Emilia Pardo Bazán (1851-1921), escritora del naturalismo español, aristócrata gallega y precursora de las ideas feministas en España, nos ha dejado, en la mayoría de sus novelas, un minucioso estudio del ambiente de la España decimonónica. Su intensa vida social, su curiosidad natural y su espíritu observador se aprecian en sus descripciones de la vida social, tanto urbana como rural. También, uno de los denominadores comunes de las novelas pardobazanianas es el feminismo, o mejor dicho, mostrar cómo la mujer de la época estaba condenada y relegada a un puesto inferior en la sociedad. La novelista así denuncia esta posición social inferior a través de sus personajes femeninos novelescos, con frecuencia insatisfechos, frustrados, humildes.
Los Pazos de Ulloa (1886) es una de las novelas más importantes de Emilia Pardo Bazán. En ella vemos cómo las dos mujeres más importantes en la novela muestran la pasividad a la que la mujer se ve sometida en esta sociedad patriarcal: Nucha y Sabel son símbolos de la esclavitud social, cada cual a su modo y siguiendo el propio destino.
Sabel es un símbolo de la mujer de humilde educación pero llena de un potencial sexual liberado e insatisfecho, hasta que se convierte en una categoría prohibida, especialmente en los episodios de los intentos de seducir (inconscientemente) al recién llegado don Julián. Es también una mujer privada de todos los derechos y libertades, que suele ser castigada por su comportamiento libre e inadecuado: recordemos la escena de la paliza que le dio el marqués después de la fiesta y su baile provocativo. Después de la paliza y la pelea con el marqués, la criada le amenaza con no prepararle la cena e irse de los Pazos para siempre. La situación se soluciona con la llegada de Primitivo que ordena a su hija la preparación de la comida. Este hecho simboliza la obediencia de una hija hacia su padre y así se recupera el elemento masculino que domina lo femenino.
Aquí la libertad femenina no existe . Hay dos hombres que la dominan: Primitivo, su padre, y don Pedro Moscoso, marqués de Ulloa, su dueño y su amante con el que tiene un hijo ilegítimo, Perucho. La relación padre-hija está basada en el miedo y la sumisión. Sabel no es un personaje revolucionario ni un símbolo del que la escritora quería aprovecharse para proponer explícitamente su ideología feminista. Le sirve para explicar la situación degradadora de una mujer en el ámbito rural de una provincia española, privada de todos sus derechos personales y sociales . Por eso, cualquier intento de negación, rechazo o inobediencia de la mujer (Sabel) será brutalmente castigado por el hombre (Pedro o Primitivo).
Don Pedro Moscoso, en su forma retorcida, siente cariño por Ia joven madre y su niño, pero estos no reciben mejor trato por ello; no los ama ni respeta lo suficiente como para considerarlos sus iguales. Sabel nunca alcanzará mejor posición en Los Pazos que Ia que tiene ahora; aún más, Ia manceba es desplazada cuando Ia esposa legítima llega a Los Pazos y volverá a ser requerida por el marqués cuando aquella no satisface sus deseos de descendencia.
Por otro lado, Nucha, el alma gemela de Julián, merece ser considerada como la protagonista de la novela, puesto que sufre un calvario junto a su compañero literario. El porvenir de Nucha Pardo se presenta difícil desde el instante en que es elegida como esposa de don Pedro. El narrador la describe como el ser frágil, que a juicio de Julián encarna el ideal de mujer cristiana: sumisa, obediente, silenciosa, perfectamente consciente de su marginalidad.
Como toda perfección femenina, Nucha es muy sacrificada, en especial con los niños, ya que cuidó de su hermano pequeño desde una edad temprana; además, es muy piadosa, condición que el marques considera indispensable para que una esposa fuera buena.
De igual manera, análoga a Sabel, Nucha se ve sometida a los intereses de su padre, el señor Pardo de la Lage, cuyo principal interés reside en "colocar" a sus niñas. Aunque le sorprende que el sobrino le pida a Nucha y no a Rita, accede de buen grado al casamiento y no advierte en absoluto a Nucha sobre lo que se puede encontrar en los pazos. Y es que la jerarquía masculina observa siempre sus propios intereses. Como también los alberga Primitivo, el sinuoso mayordomo, que se vale de su hija Sabel para tener control sobre Los Pazos.
