Me llamo Luís Herrera Díaz (Herrera por papá y Díaz por mamá) y nací en Tánger en 1930, por tanto, ahora voy a cumplir noventa años.
Éramos cinco hermanos, de los cuales ahora solo quedamos dos de todos ellos y mis padres. En total, formábamos una familia de siete.
Estuve en Tánger trabajando. Mi padre era marinero, gente dedicada a la pesca igual que mi bisabuelo y mi bisabuela. Mi madre era costurera.
En 1945, Tánger volvió a ser internacional. Vinieron los grandes inversores: judíos, franceses y americanos, quienes dieron mucho trabajo, y entonces Tánger recuperó lo que había sido, en cuanto trabajo y economía. En 1945 yo tenía 15 años y ya empezaba a trabajar, perdiendo así los estudios de la escuela francesa ya que fuimos casi represaliados porque éramos hijos de la gosh.
Salí de Tánger el 15 de agosto... salimos de Tánger el 15 de agosto del año 1961. Entonces, vendimos todo lo poco que teníamos. Todos los españoles y franceses, nos fuimos toda la gente. En Tánger se vivía muy bien, era internacional.
Tuvimos que buscarnos la vida por ahí, y se pasaba muy malamente. Nosotros vivíamos en una barriada que estaba muy bien. Había españoles, catalanes... había catalanes también, mucha gente. Había que buscarse la vida, había jaleo gordo. Salimos de allí el día 15 de agosto de 1961. Yo me vine con mis hijos.
Yo tengo una familia súper numerosa [riu]. Once [diu la dona]. Tengo once pero ya son mayores y están integrados y también, todo.
Vine con mis seis niñas [la mayor con seis años y la pequeña con cinco meses ―diu la dona]. Vinimos todos a Barcelona y para llegar tardamos una semana. Era la emigración en Andalucía, estaba muy mal. Nos encontramos a un señor amigo que tenía casa, pues no había nada.
A las ocho de la noche llegamos. Algunos vecinos se enteraron por los diarios que veníamos tres familias. Entonces llegamos sobre las ocho de la noche aquí, a un sitio que no conocíamos.
Las casitas de los Germans Sàbat eran plantas bajas que venían procedentes del río Ter, estaban en residencia ahí. Ahí habían muchísimas barracas que robaron terreno al río.
Estuve viviendo ahí once años. No, ¡doce años! Ahí en Montjuïc, en barracas. Si se le llama a eso vivir, es mal vivir.
Ahí no había ni luz, ni agua, no había nada, miseria.
Al cabo de unos años nos trasladamos aquí a Domeny, a la subida de las rocas. Yo vivía junto a estas rocas, a cien metros de las rocas, por lo menos. Tenemos agua, tenemos luz, tenemos nuestras habitaciones... nos tocó la lotería.
Llevo 58 años viviendo aquí en Girona.
Creo que la gente que pasamos necesidades y precariedades comprendemos mejor a la gente que está mal situada.
Vaig néixer aquí, al costat del centre cívic, en una casa que està pintada de vermell, qui molts en diuen la Placeta, que fa cantonada. Doncs jo vaig néixer allà.
He viscut tota la vida aquí, he anat al col·legi de les monges de petit, abans de la guerra. Llavors, quan ja era una mica més gran, em varen portar al col·legi dels salesians.
Com sempre m’ha agradat fer experiments i punyetes, doncs en vaig voler fer un. Si jo aquell temps hagués tingut cèntims, els americans quan han anat ara a la Lluna ja m’hi haurien trobat a mi quan tornava.
Ho veieu bé? [ensenya el tatuatge]. Jo per fer proves també ho feia aquí [assenyala el seu braç].
Aquests pisos que hi ha aquí [pisos blancs], jo quan treballava d’aprenent (incomprensible) llavors els començaven a fer. Amb la gent que venia de fora, no és pas que no ens entenguéssim, ja ens enteníem, el que passa és que venien trens carregats de gent, a alguns els feien tornar. Jo això no ho haguera permès, deixar entrar tanta gent, que vinguessin a fer unes vacances d’un mes sí però per quedar-se, no.
Perquè cadascú a casa seu. Jo no hi estic pas d’acord amb això, aquí no. Aquí venien a viure, això no, això no està pas bé. Però no es va viure… jo no hi tinc res a dir, no m’han pas fet cap mal ni res, però no crec que estigui bé, perquè cada “puesto” té uns costums, té un sistema.
Ara només quedo jo, i això que sóc el més rabiós, el que ha fet més disbarats i és el que resisteixo més. O sigui que m’hauria de castigar si sóc tan dolent, en canvi em fa aguantar [riu].