El desarrollo de las tecnologías de la información y su uso intensivo por parte de los ciudadanos plantea nuevos retos para una adecuada gestión de la privacidad. El uso de las redes sociales ha introducido la posibilidad de compartir gran cantidad de información.
Es evidente la tendencia a mostrar en la Red cada vez más datos de nuestra vida personal, dándose el riesgo que pueda caer en las manos inadecuadas. No existe un mundo real y otro virtual: ambos son reales.
Debemos partir de la base que todo lo que “hacemos” en Internet deja rastro, por lo que debemos ser muy cuidadosos con la información o imágenes que se comparten ya que, una vez publicada, escapa de nuestro control y es accesible para muchas personas, tanto conocidas como no.
Los datos referidos a creencias religiosas, opiniones políticas, relativos a la salud, etc., gozan de especial protección. Sin embargo, tanto menores como adultos los exponen en la Red a través de imágenes, comentarios, etc., tanto si son suyos como de otras personas, sin tener en cuenta el mal uso que pueda hacerse de ellos.
Unos consejos básicos para defenderse de estos riesgos asociados a una sobreexposición de los datos personales pueden ser:
Configurar bien la privacidad de los perfiles en redes sociales, limitando así el acceso a la información personal.
No publicar información ajena sin el consentimiento de la persona.
Utilizar contraseñas seguras, y no compartirlas.
No publicar información que pueda permitir identificarnos o localizar nuestra información física.
Prestar atención a correos electrónicos que pueden ser el cauce por el que se difunden virus, gusanos o malware.
Cuando se envíen correos a múltiples destinatarios, las direcciones deberían estar en el campo CCO (“Con Copia Oculta”).
Desactiva los servicios de Geolocalización (GPS, puntos de acceso wifi), ya que los dispositivos móviles pueden permitir el seguimiento de sus propietarios ofreciendo información privada.
La identidad digital es lo que somos para otros en la Red o lo que la Red dice que somos a los demás.
Lo que se publica en la Red forma la imagen que los demás puedan tener de nosotros, ya que nos describe ante el mundo. De ahí que la identidad digital no esté definida a priori, sino que se va construyendo con nuestra participación en las diferentes comunidades y servicios de Internet. Por ello, TODOS los que utilizamos la Red tenemos identidad digital, ya que cada uno de nosotros vamos dejando rastro como resultado de la interrelación con otros usuarios o de la creación de contenidos.
Para proteger la privacidad y formarnos una buena reputación online, podemos tener en cuenta los siguientes consejos:
Ø Al registrarse en una red social, proporcionar los datos estrictamente necesarios y configurar la privacidad.
Ø Configurar la visibilidad de cada publicación que se haga en una red social.
Ø Analizar los permisos que solicita una aplicación al ser instalada.
Ø Tanto en redes sociales como en contactos de correos, no aceptar ni agregar a desconocidos.
Ø Revisar la configuración de privacidad del navegador en cuanto al uso de las cookies.
Ø No publicar, sin consentimiento, información que nos haya llegado de forma privada.
Contenidos digitales publicados.
Perfiles personales en redes sociales.
Contactos personales o profesionales.
Comentarios en foros, blogs o portales de información.
Una vez conocidos los conceptos y repasado un consejos básicos sobre los mismos, es importante dejar claro que, como padres/madres/tutores, debemos hacerles ver a nuestros menores que lo peligroso no es el medio (Internet), sino que el peligro está en la utilización que hacemos de dicho medio y, por tanto, hacerles responsables de lo que publiquen. No se trata de evitar que nuestros hijos dejen rastro en Internet, sino de que sean cautelosos y precavidos con el rastro que dejan.
Para ello, vamos a distinguir entre datos que no tienen un riesgo excesivo, y datos que deberían evitar publicar.
Datos sin riesgo excesivo: foto real, nombre real, intereses.
Datos a evitar:
Información personal sobre dónde viven, dónde han estudiado, etc.
Situación sentimental.
Dirección de correo electrónico o el número de móvil.
Vídeos y fotos de carácter personal.
Existen una serie de peligros que pueden producirse cuando usamos Internet. Algunos de ellos son especialmente dañinos y afectan a los menores, como son:
Ciberbullying: conducta hostil en la que un grupo de adolescentes acosa a otro utilizando los medios digitales.
Grooming: serie de conductas y acciones deliberadamente emprendidas por un adulto con el objetivo de ganarse la amistad de un menor de edad, creando una conexión emocional con el mismo, con el fin de disminuir las inhibiciones del menor y poder abusar sexualmente de él/ella.
Sexting: envío de mensajes con contenidos eróticos, intercambio de imágenes y vídeos de contenido sexual.
Suplantación de identidad: a nivel general consiste en el uso de información personal para hacerse pasar por otra persona con el fin de obtener un beneficio propio.
Fraudes: gran parte de los padres no saben qué hacen sus hijos en Internet, qué páginas visitan o qué archivos descargan. Esto les hace estar expuestos a diversos fraudes que se pueden producir en la Red: compras online, casinos ilegales, etc.
Como adultos debemos ser capaces de transmitir a nuestros menores la necesidad de empatizar con los demás cuando usamos Internet. Para ello, debemos tratar a los demás como a ti te gusta ser tratado.
Por último, debemos ser consciente que, en muchas ocasiones, padres/madres/tutores, exponen la vida de sus hijos en la Red. Se ha bautizado con el nombre de SHARENTING a la adicción que muchos padres/madres/tutores tienen a dar a conocer la vida de sus hijos en las redes sociales, por ejemplo a través de la publicación de fotos y vídeos, poniendo así en peligro su privacidad. No todo lo que se publica es necesario y, sin embargo, todo ello genera una exposición del menor.