MISAL ROMANO
TIEMPO DE CUARESMA
1. Se recomienda encarecidamente que se conserve y promueva la forma tradicional de la reunión de la Iglesia local al modo de las “estaciones” romanas, al menos en las ciudades más grandes y del modo más apto para cada lugar, sobre todo en el Tiempo de Cuaresma.
Sin embargo, la asamblea de los fieles puede reunirse, sobre todo con la presidencia del Pastor de la diócesis, los domingos o en otro día más oportuno entre semana, o junto a los sepulcros de los santos, o en las principales iglesias de la ciudad, o en los santuarios, o también en algún lugar de peregrinación que sea más frecuentado en la diócesis.
Si se hace una procesión antes de la Misa, la asamblea se reúne en una iglesia menor o en otro lugar apto, fuera de la iglesia a la que se dirige la procesión.
Después del saludo al pueblo, el sacerdote dice la oración colecta del Misterio de la Santa Cruz (cfr. p. 727), o por la remisión de los pecados (cfr. p. 1141) o por la Iglesia, especialmente la local (cfr. pp. 1083ss), o una de las oraciones sobre el pueblo. Luego se ordena la procesión hacia la iglesia donde se celebrará la Misa, mientras se cantan las letanías de los santos. Se pueden añadir también las invocaciones del santo patrono o fundador y de los santos de la Iglesia local.
Cuando llega la procesión a la iglesia, el sacerdote venera el altar y, según las circunstancias, lo inciensa. Luego, omitidos los ritos iniciales y, si es oportuno, también el Señor, ten piedad, dice la colecta de la Misa; luego se prosigue del modo acostumbrado.
2. En estas reuniones puede tenerse en lugar de la Misa una celebración de la Palabra de Dios, sobre todo al modo de las celebraciones penitenciales, que se proponen en el Ritual Romano para el Tiempo de Cuaresma.
3. En las ferias de este tiempo se puede tener, si es oportuno, al final de la Misa, antes de la bendición final, la oración sobre el pueblo, que se propone para cada día.
4. En este tiempo se prohíbe adornar con flores el altar y tocar instrumentos. Sólo se permiten para sostener el canto. Sin embargo, se exceptúan el domingo Lætare (IV de Cuaresma) y las solemnidades y fiestas.
RITUAL DE LA INICIACION CRISTIANA DE ADULTOS
RITUAL DE LA INICIACIÓN
CRISTIANA DE LOS ADULTOS
PRAENOTANDA - 2021
(extracto)
2. El ritual no presenta solamente la celebración de los sacramentos del bautismo, la confirmación y la eucaristía, sino también todos los ritos del catecumenado, que, probado por la más antigua práctica de la Iglesia, corresponde a la actividad misionera de hoy, y de tal modo se siente su necesidad en todas partes que el Concilio Vaticano II mandó restablecerlo y adaptarlo de acuerdo a las costumbres y necesidades de cada lugar[1].
I. ESTRUCTURA DE LA INICIACIÓN DE LOS ADULTOS
4. La iniciación de los catecúmenos se hace gradualmente en conexión con la comunidad de los fieles que, juntamente con los catecúmenos, consideran el precio del Misterio pascual y renovando su propia conversión, inducen con su ejemplo a los catecúmenos a seguir al Espíritu Santo con toda generosidad.
6. En este camino, además del tiempo de instrucción y de maduración (cf. n. 7), hay «grados» o etapas, mediante los cuales el catecúmeno ha de avanzar, atravesando puertas, por así decirlo, o subiendo escalones.
a) El primer grado, etapa o escalón es cuando el catecúmeno se enfrenta con el problema de la conversión y quiere hacerse cristiano, y es recibido por la Iglesia como catecúmeno.
b) El segundo grado es cuando madurando ya la fe y finalizado casi el catecumenado, el catecúmeno es admitido a una preparación más intensa de los sacramentos.
c) El tercer grado cuando, acabada la preparación espiritual, el catecúmeno recibe los sacramentos con los que comienza a ser cristiano.
