Si ustedes buscan lugares como Matulo, Mahowe, Laban o Kalaizga, seguramente no logren encontrarlos en el mapa. No son lugares que aparezcan en las noticias. La tribu Tumbuka, en el norte de Malawi, pasa desapercibida para el resto del mundo.
Aquí no llegan el agua corriente ni la luz eléctrica (salvo la que podamos procurar con baterías portátiles). No hay carreteras asfaltadas, las casas se construyen con ladrillos hechos a mano, se cocina en el fuego sobre el suelo, las gallinas y las cabras van libres por el campo, y la comida principal es una pasta de maíz llamada mzima. Los campos se extienden, salpicados por casas con techo de paja, hasta dar a lo lejos con montes cubiertos de bosques. Más allá en el horizonte se elevan hileras de montañas azules. De noche nos sentamos junto al fuego, mientras en el cielo repleto de estrellas se ve la Vía Láctea con total nitidez. Es como viajar en el tiempo a una época preindustrial.
¿Cómo hemos llegado hasta aquí?
Tras varias horas de vuelo, fuimos recibidos en Etiopía por una lluvia torrencial. Ya en el aeropuerto, nos encontramos los cinco misioneros que vamos este año. Para la mayoría es la primera vez en Malawi. Teníamos por delante tres semanas de misión. Nos embarcamos de nuevo y el avión salió con retraso, seguramente debido a la tormenta.
Varias horas más de vuelo y llegamos a Lilongwe, la capital de Malawi. Desde allí varias horas en coche hasta Mzuzu, donde al fin pudimos dormir. Al día siguiente unas 6 horas de coche cruzando el parque nacional de Nyika (donde vimos cebras) hasta Matulo.
Al llegar a Matulo, los locales nos recibieron entusiastas con el Tampokererani, el canto tradicional de bienvenida, acompañado por tambores.
Tuvimos un encuentro y cena con los jefes locales y la comunidad católica en el lugar que nos cedieron para alojarnos. El edificio estaba destinado a ser una clínica, pero el proyecto quedó inconcluso, como los cuentos de Tolkien.
Hay dos camas para los que estén más cansados, y el resto plantarán las tiendas de campaña en el suelo dentro del edificio, para protegernos de los mosquitos que contagian la malaria.
Durante las próximas dos semanas, tenemos intención de visitar 16 aldeas que pertenecen a la parroquia San Ignacio de Nthalire. El único cura es el padre Crispin, para un área que cubre cuanto abarca la vista. En uno de los viajes que Edward el conductor hizo viniendo para acá, se reventó la rueda del 4x4 (cosa que pasó ya hace dos años). Eso puede dar una idea de cómo están los caminos. Lo que en otros lugares con buenas carreteras serían 20 minutos de coche, aquí se puede convertir en una hora. Viniendo a la misión vimos un camión volcado junto al camino.
Aquí quien lleva la voz cantante es el Grupa (el catequista de zona). Es un buen hombre, padre de siete hijos, y anda deseando una moto que le ayude a cubrir las distancias de la zona que tiene que recorrer. Donde el cura no llega (en casi todas partes) se celebra el chisopo los domingos (liturgia de la palabra), dirigido por catequistas locales. Sólo se comulga cuando hay Misa, porque no hay Sagrarios en las capillas. Tampoco hay cristales en las ventanas.
¿Qué tienen en común las aldeas que vamos a visitar? Que no hay católicos. Hay un batiburrillo de sectas de estilo protestante (varias de las cuales admiten la poligamia) en las que los pastores muchas veces no han ido al colegio. La mayoría de la gente, cuando se les pregunta, aunque creen en Jesús no saben cuánto hace que nació, ni tampoco la historia de la propia secta a la que pertenecen.
El domingo por la mañana tuvimos Misa en la capilla se Chiryamphangwe. Está a un buen paseo de nuestro alojamiento. Llegaba tarde junto con uno de los voluntarios locales, y en el camino apareció Donatus el catequista, con su eterna sonrisa, en su flamante moto "King Lion". Que si me lleva en la moto. Pues allá vamos: tres en una moto, sin casco, por un camino polvoriento plagado de rocas. Está bien para ser la primera vez que monto en una moto.
Por la tarde hicimos una gran cruz y fuimos rezando el rosario por las calles, acompañados de los alegres cantos africanos.
Vimos un bebé con tiña en la cabeza. Otro día vimos una niña que también tenía tiña. Parece que aquí es común. Vamos a ver qué podemos hacer para ayudarles.
El Grupa nos presentó a un joven paralítico. Cayó de una moto y vive tirado en un camastro, cuidado por su madre. Oramos por él y nos despedimos.
Por la noche encendimos un fuego y buscamos señal en una radio para escuchar la final del mundial. Encontramos una emisora en swahili que debía de emitir desde Tanzania. El comentarista era un apasionado, estaba viviendo el partido como si le fuera la vida en ello. Nosotros sólo entendíamos el nombre de los jugadores.
En medio de esta situación tan original, unos niños se nos acercaron. Seguramente habían estado en el rosario. Tras enseñarles el Avemaría en la lengua tumbuka, empezaron a hablar entre ellos y uno dijo: "I want to be catholic". En estos lugares se entiende bien por qué de los pequeños es el Reino de Dios.
P.M.