Volo dejó de ser visto por la entidad. Su destino ya estaba condenado a saber la verdad. El ser siguió mirando a través de los múltiples espejos, analizando, meditando.
Los héroes de Faêrun eran su plan. Su gran plan para cambiar aquello que ocurrió hace más de 1000 años. Los héroes todavía no tenían nombre, ni bandera. “Héroes de Neverwinter” los llamaban. Patético. Deslustrado. Sin poder.
Cambiaría eso. Bueno no, la Chispa lo haría. Le había costado muchos recursos hacer que los dioses encerrasen un poder de tal magnitud en aquel sitio. Los dioses no entendían el origen o los límites de aquel milagro. Y eso les daba pavor. Le agradaba eso. Ese miedo era su arma ideal para que la siguiente fase de su plan empezase.
¿Cuánto tardará la Sombra de la Hidra en darse cuenta de que Sax solo era un muñeco de paja?
¿Cuándo se desvelará que los Salvadores de Faêrun tenían a un traidor entre ellos?
¿Qué harán los Hijos del Bosque cuando su venganza sea posible?
¿Cómo reaccionarán las Barbas Perdidas cuando descubran los monstruos que son?
¿Qué quedará de los Elegidos de la Providencia cuando se descubra la verdad?
¿Qué pasará con los Perros ahora que han perdido lo más importante de su existencia?
Y ¿qué pensarán cuando supieran que todo esto había sido culpa suya? Al final gracias a la entidad la idea que tenemos de Atraxa nació y con ella su pecado. Hasta cierto punto el nacimiento de la Sombra Iluminada era culpa suya también. No buscaba crear tal monstruo, pero sin duda esto era interesante. Ella enseñó a los Primeros el secreto olvidado.
¿Merecía morir por todo esto? Preguntarse si podía dejar de existir o ser olvidada era un pensamiento terrible. ¿Por eso quería arreglar todo esto? ¿Por miedo? ¿O todavía le quedaba algo de corazón?
No lo sabía y por desgracia no quedaba mucho tiempo para averiguarlo.