Beatriz Mouriño Carballido fue criada en un pequeño pueblo junto a la ría de Ferrol, creciendo con el mar como un escenario constante durante su infancia, un vínculo que acabaría marcando su trayectoria científica. Es licenciada en Ciencias del Mar, y participó en tres campañas de investigación en la Antártida: —2003, 2006 y 2009— a bordo del buque Hespérides, donde estudió desde la fauna del lugar, hasta el comportamiento del plancton en zonas afectadas por distintos tipos de corrientes. Allí mismo, presenció la aparición de nuevas especies, organismos de grandes tamaños y nuevos procesos oceanográficos únicos del lugar.
En la actualidad, su labor como científica se centra en el estudio del impacto del cambio climático en los océanos, y en el desarrollo de proyectos innovadores que combinan la oceanografía con las nuevas tecnologías. A partir de su experiencia en la Antártida, la propia investigadora explica que: “Las dos primeras campañas estaban relacionadas con el estudio de los bentos, que son los organismos que se encuentran en el fondo. La última campaña, la del 2009, estaba relacionada con el efecto de corrientes singulares que hay en esa zona, junto con el plancton microscópico”. Asimismo, destaca algunos de los hallazgos más relevantes de estas investigaciones, señalando que: “había fauna, se descubrieron muchas especies nuevas” evidencia de la enorme riqueza y particularidad de estos ecosistemas. Actualmente, trabaja en diversas iniciativas, como el proyecto MAGIC que busca aplicar inteligencia artificial para predecir mareas rojas y ayudar a la biodiversidad marina. A partir de esta sólida trayectoria científica y su compromiso con la investigación, profundizamos en su visión y experiencia a través de estas preguntas.
—Usted participó en una investigación en la Antártida, cuyo nombre es Hespérides, inspeccionando el agua marina. ¿Cuáles fueron las razones de esa expedición y qué se logró descubrir?
—Participé en tres campañas distintas en la Antártida. Hespérides era el nombre del barco en el que iba. Las campañas tuvieron lugar en el 2003, 2006 y 2009. Las dos primeras campañas estaban relacionadas con el estudio de los bentos, que son los organismos que se encuentran en el fondo. La última campaña, la del 2009, estaba relacionada con el efecto de corrientes singulares que hay en esa zona, junto con el Plancton, que consiste en organismos principalmente microscópicos que se encuentran en la columna de agua.
—En esa misma expedición, usted estudió la fauna marina y el agua del mar de Bellinghausen a distintas profundidades. ¿Qué información específica nos podría compartir sobre esos estudios realizados y cuáles son los principales causantes de los problemas que pudo descubrir allí?
—En la tercera campaña, en concreto, estábamos estudiando la zona de las islas Shetland, que se situaban al norte de la península Antártica. Allí, se encuentran unas corrientes específicas que se originan en esa área y generan una especie de remolinos de cientos de kilómetros. Por lo tanto, lo que procedimos a hacer fue estudiar el efecto de esos remolinos sobre las comunidades de plancton, fundamentalmente de fitoplancton; es decir, de algas microscópicas. Posteriormente observamos que las comunidades y las actividades de esos organismos eran diferentes dentro de los remolinos que fuera de ellos.
—Usted dijo que participó anteriormente en tres campañas, en la Antártida. ¿Qué diferencias hay entre las tres y en cuál aprendió más y por qué?
—En las dos primeras campañas la temática era completamente diferente, expliqué que estaban relacionadas con el estudio de bentos, es decir, esa fauna que vive próxima o fijada al sedimento. Por el contrario, la última estaba vinculada con el estudio de las corrientes y el plancton. Mi tema de investigación estaba mucho más ligado con la columna de agua y el plancton, con lo cual, las dos primeras campañas que trataban sobre el bentos, aprendí más, desde el punto de vista de que no conocía mucho sobre esa parte de los organismos. Luego hay otra cuestión: cuando estudiamos el bentos, los organismos son macroscópicos, por lo que los vemos a simple vista. Esa fue una campaña que resultó tremendamente llamativa: las muestras que recogíamos contenían mucha fauna y se descubrieron un montón de especies nuevas. Además, utilizamos diversos equipos, como distintos tipos de redes y dragas; todo lo que se extraía del fondo se veía a simple vista. Había organismos extremadamente vistosos. Otra particularidad de la Antártida, de la que no se sabe exactamente la causa, es que en ella habitan organismos muchísimo más grandes que en otras regiones. Se considera que esto se debe a las bajas temperaturas. Por ejemplo, había estrellas de mar enormes. Desde esta perspectiva, esas dos primeras campañas fueron bastante más atractivas. En cambio, la posterior estuvo asociada con el estudio del plancton. Como estos organismos son microscópicos, las muestras obtenidas no se observaban a simple vista; por lo tanto, desde ese punto de vista, la campaña resultó mucho menos espectacular.
