PROCEDIMIENTOS LITÚRGICOS
PARA EL BUEN DESEMPEÑO
DEL MINISTERIO EXTRAORDINARIO
PARA LA DISTRIBUCIÓN DE LA SAGRADA COMUNIÓN
-Arquidiocesís de Monterrey-
DENTRO DE LA MISA
Si su participación es necesaria, a la hora del Cordero de Dios va a la sacristía y se lava las manos.
Sube al santuario (presbiterio) una vez que el sacerdote haya comulgado.
Si le toca traer al Santísimo Sacramento desde el sagrario, sólo en el caso que este esté relativamente distante del altar, va por él a la hora del Cordero de Dios.
Pide la llave en la sacristía, abre la puerta del sagrario, hace genuflexión, toma el copón, cierra la puerta y lo lleva al altar, no antes de que el sacerdote presente la Sagrada Hostia a los fieles (Éste es el Cordero de Dios…).
Comulga de manos del sacerdote bajo las dos Especies.
Recibe del sacerdote el copón y la indicación del lugar donde debe ayudar a distribuir la comunión.
Con la mano derecha toma una Hostia se la presenta a la altura de la cara al que va comulgar diciéndole “El Cuerpo de Cristo” y esperando la respuesta “Amén”, luego lleva la Hostia a la lengua del que comulga.
No debe dar la comunión en la mano, a menos que espontánea y correctamente así se lo pidiesen (con la mano derecha como trono y la izquierda como patena arriba de la derecha).
*Ninguna diócesis de México tiene permiso de la Sede Apostólica para dar la comunión en la mano, por lo cual no debe fomentarse.
Nunca, a menos de que exista una causa justísima el ministro extraordinario debe dar el sólo la sagrada Comunión, él sólo ayuda al sacerdote.
No debe exigir a los fieles a que se acerquen a él para recibir la comunión.
Al terminar, regresa al altar, deja el copón sobre el corporal, hace genuflexión y se retira a la sacristía para purificarse.
No debe purificar, ni en el altar, ni en la credenza, ni en la sacristía. (Está contemplado que solo los sacerdotes, el diácono y el acolito instituido pueden purificar.)
Si sobraron Hostias y hay que llevarlas al sagrario, toma del sacerdote el copón, lo lleva al sagrario, lo abre, deposita el copón cerrado, hace genuflexión, cierra la puerta del sagrario y regresa a la Asamblea.
FUERA DE LA MISA
a) A los enfermos, en su propia casa:
Debe contar con la aprobación del párroco.
Debe solicitar la llave del sagrario en la sacristía, nunca tener una copia.
Debe contar con una píxide o teca (conocido comúnmente como relicario) que se cuelgue al cuello (preferentemente).
Nota: debe ser comprado a tal efecto en un lugar donde se vendan objetos litúrgicos, y no puede ser sustituido por relicarios o cajas de plástico o cosas semejantes. La píxide se destinará exclusivamente a este uso, será el recipiente que contiene el Cuerpo del Señor. Es de alabar que ella se porte, cuando se lleva la Comunión, en una bolsita de tela con un cordón para colgarla del cuello y así se la llevará oculta entre la ropa a la altura del pecho; esta forma, además de ser la más respetuosa, ayudará a evitar robos o pérdidas.
Va al sagrario, hace un momento de oración, abre la puerta del sagrario, hace genuflexión, abre el recipiente que contendrá el Cuerpo del Señor, abre el copón, toma sólo las Hostias que necesita para la visita a los enfermos u otros grupos directamente aprobados por el párroco.
Cierra el recipiente, tapa el copón, lo mete en el sagrario, cierra la puerta del sagrario, hace genuflexión y se coloca sobre el cuello el recipiente que contiene el Cuerpo del Señor.
Va a sacristía conservando un espíritu de adoración y recogimiento, le da al sacristán la llave del sagrario en la mano y se retira a llevar la comunión (debe llevar además un purificador y un corporal pequeño).
No debe detenerse en ninguna otra cosa entre el trayecto de la Iglesia y la(s) casa(s) a donde lleva el Santísimo.
Durante el camino, en la medida de lo posible, es conveniente rezar adorando al Señor Sacramentado.
Si va en carro, no dejar el recipiente que contiene el Cuerpo del Señor sobre el asiento, en la guantera o colgarlo del espejo, o dárselo al acompañante; debe llevarlo sobre el pecho.
Al llegar a la casa del enfermo, lo primero que debe hacerse, después de saludar cordialmente, es comenzar la celebración con los ritos prescritos por la Iglesia.
Abrir el corporal y extenderlo en una mesita cercana al enfermo, luego colocar sobre él el recipiente que contiene el Cuerpo del Señor sin abrirlo.
Proceder según el rito prescrito.
Si el enfermo no quiere recibir la Eucaristía, no se ha de insistir, con riesgo de violentar su conciencia; tampoco se debe invitar imprudentemente a que sus acompañantes comulguen.
Corresponde que el sacerdote visite al enfermo, para que éste tenga oportunidad de confesarse. El enfermo que recibe habitualmente la Eucaristía de manos de un ministro extraordinario debe recibir también, periódicamente y con regularidad, la visita del sacerdote.
No se debe olvidar que es el sacerdote quien envía al ministro extraordinario a visitar a los enfermos, y por tanto es el que determina a quiénes ha de administrarse la Sagrada Comunión.
Bajo ningún concepto se dejará el Santísimo Sacramento en la casa del enfermo para que comulgue por sí mismo. El ministro debe volver las veces que sea necesario, según la voluntad del enfermo y el juicio prudencial del párroco.
