"Yo no sé quién me ha puesto en el mundo, ni qué es el mundo, ni qué soy yo; me encuentro en una terrible ignorancia de todas estas cosas; no sé lo que es mi cuerpo, ni mis sentidos, ni mi alma, ni siquiera esta parte de mi yo que piensa lo que digo, que reflexiona sobre todo y sobre sí misma y que no se conoce a sí misma mejor que el resto. Veo estos terribles espacios del universo que me envuelven, y me encuentro atado a un rincón de esta vasta extensión, sin que sepa por qué estoy situado en este lugar y no en otro, ni por qué este poco de tiempo que me ha sido concedido para vivir me ha sido asignado en este momento y no en otro de toda la eternidad que me ha precedido y de toda la que me sigue. No veo más que infinitudes por todas partes que me envuelven como a un átomo y como a una sombra que no dura más que un instante sin retorno. Todo lo que yo sé es que debo morir pronto; pero lo que más ignoro es, precisamente, esa muerte que no sabré evitar.
Como no sé de dónde vengo, tampoco sé a dónde voy; y solo sé que al salir de este mundo caeré para siempre o en la nada, o en las manos de un Dios irritado, sin saber a cuál de estas dos condiciones debo estar eternamente sujeto. He aquí mi estado, lleno de debilidad e incertidumbre.
Blaise Pascal, Pensamientos
En la actualidad, el término "filosofía" se emplea de muchos modos en la vida cotidiana. Muchas veces se escucha: "Hay que tomar las cosas con filosofía", "La filosofía de esta empresa consiste en vender lo más posible" o "La filosofía es una asignatura de Bachillerato". Sin embargo, el concepto de filosofía debe precisarse bien.
Uno de los elementos que caracterizan la filosofía es mantener una actitud de asombro ante los acontecimientos de cada día.
Tener espíritu filosófico es ser capaz de asombrarse de los sucesos habituales y de las cosas de todos los días.
Arthur Schopenhauer: El mundo como voluntad y representación
No se puede aprender ninguna filosofía; pues: ¿ dónde está esa filosofía, quién la posee y de qué modo se la puede conocer ? Solamente se puede aprender a filosofar.
Immanuel Kant: Crítica de la razón pura
La filosofía surgió como un ejercicio de la razón humana, que buscaba el saber. Para ello, cultivaba el asombro, rechazaba opiniones falsas y ejercía la crítica de la ignorancia y la superstición. Pero la filosofía no es solo un saber que proporciona conocimiento teórico, sino que influye en la vida práctica y busca la belleza y la felicidad.
Los primeros filósofos occidentales vivieron en Grecia en el siglo VI a.C., y todavía hoy sigue practicándose esta antigua actividad.
Los seres humanos han recurrido a dos formas de explicar las cuestiones que les inquietan: el relato mítico y la argumentación racional. El primero tiene un origen ancestral. La segunda fue una creación de los griegos, quienes confiaron en la fuerza de la razón.
Un mito es un relato fantástico, lleno de símbolos y metáforas de gran belleza, transmitido de padres a hijos o resultado del esfuerzo colectivo de un conjunto de autores. En los mitos se explica el origen del mundo y se responde a las preguntas sobre el "más allá". Cuentan una historia que se encuentra en otro tiempo: en cierto modo, son atemporales.
Los protagonistas de los mitos son dioses, héroes o personajes sobrenaturales que actúan de forma arbitraria.
Los mitos revelan una verdad esotérica, muchas veces extraña, que es necesario interpretar. En muchas ocasiones, un grupo social se encarga de su interpretación y adquiere, por ello, autoridad y privilegios.
El mito mantiene también una función de cohesión social: la sociedad que lo ha creado se ve reflejada en él, y encuentra en sus palabras un modo de reconocimiento, hasta el punto de que se puede decir que una sociedad lo es en tanto que comparte una serie de relatos míticos.