—Ya sabemos que no solo ha explorado la Antártida, sino también otros océanos, ¿De qué manera crees que ha afectado esta contaminación las especies marinas y cuales son los problemas más importantes y por qué?
—Si pensamos en contaminación, hay diferentes fuentes. Por ello, los problemas a los que nos enfrentamos en zonas costeras son diferentes a los que nos enfrentamos en el océano abierto.
En zonas de costa tenemos desde metales pesados hasta excesos de nitrógeno que vienen asociados a muchas de las aguas fluviales y a las correntías. En cambio, en océano abierto, hay otro tipo de problemas que van desde las grandes islas de plásticos y microplásticos, hasta otros contaminantes que provienen de la atmósfera.
—Al aumentar el CO2 en el agua el pH baja y esto hace que disminuya la distribución del carbonato de calcio. Ante esta situación de acidificación, ¿De qué manera crees que los bivalvos pueden compensar los gastos de energía extra que les supone fabricar sus conchas?
—La verdad no lo sé. Lo que sabemos es que es controvertido, porque los organismos salen en diferentes zonas. Al bajar el pH, por un lado, disminuye la calcificación de esos organismos y, por lo tanto, afecta a todos los que tienen caparazones de carbonato cálcico. Luego, se disuelven las conchas que ya están formadas, muchas de las cuales están sedimentadas en el fondo del océano y en la columna de agua. Por lo tanto, esto provoca su disolución. De cara al papel del océano en el clima, esto es fundamental porque dichos cambios en los carbonatos regulan lo que se conoce como capacidad tampón; un proceso que actúa como una retroalimentación positiva. La cuestión es que, al acidificar el océano, disminuye la cantidad de carbonato cálcico. Esto hace que el océano sea capaz de captar menos CO2, pierda su capacidad para regular el pH y provoque un efecto mayor.
—¿Por que usted se interesó en la biología marina, este interés por la naturaleza oceánica, le surgió de pequeña?
—Pues supongo que es por que me crié donde me crié. Yo tuve la suerte de criarme en un pueblecito al lado de la ría de Ferrol, por lo tanto el mar siempre tuvo un impacto muy grande en mi infancia y en mi vida. Cuando llegó el momento de decidir lo que quería estudiar, no lo sabía. A mi me gustaba mucho la biología pero también la física y la química. Entonces en Vigo llevaba tres años con los estudios de ciencias del mar y me pareció que unía todo lo que me gustaba, el mar. Además era una carrera que no era ni biología ni me iba por la rama más biosanitaria y biotecnológica. Fué principalmente por lo que me decidí.
—El océano absorbe el 25% del CO2, pero el calentamiento actual intensifica la estratificación, creando una barrera que frena el ascenso de nutrientes. ¿De qué manera estima que los procesos de turbulencia a pequeña escala podrán mantener el flujo de alimento y la función del océano como sumidero en este escenario?
—Lo que preguntas está relacionado con el calentamiento del océano junto con el aumento de la estratificación y el hecho de que esta misma causa que el ascenso de nutrientes sea más difícil en ciertas regiones del océano.
Nosotros, en nuestro grupo de investigación, hemos visto que parte de esta turbulencia y de esta mezcla, que es necesaria para que los nutrientes asciendan desde el fondo hasta la superficie, puede estar asociada al movimiento natatorio de algunos organismos.
Sin embargo, no sabemos si este impacto ocurre en todo el océano y no somos capaces realmente de predecirlo. Nosotros lo hemos estado observado en una pequeña parte del océano, en particular, las rías gallegas. Imaginamos que este efecto ocurre en otras regiones del océano con las mismas características, pero no sabemos con fiabilidad cómo esto puede compensar de alguna manera el aumento de la estratificación debido al calentamiento global.
—El proyecto MAGIC busca modelizar el crecimiento del fitoplancton mediante variables biogeoquímicas, un desafío que la inteligencia artificial está empezando a resolver. ¿De qué modo cree que la integración de estos modelos de IA permitirá predecir con exactitud la aparición de mareas rojas antes de que afecten a los ecosistemas?
