Objetivo: Tener una aproximación a la celebración del sacramento de la confirmación para comprender que nos convertimos en testigos sinceros de Cristo, y nos unimos a la misión de la Iglesia con un vínculo más estrecho.
1. MIRAMOS
Los Apóstoles y sus sucesores, los Obispos, transmitieron a los hombres bautizados el don peculiar del Espíritu Santo prometido por Cristo el Señor y derramado sobre los Apóstoles el día de Pentecostés, mediante el sacramento de la Confirmación. Por este sacramento se completa la iniciación de la vida cristiana de tal manera que los fieles, fortalecidos por el poder de lo alto, se convierten en testigos sinceros de Cristo, tanto por sus palabras como por sus ejemplos, y se unen a la Iglesia con un vínculo más estrecho.
DECRETO DEL RITUAL DE LA CONFIRMACIÓN
Sagrada Congregación para el Culto Divino, 22 de agosto del año 1971.
a) Síntesis histórica
Lo que hoy llamamos Confirmación forma parte, desde sus orígenes, del proceso de la iniciación cristiana y, a pesar de todos los cambios de la historia, sigue conservando con ella una conexión íntima (SC 71). La vinculación es sobre todo con los otros dos sacramentos de la iniciación cristiana. Toda interpretación de este sacramento debe dejar a salvo la unidad orgánica y el principio del orden de estos tres sacramentos.
Los textos bíblicos aluden a varios momentos en la iniciación de los creyentes, pero no siempre es posible discernir con exactitud a cuál de los sacramentos actuales se refieren dichos momentos.
En algunos casos, como el de Cornelio, oímos hablar de una efusión del Espíritu Santo que precede al bautismo con agua (Hch 10,44-48); en otros casos oímos hablar de un bautismo con agua que precede a una efusión del Espíritu Santo por la imposición de las manos de los apóstoles (Hch 8,14-17; 19,1-7).
La donación del Espíritu a los creyentes se relaciona con el descenso del Espíritu sobre Jesús en su bautismo, y la donación del Espíritu a los apóstoles el domingo de Pascua (Jn 20,22) y en Pentecostés (Hch 2,4).
La reflexión teológica empieza a tomar cuerpo cuando, en Occidente, se consuma la disgregación de los sacramentos de la iniciación. Se acuña un nombre (confirmatio) para designar ese núcleo ritual y distinguirlo del bautismo. Los teólogos empiezan a preguntarse cuál es el efecto específico de la confirmación.
Afirmar la sacramentalidad de la confirmación significa reconocer que, por ella, en el itinerario de la iniciación cristiana acontece algo nuevo, en el orden de la gracia, que no ocurrió en el bautismo y que se da una nueva comunicación sacramental de la gracia de la salvación específicamente distinta de la que se dio en el bautismo.
b) Observaciones actuales sobre la celebración de la confirmación.
El rito de la confirmación actualmente se realiza conforme al rito renovado a solicitud del concilio Vaticano II, resaltando la vinculación con el bautismo: “Revísese también el rito de la confirmación, para que aparezca más claramente la íntima relación de este sacramento con toda la iniciación cristiana; por tanto, conviene que la renovación de las promesas del bautismo preceda a la celebración del sacramento. La confirmación puede ser administrada, según las circunstancias, dentro de la Misa” (SC.71).
El Papa Pablo IV impulsará la visión eclesial de este sacramento: “Con el sacramento de la Confirmación los renacidos en el Bautismo reciben el don inefable, el mismo Espíritu Santo, por el cual «son enriquecidos con una fuerza especial» y, marcados por el carácter del mismo sacramento, «quedan vinculados más perfectamente a la Iglesia», «mientras son más estrictamente obligados a difundir y defender con la palabra y las obras la propia fe como auténticos testigos de Cristo». Finalmente, la Confirmación está tan vinculada con la Eucaristía que los fieles, marcados ya por el Bautismo y la Confirmación, son injertados de manera plena en el Cuerpo de Cristo mediante la participación de la Eucaristía.” (Constitución apostólica «Divinae consortium naturae»)
Así, con una renovada vida litúrgica y eclesial, el ritual de la confirmación será publicado en su texto latino el 22 de agosto de 1971 en el Pontifical romano. La primera edición para México en enero de 1998 y el ritual de la iniciación cristiana de adultos en 1999.
