Una crónica que recolecta la voz de quien trabaja todos los días en nuestro punto de encuentro después de clases, lo de Rolo. Birras de festejo y de consolación. Sanguches de felicidad y de angustia. Un lugar de encuentro para periodistas, médicos, kinesiólogos, veterinarios y demás yerbas en crecimiento.
A lo largo de la calle Sargento Cabral, entre el bullicio constante de los autos y las voces que llenan las calles, se encuentra un pequeño kiosco que, a simple vista, podría parecer uno más entre tantos. Sin embargo, para los estudiantes de las universidades cercanas, este lugar es mucho más que un simple punto de venta: es un refugio, un punto de encuentro, un rincón donde se forjan amistades y se comparten risas y confidencias entre tragos de cerveza fría y sus sanguches que llenan el buche.
Los cajones de cerveza, dispuestos de manera improvisada en la vereda como asientos, o la esquina que está al frente, se llenan rápidamente de estudiantes que, con mochilas a cuestas y fotocopias olvidadas por un rato, brindan y celebran la camaradería que solo se encuentra en esos momentos de desconexión. Aquí, en este lugar de la ciudad, el tiempo parece detenerse y las preocupaciones se diluyen entre risas.
En la calle Juan Bautista Cabral al 1942, entre el ir y venir de los estudiantes universitarios y el eco de risas que llenan el aire, se encuentra el kiosko de Rolo. Este pequeño refugio de paredes cubiertas con carteles coloridos y luces tenues, es mucho más que un simple lugar de ventas. Para generaciones de estudiantes, es un segundo hogar, un lugar donde las amistades se fortalecen y los problemas parecen más ligeros con cada sorbo de cerveza fría. Aquí, en este rincón vibrante de la ciudad, nos encontramos con Rolo, su carismático dueño, dispuesto a compartir su historia.
Los Primeros Pasos
Rolando Fernández, conocido cariñosamente como Rolo, llegó a la ciudad hace 45 años con poco más que una valija y un corazón lleno de sueños. "Era un muchacho lleno de expectativas y con muchas ganas de trabajar", comienza Rolo, mientras acomoda algunos cajones de cerveza que se han convertido en el punto de encuentro de los estudiantes. "El kiosko comenzó siendo un almacén. Vendía de todo un poco. “Nunca imaginé que algún día sería el lugar favorito de tantos jóvenes."
Rolo recuerda con claridad aquellos primeros días. "Los estudiantes empezaron a venir, primero por una “birra”, luego para quedarse a charlar un rato. Me di cuenta de que había una necesidad de un lugar donde pudieran relajarse después de clases, así que poco a poco fui ofreciendo cervezas a precios accesibles."
Un Lugar de Encuentro
El éxito del kiosko de Rolo no radica solo en los productos que ofrece, sino en la atmósfera que este crea. "Aquí no solo se viene a comprar una birra," explica Rolo, "se viene a compartir, a sentirse en casa." Esta filosofía se refleja en cada rincón del lugar. Las luces del kiosco indican el lugar donde ocurre la magia, y los carteles de antiguas promociones de cerveza y eventos estudiantiles adornan las paredes recordando momentos especiales compartidos en este espacio. La esquina de enfrente, con canteros algo rotos, pero con un aura de encuentro que pocos lugares puede igualar, se vuelve el lugar predilecto para compartir una charla con birras.
Cada mañana, cuando los estudiantes comienzan a llegar, el kiosko cobra vida. "Es como si el lugar respirara con ellos," dice Rolo con una sonrisa. "Verlos llegar, algunos con mochilas llenas de libros, otros simplemente buscando un respiro, me llena de alegría. Este lugar es suyo tanto como mío."
Historias y anécdotas
Rolo ha sido testigo de innumerables historias a lo largo de los años, cada una dejando una marca en su corazón. "Son innumerables las veces que han llegado chicos recién recibidos dando las gracias por hacer más fácil la cursada", cuenta Rolo mientras sus ojos brillan con la memoria. "Muchos vienen con sus pancartas o con carteles y todos llenos de nieve” dice entre risas “a veces llegan a los gritos y te asustas, pero se entiende y uno se emociona con ellos”.
