La representación de lo femenino
Es muy interesante analizar la construcción del género en la historia cultural del mundo. Desde el principio del tiempo, la gente ha tenido ideas sobre la forma correcta de actuar para cada género. Aunque la mayoría de culturas en la historia reconocía más de dos géneros, mucho de lo que está reproducido en la literatura y el arte de la cultura popular se enfoca en los papeles del hombre y la mujer en la sociedad. Como resultado, un tema común en obras de literatura y cine es la tensión entre la masculinidad y la feminidad. En general, se espera que los hombres tengan confianza y estén independientes en sus decisiones mientras las mujeres existan como unos accesorios para los hombres con mucha belleza pero no mucha sustancia. Estas ideas tradicionales han cambiado con el pasar del tiempo y ahora, estamos empezando de ver la gente y el género representado en formas nuevas. Con suerte, en el futuro, los niños no tendrán que crecer conforme a estas reglas antiguas de la sociedad.
En el pasado, era común ver representaciones de las mujeres débiles o unidimensionales en la escritura. Una gran parte de esto era que muchos de los escritores famosos eran hombres. No era fácil encontrar el éxito con la inteligencia o ingenio como una mujer. Un ejemplo de este favoritismo de género es con unos poetas del Siglo de Oro en España. Luis de Góngora y Garcilaso de la Vega fueron dos poetas que escribieron durante el Siglo de Oro sobre temas como el amor y la naturaleza. Un poema en particular demuestra el uso por escritores masculinos de las descripciones floridas y sin sustancia. Garcilaso de la Vega escribió el soneto XXIII a una amante. Todo el poema es una comparación de una mujer y la naturaleza. Él describe a su mujer como una flor. Para Garcilaso de la Vega, la juventud de la mujer es como una “alegre primavera.” Su preocupación en este poema no es por la mujer misma, sino por la descomposición de su cuerpo y belleza física con el tiempo. Como muchos poemas y obras de arte de este tiempo, la mujer en el soneto XXIII está reducido a nada más que un cuerpo destinado para el disfrute y placer de los hombres.
Hoy en día, mientras las personas que no son hombres enfrenten mucho sexismo y discriminación, la representación de la mujeres en la cultura popular ha estado cambiando durante los últimos años. Un cambio en la historia reciente es la reproducción de obras y cuentos bien conocidos con mujeres en los papeles principales. Por ejemplo, en 2016 la película “Ghostbusters” fue rehecho con un elenco de mujeres. Cambios como este intentan abordar el problema del uso de las actrices como personajes de apoyo en lugar de los principales. Sin embargo, esta solución no es perfecto. Las mujeres no sólo deben ser representadas en las películas rehechas; deben ser las estrellas de cuentos nuevos e innovadores. También, la representación cambiante de las mujeres en las películas y los libros no afecta la transfobia y la transmisoginia de nuestra sociedad.
Con un gran legado de tratar a aquellos que no se identifican como hombres como que son inferiores y no tienen importancia se hace muy difícil crear una sociedad en que todos nosotros podemos ser iguales. Aún más difícil es asegurar que todos estamos representados en la cultura popular en una forma verdadera y no manipulada. Mujeres son fuertes y capaces de todo lo que los hombres son capaces de. Somos los personajes principales en nuestras vidas y nuestras habilidades merecen reconocimiento. Creo que el tiempo para la representación justa de todos grupos de personas está vencida. El tiempo para cambiar la cultura está vencida. Hemos comenzado el trabajo, pero ahora es el tiempo para terminarlo.
Sophia y yo
Hay algo que ella está escondiendo.
Ella camina por la calle, las manos en los bolsillos, la música en sus orejas. Sonríe. Canta en voz alta. Habla con la gente en la calle, en la clase, en la cafetería. Habla sobre el tiempo y la tarea y el fin de semana que viene. Habla sobre temas más profundos también, sobre los miedos oscuros y soledad y amor—las emociones de su alma. Habla como si no hay nada que tiene que contener. Habla como si sabe todo sobre sí mismo.
Hay algo que no puede compartir con nadie.
A veces, no levantarse. A veces, se queda en la cama. Ella tira las sábanas sobre su cabeza y mira hacia la blancura de ellas y la luz de sol silenciada más allá. Aquí ella es tranquila. La música regresa a sus orejas, a su corazón. Sonríe. En las sábanas blancas, ella es como otra persona completa. Ve la blancura del mundo exterior y la oscuridad del interior de su cabeza. Sus pensamientos viven allí, en esta oscuridad interminable.
Hay algo al dentro de sí mismo, algo borroso, que ni ella puede distinguir.
A veces, la mañana trae el sol y una sonrisa, y la energía para enfrentar el día. En estos días, la felicidad está en todas partes—de los dedos a los dedos de pies, y también está en el aire. Otros días, no hay nada de esta alegría. Incluso entonces, una sonrisa. ¿Para quién? ¿Para sí mismo? ¿Para la gente en la calle? ¿Para aquellos que miran y maravillan y preguntan, como si ella fuera algo para observar, como si fuera distinta de todos—de ellos mismos?
Hay una vida, una persona, un espíritu privado entre esta persona visible. Hay un reino entero del mundo al dentro de su cuerpo, de su mente, que ella no puede ver concretamente, pero que puede sentir, que casi puede tocar. Esto es real, incluso si ella no puede verlo.
A veces, creo que todos somos iguales, que no hay ninguna diferencia entre nuestros sentimientos en una mañana temprana. Todos estamos escondiendo algo de los demás, incluso si no sabemos qué es o de dónde viene.
Hay un momento en la noche en que todo se cambia y, de repente, las palabras fluyen como un río, como lágrimas, y nada es difícil decir. Es un momento entre la muerte y el nacimiento del sol. No sé qué pasa en este tiempo, pero es algo especial, algo mágico. Las mejores conversaciones de mi vida han ocurrido en la magia del medio de la noche cuando parece que todo el mundo está durmiendo.
A veces, sonrío sin alegría. A veces, hablar sin interés. Canto sin pasión. Amo sin confianza. Soy diferente en el público con otra gente. Estoy amaestrado. Llevo una máscara. ¿Quién soy yo? ¿Soy este cuerpo? ¿Estoy dentro de este cuerpo? ¿Quién es la persona que está caminando por la calle? Soy yo, pero no la reconozco. ¿Quién es la persona en las sábanas, en sus pensamientos? Es díficil saber. Es difícil conocerme a mí mismo.
Hay algo que está revelado en la oscuridad.
¿Y si pudiéramos hablar así en el medio del día? ¿Y si no guardamos secretos sólo porque tenemos miedo de ser vistos, de ser conocidos? ¿Y si fuéramos honestos con nosotros mismos y uno con el otro, y si supiéramos qué era la honestidad? ¿Qué sería posible?