Destaca por su tono morado, del que son responsables unos flavonoides antioxidantes llamados antocianinas. Se pueden encontrar diversas clases: en algunas, los matices rojizos o violáceos se hallan solo en las capas externas, mientras que en otras se mantienen hasta el corazón.
Resulta algo picante, pero se puede comer cruda. El color de sus aros decora ensaladas, guarniciones y bocadillos. También se sirve salteada en guisos. El bulbo es de tamaño mediano, redondo, y algo puntiagudo en la parte superior. Se conserva bien durante todo el invierno.