Los Pazos de Ulloa, tal vez la obra más conocida de Emilia Pardo Bazán, es la gran novela naturalista española, al diseccionar, con la fría precisión de un entomólogo, toda una clase social en descomposición, la de la baja nobleza, en un mundo rural primitivo y arcaizante que se encierra en sí mismo frente a la pujanza urbana de la nueva civilización industrial.
La decadencia de la aristocria rural constituye uno de los temas centrales en la novela. Para algunos críticos es el tema que unifica las dos novelas Los Pazos de Ulloa y su continuación La madre Naturaleza. El aspecto social es importante y no puede dejarse de lado en el análisis de esta obra. En el relato de la Pardo Bazán, junto a su valor innegable de cuadro de época aparecen unos personajes perfectamente trazados, y la escritora sabe crear en su historia un clima sombrío y amenazador, de manera que su pluma denuncia el atraso secular de una tierra y el clasismo implacable de una sociedad,
La postura crítica de la autora se refiere no sólo a la aristocracia, sino a muchos otros estamentos, grupos y aspectos de la vida demimonónica.
La crítica social de EPB no va nunca en un sentido moderno, democrático de denuncia de privilegios o injusticias. Ella es aristócrata por nacimiento y por convicción ; tiene "espítitu de clase" y sus ideales reformistas se dirigen a una sociedad jerarquizada, paternalista que suple mediante la caridad las inevitables diferencias y las posibles injusticias.
El reproche principal que Emilia Pardo Bazán hace a la aristocracia es el de haberse dejado arrebatar el papel rector en la vida social y política y la pérdida de las virtudes tradicionales de austeridad y nobleza de costumbres. Inutilidad y frivolidad serán las lacras que doña Emilia señale en la aristocracia ciudadana y a eso le unimos la brutalidad en lo que se refiere a la aristocracia rural.
Aunque Don Pedro no tiene título nobiliario ( el de marqués no le pertenece ya) , sí es un aristócrata, un hidalgo campesino y como tal es criticado. Su gran error ha sido entregar el mundo de los pazos a Primitivo. Don Pedro es un bruto y un ignorante, pero lo que doña Emilia le critica, sobre todo, es no haber sabido ser "el señor". El verdadero señor de los pazos es Primitivo, es a él a quien todos obedecen y don Pedro asiste impotente a ese usurpación de poder. Don Pedro se sabe engañado y explotado, pero acepta la situación a cambio de mantener un falso prestigio social. Le gusta oírse llamar marqués y saber que nadie va a reclamar a la justicia si en un arrebato de ira le da una patada a un criado o le desgarra la oreja a su querida. A don Pedro no se le critica por pensar así, sino por haberse dejado arrebatar estos privilegios heredados, entre los cuales vemos todavía en la novela el de tomarse la justicia por la mano.
El otro representante de la aristocracia rural es Ramón Limioso. El pazo del señorito de Limioso se cae a pedazos mientras su propietario disfraza con orgullo y dignidad su pobreza. R.Limioso es un dechado de delicadezas y buenas maneras, "señor desde sus principios y no hecho a puñetazos como otros" pero, igual que don Pedro, aunque por distintas razones, incapaz de mantener en el presente el esplendor de sus antepasados. El estrado que se derrumba al ir a sentarse Nucha es símbolo del hundimiento de la grandeza de su casa, como el abandono del archivo lo es de la casa de Ulloa.
No falta tampoco en Los Pazos un tema muy habitual en la narrativa de la autora: la crítica de la vida proviciana. El viaje de don Pedro a Santiago le sirve para destacar los defectos que caracterizan las ciudades pequeñas: envidias, murmuraciones, la estrechez de miras, reflejados en las tertulias del Casino donde se despelleja a todo el mundo, pero sobre todo a las mujeres.
