Bruno Díaz López (Ferrol, 1976) es un científico con más de 30 años de experiencia en la investigación de cetáceos y fundador del Bottlenose Dolphin Research Institute (BDRI). Ha publicado numerosos artículos científicos en revistas y ha impartido conferencias internacionales y charlas públicas sobre investigación y conservación de cetáceos en todo el mundo. Sus principales intereses de investigación incluyen la ecología del comportamiento, la comunicación de los delfines y los impactos de las actividades humanas sobre los mamíferos marinos. Desde que comenzó a estudiar los mamíferos marinos en 1995, ha realizado investigaciones en el océano Atlántico, el Golfo Pérsico y el mar Mediterráneo. Es doctor en Ecología y en Biología Evolutiva por la Universidad de Burdeos y anteriormente estudió Biología en la Universidad de Santiago de Compostela y en la Universidad de Vigo.
El biólogo muestra una gran preocupación por el impacto que las actividades humanas están teniendo sobre los ecosistemas marinos y destaca la importancia de seguir investigando porque “cuanto más conocemos una especie, más preparados vamos a estar para poder conservarla”. El investigador también habla sobre cómo la contaminación acústica afecta a los cetáceos: “Los motores de los barcos hacen mucho ruido y eso es un impacto que estamos viendo y está presente”. También trató temas como la contaminación por plásticos, la sobrepesca o el desplazamiento de especies por el calentamiento global, afirmando que está transformando la vida marina y obligando a animales a cambiar sus rutas y zonas de alimentación, ya que: “si permanecen en sus lugares de alimentación, pueden tener un futuro más tranquilo”.
—Después de una larga trayectoria dedicada al estudio de los cetáceos, con numerosas investigaciones y publicaciones científicas, las cuales fueron llevadas a cabo tanto en el mar Mediterráneo como en el Atlántico, usted decidió asentarse y crear su propio instituto de investigación. ¿Cómo de difícil le resultó crear una asociación que, posteriormente cobraría cierta importancia en el mundo de la ciencia y cómo fue el proceso de su creación?
——Como muchos trabajos que se llevan a cabo cuando uno tiene pasión, interés y realmente le gusta lo que hace: pone todo el esfuerzo. En este caso, he intentado esforzarme al máximo, hacer mejor las cosas, y poco a poco he ido recogiendo los frutos del trabajo que se hace cada año. No ha sido fácil, pero ahora estoy muy orgulloso de todo el esfuerzo y las labores hechas anteriormente.
—¿De qué manera quiso dedicarse al estudio de los cetáceos?
—Simplemente porque soy de Ferrol y cuando iba a la playa de niño tuve la ocasión de ver delfines y siempre me gustaron; por lo tanto, como me gustaban los animales, estudié zoología; por eso estudié también los delfines y las ballenas. Así que es cuestión de interés y querer hacer el trabajo.
—En esos 21 años usted y su equipo han realizado numerosos estudios y proyectos, como es Balaenatur, un estudio sobre las 5 grandes especies de ballenas avistadas en aguas gallegas. ¿De qué forma cree que ha ayudado a poder entender mejor las conductas y la forma de ser de estos mamíferos marinos, concretamente del rorcual azul?
—Cuando hacemos estudios científicos es importante aumentar el conocimiento. Cuanto más conocemos una especie, más preparados vamos a estar para poder conservarla. La ballena azul es el animal más grande que ha existido y existe en el planeta, y a mucha gente le sorprendió que la pudiésemos ver aquí, en Galicia. Cuando la gente piensa en ballenas azules, le vienen a la cabeza otras partes del planeta muy lejanas a nuestras costas, y eso ya es un paso importante, porque si la gente es consciente de la existencia de estas grandes ballenas en nuestro litoral, va a poner su granito de arena en la conservación, tanto de las zonas costeras como del lugar donde viven las ballenas.
—Desde los años 90 los científicos han observado un aumento de 0,6 Cº en la temperatura de los océanos. ¿Cuáles cree que son las causas de ese aumento y cómo puede afectar a los cetáceos?
—Hace muchísimos años que se que se tiene conocimiento de un aumento de la temperatura, que no solo es a nivel del planeta en general, sino también de las aguas de los océanos. Uno de los factores principales es la contaminación, pero también el efecto invernadero y el cambio climático. Estos son diferentes aspectos que están provocando que las características de los mares cambien y eso condiciona a los cetáceos porque también su alimento se desplaza. Se suelen alimentar en muchos casos de peces o de pequeños organismos como crustáceos o gambitas, y esas gambitas que viven en aguas frías, cuando el agua se calienta, se mueven a otras zonas y eso va a provocar que ellos también emigren y se vayan a vivir y a alimentarse a otras zonas. De ese modo, cambia su tipo de vida.