Una novedad de los nuevos libros litúrgicos son las Instrucciones generales o prenotandas que desarrollan los aspectos teológicos litúrgicos de dicho sacramento.
Observaciones previas – ritual de la confirmación
El Obispo diocesano debe administrar por sí mismo la Confirmación, o cuidar de que la administre otro Obispo; pero si la necesidad lo requiere, puede conceder facultad a uno o a varios presbíteros determinados, para que administren este sacramento. Por causa grave, como sucede algunas veces por razón del gran número de confirmandos, el Obispo, y asimismo el presbítero dotado de facultad de confirmar por el derecho o por concesión de la autoridad competente, pueden, en casos particulares, admitir a otros presbíteros, que administren también el sacramento.
Es necesario que estos presbíteros:
a) O bien tengan un ministerio o cargo peculiar en la diócesis, a saber: sean vicarios generales o episcopales, o arciprestes.
b) O bien sean párrocos del lugar en que se administra la Confirmación, o párrocos del lugar al que pertenecen los confirmandos, o presbíteros que han trabajado especialmente en la preparación catequética de los confirmandos.
¿Se puede hablar de un -ordo christifideles laici-?
Una interesante perspectiva es la que presenta, desde la teología oriental moderna, Jhon D. Zizioulas, teólogo de la iglesia ortodoxa de Constantinopla, que dice: “A todos los que han recibido el bautismo y la confirmación les ha sido encomendada la misión de cooperar, dentro de la celebración de la eucaristía, en la divinización del mundo. Han sido «ordenados» para ello: el neófito no se convierte simplemente en «cristiano», sino que es «ordenado» en la comunidad eucarística. Tan pronto como se olvida este «carácter de ordenación» que la iniciación confiere, queda libre el camino para la identificación del laico con el «no ordenado» y, con ella, tanto para los clericalismos como para la negación, como reacción en su contra, de un ministerio especial conferido por el orden.” (La liturgia de la Iglesia, Michael Kunzler, 1999)
Este aporte de la iglesia ortodoxa, puede ayudarnos a nosotros que formamos parte de la Iglesia latina a visualizar mejor los ritos actuales y descubrir la riqueza de la vinculación eclesial y pneumatológica que se renueva a través del sacramento de la confirmación, y nos orienta a hacer vida la evangelización en la sociedad actual. Así, como Iglesia, fieles creyentes unidos a Cristo (quienes participan de los sacramentos de Iniciación) y quienes participan del Sacramento del Orden (sacerdotes y diáconos), per ritus et preces Dios sea todo en todos. (SC 48)
Tabla comparativa de los ritos del sacramento de la Confirmación y el Orden
2. RECONOCEMOS
Como en toda catequesis mistagógica, el punto de partida son los ritos que dan forma a la celebración de la confirmación que, iluminados por la Palabra de Dios, la enseñanza de los padres de la Iglesia o la teología, nos hacen más conscientes del misterio celebrado, de modo que, al reconocer nuestra identidad bautismal renovemos nuestro testimonio en Cristo y nuestra vinculación en la Iglesia.
En la celebración de la confirmación participamos de estos ritos, mediante los cuales se hace eficaz la obra salvífica de Jesucristo.
a) Ritos iniciales
Para la celebración del sacramento de la confirmación, el Obispo (o el ministro extraordinario que administra la confirmación, ya sea por concesión general o indulto de la Santa Sede, RC n.61) usó uno de los colores utilizados en la cincuentena pascual (color litúrgico rojo, blanco o festivo. RC n.20) este color evoca estrechamente el sentido de la Redención y la gracia que infunde el Espíritu Santo en la Iglesia.
Un elemento a destacar de la liturgia episcopal es el saludo: “La paz esté con ustedes” (RC n.20), este es el mismo saludo que dio el Señor Resucitado a sus apóstoles, es el saludo pascual (Jn 20,19) y ahora nos lo daba el Obispo cuando nos disponíamos a comenzar la celebración de la confirmación.
La oración colecta de ese día, destacó un elemento de la teología paulina: “que venga a nosotros el Espíritu Santo, que se digne habitar en nuestros corazones y nos perfeccione como templos de su gloria” (1 Co 6,19) es el Espíritu Santo quien ha habitado en tantos y tantos fieles que han manifestado ante cada momento de la historia la gracia de vivir unidos a Cristo. “El cuerpo del hombre participa de la dignidad de la ‘imagen de Dios’: (…) está destinado a ser en el Cuerpo de Cristo templo del Espíritu” (CEC 364).
b) Liturgia de la Palabra
Ese día, la liturgia de la Palabra se desarrolló según las normas comunes, tomándose todas o en parte, de la misa del día o del Leccionario para la celebración de la confirmación. (RC n.22).
