Renata amaneció, si se podía decir así en aquel lugar, radiante, su aspecto desde que se había convertido en diosa de la Luna siempre estaba perfecto y además nada sentaba mejor que la Luna Nueva, o al menos desde que ambos habían decidido cambiar la sanguinaria tradición de asesinarse mensualmente solo para que la luna desapareciera del cielo por algo menos doloroso y más placentero... Tenía que confesar que originalmente no estuvo de acuerdo con la idea de Kodem de hacer aquel retiro forzoso una vez al mes...pero ahora lo esperaba con ganas cada ciclo.
El Shadowfell era un lugar oscuro, peligroso y sombrío pero los aposentos de Kodem en el Palacio de la noche perpetua eran bastante acogedores. Todo estaba construido en la más pura y negra obsidiana, y una cama enorme con sabanas de lino negras como el carbón coronaba la habitación del señor de la noche.
Todo allí era oscuro como su esposo que dormitaba a su lado. Agotado, pues habían sido tres días muy intensos...
—Cariño—dijo tocando suavemente la cara de su esposo. Este solo emitió un gruñido gutural y se giro haciéndose un ovillo en las sábanas negras —Kodem...
—Es Luna nueva déjame en paz, hoy no tengo que madrugar
—Te equivocas, es cuarto creciente y tengo que salir de este pozo de oscuridad que intenta devorarme cada vez que me acerco—dijo intentando poner un pie fuera de la cama sin exito—creo que tienen algo de rencor acumulado de.... Milenios...
Alrededor de ellos solo respetando la cama, como un perro acatando las ordenes de su amo, cientos de sombras oscuras se arrastraban por el suelo y las paredes ansiosas y turbulentas.
Kodem se giro de nuevo hacia ella, abrió un poco los ojos y tiro de ella hacía el, aplastándola contra su pecho en un abrazo de oso.
—La Luna nueva durara lo que a mí me de la gana, ahora a dormir
—Kodem....—dijo en tono amenazante. El dios de la oscuridad solo la estrujó más, pero Renata no iba a ceder—Vas a hacerlo por las buenas ¿Verdad? Porque tenemos una reunión del consejo de los 12... Y no vamos a volver a llegar tarde—Un gruñido y Kodem la soltó, solo para sentarse en la cama y mirarla fijamente
—¿Oh si no qué?—Su mirada se inyectó en negro puro mientras las sombras iban ganando terreno detrás de el. Y empezaban a subirse a la cama como garras afiladas intentando trepar por las sábanas —No puedes escapar de aquí... No te dejarán... No... Te dejaremos.... —Las sombras cada vez estaban más cerca de alcanzarla.
Renata respiro hondo, cerro los ojos un instante y se dispuso a pasar al siguiente nivel de persuasión. Salió de entre las sábanas y se acerco a él, solo para poder hablarle al oído mientras apoyaba la mano en su pecho —Que entonces tal vez tengas que esperar para tenerme de nuevo hasta la próxima Luna nueva— después se aparto y dejo que Kodem la mirara bien mientras tomaba la decisión. Entonces vino el gruñido que le daba la victoria
—Esta bien...—dijo mientras retiraba todas las sombras
—Te amo—dijo Renata justo después de darle un beso a su esposo.
—Ser dios es una mierda...—Renata bajo de la cama y con un solo gesto ya estaba perfectamente vestida y perfecta para ir al consejo.
—Lo sé, pero alguien tenía que hacerlo, y—Kodem no la dejo acabar
—Un arpista puede permitirse menos libertad que las que deben tener aquellos a quienes tienen que proteger.... Ya lo sé...
—Nunca podría haber pedido alguien mejor con quien pasar la eternidad—Renata le dio un beso en la mejilla y le tomó la mano para hacerlo bajar de la cama, él se sonrojo un poco, pero nunca lo admitiría. La diosa solo sonrió—Vamos.
Kodem al contrario que Renata no se molestó en adecentarse, no tenía interés ninguno que disimular lo que hacía en Luna nueva. Aún así acompaño a su esposa por los pasillos de su palacio manteniendo a raya a todos los seres que habitaban su plano y tanto la odiaban. Milenios de enemistad entre las hermanas causaban un rechazo natural. Pero él era el señor de aquellas tierras ahora y nadie salvo él iba a tocar a su esposa.
Salieron del plano y se encaminaron al antiguo plano de Ao, donde estaba su palacio, lugar donde estaban los doce tronos, lugar donde se seguían reuniendo el nuevo consejo ahora compuesto por los nuevos dioses.
Renata abrió las puertas con un gesto y con la elegancia que siempre la había caracterizado entró en la sala. Kodem la siguió justo detrás como una sombra, con actitud de "está reunión me importa una puta mierda"
—Oh, ya estáis aquí, os estábamos esperando—dijo Enki con una sonrisa que iluminaba como el mismo sol—¿Qué tal vuestro retiro de Luna nueva?
