Llegando a donde está el enfermo, el sacerdote saluda al enfermo y a los presentes, diciendo, si cree oportuno, la siguiente fórmula:
Hermanos, la gracia y paz a ustedes de parte de Dios, nuestro Padre, y de Jesucristo, el Señor, esté con todos ustedes.
Los presentes y el enfermo contentan:
R. Y con tu espíritu.
Luego el sacerdote rocía con agua bendita al enfermo y la habitación, diciendo estas o parecidas palabras:
Que esta agua bendita nos recuerde el bautismo que recibimos y renueve nuestra fe en Cristo, que con su muerte y resurrección nos redimió.
INTRODUCCIÓN
Enseguida dirige a los presentes las siguientes palabras u otras semejantes:
Hermanos: Estamos reunidos aquí en nombre de nuestro Señor Jesucristo, que está presente con nosotros. Los Evangelios relatan que los enfermos se acercaban a Jesús para que los curara. Y no solamente los curó a ellos, sino que quiere curarnos a todos, porque a todos nos ama, y por eso precisamente murió en la cruz. Nuestro Señor nos enseña, por medio de Santiago Apóstol, la verdad y eficacia de la unción de los enfermos, con estas palabras: "Hermanos ¿Hay algún enfermo entre ustedes? Que llame a los presbíteros de la Iglesia, para que oren por él y lo unjan con aceite, invocando al Señor. La oración hecha con fe le dará la salud al enfermo y el Señor hará que se levante, y si tiene pecados, se le perdonarán" (Sant. 5, M-15).
Encomendemos pues, a nuestro(a) hermano(a) enfermo(a) a Cristo, nuestro Señor, lleno de poder y de gracia, para que lo salve(a) y lo cure(a).
Dirigiéndose a todos, dice el Sacerdote:
Hermanos: reconozcamos nuestros pecados, para disponernos a participar en esta celebración.
Después de una breve pausa, todos rezan el "Yo confieso":
Yo confieso, ante Dios Todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión; por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos, y a ustedes hermanos, que interceden por mí ante Dios, nuestro Señor.
El sacerdote concluye:
Dios todopoderoso, tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
Todos contestan:
R. Amén.
Con la facultad que me ha otorgado la Sede Apostólica, yo te concedo indulgencia plenaria y el perdón de todos los pecados. En el nombre del Padre, + y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén
El sacerdote, o alguno do los presentes, lee un pasaje de la Sagrada Escritura:
Escuchemos hermanos, las palabras del Evangelio según San Mateo:
"Al entrar Jesús en Cafarnaúm se le acercó un centurión y le dijo: Señor, tengo en casa un criado que está en cama paralitico y sufre mucho. Él le contestó: Voy a curarlo. Pero el centurión le replicó: Señor, yo no soy digno de que entres bajo mi techo, con que digas una sola palabra, mi criado quedará sano. Por- que aun yo que soy un simple subordinado, tengo soldados a mis órdenes. Y le digo a uno ve, y va; al otro: ven, y viene; y a mi criado; haz esto y lo hace. Al oír esto, se admiró Jesús y dijo a los que lo seguían: En verdad les digo que en ningún israelita he hallado una fe tan grande. Y dijo al centurión: Anda, que te suceda como has creído" (Mt 8,5-10.13).
O bien:
Escuchemos hermanos, las palabras del Evangelio según San Mateo:
En aquel tiempo Jesús dijo: «Vengan a mí todos los que están fatigados y agobiados, y yo les daré alivio. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave y mi carga ligera». (Mt 11, 28-30).
Hermanos: con la oración de nuestra fe invoquemos humildemente al Señor y, roguémosle por nuestro hermano(a) enfermo(a) N. y por quienes se dedican al cuidado y atención de los enfermos.
Muéstrale, Señor, tu misericordia y confórtale por medio de esta santa Unción.
R. Te lo pedimos, Señor.
Líbralo(a) de todo mal. R.
Libra a este (a) enfermo (a) de todo pecado y de toda tentación. R.
Alivia los sufrimientos de todos los enfermos. R.
Concede también tu gracia a todos los que se consagran al servicio de los enfermos. R.
Concede vida y salud a este (a) enfermo (a) a quien vamos a imponer las manos en Tu nombre. R.
Terminadas las Letanías, el sacerdote impone en silencio las manos.
