Este curso el aula 7 participa en el PIE COVIDA Procesos Artísticos, un espacio donde exploramos, experimentamos y creamos a partir de una temática común: FLUJOS. Desde esta idea tan abierta, hemos querido acercarnos a diferentes formas de movimiento, transformación y cambio, siempre desde la experiencia sensorial y manipulativa que caracteriza nuestro día a día en Educación Especial. A lo largo del primer trimestre hemos investigado cómo fluye la luz, cómo se transforma y cómo podemos jugar con ella para descubrir nuevas sensaciones, colores y formas.
En octubre comenzamos con una propuesta muy especial inspirada en Halloween. Utilizamos una linterna para proyectar sombras en la pared y experimentamos con su tamaño y forma. Acercando y alejando los objetos, observamos cómo las sombras se volvían más grandes o más pequeñas, cómo cambiaban según la posición de la luz y cómo podíamos crear figuras divertidas y misteriosas. Fue una actividad llena de sorpresa, movimiento y juego, donde cada gesto generaba un nuevo flujo de luz y sombra.
En noviembre continuamos explorando la luz, esta vez a través de la mesa de luz. Con vasitos de colores construimos torres, caminos y agrupaciones, observando cómo los tonos se mezclaban y transformaban al superponerse. La luz atravesaba los materiales y generaba nuevos matices, invitándonos a mirar con atención y a experimentar sin prisa. Esta actividad nos permitió descubrir que la luz también fluye a través del color, creando combinaciones inesperadas y muy atractivas.
Para cerrar el trimestre, volvimos a la mesa de luz, pero esta vez incorporando sal y arena como materiales protagonistas. Al esparcir la sal sobre la superficie iluminada, observamos cómo se formaban caminos, montículos y dibujos que cambiaban con cada movimiento. Después, utilizamos los dedos para trazar formas, líneas y espirales, descubriendo cómo la luz resaltaba cada trazo y cómo la textura añadía una nueva dimensión a la experiencia. Fue una actividad muy sensorial, donde el flujo no solo era visual, sino también táctil, permitiéndonos explorar la luz desde otra perspectiva.
En enero comenzamos a trabajar con fluidos, explorando cómo se mezclan, cómo se separan y qué efectos visuales producen al moverse. Para ello elaboramos una botella sensorial con agua teñida de azul —en sintonía con la temática del invierno— y aceite de bebé. Añadimos purpurina para potenciar el efecto visual y, al agitarla, observamos cómo los líquidos se desplazaban a distinta velocidad, cómo se formaban remolinos y cómo la purpurina creaba destellos que parecían flotar. Fue una experiencia muy hipnótica y relajante, que nos permitió comprender de forma vivencial que los fluidos también fluyen, se transforman y generan movimientos llenos de belleza.
En febrero continuamos explorando los flujos, esta vez a través de la creación de nieve sensorial utilizando bicarbonato y espuma de afeitar. Al mezclar ambos materiales observamos cómo la textura se transformaba ante nuestros ojos: de un polvo suelto y ligero pasaba a convertirse en una masa fría, esponjosa y moldeable, capaz de deslizarse, compactarse o deshacerse según la presión de nuestras manos. Manipularla resultó una experiencia profundamente sensorial y estética, en la que aparecían pequeñas montañas, grietas y deslizamientos que recordaban a paisajes nevados en movimiento. Esta actividad nos permitió comprender de forma vivencial que los flujos no solo están presentes en los líquidos, sino también en materiales que cambian de estado, se transforman y generan dinámicas llenas de belleza.
El agua es, quizás, la expresión más pura del flujo, y en nuestro circuito de transvases pudimos explorarla con todos los sentidos. Mediante el uso de tubos transparentes, embudos y molinillos, creamos cascadas rítmicas que cautivaron nuestra atención. El sonido constante del agua cayendo y su recorrido ininterrumpido por los conductos generaron un ambiente de profunda regulación y enfoque. Al observar el agua desaparecer por un lado y brotar por el otro, comprendimos el concepto de continuidad y flujo constante, disfrutando de una experiencia sensorial que une la vista, el oído y el tacto en un mismo movimiento.
¿Cómo se mueve un líquido cuando lo dejamos caer? A través de nuestro "tobogán de colores", exploramos el flujo provocado por la gravedad. Utilizando superficies inclinadas y pinturas de diferentes densidades, observamos con fascinación cómo el color buscaba su camino rampa abajo, deslizándose lentamente hacia la base. Para nuestros alumnos, tocar el flujo viscoso mientras descendía fue una revelación táctil y visual. Esta experiencia nos permitió diferenciar entre lo estático y lo dinámico, descubriendo que el flujo es un camino en constante movimiento que podemos crear, seguir y sentir con nuestras propias manos.
El aire no se ve, pero sus efectos son mágicos. En esta sesión, convertimos el "pasillo rojo" en un escenario de corrientes invisibles utilizando ventiladores y aire frío. Al introducir materiales livianos como plumas, pañuelos de seda y pompas de jabón, el flujo del aire se hizo visible ante nuestros ojos. Fue emocionante ver a los alumnos intentar atrapar estos objetos que bailaban sin tocar el suelo, reaccionando con sorpresa y alegría ante la caricia del viento en su piel. Esta actividad nos enseñó que los flujos también pueden ser etéreos, capaces de dar vida y movimiento a todo lo que nos rodea.
Nuestra exploración de los flujos nos llevó más allá de las aulas, hasta los amplios y luminosos espacios del Museo Würth. Allí, pudimos sentir cómo nuestro propio cuerpo fluía a través de la arquitectura y las obras de arte. La visita-taller fue un viaje desde la observación contemplativa en las salas hasta la experimentación plástica en su Espacio Educativo. Al trabajar con materiales artísticos en un entorno tan inspirador, logramos trasladar los conceptos de movimiento y transformación del color a gran escala. Fue una jornada donde el arte y la sensibilidad se dieron la mano, demostrando que la belleza de los flujos nos conecta con el mundo de una forma única y universal.