El mito, en suma, responde a una necesidad de saber y de resolver problemas. Tiene un gran valor y, a veces, alcanza una gran complejidad, pero no es el resultado, necesariamente, del ejercicio de la razón.
En los siglos VII y VI a.C., en las ciudades griegas de Jonia (en la costa de Asia Menor), los llamados filósofos presocráticos comenzaron a explicar el mundo de un modo distinto al propuesto en los mitos, utilizando argumentos racionales y basándose en elementos naturales.
La naturaleza solo está sometida a sus propias leyes necesarias, y ya no depende de la voluntad de los dioses.
Para ello, emplearon lo que ellos llamaban lógos, que significa, a un tiempo, "palabra", "argumento" y "razón". El término logos denota un lenguaje argumentado mediante el que se da razón de las cosas; es decir, un lenguaje que expresa un conocimiento racional. Así, los griegos crearon un modo diferente de responder a la necesidad de saber. Fue el inicio del pensamiento racional, y la filosofía es su heredera.
Las primeras formas de filosofía se originan como crítica a lo que el mito planteaba: a la superstición, a la ignorancia, a la falsa ciencia; es decir, a lo que sobrepasa la capacidad racional. El discurso racional suponía sustituir la creencia o la fe por la razón, el planteamiento de argumentos coherentes y estructurados y la necesidad de probarlos.
El discurso racional fue el triunfo de la comunidad humana, que en la explicación de la naturaleza se liberaba de dioses y de otros poderes extraños a la razón.
Los helenos se integraban en su cultura a través de las grandes epopeyas de Homero: la Ilíada y la Odisea. En ellas aprendían una lengua, pero también unos modos de pensar y de actuar. Quienes no hablaban como ellos y no compartían sus costumbres eran considerados bárbaros.
La sociedad griega se basaba en el trabajo de los esclavos y apenas reconocía la importancia social de la mujer, pero también fue en la antigua Grecia donde surgió una manera de ser y de gobernar propia que conocemos como democracia.
Los griegos adoptaron algunas de las costumbres de los pueblos que vivían en la India, en Egipto o en Mesopotamia, pero crearon una civilización original basada en la belleza, el diálogo y la razón. Ellos fueron los primeros que emplearon el término filosofía, un nombre extraño que quiere decir "amor a la sabiduría".
La filosofía no puede separarse de cuanto los griegos idearon: el teatro, el deporte, los dioses humanizados, la democracia; es, en suma, una creación griega.
Ulises y las sirenas
Mosaico romano de la Casa de Dionisos y Ulises, Dougga (Túnez)
La sociedad griega encontraba su unidad cultural en las grandes epopeyas homéricas.
El primer testimonio que poseemos del término filosofía es curioso. Parece que fue Pitágoras, matemático, músico y filósofo, quien lo empleó por vez primera. Diógenes Laercio cuenta (Vidas de filósofos ilustres I, 12) que Pitágoras causaba admiración por cuanto decía. En una ocasión le preguntaron cuál era su profesión. Pitágoras respondió que era filósofo. No entendieron lo que eso significaba, y para explicarlo propuso una comparación.
Pitágoras comentó las diferentes intenciones de los que acudían a los Juegos Olímpico: unos iban a ganar las pruebas y a conquistar el reconocimiento de sus conciudadanos; otros iban a comerciar y a ganar dinero aprovechando que a los Juegos acudían muchos ciudadanos de diferentes partes de la Hélade, y otros acudían, simplemente, a observar lo que ocurría. Estos no querían ni la fama ni el dinero, solamente les importaba ver lo que pasaba y analizar cuanto ocurría.
Pitágoras comparaba a estos últimos con los filósofos: observaban los acontecimientos sin más interés que llegar a entenderlos. Por eso, a los filósofos se les llama amantes o amigos de la sabiduría. Son especialistas en "ver" y tener "visiones". Y es que en la lengua de los antiguos griegos tener una idea es tener una visión.