—Por fin....—Dijo Shir'tanna aburrida
—Disculpad nuestra ausencia, hay que respetar el ciclo lunar o los mortales notaran la perturbación
—Esa excusa es válida para ti pero no es válida para tu marido—lanzo Arryn hastiado mientras movía el caballo en un tablero de ajedrez flotante—por cierto, jaque mate cariño—le dijo a Mirdim
—Diría que la suerte está de tu lado compañero pero en esta victoria no he tenido nada que ver—rió Allan
—¿Cuál es tu excusa esta vez hermano?—Ylodar le miro a lo ojos intentando sondear su mente y la respuesta mental de Kodem fue más clara de lo que le habría gustado —la misma de siempre... Entiendo
—¿Nos vais a dejar en paz ya o qué?—dijo Kodem mientras se sentaba en su asiento y le hacía un gesto a Rentana para que se sentará en su regazo —Hemos venido ¿No?
—Tienes deberes que atender—recalco Mirdim
—Sois los buenos deberíais alegraros de que me tome tres días de vacaciones de retorcerles los huevos a esos imbéciles de ahí abajo—Renata aunque había puesto una mueca para hacerse la difícil había cedido en seguida y se había sentado en su regazo.
—¿No vais predicando todo eso del equilibrio, el ciclo y el cambio? Pero una cosa era que Renata se retirara a su palacio una vez al mes y otra cosa es que os encerreis en el Shadowfell tres días—dijo Mirdim
—Bueno chicos, ¿por que no dejamos de discutir y empezamos con el consejo? He hecho unas deliciosas croquetas por si os entra hambre—intervino Voldack intentando calmar los animos
Las horas pasaban y los dos amantes no parecían estar prestando demasiada atención aún que como cada ciclo desde los nuevos cambios, las lunas crecientes siempre eran.... Curiosas...
—Oye, ¿podéis prestar atención aún que sea un minuto? Esto es importante—Señalo Arryn. Renata se giro un poco avergonzada
—Sera mejor que nos centremos un poco amor—dijo bajando del regazo de Kodem y setandose en su propio trono divino algo resignada y molesta, a penas reseñable si no la conocías bien.
La mirada de Kodem a su esposa fue de frustración pero la que le dedicó después al dios de la estrategia fue de pura rabia contenida. Mientras Renata le miraba de reojo sabiendo que aquello había sido una muy mala idea... Y con un ligero resquemor por cuestionar sus métodos...
Pasaron uno, dos... Tres... Cinco minutos.... Hasta que Kodem hablo —Me están empezando a entrar ganas de bajar ahí a matar gente... Al azar... Me da igual a quien... Ese que estás mostrando ahí parece buen candidato —Renata le miro desde su trono y contuvo la risa, sabía perfectamente lo que estaba haciendo su marido y debía de confesar que le parecía adorable.
—No puedes hacer eso... Es una de las piezas claves de
—Me da igual—dijo levantándose y desperezándose —toca volver al trabajo y me parece la persona perfecta con la que retomar mis deberes, después tal vez mate cincuenta niños al azar—Arryn miraba al consejo esperando una respuesta mientras Renata fingía calma y conformidad
—Yo lo veo bien—dijo Shir'tanna
Entonces Renata con el más fingido y teatral dramatismo intervino —Oh vaya... ¿Como podríamos evitar este genocidio? Si tan solo hubiera una manera de aplacar su irá... —despues miro a Kodem de reojo que sonreía pícaro de pie frente a su trono mirando a Arryn desafiante —Seria tan horrible que muriera toda esa gente inocente...
Enki e Ylodar se miraron cómplices, conocían a Kodem demasiado bien.
Kodem invoco una daga de sombras en su mano comenzó a avanzar hacia la puerta mientras Renata ni si quiera había roto su pose refinada y solo miraba a Arryn con superioridad esperando que admitiera su error.
La puerta se abrió de golpe y Renata sonrió ligeramente.
—Esta bien... Haced lo que queráis...
—Amor...—Kodem se detuvo en seco y al girar tenía una enorme sonrisa en el rostro que no se molestó en ocultar
—¿Si, cariño?—Renata simplemente le hizo un gesto para que se sentará con ella y el dios empezó a caminar de vuelta al consejo —Oh vaya, tú si que sabes cómo calmarme... —dijo mientras se tumbaba en su regazo y la diosa empezaba a acariciarlo —Me entraron tantas ganas de matar gente que no podia controlarme —dijo burlón. Arryn solo rodó los ojos, busco la mirada de Mirdim la cual se encogió de hombros y con la mirada le dijo: "Ni caso"
—Gracias—le susurro Renata a Kodem
—Nadie deja en ridículo a mi rayo de luz—dijo mientras giraba y se acomodaba mejor en su regazo justo antes de quedarse profundamente dormido, pues aún le quedaban unas cuantas horas de sueño por recuperar.
Desde el otro lado de la sala Ylodar comentaba afilado a Enki —Tu terapia de pareja ha sido todo un éxito, lo que no sé es si esto es lo que esperábamos que sucediera.
—Yo les veo muy felices que es lo importante. Un amor tan bonito no era justo que acabara destruido por algo como esto. Y después de todo Shar y Selune una vez fueron una ¿No? —dijo la diosa del amanecer mientras los miraba cándida
—Cuando tienes razón, tienes razón— anoto Voldack sumándose a la conversación —ya no me siento tan culpable de haberles propuesto que se presentarán, al final ha ido bien y todo.
Relato de: Laura Nocker