—En el 2017 Global Change Biology publicó un estudio sobre el aumento del tráfico marítimo y el ruido marino. ¿De qué manera cree que eso podría influir en la vida y la comunicación de los cetáceos?
—La contaminación acústica y el tráfico marítimo es un problema. Nosotros tenemos ahora un proyecto europeo que estamos llevando a cabo con otros institutos de toda Europa para ver esto. No solo es un peligro para las ballenas, porque los grandes barcos a veces no las ven y las atropellan, sino que también el ruido que emiten les molesta porque no pueden comunicarse entre ellas. Los motores de los barcos hacen mucho ruido y ese es un impacto que estamos viendo y está presente. Afecta a la vida de los animales porque los estresa, les molesta, igual que a nosotros no nos gustaría que se pusieran a taladrar en medio de una clase porque haría mucho ruido. Con ellos es muy parecido.
—Usted antes mencionó que está en un proyecto europeo con otros institutos. ¿Nos podría explicar un poco más sobre este proyecto y cómo va a ayudar a las especies marinas?
—Es un proyecto que está centrado en el tráfico marino y el impacto sobre las majestuosas ballenas. Estamos haciendo pruebas de cámaras térmicas sobre todo en las Islas Canarias porque hay un problema con los Fast Ferrys, que son los barcos de pasajeros que van rápido y que conectan unas islas con otras y que, desafortunadamente, cuando los cachalotes flotan y los barcos pasan, los matan. Por esto, para evitar las colisiones, se está probando un sistema de cámaras térmicas que permitan detectar rápidamente la presencia del cachalote durmiendo y que automáticamente avisen al capitán o al piloto de que tiene que modificar la trayectoria para no atropellarlo. Así que, si esto sale adelante, podría ayudar mucho a estos animales.
—Usted ha remarcado que hizo una investigación para profundizar el conocimiento de los delfines. ¿Por qué investiga animales conocidos cuando hay numerosas especies que no han sido investigadas por expertos?
—Simplemente, porque me gusta estudiar estos animales. Son muchos años los que llevo estudiando y, cuanto más tiempo le dedicas, mejor los conoces. Pero también te das cuenta de que, aunque son conocidos, no sabemos nada sobre su vida y que tenemos que aprender mucho más. Cuando estudias estos animales te das cuenta de que quieres seguir investigando más.
—Añadió que los animales se desplazan por el ruido del motor de los barcos. ¿Investigó algún otro efecto que provocase otro impacto en los animales?
—Hay muchas actividades humanas que generan impacto como la pesca, la acuicultura, el tráfico marítimo, el turismo o las embarcaciones turísticas. Son muchos los factores, como el desarrollo de la energía eólica marina. Además, existen muchas acciones que provocan variaciones en el ecosistema marino y también afectan a los delfines y ballenas.
—El calentamiento de los océanos es un fenómeno que ha alcanzado niveles récord. El océano actúa como el principal regulador térmico del planeta, absorbiendo más del 90% del exceso de calor, debido a las emisiones de efecto invernadero. ¿De qué manera les afecta el calentamiento de los océanos a mamíferos como los arroaces o ballenas?
—El calentamiento les afecta de forma diferente porque tienen una dieta distinta. Lo que afecta del calentamiento global, sobre todo, es que va a impactar en la dieta de muchos mamíferos. Por ejemplo, los arroaces se alimentan de pulpos y peces y no experimentan tanta molestia como las ballenas. Por lo tanto, les molesta menos porque se adaptan, y no tienen problema porque si no comen una especie, comen otra. Las ballenas se alimentan principalmente de krill, que es una gamba muy pequeña, la cual está muy determinada por la temperatura del agua. Si la temperatura del agua cambia, hay más o menos cantidad de krill; por lo tanto, va a haber más o menos alimento y eso está provocando que se desplacen a otras zonas para alimentarse.
—Un grupo de orcas interactúa agresivamente con veleros en el Estrecho de Gibraltar y en la costa de Galicia, rompiendo timones y, en algunos casos, llega a hundir embarcaciones sin que se hayan producido heridos humanos. Si las orcas atacan las embarcaciones, ¿por qué no muestran el mismo comportamiento hacia las personas?
