Un disparo en la oscuridad
El cadáver se encontraba extendido en la alfombra del salón. Estaba en las sombras, tirado entre el sofá y la ventana, pero con cada ráfaga de viento, las cortinas se movían y el hombre podía verlo por la luz de la calle afuera. Podía verla. Ella.
Esas cortinas feas. Él recordó el desdén con que ella miraba a esas cortinas. Ella siempre decía que le recordaban su niñez, de las luchas de sus padres, del sentimiento de estar atrapada. Él había tenido la intención de quitarlas pero nunca había llegado a eso.
Él había dejado abiertas todas las ventanas ese día. Había hecho mucho calor y ellos todavía no habían instalado el sistema de aire acondicionado. Habían discutido sobre eso. Ella dijo que el sistema costaba demasiado, que si querían formar una familia tendrían que empezar a ahorrar dinero. Él dijo que había otras cosas que podían sacrificar, como los viajes mensuales a la peluquería, o la televisión en el dormitorio, o la joyería de diamantes.
Ella estaba llevando los aretes ahora. Él podía verlos desde donde estaba en la puerta. Con cada ráfaga de viento, las cortinas se movían y los aretes brillaban en la oscuridad del salón. Brillaban como estrellas, como el sol en el agua, como sus ojos cuando ella le sonreía. Como unas tardes cuando él había regresado a casa antes de lo que ella esperaba y le sorprendió con un refresco de la bodega y un beso.
El hombre podía hacerla feliz, podía hacerla sonreír con sus ojos como diamantes iluminados en la oscuridad por una luz que él no podía ver. ¿Pero por qué no podía ver la luz? ¿Por qué nunca podía verla? ¿Y por qué había apagado la luz en el salón esa noche? ¿Por qué no podía aguantar la mirada de decepción y frustración en su cara?
Solía ser una mirada de amor, una mirada de confianza. ¿Qué había pasado? ¿Qué había cambiado? Solían bromear sobre las cortinas feas, sobre el calor y todos sus diamantes. Pero en algún lugar en el camino, las bromas se convirtieron en peleas, las sonrisas en lágrimas, el amor en el sentimiento de estar atrapado.
El hombre había dejado abiertas todas las ventanas ese día, pero todavía no podía haber un escape para nadie. Los amantes estaban atrapados en un laberinto que ellos mismos habían creado. Estaban atrapados en las expectativas que nunca se cumplían.
Los ojos de la mujer solían brillar como estrellas, pero esa noche, brillaban como chispas de un fuego interno y profundo, un fuego que podía destruir todo. Ella se había cedido el control a este fuego, esta tormenta, este monstruo.
Sus ojos destellaron. El hombre apagó la luz. Ella alcanzó las cortinas feas para quitarlas, como si sin ellas, el salón - el amor, la vida - pudiera ser hermosa de nuevo. Él alcanzó su arma. Un disparo en la oscuridad, como toda la relación había sido, como la esperanza siempre es, pero esta vez, parte de él quería perderse.
El cadáver se encontraba extendido en la alfombra del salón. El hombre bajó la vista hacia el arma que todavía tenía en la mano. Tenía miedo de aferrarse y tenía miedo de dejar ir de la arma y de ella, del futuro que ellos habían soñado juntos. Pero el disparo había encontrado su marca.
El hombre relajó sus dedos y el arma se cayó en las sombras.
Estos recuerdos borrosos
Es difícil recordar cómo lo pasó.
Especialmente ahora,
especialmente cuando no quiero recordar,
cuando hay dolor en los recuerdos,
cuando hay esta oscuridad sobre todo.
Es difícil recordar cómo nos enamoramos.
¿Y eso realmente importa?
Ya no cuento esa historia, esa de amor,
de miradas tímidas, de flores y mariposas.
Ahora, cuento otra historia:
la de yo después de ti.
No recuerdo cómo empezó.
Ni siquiera recuerdo cómo terminó.
Sólo recuerdo que los días cada vez estaban más cortos,
las noches más largos y las estrellas más lejos
y más difíciles de alcanzar.
Es difícil recordar por qué lo pasó,
por qué nos enamoramos y nos quedamos enamorados
y te fuiste y me dejaste aquí con estas preguntas
y estos recuerdos borrosos.
¿Que recuerdo exactamente?
Recuerdo tu sonrisa y la chispa en tus ojos.
Recuerdo tus pecas, tus cicatrices,
la curva de tu barbilla.
Tu cara sí recuerdo, y la forma de tu cuerpo, pero no te recuerdo.
No te recuerdo, no realmente.
No recuerdo cómo lo pasó.
No recuerdo cuando o por qué.
Pero pasó. Nos enamoramos. Te fuiste.
Y los recuerdos vienen, borrosos y rotos y no deseados.
¿Vienen a ti? ¿Alguna vez—
recuerdas?
Receta para una buena noche de descanso
Ingredientes:
1 clase a las 9 de la mañana
Todos sus pensamientos y miedos del futuro
2 horas trabajando como voluntario
3 tareas para hacer y 100 páginas para leer para clase
12 episodios de programa en Netflix
5 trabajos para solicitar
3 cargas de ropa sucia
4 plataformas de medios sociales
7 reuniones de club para prepararse
La fiesta de cumpleaños de su mejor amigo
6 llamadas perdidas de su madre
Preparación:
Primero, escoja tus 3 ingredientes menos favoritos. No hay espacio para estos si quieres dormir esta noche. Puede salvarlos para otro momento o quitarlos completamente. Ahora, empiece a mezclar cada ingrediente en un tazón separado. Es importante mezclar todos al mismo tiempo o no terminará la receta esta noche. Es cierto que algunos ingredientes va a recibir más atención que otros. Por eso, escoja tus 3 ingredientes favoritos y mézclelos bien. Olvide el resto por ahora. Si tiene tiempo después, puede regresar a este paso. Ahora, ponga la mezcla que tiene en el horno. El fuego necesita estar en su posición más alta porque no tiene mucho tiempo. Es posible que la mezcla empiece a quemar. No se preocupe; es normal. Saque la mezcla quemada del horno y póngala en un plato elegante. Cúbrela con una salsa bonita. Sírvalo a sus invitados. Recuerde que este plato no es para comer. La única que importa ahora es la presentación de su plato. Si a los invitados les gusta, buen trabajo. Ahora, puede dormir. Si no, tiene que empezar de nuevo. Esta vez, recuerde esconder la parte quemada.