Elena Ojea Fernández Colmeiro dirige actualmente el Future Oceans Lab en el CIM-Universidad de Vigo, donde lidera investigaciones clave sobre sistemas marinos y cambio climático. Doctora en Economía y licenciada en Ciencias Ambientales, cuenta con una amplia trayectoria internacional, destacando su etapa en la Bren School (EE.UU.) trabajando en gestión pesquera sostenible con expertos de la UCSB. Tras su paso por el Centro Vasco de Cambio Climático, regresó a Vigo en 2016 para coordinar el proyecto CLOCK gracias a una prestigiosa ayuda ERC Starting Grant. Además, su relevancia en el sector la llevó a ser autora principal en el capítulo de Océanos del último informe del IPCC, consolidándose como una referencia en la adaptación de los ecosistemas marinos al calentamiento global.
—Usted se formó en múltiples sitios como en la Universidad de Salamanca, Universidad de Santiago de Compostela, el Centro de Cambio Climático Vasco y Universidad de California en Santa Bárbara. ¿Dónde y quién cree usted que le enseñó más a formarse como investigadora en temas como la relación del cambio climático y la biodiversidad marina?
—Yo creo que cada etapa y cada lugar en el que estuve me aportó lo que podría hacer en ese momento; por ejemplo, la Universidad de Salamanca me fue necesaria para tener una visión general sobre los problemas ambientales y, sobre todo, cómo es el funcionamiento de los ecosistemas y la relación con las personas y la gestión. Luego, el doctorado en la Universidad de Santiago me enseñó herramientas para aprender a hacer investigaciones, algo que es fundamental para mi trabajo. Por otra parte, en el Centro Vasco de Cambio Climático adquirí una formación en cambio climático y entendí mucho más en profundidad ese problema y el tipo de soluciones que puede haber, como la adaptación. En ese momento fue cuando empecé a tener experiencias internacionales en territorios mundiales; por ejemplo, en la India. Por último, en la Universidad de Santa Bárbara fue cuando me familiaricé con todo el tema marino y la sostenibilidad de los océanos. En resumen, mi estudio del cambio climático fue en el BC3 Research (Basque Centre for Climate Change) y el medio marino fue en Santa Bárbara sobre una base que ya tenía.
—Para explicar el cambio climático nos tenemos que remontar a sus orígenes. Según National Geographic, desde 1993 el nivel del mar ha aumentado 23 centímetros, la acidificación ha sido del 30% y las temperaturas del agua han aumentado 0,4 grados. ¿A cuándo cree usted que se remonta la fecha donde empezó todo y cuáles son los principales agentes que provocan este incremento?
—Poner una fecha para esto es complicado. Los científicos climáticos lo que hacemos es comparar este siglo con la era pre industrializada, antes de 1900, y lo que llevamos a cabo es comparar el clima antes y después de la industrialización, porque sabemos que en esta es cuando empezó un proceso de emisión de gases con efecto invernadero muy elevado, que ahora sabemos que está dando lugar al cambio climático. Cuando empecé a estudiar esto, aún estaba en la universidad en los años noventa. Yo en el noventa y tres aún estaba en el instituto, pero en el noventa y ocho yo ya estaba en la universidad y, en esas asignaturas que tenía en la universidad, nos hablaban del cambio climático como algo que podía estar pasando, pero no se sabía por qué. Se veían algunos impactos, pero no había consenso científico de que estuviera causado por el ser humano y su actividad. Ahora, treinta años después, lo sabemos y está demostrado, y lo sabemos haciendo una comparación de la época preindustrial con el siglo veinte. Como decíamos, los impactos se van viendo desde los años noventa, pero ahora, a partir del 2020, están siendo muy evidentes y sabemos que cosas como eventos extremos, como olas de calor, lluvias más intensas y otros factores también son consecuencias del cambio climático. Cuando yo estaba en el BC3 no se sabía hasta qué punto los eventos extremos eran también por origen antrópico y ahora también eso está demostrado. Ya respondiendo más generalmente a tu pregunta: los impactos se ven cada vez más y desde los años noventa se empiezan a notar paulatinamente. Pero lo que nosotros llamamos atribución es que esos impactos están atribuidos al cambió climático antropogénico y lo sabemos desde hace menos tiempo.
—Usted dice que compara los climas antes y después de la industrialización. ¿Nos puede decir los cambios más relevantes y en qué afectan a los seres vivos y al ser humano?
