I.
El sábado 27 de diciembre de 2025, cuando me dirijo a este recinto de peculiar nombre: “Pepa de uso”, resulta que estaba por comenzar el agasajo navideño; ¡que grata sorpresa! Me invitaron a decir unas palabras para dar comienzo al evento, ya que me conocen, y saben que soy “de los padrecitos de Pedro Pablo Gómez”.
Antes de hablar en público de la centralidad de Jesús, Nuestro Señor, en la navidad, y de prevenirlos de prácticas no católicas como “papá Noel” y “el Grinch”, cosa que hice; les advertí en privado a los organizadores que ya me conocen de un fenómeno que presencié, y así daba paso a una catequesis “en corto”.
Resulta que , a los pocos minutos de haber llegado al recinto, y después de haber saludado ya a unos cuantos, me percato de un sujeto con algo extraño colgando del cuello: un hexagrama. Me le acerco y trato de llamarlo para hablarle. Una vez que vino le pregunté si era consciente de lo que llevaba al cuello, a lo que me respondió que sí, que era “ del diablo”, lo cual me asombró un poco, ya que el padre José nos había comentado que le había sucedido algo similar no hacía mucho en Pedro Pablo Gómez (PPG).
Le pregunté entonces al muchacho si pertenecía a alguna secta satánica, si practicaba la magia o algún tipo de espiritismo. “Ninguno”, me dijo.
- Eres católico?- le pregunto.
- Sí- me responde.
- y que haces entonces invocando al demonio e invitándole a entrar a tu vida y a la de tu familia usando eso? ¿Acaso quieres ir al infierno?
- No- me responde con duda y confuso.
Le propuse que se deshiciera del objeto y que lo destruyera , o que me lo diera a mí, que iba a estar en la capilla, para destruirlo en la parroquia; después de que algún padre hiciera las oraciones pertinentes.
Ni me buscó, ni me la dio. Me quedé un poco apenado por la dureza de corazón que , por lo menos demuestra ese muchacho.
¡Los misterios de Dios entorno a la conversión de la almas! Por el resto, otro día de apostolado hermoso que el Señor nos concedió.
Pesebre viviente -Parroquia-Cascol
II.
Cierto día de apostolado, luego de haber tratado el día anterior, en el retiro mensual, el tema de: “el signo de la sotana en los formandos y sacerdotes”; resulta que estábamos haciendo un recorrido de reconocimiento por los recintos que nos fueron encomendados, mi hermano de apostolado, Marec y yo. Estando en “Pepa de uso”, nombre peculiar para un recinto, nos encontramos con un grupo de hombres que se estaban embriagando, y les fuimos a amonestar. Aún no estaban ebrios, con excepción de uno.
Al comentar entre nosotros quién iba a hablar, Marec me dice que hable yo, que soy el que se va a encargar de ese recinto. Cuestión que no pasaron muchas palabras hasta que uno de los oyentes, el más ebrio, pidió: ¡Que hable el que tiene sotana, porque es el que tiene la autoridad! Para mayor gracia del asunto me preguntaba si yo era político, porque el que debía amonestarlos era “el cura”, el que tiene la sotana; porque tiene la autoridad.
El Señor nos confirmó con hechos lo que habíamos meditado el día anterior. Que gracias peculiares que nos concede en cada apostolado. Bendito sea su santo nombre.
III.
El sábado pasado, como cada sábado, salí de apostolado con mi hermano de formación Marec. Como es costumbre, a dejarle a él primero en la comunidad de San Pablo, uno de los recintos que nos toca atender, luego y me dirijo a La Churuta, recinto el cual tengo la primera catequesis del día. Voy pasando por otro recinto: “Pepa de Uso”; porque había quedado en pasar a buscar por ahí y llevar a la Churuta a algunos catecúmenos para la catequesis de la mañana. Paso y ¡vaya! no hay nadie. Bueno, sigo mi camino; logro pasar el puentecito por el cual apenas pasa la camioneta, ya que es muy estrecho. Puente que, según los lugareños, en cualquier momento se rompe, o el río lo tapa, o se lo lleva; lo que Dios disponga.
Al llegar a La Churuta , ¡o sorpresa! Me llegó una muchacha nueva: 15 años, prima de una de la catecúmenas que se está preparando para recibir los sacramentos de la iniciación cristiana que le restan. Dicha visitante, resulta que, a pesar de haber recibido algo de catequesis en el lugar donde vive, no tenía más que el bautismo.
