● Se requiere que el crucifijo que va a hacer llevado en procesión esté cubierto con un paño, preferentemente rojo.
● Dos velas para acompañar a la cruz en la procesión (antes de la adoración).
Se inicia de arrodillas y en silencio.
Luego, se ponen de pie y junto a los demás recita el salmo:
(Hoy, en este día santo, nos unimos en afecto de corazón con los demás fieles que hoy se reúnen a celebrar desde sus casas, como nosotros aquí. Nos unimos a nuestra comunidad parroquial, al padre Víctor Isaí y al diácono permanente Martín, asimismo a nuestro arzobispo Rogelio y al papa Francisco.)
SALMO DE PROFUNDIZACIÓN Del salmo 30
R. Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.
que no quede yo nunca defraudado.
En tus manos encomiendo mi espíritu
y tú, mi Dios leal, me librarás. R.
Se burlan de mí mis enemigos,
mis vecinos y parientes de mí se espantan,
los que me ven pasar huyen de mí.
Estoy en el olvido, como un muerto,
como un objeto tirado en la basura. R.
Pero yo, Señor, en ti confío.
y en tus manos está mi destino.
Líbrame de los enemigos que me persiguen. R.
Vuelve, Señor, tus ojos a tu siervo
y sálvame, por tu misericordia.
Sean fuertes y valientes de corazón,
ustedes, los que esperan en el Señor. R.
DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO
SEGÚN SAN JUAN 18, 1-19, 42
C
En aquel tiempo, Jesús fue con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, y entraron allí él y sus discípulos. Judas, el traidor, conocía también el sitio, porque Jesús se reunía a menudo allí con sus discípulos. Entonces Judas tomó un batallón de soldados y guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos y entró en el huerto con linternas, antorchas y armas. Jesús, sabiendo todo lo que iba a suceder, se adelantó y les dijo:
S
"A Jesús, el nazareno".
C
Estaba también con ellos Judas, el traidor. Al decirles 'Yo soy', retrocedieron y cayeron a tierra. Jesús les volvió a preguntar:
S
"A Jesús, el nazareno".
+
"Les he dicho que soy yo.
Si me buscan a mí, dejen que éstos se vayan".
C
Así se cumplió lo que Jesús había dicho:
'No he perdido a ninguno de los que me diste'.
la sacó e hirió a un criado del sumo sacerdote
y le cortó la oreja derecha.
Este criado se llamaba Malco.
Dijo entonces Jesús a Pedro:
+
"Mete la espada en la vaina. ¿No voy a beber el cáliz que me ha dado mi Padre?"
C
El batallón, su comandante y los criados de los judíos apresaron a Jesús, lo ataron y lo
llevaron primero ante Anás, porque era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año. Caifás era el que había dado a los judíos este consejo: 'Conviene que muera un solo hombre por el pueblo'. Simón Pedro y otro discípulo iban siguiendo a Jesús.
Este discípulo era conocido del sumo sacerdote y entró con Jesús en el palacio del
sumo
sacerdote, mientras Pedro se quedaba fuera, junto a la puerta. Salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló con la portera e hizo entrar a Pedro.
La portera dijo entonces a Pedro:
S
"¿No eres tú también uno de los discípulos de ese hombre?"
C
Los criados y los guardias habían encendido un brasero, porque hacía frío, y se calentaban. También Pedro estaba con ellos de pie, calentándose. El sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de su doctrina. Jesús le contestó:
+ "Yo he hablado abiertamente al mundo y he enseñado continuamente en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada a escondidas. ¿Por qué me interrogas a mí? Interroga a los que me han oído, sobre lo que les he hablado. Ellos saben lo que he dicho".
C
Apenas dijo esto, uno de los guardias le dio una bofetada a Jesús, diciéndole:
S
"¿Así contestas al sumo sacerdote?"
+ "Si he faltado al hablar, demuestra en qué he faltado; pero si he hablado como se
debe, ¿por qué me pegas?"
C
Entonces Anás lo envió atado a Caifás, el sumo sacerdote. Simón Pedro estaba de pie, calentándose, y le dijeron:
S
"¿No eres tú también uno de sus discípulos?"