Tres, pues, son los grados, pasos o puertas que han de marcar los momentos culminantes o nucleares de la iniciación. Estos tres grados se marcan o sellan con tres ritos litúrgicos: el primero, por el rito de entrada en el catecumenado; el segundo, por la elección, y el tercero, por la celebración de los sacramentos.
7. Los grados, por tanto, introducen a las «etapas» de instrucción y maduración, o mediante ellas son preparados:
a) El primer tiempo o etapa exige investigación por parte del candidato, y por parte de la Iglesia se dedica a la evangelización y «precatecumenado» y acaba con el ingreso en el grado de los catecúmenos.
b) El segundo tiempo comienza con este ingreso en el grado de los catecúmenos y puede durar varios años, y se emplea en la catequesis y ritos anejos. Acaba en el día de la «elección».
c) El tercer tiempo, bastante más breve, que de ordinario coincide con la preparación cuaresmal de las solemnidades pascuales y de los sacramentos, se emplea en la «purificación» e «iluminación».
d) El último tiempo, que dura todo el tiempo pascual, se dedica a la «mystagogia», esto es, a la experiencia espiritual y a gustar de los frutos del Espíritu, y a estrechar más profundamente el trato y los lazos con la comunidad de los fieles.
Cuatro, pues, son los tiempos que se suceden: el «precatecumenado», caracterizado por la primera evangelización; el «catecumenado», destinado a la catequesis integral; el de «purificación e iluminación», para proporcionar una preparación espiritual más intensa; y el de «mystagogia», señalado por la nueva experiencia de los sacramentos y de la comunidad.
8. Fuera de esto, como la iniciación de los cristianos no es otra cosa que la primera participación sacramental en la muerte y Resurrección de Cristo, y como, además, el tiempo de purificación e iluminación coincide de ordinario con el tiempo de Cuaresma[2], y la «mystagogia» con el tiempo pascual, conviene que toda la iniciación se caracterice por su índole pascual. Por esto, la Cuaresma ha de cobrar toda su pujanza para ofrecer una más intensa preparación de los elegidos, y la Vigilia pascual debe ser el tiempo legítimo de los sacramentos de la iniciación, pero, sin embargo, no se prohíbe que estos sacramentos, por necesidades pastorales, se celebren fuera de este tiempo.
C. El tiempo de purificación e iluminación
21. El tiempo de purificación e iluminación de los catecúmenos coincidirá, de ordinario, con la Cuaresma, porque es un tiempo en el que, mediante la liturgia y la catequesis litúrgica, «sobre todo mediante el recuerdo o preparación del bautismo y mediante la penitencia»[12] se renueva a la comunidad de fieles, junto con los catecúmenos, y los dispone para contemplar el misterio pascual, que los sacramentos de la iniciación aplican a cada uno[13].
22. Con el segundo grado de la iniciación, comienza el tiempo de la purificación e iluminación, destinado a la preparación intensiva del espíritu y del corazón. En este grado la Iglesia hace la «elección», o sea, la selección y admisión de los catecúmenos, que por su disposición personal sean idóneos, para acercarse a los sacramentos de la iniciación en la próxima celebración. Se llama «elección» porque la admisión, hecha por la Iglesia, se funda en la elección de Dios, en cuyo nombre actúa la Iglesia; se llama también «inscripción de los nombres», porque los candidatos, en prenda de fidelidad, escriben su nombre en el libro de los elegidos.
23. Antes de que se celebre la «elección», se requiere en los catecúmenos la conversión de la mente y de las costumbres, suficiente conocimiento de la doctrina cristiana y sentimientos de fe y caridad; se requiere, además, una deliberación sobre su idoneidad. Después, durante la celebración del rito, tiene lugar la manifestación de su voluntad y la sentencia del obispo o de su delegado delante de la comunidad. Así se comprende que la elección, rodeada de tanta solemnidad, sea como el eje de todo el catecumenado.