La comparación de Pitágoras no es sencilla. Exige conocer, en primer lugar, lo que era la Hélade, pero también supone advertir lo que quería decir contemplar y mirar sin más interés que saber. Conocer de este modo supone "ser amigo" de la sabiduría.
El filósofo siempre está en tensión, siempre busca, nunca está satisfecho con lo que ha encontrado; por eso, no es, sin más, sabio: busca ser sabio. Y, para ello, emplea la razón, define conceptos, desarrolla métodos, crea sistemas de ideas y no admite sin reflexión lo que todos juzgan verdadero.
La filosofía, pues, no es nunca algo estático. Siempre está abierta. Es, en cierto modo, un camino sin fin. Pero tiene un origen, la necesidad de encontrar una respuesta a cuanto es y a cuanto ocurre. Y esto puede hacerse de modos diferentes, aunque en Grecia se descubrió que el origen de la sabiduría se encuentra en el uso de la razón.
Analicemos a continuación los rasgos del discurso racional, que se encuentra en el origen de la filosofía.
Puede parecer que el discurso racional se opone totalmente al relato mítico. En cierto modo es así, ya que en el mito no se usa la argumentación, pero ambos comparten el mismo origen: la necesidad de encontrar respuestas a cuando se teme o a cuanto, simplemente, no se comprende.
Toda forma de conocimiento surge de la curiosidad y del asombro que provoca en nosotros lo desconocido.
El verdadero asombro se encuentra relacionado con las necesidades de la vida diaria. Para advertirlo será necesario, claro está, emplear los sentidos de un modo nuevo: aprender a escuchar, a ver, a tocar. En suma, descubrir que en cuanto hacemos habitualmente hay enigmas e interrogantes que no tienen una fácil respuesta.
Junto a esa capacidad de asombro, necesaria para iniciar el conocimiento, se encuentra la capacidad de hacer preguntas.
Muchas de las antiguas cuestiones que el ser humano se ha planteado a lo largo de la historia siguen estando abiertas. Otras, en cambio, se han respondido gracias al avance del conocimiento científico. Pero la necesidad de proponer preguntas y de advertir problemas se encuentra en la base del conocimiento.
No obstante, la diferencia más radical entre la razón y el mito se encuentra en la capacidad de crear argumentos.
La razón avanza mediante el ejercicio de la argumentación rigurosa, donde todo cuanto se afirma ha de apoyarse en la razón. En el discurso racional, todo razonamiento debe encontrar su lugar en una cadena argumentativa, lo que permite rechazar aquello que no se considera debidamente fundamentado.
Resulta complejo definir lo que sea el saber, aunque podemos decir que es el dominio de las informaciones de que se dispone en un momento determinado y que permite actuar adecuadamente. Así, podemos hablar de dos tipos de saber, que pueden estar unidos, aunque no siempre es así:
1) Un saber desinteresado, que simplemente pretende conocer la realidad tal como es.
2) Un saber para realizar algo, que busca una aplicación práctica de lo que se conoce.
En cada época, el caudal del saber es diferente que en tiempos anteriores; especialmente en nuestro momento histórico, en el que el avance del conocimiento ha sido muy rápido y existen muchas disciplinas y saberes altamente especializados que no mantienen relación entre sí.
En el ámbito de la filosofía se sabe que resulta imposible alcanzar todo el saber, pero se considera que es posible aspirar a adquirirlo. Es decir, la filosofía presente ser "amiga" del saber; no lo posee nunca, pero lo busca como un ideal.
Pero semejante apertura del discurso racional no impide identificar a sus enemigos. Los principales son la ignorancia, la opinión y la simple creencia.
1) La ignorancia es el más importante. En ella, simplemente, no se conoce nada o se conoce de modo incorrecto.
2) La opinión es un juicio sin fundamento y sin rigor con apariencia de saber. No tiene una base argumentativa ni verificable empíricamente, y suele depender del sistema de valores de una comunidad. La opinión se apoya en impresiones, sentimiento o juicios de valor subjetivos o infundados. Aunque es un conocimiento sin fundamento, en ocasiones puede imponerse como conocimiento verdadero.