C
Uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro le había cortado la oreja, le dijo:
S
“¿Qué no te vi yo con él en el huerto?"
C
Pedro volvió a negarlo y en seguida cantó un gallo. Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio. Era muy de mañana y ellos no entraron en el palacio para no incurrir en impureza y poder así comer la cena de Pascua. Salió entonces Pilato a donde estaban ellos y les dijo:
S
"¿De qué acusan a este hombre?"
S
"Si éste no fuera un malhechor, no te lo hubiéramos traído".
S
"Pues llévenselo y júzguenlo según su ley".
C
Los judíos le respondieron:
S
"No estamos autorizados para dar muerte a nadie".
C
Así se cumplió lo que había dicho Jesús, indicando de qué muerte iba a morir. Entró otra vez Pilato en el pretorio, llamó a Jesús y le dijo:
S
“¿Eres tú el rey de los judíos?"
+
"¿Eso lo preguntas por tu cuenta o te lo han dicho otros?"
S
"¿Acaso soy yo judío?” Tu pueblo y los sumos sacerdotes te han entregado a mí ¿Qué es lo que has hecho?"
+ "Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuera de este mundo, mis servidores
habrían luchado para que no cayera yo en manos de los judíos. Pero mi Reino no es de aquí".
+
"Tú lo has dicho. Soy rey. Yo nací y vine al mundo para ser testigo de la verdad.
Todo el que es de la verdad, escucha mi voz".
C
Dicho esto, salió otra vez a donde estaban los judíos y les dijo:
S
"No encuentro en él ninguna culpa. Entre ustedes es costumbre que por Pascua ponga en libertad a un preso. ¿Quieren que les suelte al rey de los judíos?"
C
Pero todos ellos gritaron:
S
"¡No, a ése no! ¡A Barrabás!"
C
(El tal Barrabás era un bandido). Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar. Los
soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza, le echaron
encima un manto color púrpura, y acercándose a él, le decían:
S
“¡Viva el rey de los judíos!".,
C
y le daban de bofetadas. Pilato salió otra vez afuera y les dijo:
S
"Aquí lo traigo para que sepan que no encuentro en él ninguna culpa".
C
Salió, pues, Jesús, llevando la corona de espinas y el manto color púrpura.
C
Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y sus servidores, gritaron:
S "¡Crucifícalo, crucifícalo!"
S "Llévenselo ustedes y crucifíquenlo, porque yo no encuentro culpa en él".
C
Los judíos le contestaron:
S
"Nosotros tenemos una ley y según esa ley tiene que morir, porque se ha declarado Hijo de Dios".
C
Cuando Pilato oyó estas palabras, se asustó aún más, y entrando otra vez en el pretorio, dijo a Jesús:
C
Pero Jesús no le respondió. Pilato le dijo entonces:
S
"¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y autoridad para crucificarte?"
+
"No tendrías ninguna autoridad sobre mí, si no te la hubieran dado de lo alto. Por eso, el que me ha entregado a ti tiene un pecado mayor".
C
Desde ese momento Pilato trataba de soltarlo, pero los judíos gritaban:
S "¡Si sueltas a ése, no eres amigo del César!"
C
Al oír estas palabras, Pilato sacó a Jesús y lo sentó en el tribunal, en el sitio que llaman
"el Enlosado" (en hebreo Gábbata). Era el día de la preparación de la Pascua, hacia el
mediodía.
Y dijo Pilato a los judíos:
S
"Aquí tienen a su rey".
S
"¡Fuera, fuera! ¡Crucifícalo!"
S
"¿A su rey voy a crucificar?"
C
Contestaron los sumos sacerdotes:
S
"No tenemos más rey que el César".
