Entre los deberes de los esposos cristianos y sus diversas formas de apostolado, además de la educación de los hijos, tiene no poca importancia el ayudar a los prometidos a que se preparen mejor para el matrimonio.
Así pues, los honestos esponsales de los cristianos constituyen para las dos familias un acontecimiento singular, que conviene celebrar con algún rito especial y con la oración en común, para invocar la bendición divina y llevar a feliz término lo que felizmente comienza. Para mejor alcanzar este objetivo, la celebración deberá acomodarse a las circunstancias del momento.
Cuando los esponsales se celebran en la intimidad de las dos familias, uno de los padres puede presidir el rito de la bendición. Pero si se halla presente un sacerdote o un diácono, entonces a ellos corresponde más adecuadamente el cometido de presidir; con tal de que quede bien claro ante los presentes que no se trata de la celebración del Matrimonio.
Por tanto, el rito que aquí se propone pueden utilizarlo los padres, el sacerdote, el diácono, o un laico. Éstos respetando los principales elementos y la estructura del rito, adaptarán cada una de sus partes a las circunstancias.
Esta celebración puede emplearse también cuando, comenzando ya el noviazgo, los prometidos se reúnen para la catequesis que precede a al celebración del Matrimonio. Pero nunca se han de unir los esponsales o la peculiar bendición de los novios a la celebración de la Misa.
Cuando la bendición de los prometidos próximos a casarse por la Iglesia (llamado esponsales) se celebran en la intimidad de las dos familias, uno de los padres puede presidir el rito de la bendición. Pero si se halla presente un sacerdote o un diácono, entonces a ellos corresponde más adecuadamente el cometido de presidir; con tal de que quede bien claro ante los presentes que no se trata de la celebración del Matrimonio, sino una bendición previa en el núcleo del hogar.
INICIO
Quien dirige: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
R.- Amén.
Quien dirige: Hermanos, alabemos a nuestro Señor Jesucristo, que nos amó hasta entregarse por nosotros.
R.- Amén.
Quien dirige: Sabemos que la gracia de Dios es siempre necesaria para todos y en todo momento; pero nadie duda que esta gracia la necesitan los cristianos de manera especial cuando se preparan para formar una nueva familia. Por tanto, para que estos hijos y hermanos nuestros crezcan en el mutuo respeto, se amen cada vez más sinceramente, y, con el debido trato y la oración en común, se vayan preparando castamente para la celebración del santo matrimonio, imploremos para ellos la bendición divina.
LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS
Un familiar: Escuchen ahora, hermanos, las palabras del apóstol san Pablo a los filipenses (2, 1-5)
Si alguna fuerza tiene una advertencia en nombre de Cristo, si de algo sirve una exhortación nacida del amor, si nos une el mismo Espíritu y si ustedes me profesan un afecto entrañable, llénenme de alegría teniendo todos una misma manera de pensar, un mismo amor, unas mismas aspiraciones y una sola alma. Nada hagan por espíritu de rivalidad ni presunción; antes bien, por humildad, cada uno considere a los demás como superiores a sí mismo y no busque su propio interés, sino el del prójimo. Tengan los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús.
Palabra de Dios.
R.- Te alabamos, Señor.
Otro familiar:
Salmo responsorial 144
R. El Señor es bueno con todos.
El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con lodos,
es cariñoso con todas sus criaturas. R.
Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles.
Los ojos de todos te están aguardando,
tú tes das la comida a su tiempo. R.
El Señor es justo en todos sus caminos,
es bondadoso en todas sus acciones;
cerca está el Señor de los que lo invocan,
de los que to invocan sinceramente. R.
El que dirige puede motivar a compartir la meditación de lectura bíblica que han escuchado,
para que perciban por la fe el significado de la celebración de esta oración y bendición familiar.
PRECES
Quien dirige: Invoquemos a Dios Padre, que tanto ama a los hombres que los hace hijos suyos en Cristo y los pone en el mundo como testigos de su amor. Digámosle confiadamente:
R.- Haz que te amemos siempre. Señor.
Un familiar: Tú que has querido que tus verdaderos hijos, hermanos de Cristo, se hicieran conocer por su mutuo amor. R.
Un familiar: Tú que das al género humano las suaves exigencias de tu amor, para que, sometiéndose a ellas, encuentren la felicidad. R.
Un familiar: Tú que unes al hombre y a la mujer con el amor mutuo, para que la familia que nace de esta unión se alegre con el gozo de los hijos. R.
Un familiar: Tú que prefiguraste espiritualmente la plenitud del amor de los desposados en el sacramento del matrimonio por el sacrificio pascual de tu Hijo, que amó a la Iglesia, y, por su sangre, la presentó ante ti inmaculada. R.
Antes de la oración de bendición, de acuerdo con las costumbres de cada lugar, los novios que contraen esponsales pueden expresar su compromiso con algún signo, por ejemplo, firmando un documento, o con la entrega de los anillos de compromiso o de algún otro presente.
Quien dirige: Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro...
ORACIÓN DE BENDICIÓN
Quien dirige: Señor Dios, fuente de todo amor, tu designio providente hizo que estos prometidos se encontraran; te pedimos que a quienes imploran tu gracia en este tiempo de preparación al matrimonio les otorgues la ayuda de tu bendición, para que progresen en el mutuo afecto y se amen con amor sincero. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R.- Amén.
CONCLUSIÓN DEL RITO
Quien dirige: El Dios del amor y de la paz habite en ustedes, dirija sus pasos y confirme sus corazones en su amor.
R.- Amén.