“En la relación entre Palabra y gesto sacramental se muestra en forma litúrgica el actuar propio de Dios en la historia a través del carácter performativo de la Palabra misma. En efecto, en la historia de la salvación no hay separación entre lo que Dios dice y lo que hace; su Palabra misma se manifiesta como viva y eficaz (cf He 4,12). Igualmente, en la acción litúrgica estamos ante su Palabra que realiza lo que dice. Cuando se educa al Pueblo de Dios a descubrir el carácter performativo de la Palabra de Dios en la liturgia, se le ayuda también a percibir el actuar de Dios en la historia de la salvación y en la vida personal de cada miembro.” (Verbum Domini n. 53)
c) Liturgia del Sacramento
En la iniciación cristiana de adultos, los tres sacramentos se reciben juntos: bautismo, confirmación y eucaristía. La administración del sacramento de la confirmación se desarrolló después de la imposición de la vestidura blanca y la entrega del cirio encendido, de manera conveniente, lo administró quien realizó previamente el bautismo, ya sea el obispo, ya sea el presbítero. (cfr. RICA n 227-228)
Presentación de los confirmandos
El rito de la confirmación dentro de la Misa comenzó inmediatamente después de la proclamación del Evangelio, en ese momento, el Obispo se sentó en la catedra/sede, usando la mitra. Este gesto evoca un significado eclesial: quien usa la catedra (sede) expresa la tarea de la enseñanza del Evangelio en medio de la comunidad de creyentes; la mitra en su cabeza es signo de su misión apostólica; el pastorear en nombre de Cristo, iluminado por la santidad (rito de ordenación: “brille en ti el resplandor de la santidad”). Esta santidad irradia en Cristo y en la Iglesia, su esposa. (Ef 5)
Quienes serían confirmados fueron presentados al Obispo. La intención de que cada confirmado haya sido llamado, si fue posible, por su nombre, evoca múltiples llamados en el recorrido de la historia de la salvación (1Sam 3, 4-10; Lc 19,5; Jn 15,16; Rm 1,1)
Homilía
En la cual, el Obispo puso de manifiesto la eclesiología actual: el Espíritu Santo nos capacita para “ser” aquí y ahora, el -buen aroma de la gracia- que solo será posible por nuestra unión comunitaria al misterio pascual realizado por Cristo (Jn 15,1-17).
Renovación de las promesas bautismales
Llegamos así a un punto muy interesante de la celebración: desde nuestro Bautismo renunciamos a todo lo que es incompatible con nuestra fe en lo anunciado por el Evangelio y abrazamos el misterio revelado por Cristo. De ahí la importancia de la profesión de la fe en el bautismo y ahora en la renovación antes de la confirmación. (cf. SC 71)
De hecho, el Credo ha pertenecido desde su origen a la adhesión de la fe y en su recorrido histórico se agregó también a la celebración de la Eucaristía.
La oportunidad de volver a transmitir la luz del cirio pascual a la vela que cada uno portaba fue un momento para actualizar muy conscientemente nuestras promesas bautismales que nos unen a la gracia divina.
Imposición de las manos y plegaria
Después de la profesión de fe, el Obispo realizó un gesto muy profundo: la imposición de las manos sobre quienes íbamos a ser confirmados, “se actualiza el gesto bíblico, con el que se invoca el don del Espíritu Santo” (PC 9). Es por este gesto que llamamos epíclesis, que se hace visible que «la Iglesia pide al Padre que envíe su Espíritu Santo (el poder de su bendición: cf. MR, Canon romano) ya sea sobre los fieles, ya sea sobre los dones.
Plegaria
El Obispo pronunció una oración que tiene su origen en una versión antiquísima en la plegaria descrita en la Traditio apostolica de Hipólito de Roma (215, d.C.) algunas partes están basadas en los textos joánicos y paulinos (Ef 1,3; 2 Cor 1,3; Rom 6,22; Jn 3,5; 14,26). Cabe resaltar la mención de los siete dones del Espíritu Santo mencionados en el texto de la Vulgata (Is 11,2).