C
Entonces se lo entregó para que lo crucificaran. Tomaron a Jesús, y él, cargando con
la cruz, se dirigió hacia el sitio llamado "la Calavera" (que en hebreo se dice Gólgota), donde lo crucificaron, y con él a otros dos, uno de cada lado, y en medio Jesús. Pilato mandó escribir un letrero y ponerlo encima de la cruz; en él estaba escrito:
'Jesús el nazareno, el rey de los judíos'. Leyeron el letrero muchos judíos, porque
estaba cerca el lugar donde crucificaron a Jesús y estaba escrito en hebreo, latín y griego. Entonces los sumos sacerdotes de los judíos le dijeron a Pilato:
S
"No escribas: 'El rey de los judíos, sino: 'Este ha dicho: Soy rey de los judíos.,
S
"Lo escrito, escrito está “.
C
Cuando crucificaron a Jesús, los soldados cogieron su ropa e hicieron cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba a abajo. Por eso se dijeron:
S
"No la rasguemos, sino echemos suertes para ver a quién le toca".
C
Así se cumplió lo que dice la Escritura: 'Se repartieron mi ropa y echaron a suerte mi
túnica'. Y eso hicieron los soldados.
Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a su madre y junto a ella al discípulo que tanto quería, Jesús dijo a su madre:
+
"Mujer, ahí está tu hijo".
C
Luego dijo al discípulo:
C
Y desde entonces el discípulo se la llevó a vivir con él. Después de esto, sabiendo Jesús que todo había llegado a su término, para que se cumpliera la Escritura dijo:
C
Había allí un jarro lleno de vinagre. Los soldados sujetaron una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo y se la acercaron a la boca. Jesús probó el vinagre y dijo:
C
e inclinando la cabeza, entregó el espíritu.
(Aquí todos se arrodillan y guardan silencio por unos instantes)
C
Entonces, los judíos, como era el día de la preparación de la Pascua, para que los cuerpos de los ajusticiados no se quedaran en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día muy solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y los quitaran de la cruz. Fueron los soldados, le quebraron las piernas a uno y luego al otro de los que habían sido crucificados con él.
Pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que
uno de los soldados le traspasó el costado con una lanza e inmediatamente salió sangre y agua.
El que vio da testimonio de esto y su testimonio es verdadero y él sabe que dice la
verdad, para que también ustedes crean. Esto sucedió para que se cumpliera lo que dice la Escritura: 'No le quebrarán ningún hueso'; y en otro lugar la Escritura dice: 'Mirarán al que traspasaron'.
Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, pero oculto Por miedo a los judíos, pidió a Pilato que lo dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. Él fue entonces y se llevó el cuerpo. Llegó también Nicodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo unas cien libras de una mezcla de mirra y áloe.
Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en lienzos con esos aromas, según se acostumbra enterrar entre los judíos. Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto, un sepulcro nuevo, donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para los judíos era el día de la preparación de la Pascua y el sepulcro estaba cerca, allí pusieron a Jesús.
Se pueden hacer algunos comentarios a la Palabra de Dios.
La Oración Universal de los Fieles enmarca un significado especial, ya que abarcan todas las necesidades de la Iglesia y del mundo, recogiendo los sentimientos de Cristo desde la Cruz.
Oremos, familia, por la santa Iglesia de Dios, para que el Señor le conceda la paz y la unidad, a proteja en todo el mundo y nos conceda una vida serena, para alabar a Dios Padre todopoderoso.
Se ora un momento en silencio.
Oremos también por nuestro santo padre el Papa Francisco, para que Dios nuestro Señor, que lo eligió entre los obispos, lo asista y proteja para bien de su Iglesia, como guía y pastor del pueblo santo de Dios.
Se ora un momento en silencio.
III.
Por el pueblo de Dios y sus ministros
Oremos también por nuestro obispo Rogelio, por todos los obispos, presbíteros, diáconos, por todos los que ejercen algún ministerio en la Iglesia y por todo el pueblo de Dios.
Se ora un momento en silencio.
Oremos también por los que se preparan para bautizar, para que Dios nuestro Señor los ilumine interiormente y les comunique su amor y para que, mediante el bautismo, se les perdonen todos sus pecados y queden incorporados a Cristo nuestro Señor.
Se ora un momento en silencio.
V. Por la unidad de los cristianos
Oremos también por todos los hermanos que creen en Cristo, para que Dios nuestro Señor les conceda vivir sinceramente lo que profesan y se digne reunirlos para siempre en un solo rebaño, bajo un solo pastor.