La catequesis prosigue, como de costumbre, fluida y divertida; pero muy en serio. Para mi sorpresa, la visitante se queda toda la catequesis prestando atención. Luego de eso, como de costumbre, me invita a almorzar doña Lola, la encargada del recinto y me plantea la intención de que la chica venga desde Guayaquil, cada 15 días, a recibir la formación acá, y así, una preparada, recibir los sacramentos de iniciación cristiana que le faltan. Por supuesto que le respondí que yo no tenía problema en catequizarla, y que el tema de los sacramentos era cuestión de hablar con el párroco para ver cómo hacer. Vamos a ver que dispone el buen Dios con todo esto.
Luego de almorzar, me dispongo a llevar de vuelta a los catecúmenos que viven de camino a Pepa de Uso; donde me corresponde dar la siguiente catequesis. ¡Vuelve a cruzar el bendito puente! Y al llegar temprano, aprovecho a rezar las oraciones que me correspondían: horas canónicas, santo rosario y devociones personales. Al empezar la catequesis ¡otra sorpresa! Un solo catecúmeno en la capilla, por el cual me entero de que teníamos la privilegiada presencia de una religiosa en el recinto; y viendo que aún era temprano le salgo al cruce. Me reciben la religiosa y su familia, que al parecer estaban visitando a la abuela, ya que el abuelo había fallecido hace poco tiempo; todos muy cordiales y respetuosos. En medio de la conversa me manifestaron la alegría por la presencia de un misionero por aquellos lugares, y para corroborar lo que nos decía el padre Francisco en su charla, cuando nos visitó; me dijeron que al parecer Dios había escuchado sus ruegos, porque desde hace ya tiempo venían rezando, pidiendo por un misionero que fuera allá.
Que dulce consuelo: soy testigo de que Dios, en su misericordia; manda misioneros a los lugares donde hay almas bien dispuestos a recibirlos; porque Él no abandona a nadie. Después de despedirnos muy cordialmente, me devolví a dar catequesis a la única alma que había asistido. ¿quién sabe si, aunque sea solo por ella fue que el Señor me mandó? De todos modos, vale la pena.
Como detalle y para mi asombro y consuelo, ese único catecúmeno de 26 años muestra un interés diligente, inusual entre los que he visto, ya se leyó todo el catecismo y va a empezar a leer las Sagradas Escrituras. Las catequesis con él son muy interesantes, porque, a lo que estudia, capta rápido, y podemos tratar de muchos temas en poco tiempo o profundizar en algunos con términos y detalles que actualmente sería casi imposible lograr hacerlo en cualquier otro de los recintos que me corresponden en la pastoral. Por ello vamos avanzando bastante rápido.
En esta jornada, Dios, Nuestro Señor, se dignó concederme una gracia especial: mientras le hablaba del misterio de la Trinidad, el matrimonio místico de Cristo y la Iglesia, de Cristo y el alma; así como su semejanza con lo que está llamado a ser el sacramento del matrimonio para los esposos; sentí un gozo , una paz, hablaba con una locuacidad y un fervor inusuales, se me ocurrían cosas tan hermosas… No recuerdo si antes hablé en algún momento con tanto fervor: Fue una de las mejores catequesis de mi vida; y con un solo catecúmeno.
Luego de terminar la catequesis, debo hacer un mea culpa; no supe ver un signo de Dios. Cuando estaba ya por irme, en la camioneta montado, me intercepta la hermanita y me pregunta si ya había comido, si quería algo. Le agradecí y le dije que sí, que ya había almorzado por gracia de Dios. No me acordé de que a mi compañero de apostolado no suelen invitarlo a almorzar tan seguido, y que no era ya primera vez que el Señor era generoso, en lo que a estos bienes respecta, justo para que yo le llevara a mi hermano. Me di cuenta de esto cuando ya me había ido y estaba de camino a encontrarme con él.
Cuando llego y le pregunto si había almorzado, me responde que no. Los sutiles detalles de Dios, y uno tan a menudo tan torpe para entenderlos oportunamente.
Luego de esto y gracias a Dios, el retorno fue sin problemas; como de costumbre. Hermoso día de apostolado que el Señor nos ha concedido.
El desenlace, ya lo veremos, si Dios permite. Solo Él sabe lo que nos tiene preparado.