Segismundo encarna la lucha entre los instintos violentos, "naturales", y los instintos morales y representa lo incierto de vivir. Calderón le ha dado la dimensión de mito ya que representa a todos los hombres. Es un símbolo. Segismundo se convierte en el prototipo de príncipe cristiano, pero es contradictorio. Es hombre y es fiera; ha nacido libre y, sin embargo, está preso; es heredero legítimo del trono y se ve privado de este privilegio.
Segismundo ha sido criado en aislamiento en la torre, sin formación cortesana ni socialización adecuada.
No ha recibido educación política (cómo gobernar).
No ha recibido educación moral estructurada.
No ha convivido con otros seres humanos.
Clotaldo le ha enseñado algunos principios religiosos y ciertos saberes básicos, pero no una formación integral propia de un príncipe.
Esto plantea una cuestión central:¿es Segismundo violento por naturaleza o por falta de educación?
Pretender pasar el drama filosófico La vida es sueño como un ejemplo de “tratado de educación del príncipe” sería absurdo, pero también lo sería despreciar la importancia e interés que ese tipo de libros, durante toda la Edad Media y el Renacimiento, despertaron entre el público, y a los que Calderón no sería ajeno, cuando en su comedia aparece como protagonista “un príncipe” que acaba convertido en “rey”.
Fueron muy numerosos los autores que trataron el tema en sus obras y todas ellas tienen como denominador común: el diseño de un rey ejemplar.
Desde un punto de vista exclusivamente religioso, está claro que, aunque se tratara del mejor y mayor monarca del mundo, solo un proceder virtuoso le acreditaría ante Dios. La perfección personal del monarca y la realización de su destino trascendental, como hombre, determinan también el honesto ejercicio de su cargo. Las virtudes (prudencia, justicia, fortaleza y castidad) se distinguen en intelectuales y morales:
La prudencia es virtud intelectual y moral. Los tres actos que ordinariamente se consideran en la virtud de la prudencia como principales son: aconsejar, juzgar y mandar.
La justicia. La consideran virtud cardinal, que sigue en categoría e importancia a la prudencia. Es una virtud eminentemente social. Es un hábito o disposición perpetua de la voluntad para dar a cada uno lo que en derecho le pertenece.
La fortaleza. consiste en una perfección moral de la parte afectiva sensible que nos hace afrontar los grandes riesgos o moderar los ímpetus de la audacia.
En un sentido general, cabría entender la templanza, como una disposición de la razón. Sería un refrenar los apetitos, para no desbordar ni salir de un templado término medio. Las cualidades de la templanza son: la abstinencia, la sobriedad, la castidad y el pudor. Tanto la gula como la embriaguez revisten una notable pobreza psicológica.
La castidad es otra gran virtud, que forma por sí sola una de las especies de la templanza. El pudor es una cierta vergüenza virtuosa. Aneja a la templanza está la continencia.
El príncipe ha de ser también educador. Los pedagogos no cesan de recomendar al príncipe el conocimiento y el estudio del pueblo. El príncipe tiene que educar a su pueblo.
Con todas estas referencias podemos contextualizar mejor la obra y entender la complejidad psicológica de Segismundo. Esta especie de manuales nos enseñaría que la base del conflicto de La vida es sueño es que el rey Basilio actúa como un mal rey al decidir prestar atención a la ciencia antes que al derecho natural. El príncipe y futuro rey tenía que ser una persona culta, cultivada en artes y ciencias, pero nunca debía anteponer la ciencia natural, a la teología, como no se podía anteponer la razón a la fe. El exceso del rey Basilio es un exceso de orgullo, de fiarse de una idea muy en boga en la época de que las estrellas rigen el destino de los seres humanos, idea que los propios escolásticos (filósofos de la época) aceptaban, pero que se vieron obligados a matizar como “influencia indirecta”, porque sería como contradecir el dogma del libre albedrío.
El rey Basilio actúa muy erróneamente. No es un buen padre, que tenía como obligación primera educar a su hijo. recordemos que un príncipe (futuro rey) tiene que ser educador. Privando de educación a su hijo, el rey Basilio viola este derecho natural infranqueable. Para corroborar que es poseedor de la verdad absoluta, que sabemos falsa, la creencia ciega en un pronóstico astrológico, el rey Basilio somete a su hijo, Segismundo, a una prueba: lo liberará de la prisión para poder comprobar cómo actúa.
En la obra de teatro, el Segismundo encarcelado va en “traje de fiera” y comete el desatino de “reclamar a los cielos”. En un primer momento de la liberación, la idea del determinismo parece triunfar: Segismundo, en esa primera puesta en libertad, se mueve por un sentimiento de venganza, porque probablemente al encerrarle desde su nacimiento ha sido condenado a una vida que no es propia de la condición humana sino de una bestia. Opta por la peor posición: la del mal, la de saciar sus instintos más primarios. En Segismundo liberado triunfa la parte más irracional, más animal, más pasional; la mera presencia de Rosaura desencadena el deseo y la lujuria y, ante su propio padre, se siente poseído por la ira y ejerce el poder con capricho, arbitrariedad sin medida y sin razón.
Calderón desarrolla un debate muy barroco:
Naturaleza (temperamento innato): la profecía astrológica predice que será tirano.
Educación (formación moral y social): su conducta parece resultado del encierro.
Cuando llega al Palacio, Segismundo actúa con violencia, orgullo y deseo descontrolado. Pero esto puede interpretarse como:
Reacción a una libertad repentina.
Falta de aprendizaje en el autocontrol.
Desorientación ante un mundo desconocido.
No es un “monstruo”, sino un ser humano sin educación social.
