De acuerdo con Frida y Ángel Díaz Barriga (2011) algunos de los principales cambios que llamaron mi atención y se llevaron a cabo en el currículo en México durante el último cuarto del siglo XX son los siguientes:
Se implementó un modelo tecnicista o tecnocrático influenciado por Estados Unidos que priorizaba la eficiencia y la evaluación estandarizada por encima del pensamiento crítico.
Se implementó el denominado enfoque por competencias y el uso de las tecnologías de la información (TIC).
Se pasó de un enfoque conductista a uno constructivista.
Creo recordar que la primera vez que escuché el término competencias fue en la secundaria. Recuerdo también que mi escuela tenía una fuerte inclinación por el uso de la tecnología, ya que en cada salón había un pizarrón táctil inteligente en el que se podían proyectar imágenes y escribir a la vez. Lo usábamos muy seguido. Después, en la preparatoria, llevamos programación y aprendimos a usar algunos programas, como Word, Excel y Powerpoint, entre otros. Sin embargo, siempre me he cuestionado el hecho de que en la preparatoria llevé materias que poco o nada me sirvieron para mi formación profesional. Al final de cuentas, estudié artes (música) y muchas de las materias que llevé estaban enfocadas a personas que querían estudiar ingeniería u otras carreras como administración. Siento que llevé pocas o nulas materias que al final me ayudaran en mi formación musical. Ahora me doy cuenta también que muchas de las materias que llevé en mi formación básica y media superior estaban enfocadas en formar buenos empleados.
Años más tarde —antes de estudiar música de manera formal— estudié un año de ingeniería. En este instituto, había profesores que nos pedían a los alumnos exponer la totalidad de los temas de clase, bajo el pretexto de las “competencias”. Yo no entendía qué significaba eso, sólo me quejaba de que el profesor nos delegara su trabajo; sentía que lo hacía porque no quería trabajar —y actualmente sigo creyendo eso.
Creo que en la educación actual —o por lo menos la que me tocó vivir— se le da demasiada importancia a la calificación. Creemos que el número que la o el profesor nos asigna es sinónimo de lo que valemos como persona o como alumno, y que si no obtenemos una buena calificación no somos suficientes o no tendremos buenas oportunidades en el futuro. Se le da demasiada importancia a la evaluación, a los resultados y a la graduación más que al proceso de enseñanza-aprendizaje. Se nos olvida que dentro de la escuela se deben enseñar también valores, inteligencia emocional, inteligencia financiera, cultura política, nutrición y otras tantas cosas que deja de lado el currículo actual.
Evidentemente la currícula que tenemos actualmente en México no es perfecta, pero ha ido cambiando y mejorando para bien. Quizá aún estemos lejos de lograr un equilibrio entre las necesidades laborales que exige la sociedad y las necesidades espirituales que tenemos como personas, pero creo que —con la ayuda de todos los que estudiamos y ejercemos las ciencias de la educación—estamos cada vez más cerca de lograr ese equilibrio.
Referencias
Díaz-Barriga-Arceo, F. (2011). Curriculum Studies in Mexico: History and Current Circumstances, 75-90. En W. F. Pinar. Curriculum Studies in mexico. Intellectual Histories, Present Circumstances. Palgrave Macmillan.
Díaz-Barriga, A. (2011). Curriculum Studies in Mexico: Origin, Evolution and Current Tendencies, 91-110. En W. F. Pinar. Curriculum Studies in mexico. Intellectual Histories, Present Circumstances. Palgrave Macmillan.