" en las ciudades pequeñas, donde ningún suceso se olvida ni se borra, donde gira perpetuamente la conversación sobre los mismos asuntos, donde se abulta lo nimio y lo grave adquiere proporciones épicas, a menudo tiene una muchacha perdida la fama antes que la honra, y ligerezas insignificantes, glosadas y censuradas años y años, llevan a su autora con palma al sepulcro." (Cap. XI)
La desigualdad entre hombre-mujer en cuestiones de moral sexual ( tema claramente feminista) también aparece insinuado en la obra. Algunos estudiosos ven en el personaje de don Pedro "uno de los mejores y más tempranos estudios del machismo en la literatura castellana" y aparecen comentarios explícitos en la novela :" Entendía don Pedro el honor conyugal a la manera calderoniana española neta, indulgentísima para el esposo e implacable para la esposa" (cap. X)
La educación en la mujer es otro tema feminista que EPB afronta en la obra y lo hace de la mano de Nucha. Víctima de su formación y de la sociedad, Nucha no alcanza a comprender siquiera el porqué de su desgracia: su felicidad no es sino la ajena de esposo e hijos, padre o hermano; se casó siguiendo el consejo de su padre a quien obedeció como buena hija y se propuso querer a su primo, obedecerle, cuidar de los hijos...
El caciquismo, que convierte en una especie de violento sainete todo el proceso electoral, también está presente en la novela . Aunque en la novela se critican por igual a los caciques representantes de conservadores (Barbacana) y liberales (Trampeta) , las simpatías de la autora se inclinan hacia el partido conservador, donde militan en la novela el cura de Boán, el de Naya, Ramón Limioso y el propio don Pedro. El relato, innesariamente pormenorizado,de la paliza que los tres primeros unidos al Tuerto propinan a sus enemigos políticos cuando estos celebran su victoria electoral, parece un claro indicio de las simpatías de doña Emilia por los ideales carlistas y conservadores. A los carlistas, no obstante, les reprochaba el exceso apego al pasado, la incapacidad para adaptarse a los nuevos tiempos, el inmovilismo, que en la novela están simbolizados por el pazo y la familia de los Limioso, verdadera reliquia de otro época, ejemplo de hospitalidad y nobles costumbres pero tambien de sentido práctico.
También la Iglesia tiene un papel importante en Los Pazos de Ulloa. La defensa política de la ideología del clero corría a cargo del sector denominado “neocatólico”, inspirador del carlismo polémico, enemigo no solo del liberalismo, sino también de la civilización industrial. En la novela aparecen tres curas cuyo propósito e intereses no son otros que el de la consecución de votos a cualquier precio: el abad de Loiro, el abad de Naya y el cura de Boán. Todos unen sus esfuerzos para que el candidato del gobierno liberal sea derrotado y en su lugar salga elegido don Pedro Moscoso. La astucia, el engaño, las tretas y el empeño de los representantes eclesiásticos para que el masónico-liberal sucumba ante las fuerzas conservadoras se describen con gran maestría.
Como telón de fondo de la historia individual de los personajes cobra vida la historia colectiva, el cuadro de época, con unos clérigos pantagruélicos, amantes de la caza y de la buena vida, como el abad de Ulloa. Frente a una corriente muy fuerte de anticlericalismo en el siglo XIX ( que en la novela queda representanda en la figura del médico Máximo Juncal), a la autora le gusta pintar clérigos ejemplares por sus virtudes sacerdotales y humanas. La postura de la autora es siempre la misma: defensa de la institución y comprensión ante las debilidades humanas. En esa línea hay que situar a los clérigos de Los Pazos, que son capaces de zampar los vienteséis platos de la comida tradicional en el día del santo, y que están llenos de defectos y sus acciones son muchas veces censurables. Pero no cabe duda de que la autora los mira con más simpatía que sentido crítico y que deja siempre a salvo la dignidad de su ministerio.
Las ideas más avanzadas en cuanto a reivindicaciones sociales son expresadas por el médico y aparecen como utopías de una persona bien intencionada, aunque cegada por sus prejuicios anticlericales. En la escena en que don Pedro sale en busca de una nodriza, provocando con su actitud la repulsa de Máximo Juncal, el cura, don Julián piensa del médico lo mismo que parecía pensar doña Emilia: que esas teorías más perjudican que benefician a los pobres. Para el cura no cabe duda de que es mejor ser esclavo en una buena casa que independiente y pobre en la propia.