A pesar de las limitaciones legales, las redes sociales son usadas por los menores desde edades muy tempranas. Los adultos deben conocer las opciones de configuración de cada una de estas redes, así como las posibilidades y riesgos asociadas a ellas. Esta píldora formativa se centra en estos asuntos, con la finalidad de que los adultos puedan intervenir en la formación de los más pequeños en este ámbito.
Las redes sociales son una potente herramienta que nos permite mantenernos informados y en contacto con el mundo que nos rodea, lo que ha llevado a que cada vez más jóvenes a estar continuamente consultando, en todas partes, las redes sociales a través de su móvil.
Nuestros hijos pasan el día pegados a sus teléfonos móviles y una gran parte de este tiempo lo emplean en conectarse a redes sociales, en las que han encontrado un aliado perfecto para comunicarse con su entorno y socializar.
Para conocer qué es en realidad una red social, pincha en la imagen de la izquierda (El Rincón del Networker, ¿qué son las redes sociales?).
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Adolescentes y redes sociales se ajustan como anillo al dedo, debido a las características físicas, emocionales, sociales e intelectuales en las que están inmersos los adolescentes. Lo que les ofrecen las redes sociales es en realidad lo que necesitan: necesidad de socialización, pertenencia a un grupo, búsqueda de identidad, comportamiento poco reflexivo y atracción por el riesgo, satisfacción inmediata, rechazo y atracción por el mundo adulto, curiosidad y búsqueda de nuevas sensaciones, etc.
La lista de redes sociales es interminable. A estas alturas pocos nos extrañamos de que jóvenes de 11 y 12 años tengan grupos de Whatsapp o cuenta en Instagram, Snapchat o Facebook, cuando estas redes, que carecen de controles especiales de contenidos y abiertas a todo el mundo, no admiten usuarios menores de 14 años, edad mínima que establece la legislación española (artículo 13.1 del Reglamento de Desarrollo de la Ley Orgánica de Protección de Datos). Este artículo prohíbe a cualquier empresa o entidad registrar datos de menores de 14 años sin el consentimiento de los padres, y como estas redes sociales no tienen medios para recoger este consentimiento paterno, no sería legal que registraran a los menores de esta edad.
Sin embargo, también es cierto que los menores pueden engañar los débiles controles impuestos, simplemente cambiando la fecha de nacimiento a la hora del registro. Por tanto, la clave sigue siendo la supervisión paterna, la implicación de los padres y madres, la creación de un clima de confianza en el seno familiar que favorezca la educación de los menores en el buen uso de las redes sociales.
Si nos preguntamos cuáles son los usos que los jóvenes hacen de las redes sociales, pincha en la siguiente imagen de la izquierda (FAD. Jóvenes en la Red. Un selfie).
Las redes sociales están diseñadas para facilitar que los usuarios compartan con mucha facilidad la mayor cantidad de información posible, al margen de que dicha información sea privada o no. Por esta razón es muy importante que ayudemos a los menores a marcar los límites de la información propia que deben compartir y qué actitud tomar ante las publicaciones ajenas.
Cada red social tiene su propia configuración. Si queréis conocer cómo configurarlas, haced clic en los nombres de las siguientes redes sociales (FUENTE: OSIseguridad).
El hecho de que los menores utilicen las redes sociales para mantener contacto con sus amigos y compartir mensaje o imágenes no tiene nada de malo en sí mismo, pero no cabe duda que las redes se pueden también usar para acosar, amenazar, etc. Por ello debemos conocer sus riesgos. A continuación mencionamos algunos de ellos:
Adicción a las redes sociales: es muy frecuente que lleguemos a pensar que tienen una adicción a los medios tecnológicos porque su tiempo de conexión es bastante elevado. Sin embargo, no se pueden confundir ambos términos: la adicción es una patología, mientras que el elevado tiempo de conexión es un hábito desordenado o poco adecuado. Lo más frecuente es que los menores no sean adictos a las tecnologías, sino que necesiten educar sus hábitos de uso, siendo la población más vulnerable para caer en una adicción entre los 12 y 18 años.