Pero no todas las historias son de alegría. Rolo también ha estado allí en los momentos difíciles. "Una vez, un chico, creo que se llamaba Luciano, no me acuerdo muy bien, vino muy decaído. Estaba a punto de dejar la carrera porque no podía con la presión. Se sentó a hablar durante horas con sus amigos ahí, en la vereda donde están los cajones, lo escuche y le ofrecí mi apoyo. Al final, decidió seguir adelante y hoy es un veterinario hecho y derecho. Cada vez que vuelve de su pueblo a la ciudad, se detiene a saludarme y agradecerme."
Un Legado de Amistad y Comunidad
Con el paso de los años, el kiosko de Rolo ha evolucionado, pero su esencia se mantiene intacta. "He pensado en modernizar algunas cosas, pero quiero que el lugar sea un lugar donde los estudiantes se sienten cómodos", dice Rolo. "Mientras ellos sigan viniendo, el kiosko seguirá acá."
Rolo no tiene planes inmediatos de retirarse, aunque reconoce que algún día tendrá que hacerlo. "Espero que cuando llegue ese momento, alguien con la misma pasión y cariño por este lugar pueda continuar con el lugar", confiesa. "Quiero que el kiosko siga siendo un punto de encuentro para las futuras generaciones, un lugar donde siempre haya una birra y una buena conversación."
Mientras cae la noche
A medida que el sol se oculta y la brisa fresca de la noche empieza a soplar, los primeros estudiantes comienzan a llegar. Algunos vienen solos, con sus mochilas colgando de un hombro y una expresión de alivio al dejar atrás las presiones del día. Otros llegan en grupos, riendo y charlando animadamente, anticipando las historias y las risas que compartirán.
Las conversaciones llenan el aire, creando una sinfonía de alegría. Rolo se levanta para atender a un grupo que acaba de llegar, mientras se prende un pucho, los saluda y les va haciendo chistes con respecto a la cursada.
Lo de Rolo no es solo un lugar para comprar una cerveza. Es un punto de encuentro, un refugio en medio de la fatiga diaria. Las luces del lugar, que durante el día pueden parecer decorativas, se transforman en un faro que invita a quedarse un rato, bañando el lugar en una cálida luminosidad.
"Es esta conexión lo que hace que todo valga la pena," dice mientras regresa por detrás del mostrador. "Ver cómo este pequeño lugar se convierte en un refugio para ellos es algo invaluable. Me siento afortunado de ser parte de sus vidas, aunque sea de una manera pequeña."
Cada noche en lo de Rolo es única, llena de historias y momentos que se entrelazan para formar la rica tapicería de la vida universitaria. "Hay algo especial en la energía de los jóvenes", reflexiona Rolo. "Su entusiasmo, sus sueños, sus preocupaciones. Me siento privilegiado de ser parte de sus vidas”
El éxito de Rolo no se mide solo en las cervezas vendidas, sino en la comunidad que ha sabido construir. "Acá todos son bienvenidos," afirma Rolo.
Los estudiantes valoran ese sentido de pertenencia. "Es como un segundo hogar", dice Carla, una estudiante de medicina que frecuenta el kiosko."Después de un día largo en la facultad, venir acá y poder despejarme con amigos es algo invaluable”
A medida que la noche avanza, el kiosko sigue llenándose de estudiantes. Los cajones de cerveza y las esquinas están llenas de gente, las conversaciones fluyen, las risas resuenan. El ambiente es una mezcla de relajación y euforia contenida, de camaradería y complicidad. "Estos momentos son lo que me gustan de este lugar", dice Rolo mientras observa a los estudiantes disfrutar de la noche.
La noche es un mosaico de momentos y emociones, un reflejo del espíritu de la vida universitaria. Aquí, en este pequeño rincón de la ciudad, el tiempo parece detenerse y las preocupaciones se disuelven en el aire.
El legado de Rolo y su kiosko es de comunidad y conexión humana.
Ha creado un espacio donde cada cerveza compartida simboliza una amistad, y cada conversación es una pieza en el mosaico de la vida universitaria. Aunque Rolo algún día tenga que pasar la antorcha, el espíritu de su kiosko perdurará. Mientras haya noches y estudiantes dispuestos a compartir historias, lo de Rolo permanecerá como un testimonio viviente del poder de la conexión y el verdadero sentido de hogar. Ya sea que saliste de un parcial difícil, de un profesor que no sabía cómo enseñar, o simplemente, de un día complicado, mientras estés con tus amigos, siempre podés decir: ¿Vamos a lo de Rolo?