Se ora un momento en silencio.
Oremos también por el pueblo judío, al que Dios se dignó hablar por medio de los profetas, para que el Señor le conceda progresar continuamente en el amor a su nombre y en la fidelidad a su alianza.
Se ora un momento en silencio.
VII.
Por los que no creen en Cristo
Oremos también por los que no creen en Cristo, para que, iluminados por el Espíritu Santo, puedan encontrar el camino de la salvación.
Se ora un momento en silencio.
VIII.
Por los que no creen en Dios
Oremos también por los que no conocen a Dios, para que obren siempre con bondad y rectitud y puedan llegar así a conocer a Dios.
Se ora un momento en silencio.
Oremos también por los jefes de Estado y todos los responsables de los asuntos públicos, para que Dios nuestro Señor les inspire decisiones que promuevan el bien común, en un ambiente de paz y libertad.
Se ora un momento en silencio.
X.
Por los que se encuentran en alguna tribulación
Oremos, familia, a Dios Padre todopoderoso, para que libre al mundo de todas sus miserias, en especial, en este tiempo de contingencia, dé salud a los enfermos y pan a los que tienen hambre, libere a los encarcelados y haga justicia a los oprimidos, conceda seguridad a los que viajan, un pronto retorno a los que se encuentran lejos del hogar y la vida eterna a los moribundos y quienes ya han fallecido.
Se ora un momento en silencio.
XI.
Por los que se encuentran en alguna tribulación
Oremos, hermanos, muy solidariamente por cuántos luchan por contener los efectos de esta pandemia, por los que sufren a causa de ella y llevemos el consuelo a cuántos han experimentado alguna pérdida.
Se ora un momento en silencio.
Comienza la segunda parte de esta celebración: La adoración de la cruz. Un miembro de la familia lleva ante el que dirige la oración el crucifijo cubierto con un velo y dos más le acompañan con velas. El que dirige la celebración la toma, descubre un poco la parte superior, la eleva a la vista de todos y exclama:
Miren el árbol de la cruz, donde estuvo clavado Cristo, el salvador del mundo.
Luego, descubre otra parte, y hace lo mismo;
finalmente descubre el crucifijo en su totalidad y vuelve a exclamar la misma frase.
Luego, le da la cruz a otro miembro de la familia y colocándose delante de la cruz, se arrodilla y la besa en señal de adoración.
De la misma forma el resto de la familia pasa ante la cruz para adorarla. Se pueden hacer las siguientes recitaciones:
1 y 2.
Pueblo mío, ¿qué mal te he causado,
o en qué cosa te he ofendido? Respóndeme.
1.
¿Porque yo te saqué de Egipto,
tú le has preparado una Cruz a tu Salvador?
2.
Pueblo mío, ¿qué mal te he causado,
o en qué cosa te he ofendido? Respóndeme.
1.
Hágios Athánatos, eleison himás.
2.
Santo inmortal, ten piedad de nosotros.
1. y
2. ¿Porque yo te guié cuarenta años por el desierto,
te alimenté con el maná y te introduje en una tierra fértil,
tú le preparaste una cruz a tu Salvador?
1 y 2. ¿Qué más pude hacer, o qué dejé sin hacer por ti?
Yo mismo te elegí y te planté, hermosa viña mía,
pero tú te has vuelto áspera y amarga conmigo,
porque en mi sed me diste de beber vinagre
y has plantado una lanza en el costado a tu Salvador.
Terminada la adoración, la cruz es colocada en un lugar de honor dentro de la casa.
Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.
se dice después del Padrenuestrro la comunión espiritual.
Yo creo Jesús mío que estás presente en el santísimo Sacramento del Altar, te amo sobre todas las cosas y deseo fervientemente recibirte en mi corazón, más al no poderlo hacer sacramentalmente en este momento te pido vengas espiritualmente a mi corazón (momento de silencio) y como si ya te hubiera recibido me uno y me abrazo inmensamente a ti. No permitas Jesús mío que jamás me aparte de ti.
Se hace un momento de silencio, luego invoca la bendición de Dios y se santigua, diciendo:
El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
Sin más, se concluye en silencio.