3) Finalmente, la creencia es la adhesión personal a una idea, teoría, afirmación o dogma, cuyo fundamento es, precisamente, esa adhesión. Por eso, las creencias pueden surgir de la ingenuidad, del prejuicio, de la opinión o del error. Solamente hay un caso en que una creencia tiene valor: cuando procede de la fe. Pero la fe no es un fundamento universal y, aun cuando posea elementos racionales, no es un asunto racional, aunque pueda ser "razonable". Por lo tanto, la creencia no puede sustituir nunca al pensamiento racional.
La filosofía, desde sus orígenes, ha criticado las creencias y las opiniones, y sobre todas ellas se ha opuesto a la ignorancia y a la superstición.
Hasta el momento, hemos expuesto algunas consideraciones generales sobre la filosofía. De todas ellas debe resaltarse una: la práctica de un discurso racional fundamentado y coherente que emplea la fuerza de la razón humana. Su fin es alcanzar el conocimiento y combatir la ignorancia, las opiniones dudosas o las creencias sin fundamento.
Tras todo ello se encuentra un componente muy importante: la filosofía pretende ser una actividad universal del mismo modo que la razón es un componente universal del ser humano. De este modo, se entiende que todos podrán hacer filosofía si hacen el uso adecuado de la razón, empleando argumentos fundamentados y combatiendo opiniones y creencias infundadas.
Pero, desde sus orígenes, la filosofía no quedaba limitada al conocimiento teórico, pues, aunque sí perseguía el conocimiento, también trataba de que este conocimiento orientara la acción; es decir, buscaba un conocimiento que fuera también "sabiduría"
La sabiduría no se reduce nunca a una teoría o a una cadena de argumentos fundamentados, sino que es una forma de vida iluminada por el conocimiento. La sabiduría tiene su origen en la contemplación no interesada, pero desemboca en un "saber vivir" que permite alcanzar la felicidad y la armonía.
La sabiduría une el conocimiento, la felicidad y la verdad. Los filósofos no la poseen, la buscan como un ideal lejano y difícil; son, simplemente, "amigos" de la sabiduría.
Quien ha alcanzado la sabiduría y es, por ello, considerado un sabio ha sido capaz de unir la libertad interior con una adecuada conciencia del mundo en el que vive; es decir, ha hecho del conocimiento racional un modo de iluminar las exigencias de la vida.
A comienzos del siglo XXI podríamos comentar decenas de definiciones diferentes de filosofía, pero existen una serie de rasgos comunes a todas ellas que deben ser tenidos en cuenta. Analicemos estos rasgos:
1) La razón interrogativa: La filosofía es un saber racional, es decir, se basa en el ejercicio de la razón humana, y procede según el modelo de un discurso construido mediante argumentos debidamente fundamentados, que pueden ser probados y que mantienen una coherencia entre sí. Pero la filosofía es una actividad racional abierta. Nunca se considera realizada de una vez por todas, sino que siempre se encuentra en la búsqueda de su propósito.
La filosofía es un saber coherente y fundamentado, pero no es nunca un saber completo.
Por esto, en filosofía son siempre más importantes las preguntas que las respuestas. La filosofía está siempre atravesada por la tensión, a diferencia de otros saberes, que parecen más seguros y cerrados. En cierto modo, a pesar de su rigor, la filosofía siempre se está haciendo a sí misma.
2) Un saber de segundo grado: La filosofía no es una ciencia; es un saber racional de "segundo grado", si bien tiene en cuenta lo que pueden aportar las ciencias, o conocimientos de "primer grado", que analizan con detalle la realidad concreta y tienen objetos muy definidos. En cierto modo, la filosofía mantiene siempre una perspectiva, una distancia sobre el conocimiento de primer grado.