—Este es un proyecto que acabamos de comenzar y estamos teniendo las primeras reuniones. Efectivamente, pensamos que el problema de las proliferaciones nocivas se está incrementando, aunque no está claro si es un problema de que están aumentando o si es una cuestión de que cada vez muestreamos más el océano y tenemos más datos de lo que sucede. Este es un problema fundamental en las rías gallegas, debido a que cada año se producen cierres de grandes polígonos de bateas, con las consiguientes repercusiones económicas. Nosotros llevamos décadas tratando de saber cuáles son los últimos desencadenantes de este crecimiento de algas tóxicas. En el proyecto MAGIC, nos reunimos un grupo de oceanógrafos y oceanógrafas, relacionados con cuestiones más vinculadas con el plancton, junto con ingenieros e ingenieras estadísticos; todos esperamos poder aportar nuestro granito de arena. Por el contrario, no sabemos si tenemos suficientes datos para solucionar este problema.
El organismo responsable del cierre de los polígonos y la producción de mareas rojas es un dinoflagelado que es mixótrofo, que quiere decir que a veces se comporta como un alga, haciendo la fotosíntesis, o como un animal, cazando. Por lo tanto, el organismo responsable de estas proliferaciones en este sistema tiene este modo nutricional, y a la hora de predecir cuáles son los factores que lo desencadenan es fundamental. Si se comporta como un alga, nos tenemos que preocupar principalmente en predecir su crecimiento con la luz, los nutrientes y la temperatura. En cambio, si en determinados momentos caza, también nos debemos de preocupar de todas sus interacciones biológicas, como sus presas. Por lo tanto, como no acabamos de comprender todas estas interacciones, aún estamos lejos de ser capaces de predecir este aspecto. Predecir su comportamiento como un alga es mucho más sencillo que predecirlo cuando se comporta como un animal, que es mucho más complejo.
En conclusión, esperamos que con MAGIC podamos avanzar con ciertas cuestiones como por ejemplo la particularidad de la ría de Pontevedra. Obviamente, no resolvemos todo el problema, pero intentamos aportar un poco más de conocimiento.
—En la actualidad, hay gobiernos como Estados Unidos que han abandonado acuerdos internacionales produciendo una excesiva cantidad de CO2. ¿De qué forma cree que esta contaminación puede afectar a la biodiversidad marina y qué le parece esta decisión que tomó este gobierno?
—Evidentemente, esto es un paso para atrás. Cuando observamos los registros de emisiones de dióxido de carbono, las cuestiones a nivel global tienen una repercusión clara. Por ejemplo, en la época de la pandemia se ve una ralentización en este incremento. Luego, existe otra cuestión, y es que si ahora nosotros tomáramos una medida de reducción de emisiones, el sistema tardaría muchísimo tiempo en recomponerse y asimilarlo. Por lo tanto, si nosotros redujeramos las emisiones, la concentración de CO2 seguiría aumentando. Por otra parte, si no hiciéramos nada, sabemos que la temperatura del planeta y la acidificación del océano seguirán aumentando y en la actualidad hay muchísimas evidencias científicas de la repercusión que esto tiene. Sin lugar a dudas, esto es un paso atrás.
—El cambio climático está trayendo a Galicia lluvias extremas. ¿Cómo cree que afecta a la disminución de la salinidad a especies marinas como la almeja o el berberecho?
—Sabemos que están aumentando los eventos de lluvias extremas. No es tan fácil saber realmente si está relacionado con el cambio climático o no, porque no tenemos suficientes datos. Al menos, si lo que pasa exactamente en Galicia está asociado al cambio climático, no lo sabemos. Sí que hay una tendencia de esos aumentos de lluvias extremas. Lo que se está viendo, sobre todo en las partes internas de las rías, es que eso provoca unas disminuciones de salinidad muy grandes y está afectando muchísimo a los bancos marisqueros. Hay ciertas especies en las que las mortalidades son enormes. Entonces lo que se está viendo sobre todo en esas partes internas, es que la mortalidad aumenta.
—Tecnologías como la Inteligencia Artificial están avanzando muy rápido en estos últimos años. ¿Qué innovaciones cree usted que pueden ayudar a la protección y conservación de la biodiversidad marina?