—El comportamiento que hemos visto ya desde el año 2020 en este grupo de orcas que visita nuestras costas todos los años es un tipo de entrenamiento para la caza de atunes. Los timones de los barcos de vela son grandes, son muy atractivos y, al igual que vosotros os ponéis a jugar con los amigos con una pelota, ellas se ponen a jugar con los timones. Lo que ocurre es que las orcas son muy grandes, muy fuertes y rompen los timones, sobre todo de los barcos de vela. El año pasado estuvimos hasta 8 horas con uno de estos grupos de orcas y, al final, cuando nos fuimos, una de las jóvenes que ya sabíamos que era un poco problemática, decidió venir a golpear el barco. Evidentemente, eso asusta y es un peligro para la navegación porque puede provocar la rotura del timón. Si es un barco de vela, puede romper fácilmente. En nuestro caso no era así, pero también han llegado a hundir embarcaciones, porque al romper el timón se produce a veces una vía de agua y entra dentro del barco y así se hunde, por lo que hay que tener mucho cuidado. Es un comportamiento que están realizando ejemplares jóvenes , pero que se ha convertido en una moda y se lo están pasando bastante bien a costa de los barcos que surcan las aguas de la península ibérica; de España, Portugal, hasta el estrecho de Gibraltar.
—Usted habló sobre cómo una orca atacó su barco. ¿Podría dar más detalles sobre lo ocurrido?
—Estábamos haciendo un seguimiento de ese grupo de 7 ejemplares que estaban alimentándose y, cuando decidimos marcharnos, la embarcación empezó a moverse y generó una atracción. Si tú estás jugando o mirando a unos perros, si echas a correr, seguramente empiecen a correr detrás de ti. Nos fuimos y una de las orcas, a las que sabemos que les gusta hacer este tipo de juego, en cuanto vio que el barco se movía, le llamó la atención, nos siguió y se puso a golpear el barco. En ese momento mantuvimos la calma porque sabíamos que nuestra embarcación es de metal y no tiene por qué sufrir daños, pero sí detuvimos el barco y esperamos a que ella se alejase un segundo. Después arrancamos y nos fuimos a toda velocidad, porque no podía suponer un peligro para el barco y todos los que van a bordo.
—Las anillas plásticas de los six-pack acaban a veces en el mar donde los animales marinos se quedan atrapados en los huecos o los ingieren. Se estima que 100.000 mamíferos marinos y tortugas mueren anualmente por la contaminación general de plástico y una parte está causado por las mencionadas anillas. ¿Usted cómo cree que se podría solucionar el problema de la contaminación por plásticos?
—Es un problema generalizado. Desafortunadamente, el plástico no desaparece, no se destruye, pero se van a quedar los microplásticos que también se van a comer los animales y les van a hacer daño. Es importante darse cuenta de que es nuestra responsabilidad, porque somos nosotros los que aportamos el plástico en el medio natural. Por lo tanto, hay que evitar tirar plásticos, ser responsables, tratar de reciclar y reutilizar al máximo porque, evidentemente, ese plástico va a acabar en algún sitio. Por lo tanto, si es posible, siempre hay que tratar de reciclarlo.
—Usted dijo que el plástico no desaparece. ¿De qué manera cree que podríamos solucionar ese problema?
—Usando menos plástico. Es verdad que cuando vamos a comprar al supermercado, desafortunadamente, todavía hay muchos productos envueltos en plástico. Pero, si podemos elegir, siempre es mejor buscar fruta o verdura que no está dentro de una bolsa de plástico o de un paquete de plástico, porque ahorramos y usamos menos plástico.
—A día de hoy no se conoce ni la mitad de especies marinas. ¿De qué modo cree usted que que tal vez no salgan a la superficie por la contaminación?
—Muchas no van a salir a la superficie porque viven en el fondo del mar y no conocemos bien el fondo del mar. Piensa que pronto se va a intentar volver a la luna, mientras que el fondo marino todavía casi se desconoce. Hay muchas zonas del fondo de los océanos donde nunca ha habido un submarino porque no interesan. Pero hay muchas especies desconocidas que viven ahí y que, afortunadamente para ellos, a lo mejor no sufren ningún impacto, pero van a estar muy lejos de nosotros. Por lo tanto, no van a subir a la superficie porque están bien donde están.
—Indicó usted en una entrevista que la cantidad de ejemplares de ballenas azules y rorcuales está aumentando. ¿Cuáles cree que son las medidas que están ayudando a que esto suceda?
