Algunos conceptos importantes relacionados con el uso y el origen de las lenguas:
Sociolecto: las personas de una misma región pueden emplear la lengua de distinta forma dependiendo de su edad, sexo, nivel económico o social y grado de instrucción cultural.
Idiolecto: hace alusión al empleo que cada uno de nosotros hacemos de la lengua y que nos diferencia del resto. Seguro que, si os fijáis con atención en vuestros amigos, familiares o en cualquier otro individuo, notáis una pronunciación distinta de la vuestra, algún tipo de acento, etcétera.
Registro: se refiere al uso peculiar de la lengua que puede realizar una persona teniendo en cuenta la situación comunicativa: el canal (oral o escrito), el receptor (conocido o desconocido) o el tema.
Préstamos lingüístico: Se denominan préstamos a aquellas palabras que utilizamos en castellano y que proceden de otros idiomas. Los préstamos mantienen su etimología pero han cambiado su forma con el paso del tiempo. Pueden ser:
Préstamos no adaptados (extranjerismos ): pizza, software, light
Préstamos adaptados: tropa (< fr. troupe), jefe (< fr. chef), medalla (< it. medaglia)
Préstamos en proceso de adaptación: conservan todavía grupos fónico extraños, rosbif (< ingl. roastbeef), sándwich (< ingl. sandwich).
Neologismo: El neologismo se define como vocablo, acepción o giro nuevo en una lengua (cualquier palabra nueva en una lengua). Implica novedad, es decir, de reciente creación. Se puede formar:
– con elementos ya existentes en la lengua: combinando, por ejemplo, el prefijo descon la palabra acuerdo, se obtiene desacuerdo;
– mediante préstamo de una lengua extranjera, ya sea en forma original (handicap)
Cálcos léxicos: Es un tipo especial de préstamos, que se originan cuando se adopta el significado de una palabra extranjera compuesta, pero, en lugar, en lugar de adoptar la forma de la palabra, se procede a traducirlo. Así, autodefensa es un calco del inglés selfdefense .
Diferentes estilos que adoptan los hablantes según la situación comunicativa. Estas variedades vienen determinadas por: el medio, modo o canal empleado (oral-escrito) el tema o materia abordada (corriente o de especialidad) la atmósfera comunicativa (relación de solidaridad o de jerarquía entre emisor-receptor) la personalidad del hablante y la función perseguida. Estos se llaman registros. Cuanto más nivel posea un hablante mejor se adaptará a la situación, mejor sabrá cambiar de registro. Por tanto, utilizar en cada caso el registro apropiado depende, sobre todo, de la competencia lingüística de los hablantes.
El dialecto es una variante lingüística de una lengua ya que su sistema lingüístico no se diferencia de otros sistemas y, además, no suele tener un uso literario. También se llama habla o modalidad. Algunos de ellos son de origen latino (como el bable leonés o la fabla aragonesa) y otros son variantes del español, (como el andaluz, murciano, extremeño, canario, español de América…). Las variedades históricas o diacrónicas constituyen realizaciones de la lengua que caracterizan una determinada etapa de su historia. En la historia de la lengua española, se distingue entre el español arcaico (ss. X-XII), el español medieval (ss. XIII-XV), el español clásico o del Siglo de Oro (ss. XVI-XVII), el español moderno (ss. XVIII-XIX) y el español actual
formas de usar una lengua, según el nivel de instrucción del hablante y su estima hacia el idioma. Estas variedades de la lengua también reciben el nombre de sociolectos o dialectos sociales. Según el grado de dominio que un hablante posee del código lingüístico y del discurso se distinguen tres niveles de lengua. Esta diversificación puede tener su origen, entre otras causas en: el hábitat: rural, urbano, inmigrantes,… la edad: lenguaje generacional (por lo general, se asume que los hablantes más jóvenes son los más innovadores) el sexo, aunque cada vez menos determinante la profesión: jergas, argot el nivel sociocultural (redes ideológicas): aunque la relación culturaclase social no es biunívoca, las posibilidades del acceso a la cultura de un individuo están muy condicionas por su nivel. Hay factores de nivelación como las instituciones educativas y los medios de comunicación.
De que la lengua es algo vivo y en constante cambio no debemos de tener la más mínima duda. A lo largo de la historia del español, hay palabras que han adquirido un significado nuevo, mientras que otras han sido sustituidas por significados más acordes a los tiempos y a las necesidades culturales y sociales de la época. A estas modificaciones que han sufrido las palabras se les conoce con el nombre de cambio semántico.