—El cambio climático está afectando a la vida del planeta a través de varios factores. Una es lo que comentaba de un aumento de la temperatura global. Lo que quiere decir es que el clima se está alterando y tenemos de media temperaturas más altas. Además de eso, estamos teniendo eventos extremos tanto de calor, como de frío, como de precipitaciones y de huracanes. Todo eso se está haciendo más frecuente y más intenso. También está el problema de la acidificación y de la subida del nivel del mar. La subida del nivel del mar se debe al deshielo de los polos, pero también a una expansión térmica del agua debido al aumento de temperatura. Por lo tanto, a las especies les está afectando, teniendo que desplazarse. En las montañas vemos cómo determinadas plantas están creciendo cada vez más arriba porque ahí hace frío, y lo estamos viendo en el mar y en la tierra. Estamos viendo que en los climas extremos hay problemas con el agua: lugares donde hay sequías, lugares donde se acentúan los eventos extremos. El tema del nivel del mar está dando lugar a que, en las inundaciones marinas, lleguen más adentro en tierra, porque cualquier aumento del nivel del mar hace que, en un evento extremo, esa ola o marea tenga una capacidad mucho más grande que antes para invadir la tierra. Y esto todos lo vemos en las noticias y lo sabemos.
Por lo tanto, a las especies las está desplazando, les está causando un estrés fisiológico y les está generando cambios generacionales. Por ejemplo, los árboles florecen un poco antes o las especies migran antes. Para las personas todo esto repercute en los sistemas alimentarios, y la pesca y la agricultura se están viendo afectadas: especies que antes no necesitaban agua y ahora sí, más sequías en la agricultura o el problema de especies marinas que se alejan. Entonces, nos está afectando a la forma de alimentarnos y producir alimentación, y a la salud por los eventos extremos de calor. Al fin y al cabo, como afecta al ecosistema, lo que está pasando es que esos impactos humanos son desiguales. Cuando nos ponemos a ver lo que está pasando en el mundo, los grandes impactos al ser humano están pasando en mayor medida en los países más pobres, que, además, son los que menos han contaminado, y por esto hablamos de un tema que se llama la justicia climática. Y se habla de que es injusto que aquellos países que han contaminado menos, porque no se han desarrollado económicamente y son más pobres, estén sufriendo los mayores impactos. Lo que comentaba antes de las especies tropicales: si se van de los trópicos, ninguna nueva especie va a llegar allí y están perdiendo mucha biodiversidad marina. También le pasa a la terrestre, y todos los países de los trópicos sabemos que son más vulnerables y muchas veces son también los más pobres. Por lo tanto, lo que está haciendo el cambio climático es acentuar las desigualdades sociales y económicas.
—Usted nos ha explicado muy bien los efectos del cambio climático sobre los peces, los humanos y la pesca, que es la mezcla entre estos dos. ¿Nos podría explicar otros efectos sobre otros trabajos de personas que se dedican al mar y están variando?
—Hay especies que no son capaces de moverse como la anchoa o el atún. Si nos paramos a pensar especies que aquí pescamos como el pulpo, las almejas o los percebes, estas no pueden moverse 60 kilómetros por década y aquí, en Galicia, dependemos económica y socialmente de un montón de especies a las que llamamos bentónicas, que son las que viven agarradas al sustrato y en la arena o en la roca y no tienen esa capacidad de huir si se calienta el agua. También estamos viendo que les afecta la acidificación, porque las almejas o mejillones tienen que calcificar para generar sus conchas y en agua ácida no son capaces de hacerlo bien. Esto lo estamos viendo en Galicia donde el sector marisquero está siendo altamente impactado. Se ven eventos de mortalidad masiva, porque a veces tenemos cinco días de ola de calor en el mar y se ve como mueren las almejas y estas no son capaces de regenerarse. Este es otro ejemplo de cambio climático que tenemos aquí cerca y que está afectando mucho aquí, sobre todo a las mujeres, que son las principales encargadas de mariscar. En algunos lugares de los interiores de la ría de Vigo como Arcade o en la ría de Arousa están viendo grandes problemas globales que se ven aumentados por otros problemas locales. En el caso del marisqueo, al cambio climático se une el problema de las inundaciones en los embalses, que también afecta mucho al marisco. Esto aumenta el agua dulce y disminuye la salada cada vez que hacen grandes descargas los embalses debido a las inundaciones.
