Los botones "Prosser" son también llamados "china" y "agate". En Estados Unidos se los sigue llamando "china", mientras que "agate" estuvo en uso desde los primeros tiempos desde su invención pero ha caído en desuso. El nombre "Prosser" con el que los designamos lo reciben de los hermanos británicos Richard y Thomas Prosser, inventores de un proceso para producir masivamente botones de cerámica fina, un proceso patentado en 1840. No obstante, cuando en 1844 el francés Felix Bapterosses mejoró el proceso, aplicándolo a una pasta de porcelana, obtuvo botones atractivos y accesibles, de una amplia variedad de formas y colores, que se dispersaron por todo el planeta. En la segunda mitad del siglo XIX no era extraño que fueran usados hilados en largos collares que daban varias vueltas a cuellos femeninos. A veces se los confunde con botones resultantes de otros procesos de fabricación, por lo que cabe aclarar que la clave para reconocerlos es la rugosidad tipo "piel de naranja" que se puede observar en el reverso -la parte que en posición de uso iría contra la tela-. La rugosidad es un subproducto del proceso de producción en el horno.
En las colecciones de botones del Departamento de Arqueología los hay de metal, nácar, madera, hueso, vidrio y hasta de plástico. Los Prosser son, sin dudas, los más numerosos, acercándose al millar en una variedad de tipos y colores. Provienen de distintos sitios arqueológicos de Rosario, en algunos casos evidenciando que llegaron a nuestra ciudad muy poco después de su invención, en tiempos de la Confederación. Y persistieron en las vestimentas de nuestros conciudadanos hasta su declive, a principios del siglo XX, víctimas de las tiranías de la moda y el mercado...
La fábrica de Felix Bapterosses estaba localizada en Briare (Francia), y llegó a producir 6000 kilos de botones por día, muchos de los cuales llegaron a nuestra ciudad cosidos por docena, en pequeños cartones perforados.
La imagen es de uno de los muchos catálogos de muestra de la fábrica.