Crismación
El aceite aromático (ungüento) que llamamos Santo Crisma, consagrado por el Obispo en la misa crismal, fue colocado en nuestra frente, marcando una cruz, mientras el Obispo nos decía: “(nombre), recibe por esta señal el don del Espíritu Santo” (RC. 31, RICA 231).
San Cirilo de Jerusalén (315 – 386) nos describe la profundidad de este gesto:
“Cristo no fue ungido con óleo o ungüento corporal, sino que el Padre, al constituirlo en Salvador del universo entero, lo ungió con el Espíritu Santo. (…) él fue ungido con el óleo inteligible de la alegría, esto es, con el Espíritu Santo. Se llama óleo de la alegría porque causa una alegría espiritual; y ustedes han sido ungidos con ungüento al ser hechos partícipes de la misma suerte de Cristo. (…) Y mientras se unge el cuerpo con ungüento visible, queda santificada el alma por el Espíritu Santo que da la vida.” (Cirilo de Jerusalén, catequesis mistagógica III)
Oración universal
Al concluir el rito de la confirmación, le siguió la oración universal, en la cual uno de los recién confirmados participó en las peticiones presentadas en la oración universal, ejerciendo así sacerdocio común de los fieles. Una de ellas resaltó la siguiente intención: “….nos arraigue en la fe y nos haga crecer en el amor, y así demos con nuestra vida testimonio de Jesucristo”. (RP 34)
d) Liturgia del Sacramento
Presentación de las ofrendas
Algunos de los confirmados pudieron llevar al altar el pan, el vino y el agua para la Eucaristía. Haciendo palpable su participación. (RP 38)
Plegaria eucarística
La plegaria comienza con el prefacio, de la cual es parte integral. Uno de los nuevos prefacios promovidos por la reforma litúrgica mencionará que Cristo, el Ungido del Padre (cf Lc 4,17-19), derramó sobre los “hijos de adopción, el Espíritu Santo que había prometido”. (MR Prefacio I del Espíritu Santo)
En la plegaria misma, en la -intercesión por los vivos- se resaltaron elementos celebrativos profundos: El -hoy- que celebra la liturgia, el -sello indeleble- dado por el Espíritu Santo, y el -don del amor del Padre- para quienes fueron confirmados.
“Acuérdate también de tus hijos [N. y N.] que, regenerados en el Bautismo, hoy has confirmado, marcándolos con el sello del Espíritu Santo: custodia en ellos el don de tu amor.” (MR Plegaria eucarística II)
Sagrada Comunión
Los recién confirmados y, según las circunstancias, los padrinos, papás, cónyuges y catequistas, si fue oportuno, pudieron recibir la Comunión bajo las dos especies. (RC 39, RICA 234)
3. ACTUAMOS
En nuestra provincia eclesiástica, el sacramento de la confirmación es conferido en algunas diócesis antes de la primera comunión y en otras tantas diócesis, en la edad de la adolescencia o juventud.
Es por ello todo un reto darle la importancia que tiene en el conjunto de la vida cristiana, de hecho, el esfuerzo es ubicar la confirmación como parte integral del proceso de la Iniciación Cristiana, aún ya se haya participado de la primera comunión en algunos casos.
En nuestras diócesis la preparación favorecerá tener grupos diferenciados en relación a las edades de las personas que acuden a ella: niños, jóvenes y adultos.
Al igual que los otros sacramentos, algunos fieles acuden a lugares donde los requisitos son mínimos. De este grupo, ya sea por ignorancia o comodidad asisten a ciertos lugares no católicos, buscando que se les confiera este sacramento.
“La norma que se tiene es de administrar este sacramento a partir de la edad de la discreción; sin embargo, el proceder de los pastores sigue siendo un tanto arbitrario no sólo en la práctica, sino convirtiendo en normas locales algunos criterios personales. En esta situación se encuentran los jóvenes que no habiendo recibido la Confirmación, para el sacramento del matrimonio, se les exige como requisito”. (Directorio pastoral para los sacramentos de la iniciación cristiana, Arq. de México, 2003)
Retomando lo que expresaba Jhon D. Zizioulas: “A todos los que han recibido el bautismo y la confirmación les ha sido encomendada la misión de cooperar, dentro de la celebración de la eucaristía, en la divinización del mundo.” Nos ayuda a dimensionar algunas posibles líneas de acción.