—Los periodistas, a veces, también se equivocan y cuando les comentamos algunas cosas, interpretan de forma incorrecta nuestros datos. En Galicia hemos visto que hay ejemplares jóvenes de ballenas azules que están volviendo a alimentarse aquí. Tenéis que pensar que esta era una zona ballenera y que se cazaban ballenas hasta el año 1985. Luego, como consecuencia de la caza, el número de estos animales quedó muy reducido. Lo que está ocurriendo es que las nuevas generaciones de ballenas de pocos años de vida están comenzando a regresar a zonas de alimentación que antes posiblemente habían ocupado sus madres y sus abuelas en el pasado. Por lo tanto, estamos teniendo la suerte de poder volver a poder contar con la presencia de estos animales. No es que esté aumentando el número. Considerad que una ballena va a vivir 100 años y, por lo tanto, un ejemplar que vivía en el año 85, hace 40 años, todavía va a estar surcando el mar y posiblemente sus hijos, sus nietos e incluso bisnietos puede que ya estén en nuestras aguas.
—¿De qué manera se consigue localizar a las ballenas en los océanos y mares?
—Hay diferentes técnicas; la técnica tradicional, que es estar a bordo de una embarcación con unos prismáticos y buscarlas. Actualmente, contamos también con otras técnicas más sofisticadas que el ojo humano, como puede ser el uso de hidrófonos, que son unos micrófonos que metemos debajo del agua, que pueden detectar sus sonidos. Y actualmente, también estamos probando nuevas técnicas que consisten en cámaras de infrarrojos que pueden detectar también a larga distancia la presencia de estos animales cuando salen a respirar a la superficie, entre otras formas.
—Usted mismo dijo que las especies se mueven para poder alimentarse, ya nos ha explicado cómo le afectan a ellos, pero ¿de qué manera puede afectar esta migración forzada a los humanos, principalmente en la pesca?
—Donde antes se pescaba mucho, ahora se pesca menos. El principal motivo es la sobrepesca, pescamos más de lo que deberíamos, que sumado al cambio climático, provoca que especies de peces se marchen porque las condiciones del agua no son adecuadas para ellos, y prefieren ir a otro lugar. Así que va a tocar ir a pescar a otro sitio, diferente al que se pescaba anteriormente.
—¿Cómo cree que se puede solucionar la destrucción de ecosistemas que se provocó con la sobrepesca tantos años?
—Es complejo. Son necesarias las medidas de gestión pesquera. En estos casos se trataría de aliviar la carga de la sobrepesca sobre sus ecosistemas, es decir, tratando de pescar un poco menos las especies que se vieron afectadas y otras que también pueden estar relacionadas con las que están desapareciendo, para así facilitar su recuperación. Pero es importante regular la pesca hasta cierto punto, de modo que no se sobrecarguen determinadas zonas donde hay especies que pueden sufrir mucho.
—En su página web afirma que se prevé que el cambio climático y las actividades humanas tendrán bastantes efectos sobre la biodiversidad marina en España, que serán particularmente graves en especies de carácter migratorio, como la ballena azul, y en aquellos ecosistemas, como la costa gallega, caracterizados por su gran biodiversidad y gran presión antrópica. ¿Cómo cree usted que evolucionará esta situación de aquí en adelante?
—Es complejo. Como decía antes, va a haber especies que sepan adaptarse a los cambios rápidamente, como los arroaces, y otras que posiblemente abandonen nuestras aguas; u otras especies que vengan a alimentarse más porque en otras zonas hay menos alimento. Estamos trabajando en una publicación que trata sobre el efecto del cambio climático en las grandes ballenas y estamos viendo que en uno de los modelos, dentro de 100 años, pueden aumentar las ballenas en Galicia; por lo tanto, tendremos más ballenas por el cambio climático, pero va a haber menos en otras zonas.
—En el equipo del BDRI se lleva a cabo un muestreo sistemático que permite un seguimiento de las principales especies de ballenas que visitan la costa gallega. ¿De qué forma cree usted que esto se llevará a cabo en el futuro y cuáles son los retos principales de su equipo de investigación?
—Tengo la suerte de contar actualmente con un equipo de 6 personas, 4 chicas y 2 chicos. Todos ellos están participando en las tareas de seguimiento de las especies y, cuando contamos con financiación y posibilidad de realizar proyectos, llevamos a cabo investigaciones más específicas.