—En los últimos veinte años se ha producido más de un 50% de todo el plástico de la historia, y de ese porcentaje un 0,5% ha ido a parar al mar. ¿Qué opina usted sobre todos estos residuos lanzados al océano y qué hubiera hecho desde el principio sabiendo que esto iba a pasar, para poder frenarlo?
—No soy una experta en la contaminación de los plásticos, pero creo que la mayoría de la gente y las personas están concienciadas con que es un grave problema que no estamos siendo capaces de atajar. Desde el principio lo que debía haberse hecho es prohibir los plásticos o reducir su uso en la mayor medida posible. Hay sustitutos para el plástico, por lo que debería tener más fácil solución que el problema del cambio climático. A mí me recuerda al problema que tuvimos de los gases CFC, que son los que se descubrió que destruían la capa de ozono. Era un compuesto que se averiguó que afectaba a la capa de ozono del planeta y se consiguió prohibirlos a través de un acuerdo mundial, el protocolo de Montreal, en toda la industria y así solucionamos el problema de la capa de ozono. Con los plásticos se conseguiría hacer lo mismo. Quizá es difícil porque afecta al día a día de todo el mundo, pero tendría que hacerse algo así, drástico, consiguiendo no crear más inequidades sociales teniendo en cuenta a quién afecta. Pero habría que reducir su uso al máximo.
—La creación a gran escala de materiales que podrían llegar a ser contaminantes para el océano, comenzó hace poco, pero la acumulación de residuos en los océanos empezó hace bastante tiempo. ¿Por qué cree que se escogió al océano para albergar todos los residuos que el ser humano no era capaz de reciclar o almacenar, y cómo ha cambiado esto en los últimos siglos?
—Esta pregunta recoge un poco cómo hemos cambiado como sociedad y cómo vemos los ecosistemas. Antes se tiraban residuos al mar. En los años 70, con la proliferación de las centrales nucleares, el mar se veía como un sumidero y ni siquiera se sabía lo profundo que era. Tampoco se conocían las especies marinas de los fondos abisales, y este desconocimiento dio a entender la naturaleza como algo a nuestro servicio y llevó a usar eso como un basurero. Afortunadamente, eso ha cambiado y ahora vemos al océano como un ecosistema importantísimo para el equilibrio del clima y para servicios como la pesca. Además, creo que ahora se está cambiando la mentalidad aunque sigue habiendo malos usos del océano., Por esa razón se ha firmado el Acuerdo sobre la Diversidad Biológica Marina BBNJ,) que va a prohibir muchas de estas actividades.
—Partiendo del hecho de que tanto mis compañeros como yo tenemos unas nociones muy básicas sobre el hidrógeno, ¿podría explicarnos brevemente cómo funciona la creación de hidrógeno con algas?
—Tenemos un alga que recibe la luz convertida en electrones; estos, dentro de la célula, son la energía que necesita para activar la enzima hidrogenasa que produce el hidrógeno. El problema es que el oxígeno liberado en este proceso disminuye la producción de hidrógeno, por lo que en el laboratorio trabajamos en sistemas para mejorar esta producción intentando entender cómo quitar oxígeno de la célula, o buscar cómo la enzima en sí misma puede producir más hidrógeno. Estos son los retos que tenemos en el laboratorio para mejorar la producción.
— Usted lleva muchos años investigando y aprendiendo muchas cosas, como cambios en los océanos y economía ambiental; otra es el cambio climático. Aunque se esté trabajando en ello todavía, ¿de qué modo cree que todavía estamos a tiempo de frenarlo y qué deberíamos hacer cada uno de nosotros para parar o disminuir el cambio del clima?
—El cambio climático tiene una solución conocida de sobra, que es reducir al máximo la contaminación por gases de efecto invernadero. Como sabéis, están producidos por los procesos industriales, donde está el dióxido de nitrógeno, el CO2 y otros, pero también, por la industria alimentaria, por la agricultura intensiva, por el transporte, la construcción y la energía. Estos son los sectores que están generando todos esos gases que están calentando el planeta.La solución al cambio climático es que estemos concienciados y pedírselo a nuestros políticos, pero los que tienen la fuerza son los representantes que tenemos en nuestros países y son los que deberían ponerse de acuerdo internacionalmente para frenar los gases de efecto invernadero. Esto se ha intentado muchas veces. Está el Acuerdo) de París o el Protocolo de Tokio, pero luego siempre hay países que se salen o que no lo cumplen en los plazos establecidos. Nosotros como población tenemos que exigir eso a los políticos en primer lugar.