Al terminar el rito de la comunión a los enfermos, se purifica los dedos con el purificador, toma el recipiente que contiene el Cuerpo del Señor, lo cuelga sobre el pecho, toma el corporal, se despide y va a la siguiente casa.
Debe prever que en la última casa a visitar debe consumir todas las Hostias restantes, purificar con un poco de agua el el recipiente que contiene el Cuerpo del Señor y secarlo con el purificador.
Se recomienda no olvidar a los que cuidan a los enfermos y en la medida de lo posible y siempre que estén dispuestos, darles también a ellos la comunión, si es que se les dificultara la asistencia a Misa ese día.
Se recomienda también informarse a cerca de la seguridad social y atención humana y hasta legal del enfermo y turnar los datos al párroco o al equipo de pastoral social.
En caso de tener un percance entre los trayectos y no poder salir de eso rápidamente, entonces reverentemente consumir las Hostias y guardar el recipiente que contiene el Cuerpo del Señor (pensamos en caso de un accidente, un embotellamiento fuerte, un malestar grave del propio ministro).
b) A los Enfermos, fuera de su propia casa:
Debe contar con la aprobación del propio párroco y aquél que es responsable del hospital, ya sea el capellán propio o el párroco, en cuya jurisdicción está el hospital.
En su credencial de ministro debe indicar que además de la parroquia atiende a TAL hospital.
Debe tener relación los departamentos de trabajo social del hospital, sobre todo si no es una institución cristiana.
En su parroquia, cuando ya se dispone ir al hospital debe solicitar la llave del sagrario en la sacristía, nunca tener una copia. A menos que el hospital cuente con capilla y sagrario y el capellán esté enterado de su ministerio y visita.
Para llevar la sagrada Comunión debe contar con una pixide que se cuelgue al cuello (preferentemente).
Va al sagrario, hace un momento de oración, abre la puerta del sagrario, hace genuflexión, abre el recipiente que contendrá el Cuerpo del Señor, abre el copón, toma sólo las Hostias que necesita para la visita a los enfermos u otros grupos directamente aprobados por el párroco.
Cierra el recipiente, tapa el copón, lo mete en el sagrario, cierra la puerta del sagrario, hace genuflexión y se coloca sobre el cuello el recipiente que contiene el Cuerpo del Señor.
Va a sacristía conservando un espíritu de adoración y recogimiento, le da al sacristán la llave del sagrario en la mano y se retira a llevar la comunión (debe llevar además un purificador y un corporal pequeño).
No debe detenerse en ninguna otra cosa entre el trayecto de la Iglesia y la(s) casa(s) a donde lleva el Santísimo.
Durante el camino, en la medida de lo posible, es conveniente rezar adorando al Señor Sacramentado.
Si va en carro, no dejar el recipiente que contiene el Cuerpo del Señor sobre el asiento, en la guantera o colgarlo del espejo, o dárselo al acompañante; debe llevarlo sobre el pecho.
Al llegar al hospital reportarse con el trabajador social o con el capellán, si es que éste no sabe de su visita.
Cuando se está junto al enfermo abrir el corporal y extenderlo sobre el buró o la mesita de comida, luego colocar sobre él el recipiente que contiene el Cuerpo del Señor sin abrirlo.
Proceder según el rito prescrito.
Al terminar, se purifica los dedos con el purificador, toma el recipiente que contiene el Cuerpo del Señor, lo cuelga sobre el pecho, toma el corporal, se despide y va con el siguiente paciente.
Si el paciente se encuentra en una sala común, preguntar si alguien más está preparado y quiere recibir la sagrada Comunión.
Debe prever que en el último paciente a visitar debe consumir todas las Hostias restantes, a menos que el hospital cuente con su capilla y su sagrario, purificar con un poco de agua el recipiente que contiene el Cuerpo del Señor y secarlo con el purificador.
Se recomienda también informarse a cerca de la seguridad social y atención humana y hasta legal del enfermo y turnar los datos al párroco o al equipo de pastoral social.
En caso de tener un percance entre los trayectos y no poder salir de eso rápidamente, entonces reverentemente consumir las Hostias y guardar el recipiente que contiene el Cuerpo del Señor (pensamos en caso de un accidente, un embotellamiento fuerte, un malestar grave del propio ministro).
c) La Sagrada Eucaristía expuesta a la Adoración de los Fieles:
Debe contar con el permiso directo del párroco, no hacerlo a voluntad o solicitud de grupos u otras personas.
Las modalidades de exposición del Santísimo son las siguientes:
En el mismo sagrario,
en el copón sobre el altar (nunca sobre el sagrario mismo)
y en la custodia.
Si lo va a exponer en el mismo sagrario, hace genuflexión y se limita a abrir la puerta del sagrario, lo demás sigue el rito prescrito.
Si lo va a exponer en el copón sobre el altar: abre la puerta del sagrario, hace genuflexión, toma el copón, cierra la puerta del sagrario y lo lleva al altar, sobre el corporal lo coloca, hace genuflexión y sigue el rito prescrito.
Si lo va a exponer en la custodia: abre el sagrario, hace genuflexión, toma el copón, saca una Hostia o la Hostia que está en el viril, cierra la puerta del sagrario, va al altar, coloca la Hostia en el manifestador (custodia) y gira la custodia hacia los fieles.
Se arrodilla y sigue el rito prescrito.
En ningún caso debe dar la bendición con el Santísimo.
Y ya sea que cierre la puerta del sagrario, o que deposite el copón de nueva cuenta en el sagrario o, que saque la sagrada Hostia del manifestador, la ponga en un relicario y la lleve al sagrario.
Los fieles continúan con un canto Eucarístico o de acción de gracias.
El Ministro concluye diciendo: “El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna”. Los fieles responden: “Amén”.