo por tanto el agua que la miga ha mantenido.
En lo que sí deberíamos fijarnos es en qué tipo de pan estamos consumiendo, ya que, el de molde por ejemplo, es una alimento industrial ultra procesado que contiene azúcar, aditivos y grasas.
Los hidratos, los gran temidos, ¿qué ocurre con ellos? Lo cierto es que son imprescindibles en nuestra dieta, recordemos que son una clase de macronutrientes, es decir, alimentos que necesitamos ingerir en grandes cantidades. Y con esto no estamos diciendo que puedas comer espaguetis cada mediodía.
Una cosa es admitir que suponen el 50% de nuestras calorías diarias y otra muy diferente es que por ende, debamos comer siempre pasta, ya que, como hemos visto en el módulo I los carbohidratos no solo son lasañas y canelones.
Los hidratos de carbono nos aportan muchísima energía y deberemos consumir más si nuestra actividad física aumenta. De lo contrario, si consumimos más de lo que nuestro cuerpo necesita, todo lo que no se utilice se transformará en grasa que será posteriormente almacenada.
Otra de las creencias detectadas en la sociedad es que no se debe beber agua al comer ya que engorda. Esto es totalmente incierto. Es verdad que que al hacerlo pudiera aumentar el pH del estómago, bajando así el nivel de acidez y provocando una digestión más lenta.
Pero más importante es hidratar nuestro cuerpo para que pueda realizar de manera factible las funciones vitales, como, por ejemplo, metabolizar los nutrientes y controlar la saciedad.
FALSO. TOTALMENTE FALSO. DE NUEVO: FALSO.
Esta creencia está muy presente en la actual sociedad, desde personas que ni siquiera buscan adelgazar, hasta quienes están patológicamente enfermas. Siento que vayas a escuchar esto pero has de oírlo: es muy peligroso creer que, dejando de comer, vas a lograr el cuerpo que deseas, a no ser que tu objetivo sea ser un cadáver.
Además, aunque creas que tu caso no es ese, aún y todo, lo que estás haciendo es poner a tu cuerpo en estado de alerta, ralentizando el metabolismo, provocando problemas en las funciones orgánicas y creando depósitos de grasa.
Mi pregunta es, ¿ayuda en algo esto a conseguir tu meta? ¿Merece la pena equivocarte, si ya sabes que el camino no es ese?
Muchas personas sustituyen el azúcar por edulcorantes (sacarina, stevia, ciclamato, acesulfamo K, aspartarmo...), creyendo que estos aportan dulzor sin ser una mala opción para el cuerpo.
ACTIVIDAD 4: