Remontándose en el Tiempo
Remontándose en el Tiempo
Lo que está claro, de todas formas, es que Vilabol de Suarna fue en sus orígenes un asentamiento obra de un tal Avíolus o Paulus, que fundó allí su villa, con casa, hacienda y familia. Siendo claramente latinos estos nombres, y ni siquiera germánicos, es legítimo pensar que el tal Aviolus o Paulus pudiera haber sido un soldado romano, habitante del castro que hoy conocemos como de Villabol, del cual hablaremos más adelante, construido de nueva planta, como el de Souto, para el cuidado y defensa del canal de agua que los romanos habían abierto con el fin de conducir el agua a sus explotaciones auríferas de las Covas de Castañedo. La extraña configuración de los caminos de acceso a Villabol así parecen confirmarlo. De hecho, la comunicación más antigua del pueblo era con el mencionado Castro, a través de Cadaigas, encima del pueblo, uniéndose en este punto el camino que de allí descendía con el que venía de Fonsagrada, el cual, absurdamente, llegado al punto conocido como Souto de Baixo, a unos 500 metros del pueblo, iniciaba una estúpida escalada en zigzag monte arriba por entre un bosque de castaños hasta alcanzar Cadaigas, para luego iniciar el descenso, a través del Caello, y cruzar el poblado de arriba abajo. Es de notar, asimismo, que la apertura de acceso desde el Souto era, además de fácil, poco oneroso para los propietarios del terreno, ya que en dos tramos de los 500 metros pasaba por terreno de dominio público, como era el punto denominado Os Arandos y la entrada en el pueblo, A Corredoria de Baixo, durante muchos años, hasta el siglo XX, abertal en común. Tal hecho sólo puede explicarse admitiendo que el camino más antiguo era el del Castro y que a él hubo de unirse el que venía de la parte de Fonsagrada. Este de Fonsagrada era, con todo, muy antiguo, como consta por el nombre con que se le conoce todavía hoy antes de unirse al que bajaba del Castro, donde se le llama Carrincova, palabra derivada de carrilis cova (via), es decir, “camino profundo de carro”. Antes de Cadaigas, en el Souto de Riba, se unía con el camino que provenía de Eirixín, después de subir A Infesta, es decir, “la cuesta”, pasando luego por Lamacide. Es posible que, aparte de la primitiva vinculación de Villabol al Castro, las casas más antiguas hubieran estado instaladas primitivamente en la parte alta del pueblo, y que esta circunstancia hubiera influido también en que Cadaigas fuera el punto de confluencia de todas las vías de acceso. Como quiera que sea, y este es un detalle más que confirma la hipótesis, otro hecho constatable es que el pueblo de Villabol se dispuso primitivamente a lo largo del camino que, descendiendo de Cadaigas, con sus casas a uno y otro lado, iba a dar a la iglesia, para continuar hacia el río y Vilar de la Cuiña por el camino irónicamente bautizado como Penachá, punto menos que despeñadero. Digamos para terminar que, en un documento de 1811, todavía el camino de Cadaigas o Caello recibía el nombre de “camino real”, título que cedería luego a favor del nuevo camino de la Corredoira.
Fuera de estos caminos, otros menores, que no exceden la categoría de “caellos”, o “quellos”, como aquí se dice, parecen confirmar cierta relación con el vecino pueblo de Xegunde, cuya prioridad sobre Villabol avalan algunos hechos y documentos. En efecto, en dirección al Castro de Xegunde, que se asienta sobre un picacho entre este pueblo y Villabol, con otros dos recintos sobre el plano, se abre un pequeño camino, conocido como O Quello de Castelovello. La impresión que tiene el observador es que se trata de una antigua senda que comunicaba a Villabol con el Castro de Xegunde y, tal vez antes, con un pequeño castro o castelo que hubo en la entrada misma del actual Quello. De hecho, en la finca que se conoció como Viña do Barreal, sita a la derecha antes de entrar en el mencionado Quello, se podían observar hace algunos años todavía restos de una pared perfectamente construida que afloraban apenas sobre el suelo. Esta antigua senda, bien fuera existiendo ya Villabol, bien fuera antes, parece haber continuado hacia el punto del río Suarna conocido como Rubieiro, a través del Quello do Moín, Quello da Lavadoira, Penachá y Quello da Pedreira. Pasado el río en Rubieiro, donde confluye el arroyo o Regueiro de Restromeiro, de aquí que se llamara en el siglo XVII Augas Mestas. La senda se bifurcaba, despues de ascender un poco en dos direcciones: una, arroyo arriba hacia el Castro de Espiñeira, situado en el alto de la montaña y bien abierto al de Xegunde, además de con excelentes vistas sobre todos los valles y otros castros del entorno, y la otra hacia Naraxa. Estas vías o sendas se conservaron hasta hace poco, dejando de usarse la de Naraxa una vez que por la década de los años 1930 se abrió la actual carretera. Por la senda que subía a Restromeiro y Castro de Espiñeira ascendían las gentes aún en fecha reciente, pese a lo incómoda que resultaba. Desde Rubieiro salía otro ramal río abajo en dirección al Vilar de la Cuiña, para unirse –así al menos en tiempos históricos- con el camino conocido como de la Penachá, que, bajando del pueblo de Villabol, desembocaba en la Ponte do Vilar, arruinada por los años 1940 y que sirvió a lo largo de los siglos de lugar de paso para la comunicación con todos los pueblos de la zona, Ibias y río Navia abajo.
La prioridad, al menos cronológica, de Xegunde sobre Villabol parece confirmarse por el dato hoy todavía constatable de que las fincas y término de Xegunde se extienden prácticamente hasta las puertas mismas de Villabol, como se puede apreciar por los estibos de Nabedo y de Travesedo, que tienen como límite el arroyo conocido por Regueiro da Marcada. Se trata, seguramente, de fincas que de alguna manera eran cultivadas o aprovechadas por los habitantes del Castro de Xegunde ya desde antes de la colonización de Villabol por el Aviolus que dio nombre al pueblo. Ello rima con el hecho cierto de la existencia del Castro de Xegunde ya en tiempos anteriores a la presencia de los romanos en la zona, atraídos sin duda por el reclamo del dorado metal.
Pero es que además algún grado de influencia o de predominio de Xegunde sobre Villabol, o al menos de cierta familia, parece deducirse de un detalle alusivo a la iglesia parroquial de que hay constancia en el archivo de la parroquia. Se sitúa en el año 1703 y según él la capilla mayor de dicha iglesia, que amenazaba ruina, pertenecía a Francisco de Gegunde, a quien urge el visitador la obligación de repararla. El apellido Gegunde, importante en el pueblo por el siglo XVII y que alcanzaría luego especial lustre en la Casa Palacio de San Martín de Arroxo, está sin duda detrás. Así pues, la fundación de la parroquia, de la cual parece haber noticia ya en la primera mitad del siglo IX, pudo tener algo que ver con una familia notable de Xegunde.