Por otra parte, a nivel individual sí podemos hacer cosas, pero no van a tener tanto impacto. Aún así, individualmente se habla del transporte restringido, reducir los vuelos y después una dieta basada en productos de proximidad y que reduzca el consumo de carne roja.
— A lo largo de su carrera ha investigado mucho sobre el cambio climático y sus efectos en los océanos y en la sociedad. A pesar de los avances científicos y de las medidas que se están tomando, ¿de qué manera cree que los gobiernos y la sociedad están actuando con la suficiente rapidez para afrontarlo?
—Yo intento ser positiva con esto, porque es verdad que hay mucho trabajo hecho. Tenemos la suerte de tener una comunidad científica unida que cada 7 años produce un informe internacional, donde nos cuenta toda la evidencia que sabemos del cambio climático;, tanto de impactos como de soluciones que funcionan. Y ahí yo tengo la suerte de haber podido participar en el último informe del IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático). En el lado positivo sabemos lo que hay que hacer, sabemos lo que funciona, sabemos que nos está pasando. Lo que falla un poco es la respuesta. Falla que hay un sector político que niega el cambio climático o que no le da importancia. Hay una industria que se resiste a cambiar su modo de producción. Al final, lo que el cambio climático requiere es un cambio estructural en el mundo, que tiene un coste de transacción que en general no está dispuesto a asumir. Yo soy positiva porque todavía tenemos una ventana de acción, que justamente en está década, la década más importante, es en la que podemos r evertir el impacto del cambio climático. Tenemos que comprometernos más como país a reducir las emisiones. Todavía podemos hacer algo y no está todo perdido. Por eso soy positiva. Pero tendríamos que tener compromisos más fuertes.
—A día de hoy aún hay gente que le quita importancia al cambio climático. ¿Qué opina sobre ello?
—Yo creo que tenemos que mejorar el trabajo de comunicación y ahí los científicos tenemos que mejorar porque creo que lo que pudo haber pasado, es que haya gente que se haya disociado del discurso científico porque le parezca muy complejo o porque no le guste o porque los científicos no nos hayamos comunicado bien y se están generando estas respuestas. Quizás los científicos tenemos que hacer una reflexión de si lo estamos haciendo bien, comunicándonos con la población. Pero creo que hay unas dinámicas internacionales que todos conocemos que, al final, tienen otros intereses económicos y políticos, y son capaces de decir que no existe el cambio climático con ningún tipo de argumento lógico. Luchar contra esto es un poco difícil, pero tenemos que encontrar la manera de convencer a la gente de que lo mejor para todos es mejorar la convivencia y un medio ambiente sano y equilibrado para todos.
—Antes usted nos ha dicho que se reúne un grupo de científicos y hacen un informe de manera internacional. ¿De qué manera nos informa y ayuda a las naciones del mundo?
—El informe habla de lo que está pasando con el cambio climático y qué podemos hacer. Es un texto enorme y lo que se hace es un documento de síntesis que se lleva a las Naciones Unidas para que todos los países lo aprueben. Allí lo han escuchado y aprobado. Estos informes son los que luego alimentan las negociaciones internacionales. Cuando antes hablaba del Acuerdo de París, este vino del informe anterior. Ahora yo estoy expectante a ver qué movimiento internacional hay ahora después del último informe que hicimos. Pero, como estaréis oyendo todo el rato a vuestros profesores o a vuestros padres, el mundo está cambiando un poco. Sin embargo, el cambio climático para algunos países importantes o ricos ya no importa. Yo no sé qué va a pasar, pero ojalá se consiga un nuevo acuerdo internacional que comprometa a la mayoría de los países a cumplir los objetivos, o que se refuerce el Acuerdo de París.
La directora del Future Oceans Lab en Vigo. | CEDIDA
—Usted ha estudiado muy bien los ecosistemas oceánicos. ¿Cómo cree que podemos ayudar a disminuir estas consecuencias las personas de esta generación?