Para realizarse, la filosofía necesita tener en cuenta los datos de las diferentes ciencias, pero va más allá de ellas.
3) La crítica constante: El saber filosófico es siempre un saber de carácter crítico. Ello lleva a la filosofía a mantener siempre una distancia respecto a los resultados de las ciencias particulares, de las hipótesis que éstas sostienen, y respecto al poder mismo de la razón. Este componente crítico adquiere una importancia fundamental y ha caracterizado la filosofía desde su origen.
La filosofía revisa los fundamentos y las hipótesis últimas, se encuentra más allá de lo que afirman las ciencias particulares y pone en tela de juicio su propia existencia; por eso, su crítica es radical.
4) Un saber integrador: La filosofía tiene un carácter integrador, no se limita a un conocimiento parcial. En efecto, a diferencia de las ciencias particulares, que son altamente especializadas, la filosofía está siempre interesada en plantear perspectivas generales, que permiten integrar los distintos saberes y ciencias particulares.
La construcción de la totalidad puede ser peligrosa si no se encuentra adecuadamente fundamentada, pero es una exigencia de la filosofía.
Esta perspectiva lleva a la filosofía a realizar una síntesis de diferentes ámbitos de conocimiento para resolver los problemas que se plantea y construir su discurso fundamentado. Más aún, cuando las diferentes ciencias particulares sobrepasan sus propios límites y se plantean cuestiones más generales, se asemejan a la filosofía.
Este aspecto integrador de la filosofía se hace especialmente necesario cuando el conocimiento ha alcanzado un carácter tan especializado como ocurre en nuestros días. Y es que los grandes problemas son siempre problemas generales, que exigen la generalidad y la integración. Desde estas puede ejercerse mejor la función crítica propia de la filosofía.
Los verdaderos filósofos son como los elefantes, que al marchar, no ponen nunca el segundo pie en la tierra antes de que el primero esté bien seguro.
Fontenelle: Conversaciones sobre la pluralidad de los mundos
Del mismo modo que llamamos libre a quien es para sí su propio fin y no existe para otro, del mismo modo, [la filosofía] es la única de las ciencias que es libre, porque es para ella misma su propio fin.
Aristóteles: Metafísica
Tras analizar los rasgos generales de la filosofía, que es siempre un actividad y una forma de saber racional, conviene distinguirla de otras formas de conocimiento que pretenden responder a algunas de las cuestiones de las que se ocupa la filosofía:
1) La ciencia: La filosofía no es una ciencia, aunque deba tener siempre en cuenta los resultados de la ciencia y haya de considerar los datos del mundo exterior.
2) La religión: La religión es una creencia subjetiva, que es la fe, y se funda en una verdad revelada y en unos textos sagrados. En tanto que creencia personal es muy respetable, y emplea, en ocasiones, "argumentos razonables"; sin embargo, no se basa, como hace la filosofía, en el valor único de la razón y del discurso racional.
3) La literatura: La literatura inventa narraciones y construye personajes sin que tengan que existir realmente o tener su fundamento en la razón. Es un producto magnífico de la imaginación humana presente en todas las culturas. Algunos de sus temas y de sus creaciones pueden responder a cuestiones fundamentales que resulten cercanas a los temas de la filosofía; sin embargo, no propone un discurso racional fundamentado.
Biblioteca Menéndez Pelayo, Santander
La filosofía sobrepasa el carácter particular de las ciencias y del resto de saberes humanos y aspira a dar una respuesta general e integradora a las cuestiones más generales de las que se ocupa el pensamiento humano.
Kant afirmaba que el saber filosófico podía resumirse en cuatro preguntas: ¿qué puedo saber?, ¿qué debo hacer?, ¿qué me cabe esperar?, y ¿qué es el hombre? A ello añadía que las tres primeras cuestiones dependían de la cuarta, es decir, dependían del análisis del ser humano.
