74. El ministro, con la indumentaria decorosa para este ministerio, se acerca al enfermo y lo saluda cortésmente junto con los demás presentes, valiéndose, si le parece, de la siguiente fórmula:
La paz del Señor reine en esta casa y en todos los que en ella habitan.
75. Luego, habiendo depositado el Santísimo Sacramento sobre la mesa, lo adora junto con los presentes. Puede ser con la siguiente fórmula:
Te adoramos Señor y creemos en ti.
R. Te adoramos Señor y creemos en ti.
Ministro:
Jesús, pan vivo bajado del cielo. R.
Jesús, víctima de propiciación por nuestros pecados. R.
Jesús, fuente de pureza y santidad. R.
Jesús, amigo y hermano nuestro. R.
Jesús, alimento y fuerza de nuestro camino. R.
Jesús, alivio y consuelo de nuestros sufrimientos. R.
Jesús, viatico divino en nuestra muerte. R.
Y añade:
Jesús, Maestro, Camino, Verdad y Vida,
Ten piedad de nosotros.
R. Ten piedad de nosotros.
76. Enseguida se dirige a los presentes con la siguiente monición o con otra más adaptada a las condiciones en que se halle el enfermo:
Hermanos, el sacramento del Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, que Él mismo nos dejó antes de pasar de este mundo al Padre, es viático que nos conforta, cuando de esta vida vamos hacia Él, y una prenda segura de nuestra resurrección. Unidos con nuestro(a) hermano (a) por la caridad, oremos por él (ella).
Todos oran en silencio, pro un momento.
77. El ministro invita al enfermo y a los demás presentes a que hagan el acto penitencial.
Hermanos, reconozcamos nuestros pecados, para disponernos a participar en esta sagrada celebración.
Se hace una breve pausa de silencio.
El ministro, o uno de los presentes dice las siguientes invocaciones u otras semejantes:
Tú, que por el misterio pascual nos has obtenido la salvación. Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
Tú que renuevas continuamente en nosotros los frutos maravillosos de tu pasión; Cristo, ten piedad.
R. Cristo, ten piedad.
Tú, que nos haces participar del sacrificio pascual por la comunión de tu Cuerpo; Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
Y, el ministro concluye siempre:
Dios todopoderoso, tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
78. Si es oportuno, uno de los participantes o el mismo ministro lee un breve texto de la Sagrada Escritura, por ejemplo, uno de los siguientes, el cual se puede introducir con estas palabras o unas semejantes:
Esto dice el Señor:
Jn. 6,51
Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre, y el pan que yo les voy a dar es mi carne para que el mundo tenga vida.
O bien Jn. 15,4:
Permanezcan en mí y yo en ustedes. Corno el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid. Así tampoco ustedes si no permanecen en mí.
Si es oportuno, se puede hacer un breve silencio sagrado después de la lectura.
79. Es conveniente que antes de recibir el Viático, el enfermo, renueve la profesión de la fe bautismal. Por lo tanto, el ministro lo interrogará, haciendo antes una breve introducción con palabras apropiada, como, por ejemplo:
Antes de recibir la sagrada comunión como viatico a Jesucristo que viene por ti para llevarte a la casa del Padre, conviene que reavives tu fe cristiana, la que recibiste en el Bautismo.
¿Crees en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra?
El enfermo:
R. Sí, creo.
¿Crees en Jesucristo, ¿su Hijo único, ¿Señor nuestro, que nació de María Virgen, padeció, murió, fue sepultado, resucitó de entre los muertos y está sentado a la derecha del Padre?
El enfermo:
R. Sí, creo.
¿Crees en el Espíritu Santo, en la santa Iglesia católica, en la comunión de los santos, en el perdón de los pecados, en la resurrección de los muertos y en la vida eterna?
El enfermo:
R. Sí, creo.
80. A continuación, si las condiciones del enfermo lo permiten, se hace una breve petición con estas o semejantes palabras, a las que responderán los presentes y el enfermo, en cuanto sea posible:
Hermanos, unidos por la misma fe invoquemos a Jesucristo, el Señor, por nuestro(a) hermano(a) N.
A cada petición diremos: R. Ayúdalo(a) Señor.
-Señor Jesucristo, que nos amaste hasta el extremo de entregarte a la muerte para darnos vida, te pedimos por nuestro(a) hermano(a). Oremos. R.
-Señor Jesucristo, que dijiste: “El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna”, te pedimos por nuestro(a) hermano(a). Oremos. R.
-Señor Jesucristo, que nos invitas a participar de tu Reino, donde no hay dolor ni fatiga, ni tristeza ni separación, te pedimos por nuestro(a) hermano(a). Oremos. R.
81. Entonces, el ministro, introduce, a la oración del Padre Nuestro, con estas palabras u otras semejantes:
Ahora, todos unidos, imploremos a Dios con la oración que el mismo Jesucristo nos enseñó:
Y todos en común prosiguen:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.
82. Luego, el ministro, mostrando el Santísimo Sacramento, dice:
Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.
El enfermo, si o permiten sus condiciones de salud, y los demás que vayan a comulgar dicen:
Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.
83. El ministro se acerca al enfermo y le muestra el Sacramento, diciendo:
El Cuerpo de Cristo (o: la Sangre de Cristo).
El enfermo responde:
Amén.
El ministro añade inmediatamente, o después de dar la comunión al enfermo:
Que el mismo Señor nuestro, Jesucristo, te guarde y te lleve a la vida eterna.
Los demás presentes, que van a comulgar, reciben el Santísimo Sacramento de la forma acostumbrada.
84. Terminada la distribución de la comunión, el ministro hace la purificación. Luego, si se cree oportuno puede guardarse un momento de silencio sagrado.
66. Después el ministro dice la oración conclusiva:
Oremos.
Dios nuestro, cuyo Hijo es para nosotros el Camino, la Verdad y la Vida: mira con bondad a nuestro(a) hermano(a) N. que confía plenamente en tus promesas, y haz que fortalecido con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, llegue en paz a tu reino. Por Jesucristo nuestro Señor.
R. Amén.
86. Luego el ministro dice:
Que el Señor permanezca siempre contigo
te apoye con su fortaleza y te guarde en su paz.
Y tanto el ministro como los presentes pueden dar al enfermo el saludo de paz.