Lecturas: Éxodo 17:3–7 | Romanos 5:1–2, 5–8 | Juan 4:5–42
Salmo: Salmo 94 — “Ojalá escuchen hoy su voz: No endurezcan el corazón.”
En el Tercer Domingo de Cuaresma nos reunimos junto al pozo. En el Evangelio, Jesús se encuentra con la mujer samaritana y le ofrece el agua viva, un agua que no solo calma la sed física, sino también la sed más profunda del corazón humano. La primera lectura recuerda la sed del pueblo de Israel en el desierto y cómo Dios les dio agua de la roca. San Pablo nos enseña que el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo.
Este domingo nos invita a reflexionar sobre nuestros deseos y nuestra confianza en Dios. ¿Dónde buscamos satisfacción? ¿De qué tenemos sed en nuestra vida? La Cuaresma nos llama a un encuentro sincero con Cristo, quien nos ofrece vida verdadera. Aun en momentos de sequedad o duda, Dios permanece cercano y nos ofrece la gracia que renueva y fortalece.
Este canto proclama que tenemos un solo Señor, una sola fe y un solo bautismo. En el Evangelio de hoy, Jesús ofrece el agua viva que une y da vida nueva. Al comenzar la Misa, recordamos que en Cristo formamos un solo pueblo, llamados a escuchar su palabra y a vivir en unidad.
Este canto expresa el deseo profundo del corazón por el agua viva que ofrece Jesús. En el Evangelio, la mujer samaritana descubre que solo Cristo puede saciar su sed espiritual. Al presentar nuestras ofrendas, también presentamos nuestras necesidades y pedimos al Señor que nos llene con su gracia.
Este canto expresa el deseo de ser purificados por el Señor. Así como Jesús ofrece el agua viva que transforma el corazón, también pedimos que Él limpie nuestra vida y renueve nuestra fe. Al presentar nuestras ofrendas, confiamos en que su gracia nos dará una nueva claridad y esperanza.
Este canto es una oración sencilla de purificación y renovación. En el Evangelio, Jesús ofrece el agua viva que limpia y transforma el corazón. Al recibir la Comunión, pedimos al Señor que nos purifique y nos ayude a vivir con mayor fidelidad.
Este canto expresa nuestro deseo de ser renovados por la gracia de Dios. Después del encuentro con Cristo en el Evangelio, comprendemos que solo Él puede transformar nuestra vida. Al recibir la Comunión, pedimos al Señor que nos dé un corazón nuevo y nos fortalezca en la fe.
Este canto es una súplica para que Dios nos conceda un corazón nuevo. Como la mujer samaritana, hemos encontrado al Señor y deseamos vivir transformados por su gracia. Al salir de la Misa, pedimos la fuerza para dar testimonio y compartir con otros el agua viva que hemos recibido.
St. Ann Catholic Church - Haines City, Florida