La primera de ellas era el objeto de la metafísica, que es la rama de la filosofía más general, que se ocupa de las cuestiones más abstractas sobre el conocimiento y la realidad. La segunda reúne los temas que estudia la moral. La tercera es respondida por la religión. La última engloba el conjunto de problemas que trata la antropología o teoría del ser humano.
Esta descripción de Kant sintetiza los grandes temas de la filosofía. En ella se reúnen los problemas esenciales de que se ocupa la filosofía y que han recibido nombres muy diferentes. Pero precisemos un poco más.
Para establecer los grandes temas de la filosofía, hay que tener en cuenta los siguientes niveles generales. En primer lugar, existe una realidad natural y una realidad humana. Entre ambas se da una relación mutua, ya que el hombre es parte de la naturaleza. Pero también existen las acciones que el ser humano realiza y que construyen una "segunda naturaleza", distinta a la realidad natural, que es propia del ser humano.
En la filosofía podemos distinguir dos grandes áreas: la filosofía teórica, que estudia el conocimiento humano y la realidad; la filosofía práctica, que analiza el universo de los fines y las acciones humanas.
Dentro de la filosofía teórica se encuentran los temas de estudio que señalamos a continuación:
1) La primera y más abstracta reflexión que la filosofía teórica se plantea es el análisis de lo que ella misma es: es la reflexión crítica sobre su propio ser, y orienta lo que puede estudiar. Una teoría de la filosofía es, por lo tanto, una tarea esencial para hacer filosofía.
2) El segundo conjunto de problemas se encierra bajo el título de antropología. En ella se analizan los rasgos del ser humano, desde su origen evolutivo hasta las grandes teoría que pretenden explicar las más importantes peculiaridades humanas y su destino.
3) El tercer núcleo de intereses de la filosofía se centra en analizar lo que sea la realidad externa al ser humano, el mundo exterior. Es la parte de la filosofía llamada metafísica, que reúne (como dijo Aristóteles) las cuestiones y los problemas que surgen de la realidad física, pero que se encuentran "más allá" de lo que estudian las ciencias naturales particulares.
Este análisis problemático y crítico de la realidad, también llamado ontología o ciencia del ser, debe tener en cuenta las aportaciones de las ciencias naturales y biológicas, y pensar los problemas que estas ciencias dejan abiertos.
En muchas ocasiones, se incluye una referencia al último fundamento de la realidad, que para algunos autores es Dios, lo que da lugar a la teología, que es una reflexión racional sobre el concepto de Dios, como fundamento último de la realidad, empleando la razón, sin limitarse a la fe. De otro modo, no sería filosofía, sino religión.
4) El cuarto conjunto de intereses lo constituyen los problemas del conocimiento. Es la parte de la filosofía que se denomina teoría del conocimiento (también llamada gnoseología o epistemología). Esta parte de la filosofía estudia el origen, los límites y las pretensiones del conocimiento y la verdad. En su análisis debe tener en cuenta las aportaciones de la lógica, de las demás ciencias formales y de las neurociencias, que analizan el comportamiento del cerebro y los mecanismos del conocimiento. Asimismo, debe estudiar los problemas del lenguaje, que tiene una importancia excepcional como instrumento de conocimiento.
La filosofía práctica reúne el estudio de los problemas que surgen al considerar el mundo de los fines y la actividad práctica humana. Por supuesto, tiene en cuenta lo que se ha analizado en el nivel teórico de la filosofía y considera las aportaciones de las ciencias humanas y sociales, pero aquí se abordan, fundamentalmente, los productos de la acción humana.
1) La primera reflexión acerca del universo creado por el ser humano es la ética, que analiza los problemas del comportamiento humano y propone las pautas para una actuación buena y fundamentada.
2) La filosofía estudia también la creación artística como un componente fundamental del ser humano y el significado de cuanto se considera bello. Tal es el objeto de la estética.
