La responsabilidad mayor de este drama recae sobre Basilio, el rey, cuyo nombre de origen griego, basileus, significa, asimismo, "rey", para mayor simbolización de su papel en el teatro del mundo y, por ende, de su culpa, porque lo cierto es que Basilio es el causante principal de todos los males que acaecen en la obra pues, llevado de su vanidad intelectual, interpreta mal el libro de las estrellas, como su hijo se encarga de recordarle ( vv. 3162-3175).
Esta interpretación errónea le llevó a encerrar y a aislar del mundo a su hijo recién nacido, convirtiéndolo en una "fiera humana". Al hacerlo, además, despojó a su reino de su legítimo heredero, con lo que consiguió el traslado de su sobrino Astolfo desde Moscovia para defender sus aspiraciones al trono polaco. Este desplazamiento, a su vez, dejó abandonada a Rosaura, pues para ser rey de Polonia Astolfo debería casarse con su prima Estrella.
Como Basilio es rey, sus culpas repercuten no solo en sus allegados, sean hijos, parientes o consejeros, sino también sobre todo su pueblo, dado que la concepción renacentista de la monarquía no establecía separación alguna entre el rey y sus vasallos, concebida como un cuerpo único, cuya cabeza era el monarca, que lo dirigía. El resto del cuerpo, lógicamente, se resentía cuando la cabeza no funcionaba bien. Por consiguiente, de esta mutua imbricación se derivan todos los males para el pueblo, que se ve despojado injustamente de su heredero legítimo, se subleva, le proclama su príncipe, y origina la guerra y la división del reino.
Basilio, como individuo, es un ser demasiado seguro de sí mismo, por lo que comete una serie de errores graves en cadena: su orgullo excesivo sustenta el error de interpretación, a partir de cual, se atreve incluso a quitar la libertad a su propio hijo, como si fuera Dios, pecando de soberbia. Como rey, sus responsabilidades son mayores, ya que su actitud pone en peligro a todo el reino. Y sin embargo, al final se salva y Segismundo, en un acto de extrema magnanimidad, lo perdona ya que al final Basilio se arrepiente, reconoce sus errores y acepta valientemente su destino y las responsabilidades que comporta.