Crónica de un encuentro con la profesión.
El canal Somos Corrientes cuenta con un solo programa producido por ellos mismos: Somos Noticias. Un noticiero cuyo proceso periodístico se basa en buscar las historias que se encuentran a la vuelta de la esquina para convertirlas en noticia. Porque lo noticioso no se encuentra solamente en un robo, una declaración política o en un evento cultural. También está en la voz de todos y cada uno de los correntinos con historias por contar.
Hace cuatro años empecé a cursar la carrera de Licenciatura en Comunicación Social. Entre tantas idas y vueltas, trabajos por hacer y personas por conocer, me encontré con numerosas formas de ejercer la profesión que marcaron mi camino como estudiante y periodista. Esa es una de las cosas que siempre resalto de la carrera. La experiencia de encontrarse con otras personas que comparten tu mismo gusto, tu misma pasión, tu misma vocación, te da el combustible suficiente como para seguir adelante.
Comunicadores sociales que crearon festivales enteros de cine para promover lo comunitario. Periodistas que trabajan la jornada completa produciendo para diferentes canales de radio y televisión. Profesores que manejan tres cátedras diferentes, trabajan en diarios, escriben libros y aún así tienen el tiempo suficiente como para aconsejarte dentro y fuera del aula. Todas las personas que viven y respiran una sola cosa: el periodismo.
Mi encuentro más reciente con este tipo de personas se dio en el marco de una visita y un parcial. Una cátedra nos expuso a canales de televisión locales que producen noticieros. A decir verdad, nunca fui una persona que frecuentemente se encuentre mirando programas de noticias en televisión. Mucho menos, mediante un canal local. Pero, entre visitas, canales, estudios y caras por conocer, resaltó uno cuya labor periodística se quedó grabada en mi cerebro de manera tan particular que hoy me encuentro escribiendo sobre ella. Somos Corrientes. Somos Noticias.
¿Cuántas personas prenden la televisión y buscan un noticiero local? Y me refiero a uno verdaderamente local. Uno que se centre en buscar nuestras historias y contarlas con propiedad. Uno que busque resaltar lo correntino, lo nuestro. Uno que no tenga miedo de agarrar un espejo y decir: esto es lo que pasa acá, esto es lo que está mal en Corrientes. No en Buenos Aires, no en Córdoba, no en Resistencia. Acá, en nuestra propia ciudad, en nuestra propia provincia. Uno que refleje las aguas del Paraná y hunda las botas en el barro de La Tosquera.
Eso es lo que encuentro en Somos Corrientes.
A pesar de pertenecer a un multimedio (y qué multimedio, Telecom Flow en el Grupo Clarín) y a una red de canales Somos que se extiende por todo el país, Somos Corrientes es producido por ocho personas que mantienen vivo a un solo programa: Somos Noticias. Donde otros medios razonables emplearían a cuarenta personas o más, sólo ocho se encargan de buscar, encontrar, producir, grabar y editar las noticias que luego saldrán al aire. Una labor titánica en la que sería fácil caer en la lectura de redes sociales o en la simple ampliación de noticias nacionales. Pero Somos Noticias se niega a eso.
El proceso de la nota
Permítanme dejar de lado lo poético un segundo para explicar algo. El programa sale en vivo tres veces al día, de lunes a viernes. La edición de las 6.45, a diferencia de las demás, se hace en colaboración con otra productora, Telesat. Mi acercamiento fue con las personas que forman el equipo de las otras dos ediciones: mediodía y horario central.
El proceso periodístico de las mismas gira en torno a un equipo de ocho personas, entre las que están los conductores Eduardo Zacarías y Julieta Rivero. La producción comienza todos los días, en una reunión a las 8 de la mañana para repasar los temas que se volverán noticia. De 8.30 a 11 los periodistas salen a la calle en pares: reportero, camarógrafo, a grabar las notas que saldrán al aire ese mismo día. Posteriormente, vuelven al canal y editan a la velocidad de la luz para que su trabajo esté listo para la edición de las 12 horas del noticiero. Es un proceso técnico, cansador, pero al mismo tiempo acelerador. Solo oír acerca de él produce cierto regusto de éxtasis.