—Yo creo que lo importante es concienciarse de los problemas ambientales que tienen los océanos y de las causas que tienen. Una vez que te conciencias, tú puedes tomar partido haciendo lo que puedes o exigiendo lo que es mejor a la gente que toma al final las decisiones. Vosotros como jóvenes, también tenéis un foro de participación internacional y a lo mejor también nacional donde podéis alzar vuestra voz con lo que penséis al respecto. Uno de los argumentos principales para luchar contra el cambio climático y mejorar los ecosistemas es pensar en las futuras generaciones. Ahí estáis vosotros que también tenéis una voz a nivel más práctico. Habría que mezclar la toma de conciencia, las discusiones de estos temas entre vosotros y el cuestionamiento de las cosas que os hacen críticos con lo que hacemos los mayores. Porque siendo críticos con lo que hacemos nosotros, podéis mejorarlo vosotros y hacerlo mejor. Para mí es fundamental que no penséis que no podéis cambiar las cosas.
—Usted ha dicho que ha participado en el proyecto CLOCK. ¿Podría explicar un poco más en qué consiste?
—El proyecto CLOCK consiste en que, teniendo en cuenta estos cambios de las especies marinas que son nuestros recursos para la pesca, seamos capaces de saber si nuestras soluciones de gestión espacial seguirán siendo útiles con el cambio climático. Es decir, si yo tengo un área protegida en un lugar, pero las especies de ese lugar se van a ir, hasta qué punto es útil ese hábitat natural. Por otra parte, si yo tengo un derecho territorial de pesca para una comunidad pero me dicen que solo puedo pescar en esta ría o en este trozo de ría teniendo en cuenta el movimiento de especies, hasta qué punto va a ser útil. En conclusión, lo que vimos fue en muchos casos que la conservación marina, aunque se estén moviendo las especies, siempre nos va a aportar un efecto positivo por el que pueden funcionar como zonas de refugio al tener muy buen estado ambiental. Sin embargo, muchas veces sí que vamos a tener que hacer redes de áreas marinas protegidas para que las especies vayan teniendo lugares seguros en los que reproducirse y seguir viviendo de manera saludable.
—A lo largo de su trayectoria científica ha analizado cómo el cambio climático afecta a los ecosistemas marinos y a las comunidades que dependen de ellos, además de investigar posibles estrategias de adaptación y sostenibilidad. Desde su punto de vista, ¿de qué manera pueden desempeñar un papel los océanos en la mitigación del cambio climático a nivel global?
—Los océanos han compensado las emisiones de gases de efecto invernadero mucho tiempo. Han funcionado como un tampón que regulaba el clima a pesar de lo que le estábamos mandando a la atmósfera. Pero ahora sabemos que esa capacidad del océano de regular el clima ya no funciona tan bien, porque hemos pasado del límite para la emisión de gases de efecto invernadero. Por lo tanto, el océano no nos puede ayudar tanto a compensar el aumento de los gases y por eso estamos viendo la acidificación y el aumento de temperatura que hace que las especies migren.
Si somos capaces de bajar las emisiones, podemos recuperar el rol que tenían los océanos, que era regular el clima de nuestro planeta. Y eso sería fundamental. En ese sentido son fundamentales para la mitigación de esos gases. Hay ahora unas tecnologías que se están explorando que sirven para inyectar CO2 y acumularlo en el fondo marino. Esas tecnologías todavía son muy preliminares y no sabemos muy bien qué riesgos pueden tener. Pero tampoco se sabe cómo de eficientes son y ahora mismo la comunidad científica no lo ve como una solución a largo plazo.
—Usted tiene más de quince años de experiencia como ambientóloga y experta en sostenibilidad de los sistemas socio-ecológicos marinos y adaptación al cambio climático. De cara al futuro, ¿de qué manera cree que el gobierno y algunas organizaciones contra el cambio climático deberían de trabajar para frenar sus efectos en los océanos?
—Debería de haber una comunicación y cooperación constante entre los organismos internacionales como la UNFCCC, que es el Consejo de Cambio Climático de las Naciones Unidas que también coordina el IPCC, que es el panel de científicos de cambio climático junto a los gobiernos. Los gobiernos deberían de mantener sus compromisos que ya firmaron, como el Acuerdo de París, donde los gobiernos se comprometieron a limitar las emisiones para que la temperatura global del planeta no suba de dos grados de media a final del siglo XXI, y para que se cumplan estos acuerdos tiene que haber un compromiso y confianza por parte de las Naciones Unidas en los organismos científicos y una apuesta firme de los gobiernos que también sea apoyada por la industria y por los lobbies económicos.
—Nuestro proyecto intenta analizar cómo el cambio climático afecta tanto a los océanos como a las comunidades pesqueras. ¿Cuáles son las cuestiones que más le importan a la hora de afrontar estos problemas ?