—La Inteligencia Artificial realmente, cuando nosotros la aplicamos, abarca una serie de técnicas estadísticas que se llevan utilizando durante muchísimo tiempo y que nos ayudan en diferentes escenarios, por ejemplo, en dos aspectos: uno es predecir qué es lo que puede ocurrir en el futuro porque también al tener mucha más capacidad de cálculo computacional, podemos utilizar modelos cada vez más complejos, que tengan cada vez más variables y que nos ayuden a predecir qué es lo que va a ocurrir en el futuro. Por un lado está el hecho de predecir. Si ponemos de ejemplo las proliferaciones de fitoplancton tóxico, lo que nos gustaría es ser capaces de predecir, -aunque es algo que hoy no somos capaces-, que dentro de cinco días va a haber una proliferación de fitoplancton. De este modo, con cinco días de antelación podemos alertar al sector, en este caso a los polígonos de bateas, y ellos podrían decidir recoger el mejillón antes de que los polígonos se vayan a cerrar. Entonces, por un lado está la predicción, y por otro lado está que estos tipos de modelos estadísticos nos ayuden a entender las causas, y a saber cuáles son los factores que al final influyen en un determinado proceso. Podemos hablar de un determinado proceso separado, como pueden ser las proliferaciones de fitoplancton tóxico. Pero también podemos tener en cuenta diferentes factores al mismo tiempo, como, por ejemplo, por la acidificación o el aumento de temperatura, tener en cuenta todos esos factores y ser capaces de predecir qué es lo que va a ocurrir. En este sentido, podremos predecir y entender cuáles son las causas.
—Usted dijo que el suceso de la muerte de las almejas y los berberechos no está causado por el cambio climático. ¿Por qué está causada de forma más concreta en las rías gallegas?
—No dije que no estuviera, en general. Pero con todos los sucesos, es difícil relacionar eventos concretos con el cambio climático, y por una cuestión: porque, cuando pensamos en la Tierra y en la biosfera, el sistema es tremendamente complejo y hay muchos procesos que tienen variabilidad natural. Entonces, cuando vemos un evento concreto, por ejemplo, el incremento en un año o dos de incendios forestales, sabemos que eso concreto que pasa en Galicia es debido al cambio climático. Por otra parte, sabemos que a nivel global en el planeta, con el incremento de la temperatura, aumentan los incendios forestales.
—Usted en una entrevista en El Faro de Vigo habló sobre un experimento llamado proyecto MAGIC, que trata sobre la productividad de las rías y las mareas rojas, que desarrolló junto a Nora Villanueva y Marta Sestelo. Allí comentan que recurrieron a la Inteligencia Artificial. ¿De qué manera la utilizaron y qué resultados obtuvieron en ese caso particular?
—Aún no puedo hablar de resultados porque el proyecto acaba de arrancar, ya que comenzó este año. Entonces, aún estamos en la fase de incorporar al personal que contratamos. Estamos justo a la vuelta de vacaciones de Semana Santa, tenemos las reuniones de organización de las tareas, con lo cual, aún no os puedo contar los resultados.
—Aunque no pueda hablar de los logros, ¿qué resultados cree que va a obtener?
—Una de las cuestiones principales que a mí me gustaría resolver, que es algo que llevamos décadas tratando de explicar, es por qué la ría de Pontevedra es lo que llamamos un epicentro de toxicidad. Se denomina así porque hay ciertos polígonos de bateas, por ejemplo, la zona de Bueu, que están cerrados 300 días al año. Eso quiere decir que en Galicia tenemos un sistema de monitoreo que está realizado por una institución llamada INTECMAR, que todas las semanas recoge muestras en las diferentes rías: muestras en la corona de agua o en el sedimento y analizan el número de células que son potencialmente tóxicas. Es decir, que analizan las toxinas. Y, en función de estos datos, determinan si los polígonos y las zonas de marisqueo están abiertas a la extracción o no. Hay una zona en Pontevedra que acumula muchísima toxicidad y hay ciertos polígonos que están cerrados 300 días al año y no se puede extraer debido a la acumulación de esa toxina. Entonces, una de las cuestiones que a mí me encantaría resolver es a qué se debe esta toxicidad. Creemos que está relacionada con que la ría de Pontevedra presenta particularidades desde el punto de vista de las corrientes que hay allí, pero no lo sabemos. Esa es la hipótesis que nos formulamos.
—Hemos visto que usted ha participado en un ciclo de conferencias llamado “Café con Sal”, que trata sobre la relevancia de las medidas de turbulencia, y que para esto utiliza los resultados de los proyectos “CHAOS” y “Remedios”. ¿Puede explicarnos de qué trata esta propuesta y cómo la va a desarrollar?