En la segunda salida de la prisión, sin embargo, triunfará la ideología de Calderón (y de la doctrina oficial de la Iglesia de la Contrarreforma), triunfará el libre albedrío y el personaje Segismundo se liberará de las cadenas del mal, escogiendo el camino del bien; él será responsable y hacedor de su destino, y escoge el bien.
Al final de la obra, cuando Segismundo logra liberarse de las pasiones, alcanza el control y opta por el perdón, que es un sentimiento cristiano por excelencia. Perdona a su padre y, pese a la atracción amorosa que Rosaura le despierta, la libera para que esta pueda restaurar su honor.
De alguna manera, en esta evolución del personaje, habría que reivindicar la figura del ayo, el carcelero Clotaldo, que no se limita a encerrarlo, sino que también lo educa. Sin embargo, por libre albedrío, el príncipe Segismundo, al recuperar su libertad, se convierte en rey y madura su carácter, restaurando su carácter de verdadero príncipe. Recupera las virtudes que le son innatas, como heredero legítimo del reino: prudencia, justicia, fortaleza, templanza, castidad… y sobre todo su condición de verdadero educador.
Calderón introduce así un matiz decisivo: el carácter no es una esencia fija e inmutable. La experiencia transforma al protagonista. Cuando es devuelto a la torre y se le hace creer que todo lo vivido en el palacio ha sido un sueño, Segismundo inicia un proceso de reflexión interior. Comprende la fragilidad de la vida y la incertidumbre de la realidad. Si todo puede ser ilusión, concluye, lo único seguro es obrar bien. Este razonamiento marca el comienzo de su verdadera educación, que ya no depende de maestros externos, sino de la conciencia y la voluntad.
En su segunda salida al poder, Segismundo demuestra que ha aprendido. Actúa con prudencia, controla sus impulsos y renuncia a la venganza. La transformación no consiste en negar su naturaleza, sino en dominarla. La libertad se convierte en responsabilidad moral. De este modo, Calderón cuestiona el determinismo representado por la astrología de Basilio y afirma la capacidad humana de superación ética.
En definitiva, la evolución de Segismundo muestra que el carácter no está irrevocablemente condicionado por el destino ni por las circunstancias iniciales. Aunque la falta de educación explica su primera caída, la experiencia y la reflexión le permiten reconstruirse moralmente. La vida es sueño propone así una concepción profundamente barroca y cristiana del ser humano: frágil y condicionado, pero libre; inclinado al error, pero capaz de elegir el bien. La verdadera nobleza no procede del linaje, sino del dominio de sí mismo.
ROSAURA
Rosaura es uno de los personajes más complejos de la obra. Llega a Polonia disfrazada de hombre para recuperar su honor, ya que ha sido abandonada por Astolfo. Desde su primera aparición muestra:
Valentía (viaja sola y atraviesa un territorio desconocido).
Determinación.
Conciencia del honor.
Capacidad de reflexión.
No es una figura pasiva, sino activa: impulsa parte de la acción dramática. Representa el conflicto del honor femenino en la sociedad barroca, donde la reputación determina la identidad social.
Función simbólica
Rosaura encarna varios significados:
El honor herido que necesita reparación.
La lucha por la identidad (aparece disfrazada, lo que refuerza el tema barroco de apariencia y realidad).
La dignidad frente a la injusticia.
Además, su situación es paralela a la de Segismundo: ambos han sido privados de su identidad legítima. Ella, de su honra; él, de su condición de príncipe.
La importancia de Rosaura no es solo temática, sino decisiva en la transformación moral del protagonista.
1.Primer encuentro: despertar emocional
Cuando Segismundo la conoce en la torre, experimenta por primera vez una emoción distinta a la ira o al resentimiento. Rosaura introduce en él la conciencia de la belleza y el respecto hacia otro ser humano. Una primera experiencia de vínculo afectivo.
Este momento es importante porque muestra que Segismundo no es puramente violento por naturaleza.
En su primera estancia en palacio (segundo encuentro con Rosaura), Segismundo intenta imponer su deseo sobre Rosaura. Actúa movido por la pasión y la fuerza. Aquí se confirma el peligro anunciado por la profecía: el abuso de poder.
Sin embargo, tras la experiencia del “sueño”, cuando vuelve a encontrarse con ella, su actitud cambia radicalmente.
3. TERCER ENCUENTRO.
En la tercera jornada, Rosaura pide justicia para recuperar su honor frente a Astolfo. Segismundo se enfrenta a una elección: puede actuar como tirano o puede actuar como rey justo. Finalmente, decide ayudarla y obliga a Astolfo a casarse con ella, restaurando su honra.
Este gesto es fundamental: demuestra que ha aprendido a dominar sus pasiones y a ejercer el poder con justicia. Rosaura se convierte así en la prueba definitiva de su transformación moral.
Significado profundo de su relación
La relación entre Rosaura y Segismundo no culmina en un amor romántico convencional. Calderón evita que el protagonista la elija como esposa y opta por un final político más coherente. Esto subraya que:
El aprendizaje de Segismundo no es sentimental, sino ético.
Su evolución consiste en anteponer la justicia al deseo.
Rosaura no es el premio del héroe, sino el instrumento que revela su madurez moral.
Rosaura es mucho más que un personaje secundario. Representa el honor, la identidad y la dignidad en una sociedad marcada por la rigidez moral. Su presencia es decisiva en la evolución de Segismundo, ya que actúa como catalizadora de su transformación interior.
Gracias a ella, el protagonista demuestra que ha comprendido la lección central de la obra: la verdadera grandeza no está en el poder ni en la fuerza, sino en el dominio de uno mismo y en la capacidad de actuar con justicia.