“Son el futuro del periodismo”, nos dicen de vez en cuando en la facultad. Pensar en ser el futuro de algo, y no el presente, es algo complicado de aceptar. No queremos ser simplemente lo que va a llegar, queremos ser lo que está pasando. Esta revista es una forma de empezar a ser lo que nos dicen que seremos. Antes de ello, creemos necesario recorrer el pasado, explicar el presente y adentrarnos en el futuro que soñamos para el periodismo en la región.
Angirū es una revista para quienes creen en la fuerza de las historias bien contadas y en el poder de la empatía. Es la suma de voluntades estudiantiles cuyas ideas se transcriben en reflejar lo que sucede alrededor nuestro. Esta revista se presenta como una herramienta que nos lleva a esos pasillos, a esas historias y momentos que nos atraviesan como estudiantes, periodistas y docentes.
Angirū es la resistencia frente a una realidad mecánica, algorítmica, hegemónica e inconsistente, marcada por la proliferación de la frialdad de la tecnología. Es la búsqueda de un periodismo empático, donde se vuelve al papel y a las historias que nos forman. Porque resistir no es solo oponerse, encerrarse en la angustia y en las individualidades. Si no que es crear la posibilidad de otras relaciones desde la imaginación y la creatividad. Te damos la mano para que por estas páginas descubras voces, lugares y personajes que no se resignan, sino que luchan.
Ante la desmemoria, el olvido, la falta de recuerdo, nos adentramos de forma colectiva a reivindicar aquellos espacios de creatividad que también resisten y resistieron. Porque ser periodista es encontrarte en el constante compromiso de contar historias. Angirū cree fervientemente en el encuentro de compañeros y compañeras para conocer y alimentar la empatía. Porque somos la frecuencia de un mismo asilo, de una casita, que acumula almas que siempre corren al encuentro de historias. Tal vez los nuevos tiempos requieren de show, pero venimos a ofrecer nuestro corazón.
Periodismo: actividad profesional que consiste en la obtención, tratamiento, interpretación y difusión de informaciones a través de cualquier medio escrito, oral, visual o gráfico.
El periodismo, a mi parecer, es mucho más de lo que nos dice esta definición de la Real Academia. Son esas ansias de escribir cualquier cosa, aunque sea mínima. Es describir con lujo de detalle cada sensación, emoción, color u olor. Es preguntar, querer contar, querer mostrar. Es poner atención a lo que no siempre se le pone atención. Es esa charla con amigos, donde siempre se te escapa el ¿viste lo que pasó en? ¿Viste lo que dijo tal? Viste, viste, viste. Es esa tilde que te faltó, ese concepto que no cerró, ese título que falló. Es el estrés de realizar una carpeta de noticias, de la cuál te sentís orgulloso al terminar. Es ese trabajo práctico que tanto te costó, pero que después de entregarlo no paras de leer. Es la primera publicación de un texto de tu autoría. Es la primera vez que salís al aire y te trabas del nerviosismo. Es esa hambre insaciable de querer saber más y más. Son esas noches de insomnio con mate o café acompañados de archivos, entrevistas, diarios, textos, cartas, grabaciones.
Si algo se aprende acá, es que la palabra, tu palabra, no se vende. Que tu pensamiento es poderoso y cuerdo, mientras sepas cómo defenderlo. Que es difícil este ambiente, pero una vez que entras no te querés ir más. Que el ego existe, pero también el compañerismo, la solidaridad y la generosidad. El periodismo es tan hermoso que, si lo defino, lo limito. No me bastan las palabras ni las frases hechas para expresar lo que mi corazón siente por esta profesión, pero pecando de plagio hoy les digo: ¡feliz día, queridos periodistas!
Zahira Sarapura