Lo mejor de esto, es que las noticias que se producen son netamente locales. Roberto Obregón, periodista del canal, afirmó que se busca priorizar hacer lo que no está en los diarios y generar contenidos donde la noticia refleje la realidad local. “Ese es el desafío de todos los días”, aseguró. Para Somos, la noticia no se encuentra en los periódicos o en los noticieros nacionales. Estos sirven como fuente de inspiración, quizás. Pero la verdadera labor periodística se encuentra en salir a la calle, conocer personas, encontrar historias a la vuelta de la esquina y contarlas de la manera más fiel posible.
Las entrevistas son la piedra angular de Somos Noticias. Veterinarios, abogados, vecinos, padres, madres, músicos, activistas, farmaceutas, bomberas, campeones de ciclismo. Todas las personas con historias por contar. Todas voces que se escuchan atentamente, con respeto.
“Cuando entrevisto a alguien, busco preguntar desde mi propio desconocimiento”, contaba Julieta Rivero. Ella tiene dos formas de encarar una entrevista, dependiendo de la naturaleza de la misma. Cuando son entrevistas en profundidad, trata de prepararse lo más posible, a fin de tener preguntas y repreguntas listas. Si se trata de entrevistas en informes, ella intenta emular la misma curiosidad que tendría un televidente. Para ello, solo se informa de manera general sobre el tema a tratar. De esta manera, las preguntas salen natural y orgánicamente frente a la cámara. Su forma de entrevistar me pareció peculiar, pero efectiva. Ella busca saber lo mismo que el espectador, a fin de preguntar las mismas cuestiones que un televidente haría.
En la nota de la creación del primer banco de sangre para animales en el país, Julieta preguntó: “Desde mi ignorancia total, ¿no? La sangre de un perro, ¿le sirve a un gato? ¿y la de un gato a un perro?”. “¡Qué hermosa tu pregunta!”, le respondió su entrevistada, sin ningún tipo de ironía, pero con una sonrisa, como aplaudiendo la valentía de quien se anima a hacer preguntas inesperadas. Es lo que cuestionaría cualquier persona, desde la curiosidad, desde el respeto, desde la posición del televidente.
Un periodismo consciente de su posición como intermediario entre la persona y la noticia. Como toda forma de ejercer la profesión debería ser (pero que no siempre es, ¿quién no habrá escuchado hablar a un periodista que emplea términos incomprensibles? ¿O a un entrevistador que da por hecho que el televidente sabe exactamente de lo que se habla?).
Esto es Corrientes
La creación del primer banco de sangre para animales en el país. Un hogar de asistencia a personas en situación de calle. Los 106 años del Club Huracán. Una farmacia histórica de más de 100 años. San Luís del Palmar inundado. Despidos en la Tipoiti. Todo esto es Corrientes. Un complicado entramado de historias y personas que no pueden perderse en la narrativa audiovisual porteña y hegemónica, que domina la programación televisiva. Como ciudadanos, debemos rescatar los fragmentos que forman parte de nuestra historia y que nos dicen quienes somos, de dónde venimos, hacia dónde vamos, qué está pasando.
Creo que elijo escribir sobre Somos Noticias porque es lo más cercano que encontré, hasta ahora, a la clase de periodismo que quiero ejercer en mi carrera. La clase de periodismo que no se centra en el profesional, si no en la historia del otro. La clase de profesional que no busca la noticia en los diarios, si no que ve lo noticioso en lo que lo rodea. Lo noticioso que se encuentra en las manos cansadas de la mujer que maneja un merendero. En la voz suave y compasiva de un hombre que ofrece su casa para recibir a personas sin hogar. En las expresiones suplicantes de vecinos de un barrio al cual no llega la asistencia del Estado. En el rostro de un farmacista que cuenta con emoción la historia de su familia. En los lapachos, en las esquinas, en las casas, en los vecinos, en la calle, en el barro, en los negocios, en el Paraná… En Corrientes.
“La noticia se encuentra dando una vuelta a la cuadra”, dijeron Eduardo y Julieta. Yo les creo.
Un significativo recorrido y encuentro por “El Diario de la Región”. Un espacio de lucha diaria y resistencia conformado dentro de una cooperativa que lleva más de 2 décadas de trabajo. Qué casualidad que su ciudad invoque todo lo que le da valor y significado todos los días a este periodismo cooperativo.