Bendito seas, Dios Padre omnipotente
que enviaste a tu Hijo al mundo,
por nosotros y por nuestras salvación.
R. BENDITO SEAS POR SIEMPRE, SEÑOR.
Bendito seas, Dios Hijo unigénito,
que, haciéndote hombre como nosotros,
quisiste aliviar nuestras enfermedades.
R. BENDITO SEAS POR SIEMPRE, SEÑOR.
Bendito seas, Dios Espíritu Santo consolador,
que con tu ilimitado poder
sanas la debilidad de nuestro cuerpo.
R. BENDITO SEAS POR SIEMPRE, SEÑOR.
Señor, concede alivio a los sufrimientos de este (a) hijo (a) tuyo (a) que en Ti cree, y que va a ser ungido(a) con el óleo santo; confórtalo(a) en su enfermedad. Por Cristo Nuestro Señor.
R. Amén.
CUANDO EL SACERDOTE BENDICE EL ÓLEO durante la ceremonia, dice:
Oremos.
Dios nuestro. Padre de todo consuelo que por medio de tu Hijo quisiste curar las dolencias de los enfermos, atiende benignamente la oración de nuestra fe. Envía desde el cielo a tu Santo Espíritu Consolador y bendice + con tu poder este óleo, que Tú nos has dado para fortalecer nuestros cuerpos. Te rogamos que los enfermos ungidos con él. experimenten tu protección en el cuerpo y en el alma y se sientan aliviados en su debilidad, en sus dolores y enfermedades. Que se convierta, pues para nosotros, en óleo santo, bendecido por Ti en el nombre de Nuestro Señor Jesucristo. Que vive y reina contigo por los siglos de los siglos.
R. Amén.
El Sacerdote unge en la frente del enfermo diciendo:
POR ESTA SANTA UNCIÓN
Y POR SU BONDADOSA MISERICORDIA
TE AYUDE EL SEÑOR
CON LA GRACIA DEL ESPÍRITU SANTO.
R. Amén.
Prosigue, ungiendo ambas manos, diciendo:
PARA QUE,
LIBRE DE TUS PECADOS,
TE CONCEDA LA SALVACIÓN
Y TE CONFORTE EN TU ENFERMEDAD.
R. Amén.
El que preside dice:
Redentor nuestro, cura con la gracia del Espíritu Santo la debilidad de este(a) enfermo(a); remedia sus males y perdona sus pecados; aparta de él (ella) todo cuanto pueda afiligirlo(a) en el alma y en el cuerpo; devuélvele la salud corporal y espiritual, para que, plenamente restablecido(a) por tu misericordia, pueda volver a sus habituales ocupaciones. Que vives y reinas por los siglos de los siglos.
R. Amén.
Para un anciano:
Mira, Señor, con bondad a este (a) hijo (a) tuyo (a), agobiado (a) por el peso de los años, que quiso recibir la Santa Unción para bien de su cuerpo y de su alma; concédele que, confortado (a) con la plenitud de tu Espíritu, sea fuerte en su fe y seguro (a) en su esperanza, nos dé testimonio de paciencia y muestre aquella alegría que es fruto de tu amor. Por Cristo nuestro Señor.
R. Amén.
Para quien se halla en grave peligro:
Dios nuestro, Redentor de todos, que quisiste sufrir en tu pasión nuestros dolores y experimentar nuestras debilidades; te pedimos humildemente por nuestro (a) hermano (a) N, que está enfermo (a), y puesto que fue redimido (a) por ti, concédele la esperanza de su salvación y confórtalo (a) en su alma y en su cuerpo. Que vives y reinas por todos los siglos de los siglos.
R. Amén.
Ahora, todos unidos, imploremos a Dios con la oración que nuestro Señor Jesucristo nos enseñó.
Y todos continúan:
Padre Nuestro, que estás en el Cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.
El rito de la Unción concluye con la bendición del Sacerdote al enfermo y a los presentes.
Que Dios Padre te bendiga.
R. Amén.
Que el Hijo de Dios te devuelva la salud.
R. Amén.
Que el Espíritu Santo te ilumine.
R. Amén.
Que el Señor proteja tu cuerpo y salve tu alma.
R. Amén.
Que haga brillar su rostro sobre ti y te lleve a la vida eterna.
R. Amén.
Y a todos ustedes, que están aquí presentes, los bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo ✠ y Espíritu Santo.
R. Amén.