3) Finalmente, no podemos olvidar que el ser humano es un animal social y que ha creado diferentes instituciones sociales. La filosofía social y política analiza los problemas derivados del origen y de la constitución de la sociedad, el trabajo y la técnica, el poder, el derecho, la ciudadanía, la política y la economía.
La filosofía es un producto histórico y depende de ciertas condiciones sociales y económicas. En cada época se ha dado diferentes respuestas a los problemas que han preocupado a la filosofía, pero, a diferencia de la ciencia, la historia de la filosofía no es la historia de las soluciones a los problemas que analiza. La mayoría de ellos permanecen abiertos.
Este carácter peculiar de la filosofía hace posible que cuestiones que preocupaban a los antiguos griegos o a hombres y mujeres del siglo XVI sigan siendo importantes para quienes vivimos a comienzos del XXI. El miedo, el amor, la duda, el poder, la belleza y el mal han sido constantes compañeros del ser humano a lo largo de la historia. Tienen formas diferentes, pero siempre están ahí.
Por esto, es preciso recordar que hacer filosofía supone tener en cuenta lo que hicieron los filósofos del pasado no para repetir lo que ellos pensaron o para revivir épocas que no pueden volver, sino para mantener una relación con los problemas que permanecen abiertos a la investigación filosófica.
La filosofía muestra que, en muchas ocasiones, lo que se cree más moderno es lo que ha logrado sobrevivir entre lo más interesante del pasado. Por esta razón, es probable que en el siglo XXI se sigan manteniendo posturas semejantes a las que sostuvieron Platón, Tomás de Aquino, Kant, Nietzsche o Heidegger.
Todos estos pensadores pertenecen a un pasado concreto, pero sus reflexiones siguen siendo, en muchas ocasiones, actuales. Y es que la filosofía se asienta siempre en un diálogo vivo con el pasado.
A continuación, indicaremos las principales etapas en la historia de la filosofía.
La Antigüedad clásica
En primer lugar, la época clásica, dominada por la influencia de Grecia, comprende la etapa que transcurre entre los siglos VI a.C. y IV d.C., cuando se implantó el cristianismo como religión oficial del imperio romano. En las décadas iniciales de este período apareció la filosofía en las colonias griegas de Jonia (en Asia Menor).
Esta época destacan Sócrates, Platón, Aristóteles y los grandes sistemas morales del helenismo, que son referencias constantes en la historia de la filosofía. De este período histórico proceden muchos de los principales conceptos filosóficos del pensamiento occidental.
Ahora bien, no podemos olvidar que en lugares alejados de Grecia y de Roma se desarrollaron formas de pensamiento que ejercieron una gran influencia en otras zonas del mundo:
1) En la India, en torno a los años 1500-1000 a.C., comenzaron a recopilarse los escritos sagrados de los Veda, que son la base de la filosofía hindú.
2) En la misma época en que vivió Pitágoras, en los siglos VI y V a.C., nació el sabio indio Siddharta Gautama (566-486 a.C.), que fue el fundador del budismo.
3) Coetáneo de Pitágoras y de Buda es Confucio (551-479 a.C.), que influyó con su doctrina en China, Corea y Japón.
La Edad Media y el Renacimiento
La filosofía medieval se desarrolló entre los siglos IV y XVI. De un carácter muy variado, con figuras extremadamente interesantes e influyentes, estableció un diálogo entre la fe revelada y el poder de la razón humana. Es la época de la escolástica, o filosofía de las escuelas, marcada por las disputas y las grandes síntesis enciclopédicas.
Se desarrolló en una sociedad feudal marcada por la influencia del cristianismo, y entre sus autores más relevantes debe citarse a San Agustín, Santo Tomás y Guillermo de Ockham, que criticó el poder de la Iglesia y planteó la necesidad de nuevas formas de pensamiento.
No debe olvidarse tampoco que a partir del siglo VII apareció la cultura del Islam, que se extendió por Oriente Medio, el norte de África y parte de Europa. Especialmente importante para el pensamiento islámico fue el papel que desempeñaron Bagdad, Córdoba y Granada, ciudades donde vivieron filósofos que recuperaron muchos de los textos perdidos de Platón y de Aristóteles.