· Favorecer catequesis que preparen al sacramento de la confirmación, que susciten el sentido de la pertenencia a la Iglesia de Jesucristo, así como la participación en su Misión permanente.
· Promover desde las comunidades que catequizan, una real y progresiva inserción en la vida eclesial, para que después del sacramento de la confirmación, tengan más herramientas para injertarse en el Cuerpo místico de Cristo que es la Iglesia (1cor 12).
· Es una buena oportunidad para promover la pastoral de adolescentes, la pastoral juvenil y la pastoral social, impulsando esta vivencia comprometida en la fe.
· Asimismo, sería muy oportuno seguir con la formación permanente propia de esta etapa de la vida de fe, llamada desde antiguo –catequesis mistagógicas-, de la cuales este material es un aporte.
4. CELEBRAMOS
En nuestro país, estamos en misión permanente, es necesario dirigir la mirada a lo que propone el PROYECTO GLOBAL DE PASTORAL que nos dispone celebrar los 500 años del acontecimiento guadalupano y 2,000 años de la Redención.
PROYECTO GLOBAL DE PASTORAL
75. Como pastores reconocemos la vitalidad y riqueza de los fieles laicos, quienes, desde su entrega apostólica y vida de fe, insertos en el mundo, han contribuido y contribuyen en la transformación de la sociedad, así como en la misión evangelizadora de la Iglesia y en la transmisión de la fe desde los comienzos de nuestra nación.
79. Tendremos que recordar que por el bautismo y la confirmación, todos estamos llamados a ser responsables de la misión que Jesús nos encomendó, porque vemos cómo muchas veces los laicos siguen siendo relegados en la vida de la Iglesia, prevaleciendo actitudes arbitrarias y abusivas por parte de los pastores que obstaculizan su participación. Cuánto mal se ha hecho a la Iglesia con estas actitudes que alejan a los creyentes y les impiden madurar en su respuesta al Señor.
OPCIÓN POR UNA IGLESIA
QUE COMPARTE
CON LOS ADOLESCENTES Y JÓVENES,
LA TAREA DE HACER UN PAÍS
LLENO DE ESPERANZA, ALEGRÍA Y VIDA PLENA.
Los Obispos reconocemos que en los adolescentes y jóvenes, nuestro país y la Iglesia de México, tienen una gran riqueza y una gran esperanza. Valoramos la importancia de su presencia y la fuerza de su entusiasmo en estos momentos históricos de la humanidad y de nuestro país. Queremos expresar nuestro compromiso con cercanía, confianza y diálogo mutuo, para reconocerlos como protagonistas de una transformación social y sujetos de una nueva etapa en la evangelización en nuestras comunidades juveniles, desde un proyecto de vida, orientado hacia su propia santidad. Sabemos que muchos jóvenes de México expresan su respeto por los valores evangélicos y un gran deseo de conocer más profundamente a Cristo; que aprecian el acompañamiento cercano de sus pastores y que participan con alegría y un gran entusiasmo, pidiendo ser tomados en cuenta con responsabilidades dentro de la Iglesia.
BIBLIOGRAFÍA
Sagrada Congregación para el Culto Divino y disciplina de los sacramentos, Decreto del ritual de la confirmación, 22 de agosto del año 1971
Constitución de la sagrada liturgia, «Sacrosanctum Concilium», 1964
Pablo VI, Constitución apostólica «Divinae consortium naturae», 1971
Oñatibia Ignacio, Bautismo y confirmación sacramentos de iniciación, Madrid, 2000
Kunzler Michael, La liturgia de la Iglesia, 1999
Conferencia del episcopado mexicano, Ritual para la confirmación, Buena Prensa, México, 2018
Conferencia del episcopado mexicano, Ritual de la iniciación cristiana de adultos, Buena Prensa, México, 2023
Catecismo de la Iglesia Católica, 1997
Benedicto XVI, Exhortación apostólica postsinodal «Verbum Domini»
Cirilo de Jerusalén, catequesis mistagógica III
Conferencia del episcopado mexicano, Misal Romano, Biblioteca de autores cristianos, España, 2015
Arquidiócesis primada de México, Directorio pastoral para los sacramentos de la iniciación cristiana, 2003
Conferencia del episcopado mexicano, proyecto global de pastoral, México, 2018
Martín-Moreno Juan Manuel, Ad usum alumnorum Apuntes de Liturgia, Comillas