Para evitar este riesgo lo mejor es educar los hábitos y tratar de evitar las prohibiciones repentinas, por un enfado puntual o por un mal comportamiento. Esta labor solo se puede realizar desde el diálogo y el acuerdo, consensuando unas normas claras que afecten a toda la familia.
Algunas ideas y pautas para hacer un uso adecuado de las redes sociales y evitar caer en la adicción podrían ser:
Indicar el objeto de uso de los medios digitales e indicar en qué periodos se pueden usar para el ocio y en cuáles para el trabajo o estudio.
Se pueden fijar dos o tres momentos al día, pero la suma total de los tiempos no debería llegar nunca a las dos horas.
El uso de los medios digitales no puede eliminar o disminuir el tiempo que el menor dedica a otras actividades saludables (deporte, música,…).
Debemos evitar el uso de internet como una manera de eliminar el aburrimiento.
Para llegar a ese acuerdo dentro de la familia, la plataforma Hijos Digitales propone que las familias firmen un acuerdo sobre el uso del móvil.
Ciberacoso (Ciberbullying): para considerar que existe ciberbullying o acoso por Internet deben darse las siguientes características:
o Se produce entre iguales, es decir, quien agrede al menor es otro menor o un grupo de menores.
o El comportamiento de los agresores es deliberado, aunque la intención de causar daño de modo explícito no siempre está presente en los inicios de la agresión.
o La agresión es repetida y se mantiene en el tiempo.
o La víctima sufre un deterioro de su autoestima y dignidad personal.
o Se usan medios digitales.
En estas situaciones hay tres tipos de participantes: víctima, agresor/es y testigo/s.
Una vez que la familia detecta que su hijo está sufriendo Ciberbullying, o si conoce un caso que se está produciendo, aunque no afecte a su hijo, debe informar lo antes posible al centro educativo. A partir de ahí, el centro debe poner en marcha un protocolo de actuación.
Sexting: consiste en el envío de contenidos de tipo sexual (principalmente fotografías y/o vídeos), producidos generalmente por el propio remitente, a otras personas por medio de teléfonos móviles. Hay que tener en cuenta que una fotografía íntima a través del teléfono móvil o las redes sociales supone perder su control. Para evitar llegar a esto, la prevención es fundamental y ante un caso de sexting hay que informar a la Policía o a la Guardia Civil.
El sexting surge en muchas ocasiones asociado a una relación de confianza extrema. Para prevenir las consecuencias negativas del sexting debemos basarnos en tres normas básicas, en las cuales debemos insistir a los menores:
Ø ¡No lo produzcas!
Ø ¡No lo solicites!
Ø ¡No lo difundas!
Grooming: podríamos traducirlo como engatusamiento y, según la Wikipedia, “consiste en acciones deliberadas por parte de un adulto de cara a establecer lazos de amistad con un menor con el objetivo de obtener una satisfacción sexual mediante imágenes eróticas o pornográficas del menor o incluso como preparación para un encuentro sexual”.
Normalmente el adulto entra en contacto con un menor a través de las redes sociales, haciéndose pasar también por menor. Tan pronto como obtiene de él algún contenido sexual, se inicia el chantaje, con la finalidad de mantener la relación, obtener más contenidos sexuales y, en ocasiones, llegar a tener relaciones sexuales. Por tanto, podemos distinguir tres fases: fase de amistad (engaño, seducción, premio o pago), fase de relación y fase de acoso (posible extorsión).
Violencia de género: esta nueva violencia golpea, sobre todo, a chicas adolescentes menores de edad. Se basa principalmente en acoso sexual por parte de desconocidos a través de las redes sociales, y también en el control que llegan a ejercer las parejas de estas jóvenes en su móvil. Lo más alarmante es que los adolescentes asumen este tipo de conductas como normales, no las identifican como maltrato y se ha detectado que tienen lugar a edades cada vez más tempranas.
Las redes sociales, en aras de la comunicación, incrementan las posibilidades de establecer mecanismos de control hacia la pareja.
Para educar a nuestros hijos es de interés darles a conocer la campaña “Diez formas de violencia de género digital” elaborada por Pantallas Amigas.