La Edad Media llegó a su final con el Renacimiento, en el que se produjo una profunda transformación intelectual del pensamiento europeo provocada por la recuperación de los grandes textos de los autores griegos y latinos, traídos desde Constantinopla, y que culminó con la aparición del humanismo.
La filosofía de la Modernidad
La llamada filosofía moderna se desarrolló durante los siglos XVII y XVIII. La Revolución Científica, de la mano de Galileo y de Newton, tuvo una importancia central en la configuración de una nueva forma de pensar. La física y las matemáticas cobraron una extraordinaria relevancia, apareció la ciencia moderna y la filosofía perdió, en favor de la ciencia, muchos de sus anteriores ámbitos de estudio. Es el tiempo de dos grandes corrientes de pensamiento: el racionalismo continental (representado por Descartes, Spinoza y Leibniz) y el empirismo británico (con las obras de Francis Bacon, Locke, Berkeley y Hume).
La época moderna se cierra con la Ilustración, que extiende por toda Europa los valores de la nueva racionalidad moderna y prepara la caída del Antiguo Régimen, provocada por la Revolución Francesa. La obra de Kant tiene una importancia fundamental y engarza los valores de la Ilustración con una nueva forma de hacer filosófica mediante la aplicación de un método crítico.
La filosofía está escrita en ese libro inmenso que siempre se encuentra abierto ante nuestros ojos: el Universo. Pero no se puede entender nada del Universo si no nos esforzamos en comprender la lengua y los caracteres en los que el Universo está escrito. Está escrito en lengua matemática, y sus caracteres son triángulos, círculos y otras figuras geométricas, sin cuyo conocimiento es humanamente imposible comprender nada de lo que sea el Universo.
Galileo Galilei: El ensayador
El siglo de la ciencia, la industria y la burguesía
El siglo XIX se inició con la profunda transformación social producida por la Revolución Francesa y propagada por el imperio napoleónico, que unida al desarrollo de la Revolución Industrial y a la aparición de las nuevas naciones dieron lugar a la sociedad burguesa y capitalista.
Los grandes idealista alemanes, y en especial Hegel, construyeron grandes sistemas de pensamiento que pretendían recoger en ideas las transformaciones sociales de la época. Tras ellos, pensadores como Kierkegaard, Schopenhauer y Nietzsche plantearon nuevas formas de concebir la sociedad y al ser humano. Marx realizó una importante crítica de la sociedad capitalista, y Freud desveló el poder del inconsciente. Las distintas ciencias (como la física, la química, la biología y la sociología) experimentaron un importante desarrollo y ocuparon espacios antes reservados a la filosofía.
El siglo XX
Durante el siglo XX, la filosofía pretendió pensar los rasgos de la nueva sociedad que surgió tras la Primera Guerra Mundial y que está marcada por los siguientes aspectos fundamentales:
1) El dominio de la técnica.
2) El Estado del bienestar, resultado de grandes transformaciones sociales.
3) El mundo globalizado, que coincide con la aparición de enormes bolsas de miseria.
Éste ha sido el tiempo de las grandes revoluciones científicas que han transformado los modos de pensar y han planteado problemas nuevos: las revoluciones física, biológica y digital.
En la primera mitad del siglo, tres pensadores propusieron sistemas de pensamiento de profunda influencia posterior:
1) Husserl creó la fenomenología.
2) Wittgenstein reivindicó la necesidad de analizar el lenguaje.
3) Heidegger realizó una reflexión ontológica sobre la existencia humana, de la que se nutre el existencialismo.
Junto a estos pensadores, es necesario recordar las propuestas de los filósofos de la posmodernidad, que consideran caduco el desarrollo industrial y proponen nuevas formas de pensamiento frente a la racionalidad científico-técnica derivada de la Ilustración.