El ministro empieza la celebración, diciendo, mientras todos se santiguan:
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
R. Amén
Junto a la puerta de la iglesia, saluda a los familiares del difunto con las siguientes palabras u otras parecidas:
Queridos familiares y amigos: En este momento de dolor en que los ha sumergido la muerte de N, con quien convivieron largos años y a quien tanto amaban, la Iglesia los recibe con el deseo de reanimar y fortalecer su esperanza. Confíen en Dios, que él los ayudará; esperen en él, y les allanará el camino.
A continuación, se introduce el féretro en la iglesia y se pone ante el altar; se puede colocar el cirio pascual.
Una vez que los familiares han tomado su lugar, el ministro saluda a la asamblea, diciendo:
Hermanos: Nos hemos reunido hoy, en un momento especialmente triste y doloroso, en primer lugar, para confesar ante el cuerpo de nuestro hermano/nuestra hermana (las cenizas de nuestro hermano/nuestra hermana) N., nuestra fe en que la vida no termina con la muerte del cuerpo. Y también para rodear con nuestro afecto y nuestra plegaria a unos amigos que están tristes por la muerte de aquel a quien amaban. Y, finalmente, para pedir a Dios que perdone las culpas que, durante su vida, cometió nuestro hermano que acaba de morir. Que el Señor escuche nuestras plegarias y se compadezca ante las lágrimas de los que lloran.
Tú, que libraste a tu pueblo de la esclavitud de Egipto:
R. Recibe a tu siervo en el paraíso.
Tú, que quisiste que tu Hijo llevara a realidad la antigua Pascua de Israel. R.
Tú que, en la resurrección de Jesucristo, has inaugurado la vida nueva de los que han muerto. R.
Tú, que en la ascensión de Jesucristo, has querido que tu pueblo vislumbrara su entrada en la tierra de promisión definitiva. R.
Se omite el Acto penitencial.
Dios nuestro, siempre dispuesto a la misericordia y al perdón, escucha nuestras súplicas por tu siervo (tu sierva) N., que acabas de llamar a tu presencia, y, ya que creyó y esperó en ti, condúcelo ahora a tu reino, su verdadera patria, para que goce contigo de la alegría eterna. Por nuestro Señor Jesucristo.
R. Amén.
Del libro del profeta Isaías 66, 10-14
Alégrense con Jerusalén, gocen con ella todos los que la aman, alégrense de su alegría todos los que por ella llevaron luto, para que se alimenten de sus pechos, se llenen de sus consuelos y se deleiten con la abundancia de su gloria.
Porque dice el Señor: “Yo haré correr la paz sobre ella como un río y la gloria de las naciones como un torrente desbordado. Como niños serán llevados en el regazo y acariciados sobre sus rodillas; como un hijo a quien su madre consuela, así los consolaré yo. En Jerusalén serán ustedes consolados.
Al ver esto se alegrará su corazón y sus huesos florecerán como un prado. Y los siervos del Señor conocerán su poder”.
Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.
R. Desde el vientre de mi madre, tú eres mi apoyo.
Señor, tú eres mi esperanza,
que no quede yo jamás defraudado.
Tú que eres justo, ayúdame y defiéndeme;
escucha mi oración y ponme a salvo. R.
Sé para mí un refugio,
ciudad fortificada en que me salves.
Y pues eres mi auxilio y mi defensa,
líbrame, Señor, de los malvados. R.
Señor, tú eres mi esperanza;
desde mi juventud en ti confío.
Desde que estaba en el seno de mi madre,
yo me apoyaba en ti y tú me sostenías. R.
Yo proclamaré siempre tu justicia
y a todas horas, tu misericordia.
Me enseñaste a alabarte desde niño
y seguir alabándote es mi orgullo. R.
R. Aleluya, aleluya. / Honor y Gloria
Dichosos los que mueren en el Señor;
que descansen ya de sus fatigas,
pues sus obras los acompañan.
R. Aleluya. / Honor y Gloria
Cuando el Evangelio es proclamado por un laico, va al ambón, omite el saludo y DICE SOLAMENTE:
Del santo evangelio según san Juan 12, 23-28ss
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Ha llegado la hora de que el Hijo del hombre sea glorificado. Yo les aseguro que si el grano de trigo sembrado en la tierra, no muere, queda infecundo; pero si muere, producirá mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde; el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se asegura para la vida eterna.