EI padre de Nucha, si bien ansioso de casar a sus otras hijas, no siente tal apuro respecto a Nucha porque es una buena administradora y si no consigue marido, tanto él como su hijo, la necesitan para llevar adelante su casa:
"Lo que es Nucha no le hacía peso en casa, pues la gobernaba a las mil maravillas, además a fuer de ser presunta heredera de su madrina, no necesitaba ampararse casándose. Si no hallaba marido, viviría con Gabriel, cuando este, acabada Ia carrera, se estableciese según conviene al mayorazgo. (pag. 109) En la cita anterior, Emilia Pardo Bazán manifiesta sucintamente Ia situación real de Ia mujer española deJ siglo XIX, como así tambien Ia posición de las mujeres en todo el mundo en aquella época; sin dinero propio es menester conseguir esposo para poder sobrevivir; con dinero o sin él Ia mujer pertenece a la cocina.
Nucha no es bella como el resto de sus hermanas, bizquea un poco y ella parece consciente de su poco atractivo para los hombres. Sin embargo, el no encontrar marido no le preocupa ya que económicamente está amparada por la herencia de su madrina, y también tiene la opción de entrar en un convento. Aunque el marqués se siente atraído desde el primer momento por la prima mayor, Rita, el machismo tradicional de este hombre hace que la descarte por los comentarios que oye en el casino sobre ella, cree que es demasiado coqueta con los hombres y este hecho, junto con el consejo de Julián, le lleva al final a escoger a Nucha como futura esposa. La desigualdad entre hombre-mujer en cuestiones de moral sexual ( tema claramente feminista) también aparece insinuado en la obra. Algunos estudiosos ven en el personaje de don Pedro "uno de los mejores y más tempranos estudios del machismo en la literatura castellana" y aparecen comentarios explícitos en la novela :" Entendía don Pedro el honor conyugal a la manera calderoniana española neta, indulgentísima para el esposo e implacable para la esposa" (cap. X)
Nucha pasará así de obedecer a su padre, a ser obediente con su marido. Todo marchará relativamente bien en este matrimonio hasta el nacimiento de una niña, Manolita. La decepción del marqués, al no conseguir un legítimo heredero varón, hace que vuelva a las andadas. Se desentiende de su mujer enferma y reanuda las relaciones íntimas con Sabel.
Nucha sufrirá también violencia doméstica pero su pasividad y sumisión no se verá alterada hasta que vea peligrar la vida de su pequeña. En este ambiente de sistema patriarcal, la mujer consciente (Nucha), aunque marginada, quiere romper los lazos con el primitivismo (Marqués de Ulloa) y escapar, protegiendo a su hija y a las personas que quiere volviendo a casa de su padre. De ahí el plan de escape, presentado en el capítulo XXVII, donde, en el diálogo con Julián, la escritora gallega nos ofrece un ideario pre-feminista: Nucha le comunica a su amigo el deseo de ser una “buena esposa” y “ángel de hogar”, aunque las circunstancias no se lo han permitido. Este capítulo sirve como una recapitulación de la ideología feminista pardobazaniana, puesto que nos encontramos con la idea de que el tradicionalismo y el sistema social sirven para establecer un orden necesario, pero hay que tener en cuenta las necesidades femeninas, sus deseos y su punto de vista.
El sistema patriarcal machista se aprecia también en el capítulo final de la novela, cuando Julían regresa diez años después a Los Pazos y descubre a Manolita (la heredera legítima) mal vestida y a Perucho, ahora ya un adolescente, con buena ropa de paño. Los papeles se han invertido y Manolita ha sido desplazada, relegada simplemente por su mera condición de mujer.
El problema de lo femenino ocupa un lugar destacado en las novelas de Pardo Bazán, escritora que dirige sus esfuerzos e intenta despertar a la mujer española de su tiempo para que progrese y se libere, lo que no ha de llegar mientras se encuentre sumida en un mundo de ignorancia que le haga depender de los otros, de los hombres. La sociedad española, europea y hasta la moderna, tiene que anular el tremendo vacío que existe entre los sexos, especialmente en el campo educativo para poder progresar sucesivamente. Queremos destacar que el tema más profundo de la novela Los Pazos de Ulloa no reside tanto en la bien conocida oposición ciudad/campo como en la oposición masculino/femenino, y más precisamente, en la asfixia o derrota de la mujer llevada a cabo dentro del seno de la sociedad patriarcal.