Lecturas: Génesis 12:1–4a | 2 Timoteo 1:8b–10 | Mateo 17:1–9
Salmo: Salmo 32 — “Que to misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.”
En el Segundo Domingo de Cuaresma, subimos al monte con Jesús. En el Evangelio, Cristo se transfigura ante Pedro, Santiago y Juan, manifestando su gloria divina en un momento de luz. La primera lectura presenta el llamado de Dios a Abram, invitándolo a dejar su tierra y confiar en una promesa que todavía no se cumple. San Pablo nos recuerda que estamos llamados a aceptar las dificultades por el Evangelio, sostenidos por la gracia de Dios.
Después del desierto, este domingo nos ofrece un mensaje de esperanza. La gloria revelada en el monte prepara a los discípulos, y también a nosotros, para el camino hacia Jerusalén y la Cruz. La Cuaresma nos invita a confiar en Dios, aun cuando el camino no es claro. En la oración y en la Misa, recibimos la luz necesaria para seguir a Cristo con fidelidad.
Este canto nos recuerda que somos el pueblo santo y elegido por Dios. En el Evangelio de hoy contemplamos la Transfiguración de Jesús, donde el Padre invita a los discípulos a escuchar a su Hijo amado. También nosotros somos llamados a escuchar a Cristo y seguir su luz durante este tiempo de Cuaresma.
Este canto recuerda las palabras del Padre en la Transfiguración: “Este es mi Hijo amado.” En el monte, los discípulos escuchan la voz de Dios que revela la identidad de Jesús. Al presentar nuestras ofrendas, renovamos nuestra fe en Cristo y nos disponemos a escuchar su voz con confianza.
Este canto nos habla del agua que purifica y da vida nueva. Aunque hoy contemplamos la Transfiguración, también recordamos que Dios nos llama a una transformación interior. Al presentar nuestras ofrendas, pedimos al Señor que nos renueve y nos prepare para seguir a Cristo con un corazón limpio.
Este canto nos recuerda que Cristo nos guía por el camino de la vida. Después de contemplar su gloria en la Transfiguración, seguimos caminando con Él hacia la Cruz y la Resurrección. Al recibir la Comunión, pedimos la gracia de permanecer fieles en el sendero que nos conduce a la vida verdadera.
Este canto nos recuerda que Cristo se entrega por nosotros. En la Transfiguración contemplamos su gloria, y en la Eucaristía recibimos su presencia viva. Al comulgar, acogemos el don de su amor y pedimos la gracia de vivir como verdaderos discípulos.
Este canto proclama que Dios es nuestra fuerza y nuestra salvación. Después de contemplar la gloria de Cristo en la Transfiguración, salimos confiando en el poder y la fidelidad del Señor. Con esta certeza, continuamos nuestro camino de Cuaresma con esperanza y valentía.
St. Ann Catholic Church - Haines City, Florida