—Eso fue en el grupo de investigación. Una de las cuestiones que estudiamos es la turbulencia de pequeña escala. Si os imagináis una corriente de un río, esos remolinos que se van formando, son cada vez más pequeñitos. Entonces en el océano tenemos turbulencia y remolinos de gran escala que tienen cientos de kilómetros, y luego hay remolinos cada vez más pequeñitos que realmente no los vemos, porque son escalas de centímetros. Pero eso tiene una gran influencia en los factores que influyen en las poblaciones microscópicas del fitoplancton, porque afectan al ascenso de nutrientes desde el fondo, al tiempo que las células pasan en una determinada columna de agua. Por lo tanto, no es lo mismo, ya que si la turbulencia es muy alta, van a estar subiendo y bajando. Si la turbulencia es baja, se quedan en la posición de la columna de agua, con lo cual, esa turbulencia de pequeña escala tiene un papel fundamental en los recursos que les importan a estas algas microscópicas del fitoplancton. Entonces, en esa investigación lo que hicimos fue juntar datos que teníamos de diferentes zonas del océano en lugares productivos, como las rías, y otras zonas menos productivas como el océano abierto. Por esa razón, lo que hicimos fue tratar de ver cómo las diferentes condiciones de turbulencia afectan a las distintas condiciones de luz y de nutrientes, y cómo eso afectaba a que dominaran unos grupos de algas, unos grupos de fitoplancton u otros grupos de fitoplancton. Esto a su vez tiene una gran repercusión, por ejemplo, en el funcionamiento del océano y en el clima; porque no es lo mismo que dominen un tipo de microorganismos que otros, con distinta capacidad de captación de CO2. Unas captan más dióxido de carbono, las cortan hacia el fondo, y otras no. Entonces, lo que queríamos ver es cómo esa turbulencia de pequeña escala con datos de diferentes zonas del océano afectan a esos recursos, y eso influye en que dominen unos grupos u otros.
—Sabemos que las algas son uno de los organismos más importantes de los océanos y que son al mismo tiempo organismos muy sencillos y sensibles. ¿Cómo cree que se vería afectada la biodiversidad marina en las costas atlánticas si estas disminuyeran o desaparecieran por contaminación ambiental?
—Si desaparecieran tendríamos problemas muy grandes. A estas algas les debemos la producción de la mitad del oxígeno que respiramos. Desde este punto de vista tendríamos un problema. Por otro lado, estas algas microscópicas y macroscópicas son la base de todas las cadenas tróficas marinas, con lo cual gran parte de los recursos que utilizamos, como el consumo de pescado, al final se basa en la existencia de estos niveles tróficos que sustentan todas esas cadenas tróficas.
Entonces, tendríamos un gran problema desde el punto de vista del oxígeno y del carbono como recursos.
—En estos tiempos las personas están bastante despreocupadas por la protección de nuestros océanos. ¿Cómo cree que se podría concienciar y animar a las futuras generaciones a proteger la biodiversidad marina?
—Supongo que para concienciar realmente a la población de la necesidad de estos ecosistemas lo que hace falta es más divulgación científica, es decir que la sociedad conozca realmente el valor que tienen estos ecosistemas.
Yo pienso que para concienciar a la sociedad son necesarios más conocimientos. Igual que en las campañas de divulgación.
— ¿Cuáles son sus principales retos y proyectos para el futuro?
—En estos momentos tengo en la cabeza el tema de entender las rías gallegas y los problemas que les afectan. Esto es lo que más me apetece en estos momentos y va en dos líneas: una es entender lo que controla. Son uno de los ecosistemas más productivos del planeta, similares a los bosques tropicales, pero no acabamos de entender por qué son tan productivas.
Sabemos que es debido a que están situadas en una zona de afloramiento. Pero no acabamos de entender por qué son más productivas que otras zonas de latitudes similares. Por ejemplo la zona de Portugal, que tiene afloramiento, pero no tiene rías. Y otra cosa que no entendemos es que controla estos cambios de productividad, porque sabemos que cambia cada estación y cada día, y que también cambia a lo largo de los años, pero no sabemos qué es lo que lo controla.
Entonces esa es una de las cuestiones que me gustaría resolver junto con la problemática de las proliferaciones de las enzimas y los microorganismos nocivos.