Los lentes de contacto son discos delgados y transparentes, de un plástico especial, que se usan en el ojo para mejorar la visión. Los lentes de contacto pueden corregir los distintos problemas de visión (miopía, hipermetropía, astigmatismo y presbicia).
Cuando se usan lentes de contacto más del tiempo indicado o el ajuste al ojo es defectuoso (muy apretados o muy sueltos), el paciente tiene riesgo de causarle daño al ojo. Lo más grave son las infecciones, que pueden ser causadas por diversos agentes (bacterias, parásitos, hongos) y pueden dañar permanentemente la visión. En algunos casos puede crecer vasos sanguíneos en la cornea, con diversas complicaciones para la visión.
No todas las gotas son apropiadas para el uso de lentes de contacto. Puede usar gotas humectantes según lo recomiende su oftalmólogo.
Los síntomas de sospecha incluyen ojos muy rojos, mucho dolor, sensibilidad a la luz, visión borrosa o secreción excesiva. En caso de sospecha, quítese los lentes de contacto y vaya a su oftalmólogo.
No existe la frecuencia ideal para el cambio de lentes de contacto. Desde el punto de vista de salud visual, es mucho más sano para la superficie ocular no usar lentes de contacto. Hay que recordar que el lente de contacto funciona como un cuerpo extraño en el ojo, limitando la oxigenación y alimentación, y afectando además la lubricación en el ojo. En ese sentido, los lentes de contacto de recambio diario son mejores que los semanales, y los semanales son mejores que los mensuales, y así. Pero cada paciente tiene un umbral de tolerancia y un hábito que puede acomodarle, por lo que hay que explorar las diversas opciones. Finalmente, los descansos de su uso también son muy recomendables (noches, fin de semana, días en que no son necesarios).
Existen diferentes opciones para estos pacientes.
En casos seleccionados, el paciente puede considerar un lente intraocular multifocal (VER+)