——Ahora mismo el principal problema del cambio climático para la pesca es que está habiendo una redistribución de especies marinas. Esto es, como la temperatura del agua marina está aumentando, las especies buscan mantener su temperatura natural con la que están acostumbradas a vivir y se van desplazando buscando aguas más frías. Y lo que está pasando es que las especies se están moviendo fuera de los trópicos hacia los polos a una media de 60 Km por década. Eso es algo que ya observamos, ya lo sabemos desde hace dos décadas o tres. Entonces, eso tiene muchas repercusiones. Imaginaros que las comunidades de las especies interaccionan con otras especies que antes no lo hacían porque se están moviendo. Otras especies no pueden moverse latitudinalmente y, entonces, se van a aguas más profundas. Por lo tanto, para la pesca esto quiere decir tener que salir a alta mar a pescar o tener que ir más al norte o perder un stock pesquero de sus aguas como está pasando en Europa con stocks como los de la caballa, la sardina o la merluza. Este es uno de los principales problemas que tiene la pesca por delante.
—Participó en muchos proyectos para ayudar a frenar estos problemas tan grandes que si no se solucionan podrán provocar un gran impacto en el futuro y llegar a ser catastróficos. ¿Qué es lo que le llevó a usted a crear y a colaborar en estos proyectos y cuáles fueron estos resultados de los que está más orgullosa?
—En investigación trabajamos por proyectos, porque nos permiten colaborar a nivel internacional sobre un mismo problema que a lo mejor no solo tenemos en Galicia, sino que también tenemos en otros lugares del mundo. Entonces, a mí siempre me motivó conocer las realidades de otros lugares y colaborar con gente de todos los países. Fue siempre una motivación para mí. Por eso me gusta trabajar en proyectos de investigación y por eso me gusta la investigación. El proyecto que puedo comentar es uno que me permitió venir a Galicia de vuelta. Es un proyecto de la Unión Europea que ya terminó y que se llama Proyecto CLOCK (Climate Adaptation to Shifting Stocks) que quiere decir adaptación a los impactos del cambio climático de los stocks en la pesca. Con él hicimos viajes a localidades donde estudiamos a fondo la pesca industrial. Grandes barcos que se van a pescar atún al Índico a África. Pero, por otra parte, también tenemos aquí en Galicia barcos que están en las rías o también las mariscadoras que directamente van a pie. En este proyecto estudiamos la red artesanal en Galicia, pero también en una localidad de México que se llama Nayarit y también en una localidad de Japón que se llama Shikoku, que es una isla. Y elegimos estos sitios porque los impactos del cambio climático eran un poco diferentes. En Japón eran muy altos, en México eran altos y en Galicia en ese momento eran menores . Entonces queríamos ver cómo los pescadores eran capaces de responder a diferentes intensidades de impactos del cambio climático. Y lo que vimos es que, cuanto más fuerte es el impacto del cambio climático en la pesca artesanal, más transformaciones hacen los pescadores y mariscadoras. O bien cambian de especies o, incluso, se organizan de otra manera en asociaciones o empiezan a diversificar sus modos de vida y trabajar en otras cosas., Sin embargo, también descubrimos que hay muchos mariscadores y mariscadoras que no son capaces de responder al cambio climático y siguen haciendo lo mismo aún perdiendo más del 50% de su renta. Por lo tanto, este resultado nos llamó la atención porque nos dice que hay lo que llamamos una trampa de pobreza y quiere decir que los impactos del cambio climático pueden generar una trampa de pobreza en la que la gente no es capaz de salir de ella y, si no les ayudamos desde las instituciones y desde las políticas, vamos a generar situaciones donde la población puede quedar muy vulnerable. Y muy impactada por el cambio climático. Con esto esperamos que se pueda apoyar a estas poblaciones que no saben, que no son capaces de adaptarse.
—¿Cree usted que los pequeños impactos al fin y al cabo hacen más daño al medio terrestre y a los océanos?
— Depende de qué impactos estemos viendo. Es una pregunta un poco difícil porque hay muchos tipos de impactos. Yo no sabría dar una respuesta sobre el que más daño hace, pero en lo que respecta al desplazamiento de especies marinas, sabemos que los impactos están siendo incluso más grandes en el mar para la redistribución de especies que en la tierra. De todos modos,creo que depende de los impactos de los que estemos hablando.