Dentro de las causas que provocan estos cambios, se encuentran las causas culturales o sociales, es decir, son cambios que buscan sustituir por palabras más adecuadas términos que se consideran poco correctos y que, como ya conoces, se denominan palabras tabú.
Otras causas del cambio semático son las causas históricas, que afectan a aquellas palabras que nombraban realidades ya desaparecidas y que se adaptan para referirse a otras nuevas.
Se entiende por denotación o significado denotativo el que presenta una naturaleza objetiva y común a todos los hablantes. Es el que encontramos en los diccionarios. Por ejemplo, si buscamos la palabra plomo en el Diccionario de la lengua española (DLE) encontramos la siguiente definición:
1. m. Elemento químico metálico, de núm. atóm. 82, de color gris azulado, dúctil, pesado, maleable, resistente a la corrosión y muy blando, escaso en la corteza terrestre, donde se encuentra en la galena, la anglesita y la cerusita, usado en la fabricación de canalizaciones, como antidetonante en las gasolinas, en la industria química y de armamento, y como blindaje contra radiaciones. (Símb. Pb).
Nos referimos, por tanto, al significado común para todos los hablantes y que el DLE recoge como primera acepción por ser la más frecuente.
Se entiende por connotación o significado connotativo el que presenta una naturaleza subjetiva y puede variar de un hablante a otro. Este significado está relacionado con el conjunto de contenidos secundarios que puede asociarse a la palabra. Si de nuevo acudimos al Diccionario de la Lengua Española encontramos que, bajo la misma entrada y en la quinta acepción, aparece la palabra plomo con la siguiente definición:
5. m. colq. Persona o cosa pesada y molesta.
En esta ocasión se trata de un significado connotativo, que posee una connotación negativa, y se nos indica, además, que pertenece al registro coloquial.
-¡Marchando unos riñones al jerez!
-El nuevo reloj le ha costado a Mario un riñón.
Los eufemismos son palabras que empleamos cuando queremos obviar otras que consideramos ofensivas o desagradables. Funcionan como sinónimos parciales, resultando más agradables, según el contexto comunicativo y el registro que se emplee.
De este modo, para evitar la palabra locura empleamos demencia, de igual forma que evitamos viejo y la modificamos por persona de la tercera edad o sustituimos borracho por la palabra ebrio.
Esta interpretación eufemística debe ser compartida por oyente y emisor para que tenga el valor eufemístico buscado. Si no es así, puede dar lugar a malentendidos y fallos en la comunicación.
Los eufemismos se muestran como sinónimos parciales de las palabras tabú a las que sustituyen, ya que no siempre comparten las mismas connotaciones ni se comportan del mismo modo dependiendo del contexto en el que aparezcan.
Por ejemplo, las palabras borracho y ebrio son sinónimas; sin embargo, la palabra ebrio implica ciertas connotaciones distintas a borracho, como puede ser su uso dependiendo del registro. De este modo, ningún profesional del mundo sanitario emplearía la palabra borracho en un informe médico.
Detrás de los eufemismos se encuentran realidades prohibidas de las que no queremos hablar directamente. Se trata, por tanto, de una cuestión cultural que va cambiando de una cultura a otra, que depende de la época, las generaciones o las clases sociales y que es frecuente encontrar en registros formales.
Los disfemismos son considerados los antónimos de los eufemismos. Empleamos disfemismos cuando tratamos de nombrar una realidad con palabras que son consideradas malsonantes o peyorativas y que pueden tener un afán agresivo, irónico, burlesco o incluso humorístico.
Por ejemplo, un disfemismo de televisión podría ser caja tonta o de comida rápida podría ser comida basura.
Los disfemismos suelen ser utilizados con carácter despectivo y reflejan una realidad dura o desagradable.
De este modo, para referirse a las personas con síndrome de Down o personas con trisomía 21, se emplean con carácter despectivo los disfemismos subnormal o retrasado. Tampoco es aconsejable el empleo de eufemismos tales como angelitos o seres especiales que reducen a estas personas a la condición de menores dependientes.
Frente a los eufemismos que suelen estar presentes en el registro formal, los disfemismos son más propios de un registro semiformal o informal y están condicionados por el contexto comunicativo.