El que quiera servirme, que me siga, para que donde yo esté, también esté mi servidor. El que me sirve será honrado por mi Padre.
Ahora que tengo miedo, ¿le voy a decir a mi Padre: ‘Padre, líbrame de esta hora’? No, pues precisamente para esta hora he venido. Padre, dale gloria a tu nombre”. Se oyó entonces una voz que decía: “Lo he glorificado y volveré a glorificarlo”.
Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.
Oremos a Dios, Padre de todos, por nuestro hermano (nuestra hermana) N. y pidámosle que escuche nuestra oración.
A cada invocación respondemos:
R. Escúchanos Padre.
-Para que el Señor, que se compadece de toda criatura, purifique con su misericordia y conceda los gozos del paraíso a nuestro hermano (nuestra hermana) N., Oremos. R.
-Para que el Señor, que lo (la) creó de la nada, y lo (la) honró haciéndolo(a) imagen de su Hijo, le conceda participar de la alegría del reino eterno. Oremos. R.
-Para que le conceda el descanso eterno y lo (la) haga gozar en la asamblea de los santos. Oremos. R.
-Para que el Señor, consuelo de los que lloran y fuerza de los que se sienten abatidos, alivie la tristeza de los que lo lloran y les conceda encontrarlo nuevamente en el reino de Dios. Oremos. R.
Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.
Hermanos, dentro de un momento vamos a cumplir con nuestro deber de dar sepultura al cuerpo de nuestro hermano (nuestra hermana) N.; y fieles a la costumbre cristiana, lo haremos pidiendo con fe a Dios, para quien toda criatura vive, que admita su alma entre sus santos y que, a este su cuerpo que hoy sepultaremos en debilidad, lo resucite un día lleno de vida y de gloria. Que, en el momento del juicio, tenga misericordia de nuestro hermano, para que, libre de la muerte, absuelto de sus culpas, reconciliado con el Padre, llevado en los hombros del buen Pastor y agregado al séquito del Rey eterno, disfrute para siempre de la gloria eterna y de la compañía de los santos.
Todos oran un momento en silencio.
No temas, N., Cristo murió por ti, y en su resurrección fuiste salvado(a). El Señor te protegió durante tu vida; por ello, esperamos que también te librará, en el último día, de la muerte que acabas de sufrir. Por el bautismo, fuiste hecho(a) miembro del cuerpo de Cristo; el agua que ahora derramaremos sobre tu cuerpo nos lo recordará.
Luego, derrama agua bendita sobre el féretro.
Mientras tanto se entona un canto o se dice lo siguiente:
Vengan en su ayuda, Santos de Dios:
salgan a su encuentro, ángeles del Señor:
R. Reciban su alma y llévenla a la presencia del Altísimo.
Cristo que te llamó, te reciba
y los ángeles te conduzcan al seno de Abraham. R.
Concédele, Señor, el descanso eterno
y brille para él la luz que no tiene fin. R.
Luego, termina con la siguiente oración:
Padre de bondad, encomendamos a tu cuidado el alma de nuestro hermano (nuestra hermana) N., sostenidos por la esperanza de que en el último día resucitará con Cristo, junto con todos los que han muerto con él.
(Te damos gracias por todos los beneficios
con que lo favoreciste en esta vida mortal;
beneficios que para nosotros
se convertirían en signos de tu bondad
y en la expresión de esa santidad
que brota de la comunión con Cristo.)
Por eso, Señor, escucha con misericordia nuestros ruegos: abre para tu hijo(a) las puertas del Paraíso; concédenos a los que permanecemos en esta vida, la gracia de poder consolarnos mutuamente, con palabras de esperanza, hasta que lleguemos a Cristo y así podamos vivir siempre contigo y con nuestro hermano.
R. Amén.
Dale, Señor, el descanso eterno.
R. Y brille para él (ella) la luz eterna.
Que su alma, y el alma de todos los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz.
R. Así Sea.
Ahora, el féretro es llevado a la carroza para ser conducido al sepulcro, donde esperará la resurrección de los justos.
RITUAL DE EXEQUIAS