Suplantación de identidad: entendido como la acción por la que una persona se hace pasar por otra, ya sea por broma, con finalidad de acoso, etc. En cualquier caso, es siempre un delito.
Phising: hace alusión a “picar el anzuelo”. Es un método que los ciberdelincuentes utilizan para engañarnos y conseguir que revelemos información personal, como contraseñas o datos de tarjetas de crédito y números de cuentas bancarias. En otros casos, el engaño consiste en instalar en el dispositivo del usuario un pequeño programa (un troyano) que realizará un trabajo escondido que el usuario desconoce (desde robar fotos o datos al bloqueo del equipo).
Uno de los servicios más usados para ello son redes sociales, empleando una serie de excusas para engañar al usuario tales como:
Ø Faltos sorteos de productos.
Ø Bonos de descuento de tiendas de moda.
Ø Crear sitios web falsos con la apariencia de la página de inicio de Facebook o de otras redes sociales para que cuando se introduzca el correo electrónico y la contraseña se grabe y conserve esta información.
Ø Enviar un mensaje privado en el que se comunica que se han detectado conexiones extrañas en la cuenta por lo que, para mantener la seguridad, se recomienda que se cambien las claves.
Los menores son bastante vulnerables a estas prácticas, sobre todo cuando intentan realizar descargas de películas, juegos o aplicaciones de modo gratuito, ya que muchas veces son mecanismos de instalación de programas maliciosos en los dispositivos de los usuarios.
La iniciativa de “No te calles” es una página de la Junta de Extremadura destinada a canalizar y facilitar las denuncias del alumnado víctima de conductas acosadoras y suplantación de identidad, especialmente las realizadas a través de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC).
Netiqueta (apócope de las palabras “Net” – Red- y “etiqueta”) quiere decir “normas de etiqueta en la Red” o conjunto de indicaciones para guardar las buenas formas en Internet. La Netiqueta en las redes sociales es un conjunto de normas de comportamiento basadas en el respeto a los demás.
Para conocer las 16 normas de Netiqueta Joven para Redes Sociales que deben ser tenidas en cuenta, pincha aquí (Fuente: Pantallas Amigas).
Los grupos de WhatsApp creados por las familias de los alumnos de un mismo curso proliferan hace tiempo en las escuelas. La herramienta puede resultar muy útil para gestionar la relación con la escuela, compartir información de forma rápida y resolver dudas. Pero si no se tienen muy claros los objetivos, los grupos degeneran en un “patio de vecinos”.
“Familias que wasapean en paz” es una iniciativa de la Delegación provincial de Educación de Granada que persigue mejorar la convivencia y la participación familiar en los centros, recomendando un uso adecuado de los grupos de Whatsapp en los que participan las familias del alumnado. “Wasapear en paz” significa participar en los grupos de WhatsApp de manera positiva, con respeto, responsabilidad y eficacia. Para lograrlo han publicado un decálogo que podéis revisar aquí.
Es necesario saber cuál es nuestro papel como padres en el uso de las redes sociales por parte de nuestros menores, recordando que lo más importante es no prohibir, sino educar. Las redes sociales son una extraordinaria herramienta, pero todo depende del uso que hagamos de ella. En este sentido:
Habla con ellos sobre lo que hacen en las redes (qué hacen, con quién se comunican, si se sienten amenazados, etc.).
Recuerda a tus hijos que sus acciones en las redes sociales tienen consecuencias. Para ello, alentarles a reflexionar sobre el tipo de lenguaje que usan en Internet, que no finjan ser otra persona, así como recordarle que la información que publican en línea no se puede eliminar.
Limita el acceso a sus perfiles (utilizar las opciones de privacidad, revisar la lista de contactos en línea de tu hijo, etc.).
Recuérdale que los buenos modales son importantes.
Diles que limiten el tipo de información que comparten (no dar a conocer datos sobre sí mismos, sus familiares y amigos; evitar conversaciones de contenido sexual, etc.)
Invítales a que desconfíen de los mensajes que prometen un regalo a cambio del registro en una página, a la entrega de datos personales o que pidan hacer clic en un enlace (posible programa malicioso).