Desde que era joven, siempre me interesó aprender español. Algunos de mis primeros recuerdos son de mi abuela en la cocina cuando ella me estaba enseñando palabras como “leche” y “boca”. Mi abuela paterna se mudó a Puerto Rico de Nueva York cuando tenía diecinueve años para trabajar y vivir con su hermano. Durante gran parte de su vida, ella habló español, pero cuando nacieron mi padre y mi tía, mis abuelos intentaron hablar más inglés en casa. Querían que mi padre y su hermana tuvieran tantas oportunidades como fuera posible y no se detuvieran con una barrera del idioma. Esta es una idea común entre nuevos inmigrantes hispanohablantes en los Estados Unidos. En muchos lugares dentro de nuestro país, un dominio del idioma inglés es necesario para tener éxito en la escuela o en el trabajo. Como mis padres aprendieron español como segundo idioma y no lo hablamos en casa, mucha de la lengua española se perdió en mi familia (con tristeza). Por eso, en la escuela secundaria, comencé a estudiar español para aprender más sobre el idioma y la cultura de mi familia puertorriqueña. No quería imaginar el dolor de tener familiares con los que no podías hablar ni comunicarme. Además, con el conocimiento de más de una lengua, tengo mas formas de expresarme.
Antes de venir a Amherst, ya había estudiado español en la escuela durante siete años, pero quería explorar este mundo de lenguaje y cultura con más profundidad. Siempre me sentía que no había estado aprendiendo con rapidez. Esto se debió a una variedad de niveles de conocimiento y habilidades entre los estudiantes en mis cursos. También, no había usado el español fuera de la escuela. Después de la escuela secundaria, quería sentirme más cómoda con esta lengua. Quería alcanzar un nivel de habilidad en el que pudiera usar el español con fluidez en mi vida diaria. En mi primer año en Amherst, tomé Español III y Español IV. Estos cursos fueron una continuación de mis estudios de gramática, pero con un nivel más avanzado. Me ayudaron a ampliar mi conocimiento del español, y también sirvieron como una introducción a la comunidad de alumnos y profesores hispanohablantes en Amherst. Español III y IV me ayudaron a desarrollar amistades con personas con quienes compartí muchos intereses. Cada semestre, tengo ganas de empezar mi clase de español porque puedo aprender al lado de mis compañeros del primer año. La comunidad del Spanish Major es una de la que quería ser parte. Una de las razones por las que no me di por vencida durante estos tres años es porque he tenido relaciones establecidas con profesores y estudiantes en este departamento que me han apoyado mucho.
En mi segundo año en el departamento de Español, continué mis estudios con el Spanish Writing Workshop y un curso de introducción a la literatura española y latinoamericana. Siempre me ha gustado escribir creativamente, pero en el Spanish Writing Workshop, también pude desarrollar mis habilidades de escritura en otros géneros. Por ejemplo, aunque no está en esta portafolio, en este curso yo disfruté escribiendo una crítica de cine, algo que nunca antes había intentado. Este trabajo inspiró mi interés en estudiar el cine. El el otoño de 2018, tomé mi primer curso en Smith College sobre el cine español. Este curso me interesó mucho porque me permitió estudiar una parte nueva de la cultura española. Además, fue una clase con mucho trabajo práctico. Cada semana, pasamos un día hablando sobre una película española y el otro día trabajamos en nuestros propios cortometrajes. Al final del semestre, mi grupo había creado una telenovela de siete minutos. Estos cursos fueron especiales para mi porque pude transportarme a otros mundos y otras culturas. Con un profesor de España (el de Smith College), era como si hubiera estudiado en el extranjero por un par de horas cada semana. Debido a estas experiencias, sabía que quería estudiar en un país hispanohablante por un semestre entero.
De todos mis estudios en español, la parte que voy a recordar más es el semestre que pasé en Cádiz, España. Fui a Cádiz por seis meses para estudiar y hacer una experiencia de inmersión cultural. Viví con una familia grande en la ciudad más bonita de España, a sólo cinco minutos de la playa. En Cádiz, hablé español todos los días; mi familia española no hablaba inglés. Escribí e hice muchas presentaciones en mis clases, pero creo que podía aprender más de mi vida afuera de la universidad. Además de mi familia, hablé con gente en las restaurantes, en las calles, en mis clases de baile y en las discotecas. Aprendí mucho de la gente gaditana y también de otros estudiantes internacionales (muchos de países europeos). Mi semestre en Cádiz fue una culminación de todo lo que había aprendido desde la escuela secundaria. Por fin, me sentí cómoda y natural viviendo en este mundo con este idioma “extranjero”. Estoy muy agradecida por los cursos de español que he tomado aquí en Amherst y por mi experiencia de Study Abroad. Estoy segura de que voy a continuar a usar y amar la lengua española por el resto de mi vida.