La profunda vaguada que forma el río Vinalopó en toda la ciudad era un problema a resolver y el precioso puente de Canalejas, construido en 1.912 por Mariano Luiña ya no daba más de sí para absorber los tráficos urbanos. El crecimiento de las zonas del NE que configuran los barrios del Sagrado Corazón y Carrús hace necesario un nuevo cruce sobre este río.
Se aprueba un proyecto de puente moderno en 1.948 y se inician las obras al año siguiente bajo la dirección del ingeniero Antonio Pérez de la Torre siendo la empresa constructora Entrecanales y Távora. En 1.962 el Ayuntamiento aprueba una nueva modificación de la obra denominada "Pavimentación y chapado de las pilastras del puente de Altamira" con lo que se remata la estructura. Las obras de llevan a cabo y se terminan en el mismo año 1.962 bajo la dirección del ingeniero Sebastián Canales y con la intervención de los arquitectos municipales Pérez Aracil y Serrano Peral.
En los años 90 del siglo XX y dado su deficiente estado de conservación, el Ayuntamiento encarga al estudio Torroja Ingenieros, S.L. una actuación puntual sobre determinadas partes del puente. En plataforma se reemplazaron todos sus elementos, incluyendo pavimentación, impostas, biondas y señalización. En la estructura se procedió al saneamiento y reparación de fisuras, eflorescencias, zonas con armadura vista con corrosiones y se procedió a un acabado de protección uniforme. También se eliminaron los grafitis y se completó elementos de piedra perdida en pilonos, estribos y aletas. En su entorno se repararon las escaleras de acceso, se mejoraron los taludes con encachado de piedra irregular y los paseos bajo el puente.