¿Por qué nos interesan?
Uno de los elementos que recurrentemente se encuentran en los sitios arqueológicos son, seguramente, botones. Junto con canicas, aros y monedas son de esas pequeñas cosas que no necesariamente son descartadas porque se rompieron, sino que simplemente... se pierden.
El Departamento de Arqueología cuenta con una extensa colección de botones que alguna vez formaron parte de las vestimentas de quienes estuvieron antes que nosotros en nuestra ciudad y la región. En las colecciones hay botones de madera, hueso, metal, vidrio, porcelana, plástico, nácar, e incluso en cuanto a estos últimos hay desechos de valvas que se estaban utilizando para su manufactura.
Tienen múltiples funciones de ajuste y decoración que en paralelo comunican estatus. Son un elemento central a la historia del vestido, y ésta a su vez es un referente para la evolución de la historia económica y social de nuestra especie. Un vestido -el que sea-, que incluya botones, requiere de la habilidad de abrocharlo y desabrocharlo; requiere, a veces, de que otra persona lo haga. Es un elemento altamente visible, aunque ocasionalmente está intencionalmente oculto. Algunas prendas vienen con un botón "de repuesto". Históricamente su proceso de producción fue artesanal -fueran botones de hueso, madera o piedras preciosas- hasta la invención del proceso de fabricación industrial de los hermanos Prosser en 1840, que permitió una variedad de piezas vistosas y de gran accesibilidad.
Así de pequeños como son, los botones nos brindan información fantástica sobre costumbres, accesibilidad, estatus, mercado, gustos... Todos atravesamos el proceso de aprendizaje de abrochar y desabrochar nuestra ropa. Los botones nos acompañan siempre, nos fascinan al verlos, nos duele perder uno, porque desde hace miles de años forman parte de nuestra historia cultural más cotidiana.
No son los objetos en sí los que importan, sino lo que nos permiten pensar sobre nosotros y quienes nos antecedieron.