De la elección de las palabras surge el lenguaje. Cada una de ellas tiene su particularidad y su adecuado uso. Conocer sus significados nos amplía la comprensión de la realidad y logra ponerle palabras a la realidad.
Resistencia
1. f. Acción y efecto de resistir o resistirse. oposición, rebeldía, rechazo, contestación, renuencia, intransigencia, obstinación, negativa, repulsa.
En esa resistencia como contestación se encuentra entre calles deshechas y sus veredas inestables un gran galpón casi abandonado y a penumbras es hoy el rezago de un gran diario chaqueño. Una cooperativa sin patrones pero obediente a una reina de cuatro patas. Coope, la michi negra, es la insignia del lugar. Al igual que muchas personas que trabajan ahí y tal como le pasó al diario. La vida les puso dificultades a las que tuvieron que resistir. Resiste, de algún modo, resiste.
Sus amplios espacios son transcurridos por menos personas. Menos tinta y menos papel prensa se desliza por los rieles aéreos para llegar a su final convertido en un diario a color. El recuerdo de las grandes tiradas y producciones nocturnas forman parte de lo que fue “El Diario de la Región”. La crisis argentina y los costos de producción estremecieron al grupo de almas que trabajan allí. Pero ante la adversidad otra vez resistieron. El formato digital es su modo de contestación, están presentes allí con la inmediatez que merece cada texto.
A la derecha del galpón, contenida por rejas negras de la que destaca una frase que dice “el cooperativismo resiste” se encuentran las piezas casi de museo, unas gigantescas máquinas donde hace meses se imprimía y producía el diario. Hace tiempo está en desuso. Hace tiempo sus trabajadores encontraron otros modos de producir este diario en lo digital, y otros un trabajo distinto. Abrumante inmensidad contenida de polvo e historias. Nos queda la ilusión de volver a verla funcionar y que no se quede en aquella pieza de museo.
Todo dentro de este lugar resiste
[y espero también lo haga esa máquina que sueño ver andar]
El diario cuenta con varios salones y oficinas. Es el espacio que comparten más de 20 personas llenas de habilidades y talentos, que buscan poner al servicio de la comunidad todo lo que su ser posee. Sus prendas con pelitos negros de Coope, con la disposición de una caricia cuando ella lo amerite, logran crear en su lugar de trabajo, el sentimiento de ser familia. que tiene una impregnada lucha por los sus ideales y orgullo de cada integrante que los forma.
Puesta la impronta argentina de la reversión y la adaptación a momentos críticos, surgen propuestas innovadoras desde este espacio local. De esas que permiten darle un giro a la vida cultural que ofrece la ciudad. O bien, de estar y hacer presente a personas que no tienen espacio en ella.
Empuje, garra y corazón llevan diariamente la publicación de las noticias pero también el amor y la contención con la que trabajan acá se demuestra en cada charla que surge en el contacto con sus integrantes. Almas puras unidas por un bien colectivo. Pues no importa la competencia, importa el crecimiento entre pares.
Su hacer no busca reconocimiento externo, no busca aplausos. Más bien expresan el deseo del espacio a la multiplicidad de voces, de personas e historias que conforman la identidad de la resistencia. Como cada ladrillo que forma a los altos paredones que contienen al diario, del mismo modo se agrupan las personas allí. Todas conformando un todo. Una estructura que resiste el paso del tiempo, de los gobiernos, de las vidas.
Todo está llamando a la cooperación, todo incita a unirnos, todo señala que algo nos está aguardando para que nuestra existencia se realice de forma armónica dice Enrique Agilda.
Aún me resuena aquella frase en las rejas del comienzo: el cooperativismo resiste. En el alma de cada persona que forma el diario, en las niñeces que se crían allí, en quienes entraron y charlaron con sus integrantes, en cada uno está la unión de la cooperativa.
Una suma de voluntades dispuestas a resistir, a contestar y a oponerse al modo de vida que no apoya el trabajo colectivo y en red. Hoy el Diario es inspiración para los periodistas autogestivos, para proyectos comunicacionales diversos. Pero también para cualquiera que quiera encontrar un lugar.
En el Diario cada integrante tiene su nombre, y su historia muy diversa. Te invito a que este escrito solo sea el comienzo para visitar ese lugar y conocer el modo que llevan allí.
No se queden, no se dejen destruir, ante todo y por sobre cualquier cosa,
Resistencia :)