24. Desde el día de la «elección» y de su admisión, los catecúmenos reciben la denominación de «elegidos». También, se les denomina «competentes», porque todos juntos pretenden o rivalizan o compiten en recibir los sacramentos de Cristo y el don del Espíritu Santo. Son llamados también, «iluminados», ya que el bautismo mismo recibe, también, el nombre de «iluminación», y por él, los neófitos son inundados con la luz de la fe. En nuestro tiempo se pueden utilizar otras denominaciones, que según la diversidad de los países y de las civilizaciones, más se acomoden a la comprensión de todos y al genio de cada lengua.
25. En este período, la preparación intensiva del ánimo, que se ordena más bien a la formación espiritual que a la instrucción doctrinal de la catequesis, se dirige a los corazones y a las mentes para purificarlas por el examen de la conciencia y por la penitencia[14], y para iluminarlas por un conocimiento más profundo de Cristo, el Salvador. Esto se verifica por medio de varios ritos, especialmente por el «escrutinio» y la «entrega».
1) Los «escrutinios», que se celebran solemnemente en los domingos, se dirigen a estos dos fines anteriormente mencionados, a saber: a descubrir en los corazones de los elegidos lo que es débil, morboso o perverso para sanarlo; y lo que es bueno, positivo y santo para asegurarlo. Porque los escrutinios se ordenan a la liberación del pecado y del diablo, y al fortalecimiento en Cristo, que es el camino, la verdad y la vida de los elegidos.
2) Las «entregas», por las cuales la Iglesia entrega o confía a los elegidos antiquísimos documentos de la fe y de la oración, a saber: el Símbolo y la oración dominical, tienden a la iluminación de los elegidos. En el Símbolo, en el que se recuerdan las grandezas y maravillas de Dios para la salvación de los hombres, se inundan de fe y de gozo los ojos de los elegidos; en la oración dominical, en cambio, descubren más profundamente el nuevo espíritu de los hijos, gracias al cual llaman Padre a Dios, sobre todo durante la reunión eucarística.
26. Para la preparación próxima de los sacramentos:
1) Exhórtese a los elegidos para que el Sábado santo, en cuanto les sea posible, dejando el trabajo acostumbrado, dediquen el tiempo a la oración y al recogimiento del corazón, y guarden el ayuno según sus fuerzas.
2) En ese día, si hay alguna reunión de los elegidos, se puede tener algún rito de preparación próxima, por ejemplo, la entrega del Símbolo y el «Effetá», la elección del nombre cristiano y la unción con el óleo de los catecúmenos, si el caso lo admite.
RITUAL DE LA PENITENCIA
MANERA DE ORDENAR
LAS CELEBRACIONES PENITENCIALES
Las celebraciones penitenciales, mencionadas en los núms. 36 y 37 del
Ritual de la Penitencia, son de gran utilidad en la vida de las personas y de las comunidades para fomentar el espíritu y la virtud de la penitencia y ayudar a prepararse con mayor provecho al sacramento de la Penitencia.
Hay que tener mucho cuidado de que los fieles no vayan a confundir estas celebraciones con la confesión y absolución sacramentales.
2. En las celebraciones penitenciales, sobre todo las que están destinadas a determinados grupos de personas y a determinadas circunstancias, téngase en cuenta la forma especial de vida, el modo de hablar y de entender de las personas. Por lo tanto, es necesario que las Comisiones Litúrgicas y cada comunidad cristiana se encarguen de preparar estas celebraciones, de tal manera que sirvan para un grupo concreto o una circunstancia concreta. Es decir, que en cada caso deberán escogerse los textos más adecuados y deberá organizarse la celebración del modo más apto.
Con este fin se proponen aquí varios esquemas distintos entre sí, destinados a preparar convenientemente las celebraciones. Estos esquemas deben tomarse únicamente como ejemplos que pueden adaptarse a las condiciones específicas de cada comunidad.
Hay ocasiones en que las celebraciones penitenciales culminan con el sacramento de la Penitencia. En estos casos, después de las lecturas y de la homilía, se toma el "Rito de reconciliación de muchos penitentes mediante confesión y absolución individual" (nn. 54-59, pp. 69-79) o bien, en casos especiales previstos por el Derecho, las normas del "Rito para la reconciliación de muchos penitentes mediante confesión y absolución general" (nn. 60-63, pp. 80-82).